viernes, 27 de marzo de 2015

Arqueología de los desastres

Desde hace unas tres décadas, los arqueólogos nos preocupamos cada vez más por resultar socialmente útiles. Pasó ya aquel tiempo en que uno podía encerrarse tranquilamente toda la vida a catalogar vasos griegos de figuras rojas o marfiles fenicios (bueno, en realidad se sigue haciendo, pero menos). Ahora entendemos que nuestro trabajo tiene que repercutir de forma más clara en la sociedad que financia nuestras investigaciones. 

La producción de conocimiento, en sí misma, es ya una forma de contribuir, quizá la más importante, pero ahora somos más conscientes de que ese conocimiento debe circular y ser accesible, no quedarse en las bibliotecas especializadas y en artículos escritos en un lenguaje incomprensible. Este blog es un pequeño intento de hacer la arqueología más útil - o menos encerrada en sí misma.

Sin embargo, muchos arqueólogos quieren poner su ciencia al servicio de la sociedad de una forma más contundente. Puede ser estudiando temas acuciantes, como el cambio climático. O documentando crímenes de lesa humanidad, desde Argentina a Timor Oriental. Se puede afirmar que la arqueología más útil que se ha hecho en España es la recuperación de las víctimas de la violencia política durante la Guerra Civil y la dictadura. Esta arqueología no solo ha servido para que los ciudadanos conozcan mejor la naturaleza real del régimen franquista, sino que ha permitido a miles de familiares afrontar un trauma reprimido durante décadas. 

Es en los temas más recientes donde se puede percibir mejor el potencial de la arqueología como ciencia aplicada. Pero ¿cómo de recientes? ¿Puede ser algo que haya sucedido ayer?

Richard Gould cree que sí. Es el inventor de la disaster archaeology, arqueología de los desastres. Gould se dio cuenta de que las formas de registro arqueológicas pueden ser muy útiles en determinados contextos que no son propiamente "históricos" (o prehistóricos). Dichos contextos, sin embargo, se caracterizan por producir una gran cantidad de restos materiales (y humanos) altamente fragmentados, alterados y de difícil interpretación. Los desastres actuales se caracterizan precisamente por eso: pensemos en un atentado terrorista.

De hecho, lo que hizo pensar a Gould sobre las posibilidades de una arqueología del desastre fue el ataque de Al Qaeda contra el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001. Desde entonces, ha puesto en práctica su formación arqueológica en distintos contextos de desastre, siempre en colaboración con la policía y científicos forenses. Uno de sus trabajos con mayor impacto fue el estudio de una discoteca arrasada por un incendio en Rhode Island, que acabó con la vida de 100 personas.


Me resulta difícil no observar las terribles imágenes del reciente accidente aéreo en los Alpes con una mirada arqueológica: veo fragmentos dispersos de todo tipo y me pregunto ¿Cuánto más se podría llegar a conocer de la tragedia si se registrara el escenario con la meticulosidad a la que estamos acostumbrados los arqueólogos? 


Quizá en este caso, visto el giro que ha tomado la investigación del desastre, este tipo de documentación no resulte tan necesaria, al menos para esclarecer las causas, pero quizá sí lo sea para encontrar otro tipo de pruebas que puedan ser importantes para las familias de las víctimas. En otros casos, se trate de un accidente aéreo, un crimen o un accidente industrial, una buena documentación arqueológica podría ayudar a dilucidar el origen del desastre. Los arqueólogos registramos cada objeto y los analizamos cuidadosamente buscando patrones, áreas de dispersión, densidades, zonas de actividad. Aquí hemos insistido más de una vez en que la metodología arqueológica es similar independientemente del período -da igual que sea el paleolítico o para la Guerra Civil Española

Nuestro objetivo es conocer con la mayor precisión posible lo que ha ocurrido en un determinado lugar. Este conocimiento puede ser crítico en el caso de escenarios de desastre: no solo para saber lo que ha sucedido, sino para evitar que vuelva a suceder.

