miércoles, 27 de agosto de 2014

Y la Lincoln se defendió….


Hacia la mitad de la mañana, después de que veinte Junkers descargaran sus bombas en Belchite, los aviones enemigos pasan zumbando junto a los Lincolns y los ametrallan... dando vueltas en torno a la ermita como avispas furiosas... Excepto Bianca, los americanos no fueron capaces de devolver el fuego. 

Cecil D. Eby, Comrades and Commissars. The Lincoln battalion in the Spanish civil war, p. 291, 2007

El miércoles día 9, en medio de las clases de la mañana, empiezan a escucharse los ruidos artilleros del cercano frente, al propio tiempo que una gran demostración de fuerza aérea franquista sobre el cielo. Me entretengo como buen observador contando los aviones alemanes e italianos que durante casi todo el día permanecen cubriendo todo el cielo, pues hay un momento, que en mi cuenta llego a ciento veinte aviones juntos. (…) La batalla ya no es una batalla. Artillería de grueso calibre y tanques enemigos con su disparo rápido, hacen que nuestros brigadistas se resguarden todo lo que pueden.

Fausto Villar Esteban, Un valencianito en la brigada Lincoln (Memorias inéditas)

El día 6 de marzo de 1938, desde el sector de Teruel en donde había estado actuando desde          diciembre de 1937, el batallón Lincoln fue de nuevo trasladado para reforzar el sector de Belchite ante las noticias de una posible ofensiva franquista. Belchite era más que conocido para la XV Brigada Internacional, ya que en agosto y septiembre de 1937 había participado en el asalto y toma del pueblo. Esas previsiones resultaron ciertas, ya que desde el día 9 de marzo el ejército franquista desencadenó una gran ofensiva coordinada iniciada en varios puntos que dio lugar a la batalla de Aragón.

En la madrugada del día 10, efectivos de la Lincoln fueron enviados a reforzar la posición del Santuario de El Pueyo, situado a 3 km al oeste de Belchite, ocupada hasta el momento por unidades de infantería de marina de la 95 Brigada Mixta. La superioridad en medios y efectivos del Cuerpo de Ejército Marroquí y el apoyo aéreo alemán hicieron que las tropas del ejército popular fueran barridas del terreno. En el caso de la XV brigada Internacional supuso el inicio de una dura y desesperada retirada que causó la pérdida de la mayoría de los efectivos de muchas de sus unidades, como fue el caso de la Lincoln.

Los relatos de los testigos presenciales, tanto americanos como españoles (en este blog se recoge una parte del relato de la azarosa huida de Fausto Villar de la posición de El Pueyo), exponen un intento de resistencia prácticamente inexistente dada la gran inferioridad con respecto a las tropas franquistas.

Sin embargo, la arqueología ha podido matizar la información referida a estos hechos. Desde el año 2012 se desarrolla un proyecto de investigación que pretende, principalmente, conocer las características y evolución de la ciudad romana que hace dos milenios ocupó el cerro del que debieron retirarse los brigadistas en 1938. A pesar del protagonismo de la cronología romana, la arqueología de la Guerra Civil forma también parte de los objetivos centrales de este proyecto. De esta manera, durante el mes de junio de 2014 ha podido excavarse un tramo de trinchera inserto en el contexto de las estructuras que formaron las termas de la ciudad imperial romana.


Esta trinchera, de la que no se tenía constancia (a pesar de que sí se había registrado buena parte del sistema defensivo perimetral del cerro) probablemente formaba parte de una red de trincheras de comunicación que conectaban la primera línea con las construcciones del santuario.

El trazado, en forma de ondas y con una altura media de 0,50 m, rompió parcialmente en su construcción varios muros romanos. La línea de trinchera debió de ser colmatada poco tiempo después del final de los combates, quedando el registro sellado.

En el  tramo de 10 m del trazado que han podido excavarse, se han registrado, además de otros elementos como latas o fragmentos de calzado o textil, un total de 69 casquillos, todos ellos de fusil Mosin-Nagant, diseminados en el fondo de la trinchera en la posición original en la que cayeron después de haber sido disparados. En 1938, el Mosin era el fusil con un uso más generalizado en las filas del ejército popular de la república

Teniendo en cuenta que la munición de Mosin es la única presente en el registro, y además en cierta abundancia, y que el único momento en que este tipo de arma pudo ser disparado en condiciones defensivas fue en ese momento de marzo de 1938, podemos plantear la hipótesis de que pudieron ser las manos de los brigadistas de la Lincoln los que realizaron estos disparos. 

La situación de esta trinchera, en la parte interior del cerro, fuera de la primera línea de fuego, y el carácter no de combate, sino de elemento de comunicación, permite suponer unas condiciones de lucha desesperada y en retirada, teniendo que hacer uso de elementos que no estaban inicialmente planteados para la defensa. Desded esta posición debió de hacerse fuego a una corta distancia, ya que, con una simple observación sobre el terreno, no era posible disparar al llano ni a la parte baja del cerro, a pesar de que el alcance de los fusiles era plenamente efectivo a esa distancia. Esta hipótesis se confirma con estudios de visibilidad realizados a través de sistemas de información geográfica.

El cálculo realizado sobre el modelo digital de elevaciones del cerro y la posible posición de uno de los tiradores reduce el área de disparo efectivo a un entorno de escasos 50 m alrededor de la trinchera.