Registro total de artefactos por categoría en la paridera del Saso (Belchite).

viernes, 20 de marzo de 2015

Una historia en cada objeto


Estos días, con la colaboración de Yaiza, Diego y Marta (en la foto), lavamos y siglamos los materiales que se depositarán en el Museo Provincial de Guadalajara. Se trata de los hallazgos relacionados con la batalla de La Nava (Abánades), que llevamos estudiando desde el año 2011. El trabajo de laboratorio no es el aspecto más apasionante de la arqueología. Como se puede ver en la imagen, no se trata precisamente de CSI. Sin embargo, revisar cada objeto es encontrarnos (o reencontrarnos) con sus historias. Aquí van algunas de ellas:

Estas tres guías de peine de munición son solo algunas de las decenas que aparecieron en el corral de la Enebrá. Aquí se refugiaron los soldados franquistas al comienzo de la ofensiva republicana en el Alto Tajuña, hacia el día 1 de abril de 1938. Armados con sus máuseres de fabricación alemana, los sublevados hicieron frente al Ejército Popular, que acabó derrotándolos con una combinación de fuego artillero y de carros de combate -al más puro estilo de la Segunda Guerra Mundial. Al limpiar los peines hemos podido identificar los marcajes en algunos de ellos: P, P25 y P208G. Esto nos permite saber qué fabricas estaban suministrando munición a la España de Franco: de P208G desconocemos la procedencia, pero P identifica a Polte Armaturen, en Magdeburgo, y P25 se corresponde con la factoría de Treuenbrietzen. Ambas en un radio de unos 150 km entorno a Berlín.


Los alemanes no fueron los únicos en contribuir al esfuerzo de guerra franquista. Prueba de ello es este fragmento de granada de mano SRCM o Roma, fabricada por la Italia de Mussolini (aquí podéis ver imágenes de la granada completa). Su aparición cerca de la paridera de la Enebrá nos indica que el combate llegó a ser a corta distancia: los franquistas utilizaron estas granadas de forma defensiva ante los atacantes republicanos. Una de las peculiaridades de las Roma es que están fabricadas en aluminio. En los años 30, este metal era todavía un material moderno. Prueba de ello la tenemos en la siguiente imagen:



Es un mango de cuchara, pero una cuchara bastante especial por dos motivos. Primero, porque es de aluminio y además lo dice: tiene estampado un sello en que se lee "aluminium". Que se molestaran en anunciarlo indica que no era algo muy habitual en la época, quizá incluso se trate de un objeto importado (de ahí que diga aluminium y no aluminio). De hecho, todas las cucharas que hemos encontrado hasta la fecha son de peltre, estaño o hierro. El aluminio sería entonces el equivalente a los materiales compuestos de hoy en día, como los plásticos reforzados con fibra (FRP). Hay que tener en cuenta que a finales del siglo XIX el aluminio se consideraba todavía más preciado que el oro. El segundo motivo por el que la cuchara es especial es por la arandela. El dueño del objeto practicó un agujero en un extremo del mango y le añadió un anillo para poder engancharla al cinturón o a las trinchas. Esto no impidió que en los brutales combates por la Enebrá el soldado perdiera la cuchara. Y quizá también la vida.

Las granadas desempeñaron un papel protagonista en la batalla de La Nava. Especialmente en la posición conocida como La Nava 3. En estas fortificaciones franquistas descubrimos casi un centenar de granadas Laffite. En la imagen podéis ver dos chapas pertenecientes a esta granada (aquí podéis descubrir a qué parte corresponde). En ambas se observa una bombeta en la parte superior, similar al distintivo de artillería. Lo que más llama la atención de las placas es su color amarillo brillante (abajo). Esto obedece a la reutilización de latón destinado a conservas, que fue requisado por las fábricas de armas. Para evitar que el brillo delatara a los soldados, sin  embargo, las chapas se pintaron de un verde oscuro mate (arriba), pero solo por la parte que iba expuesta.


Los soldados no solo encomendaban su protección a las armas, al menos los sublevados, sino también a Dios, a la Virgen o a los santos. Entre los restos de combate en la Enebrá encontramos esta medalla de Pío XI que conmemora el Año Santo de 1933. Pío XI mantuvo excelentes relaciones con la dictadura de Mussolini, con el que firmó un concordato. Hizo lo propio con la Alemania nazi, aunque después criticaría al régimen. También defendió a Franco. Con su influencia, sin embargo, trató de conseguir treguas y anulaciones de penas de muerte. Pero el muy católico Caudillo raramente accedió a las peticiones del pontífice.

domingo, 15 de marzo de 2015

Porque no siempre el correr fue cosa de cobardes

Entrega de premios. Categoría femenina.
 
Ayer tuvo lugar una nueva edición de la carrera popular Cinturón de Hierro, con salida y llegada en la población vizcaína de Larrabetzu. Como si se tratase de una prueba más del afamado programa de EITB El Conquistador del Fin del Mundo, los y las participantes tuvieron que hacer frente a la lluvia, intensa, al riesgo de hipotermia, a las caídas en el barro... La organización del evento diseñó un recorrido espectacular con un objetivo claro: la socialización del patrimonio de la guerra civil en una zona emblemática en la historia del conflicto en Bizkaia.
 
Tic, tac, tic, tac.
 
Esta carrera con tintes épicos contaba con un primer hito: la subida a Gaztelumendi. Allí les esperaba un gudari en uno de los pocos nidos de ametralladoras que se ha mantenido intacto hasta hoy. Los tiros resonaban en todo el valle de Larrabetzu. Precisamente en este sitio, el Ejército franquista abría una brecha definitiva el 12 de junio de 1937 en el Cinturón de Hierro de Bilbao.
 
Gudari vaciando cargadores en la subida a Gaztelumendi.
 
Los sublevados fueron con todo. Enfrente, batallones vascos, asturianos y gallegos, nacionalistas, anarquistas, socialistas... sin aviación, con apenas apoyo artillero, fueron masacrados. En las cercanías de Larrabetzu todavía se encuentra el pinar conocido como el pinar de los asturianos, en donde fueron enterrados milicianos de aquella tierra que vinieron a morir aquí en defensa de la República. Esta solidaridad interregional en el Frente Norte se ha trasladado al presente. Recientemente en Asturias se han recuperado fosas de gudaris vascos. La sinaléctica de una de ellas fue remozada por fascistas que pintaron esvásticas nada más inaugurarse. Desde Larrabetzu acudieron jóvenes a Asturias para reponer el monumento.
 
Gudaris, corredores y monumento franquista e Gaztelumendi.
 
Tras superar las ráfagas de ametralladora, los corredores y las corredoras coronaban Gaztelumendi, en donde eran recibidos por otros gudaris: ¡Corred, corred que vienen los nacionales! Aquí se erige el monumento fascista en honor a quienes rompieron el Cinturón de Hierro. Es un hito que ofende y ya véis el impacto que han dejado los intentos de dinamitarlo desde la base. El texto original apenas se lee ya. Los tiempos han cambiado. Iniciativas como esta carrera popular suponen un intento claro de resignificar los restos de la construcción de la memoria llevada a cabo por los vencedores, de reconvertirlos en recursos patrimoniales que acerquen a la sociedad y a las nuevas generaciones lo que aquí ocurrió en la época de nuestros abuelos. Un pasado que sigue marcando el presente, y de qué manera.
 
Placa original del monumento franquista.
 


La colaboración de recreadores de distintas asociaciones, vinculados a ese ejército-fantasma denominado Frentes de Euskadi, fue fundamental para dotar al recorrido de recursos escénicos increíbles, como el paso obligado de los corredores y las corredoras por una impresionate galería con combatientes atentos en sus puestos de tirador. La carrera contaba con otro hito importante en la lucha por Bizkaia: la subida al monte Bizkargi, en donde cada año se lleva a cabo un homenaje en recuerdo de los combatientes leales, homenaje que en alguna ocasión ha sido prohibido incluso por la Audiencia Nacional, ante la supuesta equiparación de los etarras del presente con los gudaris del 37.
 
 

Combatientes de Burdin Hesia Ugao recibiendo a los corredores.
 
En el pueblo de Larrabetzu se conserva muy viva la memoria de aquellos gudaris y milicianos. En el batzoki podemos ver una foto histórica de veteranos vascos de batallones de distintas ideologías. Ya apenas quedan supervivientes que den testimonio de lo que ocurrió. Como decíamos, esta carrera popular contribuye a socializar los restos y las memorias de la guerra civil. Poteando por el pueblo se recogen microhistorias de lo más variopinto, que se entremezclan en un ambiente festivo. El caserío fortificado cercano, el emigrante extremeño que lleva cincuenta años viviendo aquí y no ha perdido el acento y relata con gracia sus tres años y medio de mili en la Legión. O el artista que hizo el camino de Santiago al revés, de Compostela a Irún en un burro. El verdadero Rápido de Irún. O el chaval que tiene la finca plagada de bombas de aviación.
 
 
 
 
O el estudiante de Políticas que se ha vestido de anarquista para la ocasión, y le ha entrado el gusanillo de la guerra civil y ya no puede parar. O una de las ganadoras de la carrera popular, historiadora que va a llevar a cabo una investigación sobre la guerra civil en Larrabetzu. O la mascota de la prueba, un tipo muy profesional que lo dio todo, de noche y de día. O los cámaras de la ETB enviados al frente de guerra, grabando en Gasteluzmendi en un quad como si estuviesen en Iraq. Esta prueba deportiva es una auténtica feria humana de emociones y experiencias. Seis horas después siguen llegando competidores, héroes y heroínas que son jaleados en la calles por txiquiteros que alzan su copa, por gudaris y milicianos que disparan al aire con respeto.
Hay otras maneras de hacer las cosas. Quizás. Yo lo único que puedo decir como corresponsal de guerra es que esta opción clara por la participación popular es una herramienta muy útil para poner en valor un patrimonio oculto, y aporta un plus a las necesarias y encomiables sinalécticas, catalogaciones y rutas de senderismo. Creo que era Mark Twain quien dijo aquello de Le llaman pasado cuando ya no duele. Aquí el pasado es presente, y ésta es una manera de naturalizar y normalizar la relación de la sociedad vasca con un pasado-presente traumático. Y funciona, por lo que parece. Aunque ya se sabe que en los pueblos, los de fuera, damos tabaco.
 
P.S. Gracias por la hospitalidad a todos los y las que han organizado esta carrera popular.
 
 
 

 
 

 


jueves, 12 de marzo de 2015

Fin de Curso


Hace unos días poníamos punto y final a una actividad pionera en el conjunto del Estado. Nos referimos al Curso Cultural de Arqueología de la Guerra Civil española, un curso financiado con fondos públicos del ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y dirigido a personas mayores de 16 años empadronadas en la ciudad. Durante dos meses pudimos disfrutar de la presencia de 46 conciudadanos, de toda clase, edad y condición. Más que receptores de información, todos ellos fueron copartícipes en la construcción de una memoria compartida. Entre ellos hijos de vencedores de la guerra, hijos de represaliados, estudiosos de la represión, voluntarios y voluntarias que han participado en exhumaciones, montañeros, amas de casa, estudiantes...

Ahí está el caso de un jubilado de Bermeo, que se ha puesto a indagar sobre el pasado traumático de su familia. Su padre, líder local socialista, fue condenado a prisión. Su hermana pequeña fue evacuada a Francia en un buque, falleciendo en el viaje. Gracias a este curso, la familia está volcada intentado saber qué pasó con aquella niña de la guerra, qué ocurrió con aquel señor que, ya muy enfermo, fue puesto en libertad y enterrado en Bermeo. Las autoridades prohibieron que nadie acudiese al sepelio.

También tenemos el caso de un joven estudiante alavés, al que un tío suyo regaló una bayoneta checa que había pertenecido a un pariente gudari en el Batallón Avellaneda. La llegada de este armamento checoslovaco, procedente de las fábricas de Brno, permitió al Ejército de Euskadi frenar la ofensiva franquista en octubre de 1936 y estabilizar el frente de Bizkaia.


O la historia de otro compañero que está buscando a su abuelo, soldado del Ejército franquista fallecido en los combates por el pueblo de Sotodosos en el Alto Tajuña (Guadalajara). Casualidades de la vida. En el Alto de la Molatilla estuvimos en octubre de 2014 sondeando una trinchera en la que documentamos los restos de un soldado... Como escribimos por aquel entonces en este blog: 
Quizá nunca podamos llegar a saber qué es lo que mató a estos infortunados combatientes, si fue un trozo de metralla, una bala o la onda expansiva de una granada artillera. Pero viendo el campo de cráteres en que reposan sus huesos podemos imaginarnos el terror y la angustia de sus últimos momentos con vida. Recuperar sus huesos cuidadosamente nos permitirá saber más de ellos y sobre todo proporcionarles el enterramiento digno que se les ha negado durante 76 años.


Otro compañero nos ha metido en el cuerpo la curiosidad por unos extraños graffitis que él documentó en el frente de Huesca en la zona de Estrecho Quinto. para dilucidar el misterio echamos mano de nuestro Facebook y en pocos minutos aficcionados de todo el Estado contribuían con su saber para identificar motivos decorativos de origen masónico en el refugio en cuestión.


Espectacular fue también el caso de una compañera británica, jubilada, casada en Tolosa, que en 1974 hizo una Tesina de Licenciatura sobre el nacionalismo vasco en la guerra civil que defendió en Londres, lógicamente. Con extrema amabilidad nos hizo llegar la carpeta de su investigación, un tesoro en el que se guardan pasquines revolucionarios, recortes de prensa internacional y nacional, así como las direcciones postales de históricos todavía vivos en aquel entonces como el propio Irujo. Todo un hito historiográfico, en la línea de las copiosas aportaciones de la escuela anglosajona al estudio de la guerra civil española.



Esta compañera nos recordaba cómo en 1975 tuvo que cruzar la frontera a Francia para hacerse con una pegatina de una ikurriña para ponerla en la portada de la tesina... Este es el gran valor del Curso Cultural que finalizamos. En la línea de la escuela de los Annales francesa, hemos intentado ir del sótano al desván, recuperando microhistorias, objetos y huellas de la memoria. A su vez, ha supuesto un paso en el camino de la concienciación patrimonial. En esta línea, otro compañero aprovechó la ocasión para dar a conocer una Jornada sobre Espeleología y Patrimonio Cultural en las Cuevas. Porque en el Norte peninsular las grutas no fueron sólo solar de musterienses sino que también fueron refugios antiaéreos, residencia temporal de huidos y escenarios de asesinatos, desapariciones y hasta secuestros en época reciente.

En definitiva, ha sido una enorme experiencia compartida en una ciudad que comienza a mirar con tranquilidad a su pasado traumático más reciente. Gracias a todos y a todas las cursillistas, así como a los y las responsables del Centro Cívico Aldabe que han convertido este espacio en un lugar de encuentro. Nos vemos el año que viene.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Bochorno en Osorno


En la palentina Tierra de Campos una población sigue manteniendo su estratégica ubicación como cruce de caminos. Osorno la Mayor jugó su papel en la guerra civil española, como pudimos apreciar a la hora de leer órdenes cursadas por el general Kindelán a los aviadores franquistas, fascistas italianos y de la Legión Cóndor. Desde Osorno se transmitían estas órdenes a los aviadores que participaron en la campaña de Santander en agosto de 1937.
En las proximidades de la iglesia del pueblo, unos modernos contenedores de basura destacan como bastiones de Modernidad, como metáforas tecnocráticas del desarrollo rural y los fondos europeos. El Progreso ha llegado para el reciclaje de la mierda, pero no para el de la memoria. En ese mismo espacio público nos encontramos con un jardín perfectamente acondicionado y que denota un cuidado mantenimiento por parte del ayuntamiento.


En el centro de este parque público se erige, con orgullo, un monumento a los Caídos por Diós (sic) y por España. La cruz de Borgoña del tradicionalismo carlista y el yugo y las flechas de Falange ciñen como guardianes de piedra el monolito en el que se ha esculpido el lema de Honor y Gloria, al viejo estilo de los legionarios romanos. Muy fascista todo. Esto escribía José Ibarrola en el ABC de Sevilla del 27 de diciembre de 1936: 
La guerra actual, Dios Santo, qué distinta [de la carlista de 1833]: no tiene ya casi nada de guerra civil [...] No es lucha de españoles contra españoles, son los combatientes los que quieren una España cristiana, con gloria y honor, y los parricidas españoles, malvados que España a Rusia regalaron [...] Es guerra de reconquista de independencia.
Esto se escribía mientras los alemanes e italianos campaban a sus anchas en Vitoria, Burgos, en León, Salamanca, Osorno...

Reciente Acto Homenaje de la Juventud Patriota de Madrid 

A diferencia de otras localidades españolas, en las que los nombres de los caídos se grabaron directamente en las paredes de los templos parroquiales aquí en Osorno se plasmaron en un monumento propio, eso sí, cerca de esa iglesia que legitimó la Santa Cruzada.


Desde las elecciones municipales democráticas de 1979 han pasado 36 años, los mismos que duró la dictadura franquista. Y ahí sigue en Osorno este monolito, dominando el espacio público, recordando a todo aquel que se acerque que José Antonio Primo de Rivera es un vecino más, que hay verdaderos y falsos españoles. En esta Tierra de Campos, castigada por la represión en la retaguardia, el trauma no acabó sólo ahí. La colonización agraria del franquismo y el fracasado proyecto "modernizador" de la dictadura igual nos ayudan a comprender la nomenclatura de calles como ésta de la foto con que cerramos este viaje al pasado, perdón, al presente.




sábado, 21 de febrero de 2015

Arqueología del punto de vista


Una de las primeras víctimas de la GCE: un Guardia de Asalto yace al pie de la balaustrada de piedra que delimita el espacio central de la Plaça de Catalunya. Todavía se conserva uno de los impactos de bala que probablemente acabó con su vida.

En los últimos años hemos diseñado visitas guiadas en contextos urbanos como Santiago de Compostela o Vitoria-Gasteiz para explicar el devenir de esas ciudades durante la guerra civil española a través de las trazas materiales del conflicto. Hoy nos hemos dado cuenta de que somos unos simples aprendices. Hoy hemos podido participar de un periplo único en la ciudad de Barcelona, guiados por Ricard y Susana. El reto, nada fácil: explicar el primer día de un golpe de estado (19 de julio de 1936, domingo) que derivó en una guerra civil. Para ello Ricard se valió de un tesoro: las fotografías que sacó ese día un intrépido Agustí Centelles en el carrer Diputació y en la Plaça de Catalunya.
Esta interactiva Experiencia Centelles se adentra en la microhistoria, en el metamundo de una fotografía-símbolo, reproducida hasta la saciedad en medios leales y extranjeros en aquellos días: en la calle Diputació, esquina con Lauria, unos Guardias de Asalto evitan el avance de los militares sublevados, protegidos tras unos caballos muertos.



El inicio de la visita fue espectacular, ya que pudimos contar con la presencia del hijo de Centelles, Sergi, quien ha seguido con la tradición y regenta el estudio fotográfico familiar. Un lujo poder conocer de primera mano la trayectoria de su padre, un hombre afín al POUM que pagó su lealtad a la República con los campos de concentración, el exilio y la depuración laboral a su vuelta a la España franquista. Nunca más pudo trabajar como fotoperiodista. Como otros profesionales del diseño o la cartelería tuvo que refugiarse en la fotografía industrial y publicitaria. Hasta 1976 no dio a conocer su mayor legado. Incluso su familia desconocía por completo la existencia de unos negativos que fueron salvaguardados de manera heroica, épica y tragicómica por compañeros y amigos.

Agustí Centelles en el campo de concentración francés tras la guerra.


El guía-estrella Sergi Centelles nos habla de su padre en la calle Diputació.

Ricard y Susana nos sumergen de lleno en la atmósfera que se vivía ese domingo 19 de julio. La confusión, el caos, la información y contrainformación no ayudaban precisamente a aclarar lo que estaba pasando. En ese contexto, Agustí Centelles sale a la calle con su cámara Leica y acaba registrando lo que sucede en calle Diputación, un punto neurálgico para parar a los militares facciosos que avanzan desde los cuarteles, con piezas de artillería movidas por mulas y caballos.
Ricard ha realizado una auténtica reconstrucción arqueológica de lo que allí pasó en esas horas. Ha consultado la versión oficial de los vencedores de la guerra, quienes llegaron a publicar un plano de la ciudad señalando los pasos seguidos por los afectos al Movimiento.



Ha excavado en los negativos de Centelles, reconstruyendo las secuencias completas del reportaje. Ha llevado a cabo un verdadero estudio de Arqueología de la Arquitectura, detectando las interfaces, las cicatrices de la memoria en los paramentos de los edificios, ha detectado lo que en fotografía se denomina el eco del pasado. Ha realizado toda una prospección de cobertura total identificando cada escenario desde el que disparó la cámara Centelles, ha podido reconstruir el momento exacto, analizando los juegos de luces y sombras, la posición del sol con respecto a la calle... Un trabajo impresionante que nos adentra en la visión del fotógrafo, en sus idas y venidas por la calle, en sus movimientos en función de lo que iba pasando, en su habilidad para ganarse a los protagonistas, en la composición que se hace del lugar y de las escenas. Ricard reconstruye toda la cadena técnico-operativa que lleva a la archiconocida foto, el producto final de un trabajo que nos muestra el cambio radical de una ciudad en cuestión de horas.


Tras la derrota de los militares en las calles, los objetos cobran especial importancia, como se puede apreciar en las fotografías. Como en las fiestas de locos y los carnavales se revierte el orden social. Surge el atrezzo miliciano. El pueblo en armas se cobra trofeos de guerra. Los combatientes posan con cartucheras, hebillas de cinturón, una corneta, cascos y cajas de munición. La CNT se ha hecho con el poder en Barcelona. Todo va muy rápido. En la foto de abajo podemos ver unos guardias civiles en la vía pública. La Benemérita en Barcelona se mantuvo expectante hasta que vio claro el triunfo sobre los militares y se adhirió a la defensa de la República. En cuestión de horas pasó de ser un cuerpo de seguridad odiado en la larga duración (Semana Trágica, Revolución de Asturias...) a formar parte de las fuerzas antifascistas. Al lado de los guardias (hasta el momento contrarrevolucionarios) vemos a un hombre con corbata y puño en alto, haciendo alarde de un gesto revolucionario. Lo nunca visto. Días u horas después, andar ataviado con una corbata podría traerte serios problemas, por burgués.


Nos os vamos a contar más. ¿La fotografía mítica de Centelles es real? ¿esos hombres están combatiendo o están posando? Para contestar a estas preguntas Ricard Martínez ha diseñado esta apasionante experiencia Centelles, en la que los arqueólogos y arqueólogas contamos con cierta ventaja porque estamos acostumbrados a mirar las piedras.
Si os acercáis a Barcelona, ya sabéis lo que podéis hacer.

www.arqueologiadelpuntdevista.org
info@arqueologiadelpuntdevista.org







martes, 10 de febrero de 2015

Las armas más mortíferas de la historia


Si nos preguntan cuáles son las armas más letales del siglo XX, casi con total seguridad mencionaremos las bombas nucleares. Quizá también los bombarderos. O los misiles. O el gas tóxico. O el lanzallamas. Todos estos son inventos del siglo pasado que han causado cientos de miles de muertes, con frecuencia horrendas. El poder mortífero de una bomba de hidrógeno está fuera de toda duda. Sin embargo, si queremos identificar las grandes tecnologías asesinas del siglo XX, las armas que han exterminado más gente, tenemos que buscar en otro lado. 

Artillería: durante la primera mitad del siglo XX se le atribuyen 18 millones de muertos.

Armas ligeras: durante la primera mitad del siglo XX se le atribuyen 14 millones de muertos.

O lo que es lo mismo: la mayor parte de las muertes en guerras contemporáneas la han provocado armas del siglo XIX. 

Fuente: G. Elliot: Twentieth century book of the dead. Ballantine Books, 1972.