La trinchera ha sido registrada mediante técnicas de fotogrametría digital, obteniéndose un modelo del 3D de la zona de trabajo.

En una situación de desorganización generalizada, retirada y lucha frente a un enemigo enormemente superior resulta difícil reconstruir lo sucedido. Sin embargo, a partir de los datos obtenidos por la excavación arqueológica, si es posible plantear la posibilidad de que, al menos, los brigadistas americanos intentaron defenderse.

Esta intervención supone un anticipo de los trabajos que se llevarán a cabo en el mes de septiembre en el contexto del campo de batalla de Belchite, dentro del International Brigades Archaeology Project.



viernes, 22 de agosto de 2014

Centros cívicos y arqueología de la guerra civil

Inspirado en el fascismo italiano, la Nueva España (un Estado totalitario en el que no había ciudadanos, sino democracia orgánica) hizo uso del concepto de centro cívico. Así se denominaba el espacio central de los poblados de colonización agraria del franquismo, sin ir más lejos. A pesar de esa cínica manipulación del término, el paso del tiempo ha conseguido recuperar su verdadero sentido. Esto lo podemos ver en la ciudad vasca de Vitoria-Gasteiz. Si bien ser Green Capital y Capital gastronómica vende mucho, a nuestro modo de ver, uno de los grandes valores de esta urbe es el papel jugado por sus centros cívicos, verdaderos espacios de sociabilidad, herramientas para la integración y auténticos ateneos populares que ofertan un sinfín de actividades formativas. Estos días se ha abierto el plazo para insribirse en los cursos culturales 2014-2015. Si vivís en Gasteiz, podéis elegir el curso que hemos organizado en el marco del proyecto Arqueología de la guerrra civil y socialización del patrimonio en Euskadi. El curso se impartirá en enero y febrero de 2015 en el Centro Cívico Aldabe bajo el título Arqueología de la guerra civil española.

lunes, 21 de julio de 2014

El Fuerte de San Cristóbal: arqueología de la represión franquista


F. Etxeberria, K. Pla (dirs.), E. Querejeta (ed.) 2014. El Fuerte de San Cristóbal en la memoria: de prisión a sanatorio penitenciario. Arre: Pamiela/Aranzadi/Txinparta. 429 pp.

El Fuerte de San Cristóbal ocupa un lugar de primer orden en la represión del primer franquismo. En esta fortaleza, situada a las afueras de Pamplona, se internó a miles de republicanos a partir del golpe de julio de 1936. Por lo que San Cristóbal es conocido sobre todo es por la fuga masiva que tuvo lugar el 22 de mayo de 1938. Casi ochocientos prisioneros lograron escapar, aunque por poco tiempo. Solo tres llegaron a Francia. 221 fueron asesinados durante la huida y 15 condenados a muerte y ejecutados. Sin embargo, el fuerte debería ser conocido también por otros motivos igualmente siniestros: como prisión-sanatorio fue un lugar de muerte para más de trescientas personas que fallecieron en sus calabozos víctimas de la tuberculosis y otras enfermedades. 

Entre 2007 y 2013, un equipo de la Sociedad Aranzadi dirigido por Francisco Etxeberria exhumó los restos de 45 reclusos fallecidos entre 1942 y 1945. Los resultados salen hoy a la luz en forma de un libro imprescindible para cualquiera que esté interesado en la represión franquista, la antropología física y la arqueología del pasado contemporáneo. Desde este último punto de vista son particularmente relevantes los capítulos dedicados al estudio de las botellas de vidrio y los graffiti carcelarios. Respecto a las primeras, los muertos de San Cristóbal iban acompañados de una botella con un papel en el que se recogían sus datos personales (solo unos pocos documentos se han conservado). El estudio no solo se preocupa del contenido, sino del continente: los frascos en sí, que se analizan en detalle. En cuanto al corpus de graffiti estudiado, es verdaderamente excepcional por su variedad y la calidad de algunos testimonios (que incluye un poema en latín de Ovidio). Se trata de un testimonio de enorme valor histórico y humano. 

Estamos por tanto ante un hito de la arqueología contemporánea en España, un modelo para futuros trabajos arqueológicos y antropológicos sobre la represión franquista. A través del estudio detallado de los huesos, los objetos, los graffiti y los documentos de archivo, los autores de esta obra han logrado cerrar heridas, reivindicar vidas injustamente olvidadas e incorporar a nuestra historia hechos silenciados durante demasiado tiempo.

miércoles, 16 de julio de 2014

Ahora sí, guerra en la universidad


Soy ciudadano español, nacido en 1976. Doctor en Historia. A lo largo de mi trayectoria académica nunca he recibido ninguna clase sobre la guerra civil española. Ni en el colegio (década de 1980), ni en el Instituto (1990-1994), ni en la Universidad (1994-1998). La excusa, siempre y en todo lugar, era la de siempre: que no había tiempo suficiente para dar todo el programa de la asignatura de turno, y como la guerra quedaba hacia el final... Este hecho, dramático, explica por sí solo la precaria situación de la llamada recuperación de la memoria histórica en el Estado español. 
Creo que en Alemania el nazismo se explica a los niños casi en la guardería.


Yo formo parte de una generación de arqueólogos y arqueólogas (a punto de ser cuarentones) que nos hemos interesado por la materialidad de la guerra civil por empatía emocional, por curiosidad, por convicción política o por casualidad, porque en nuestros trabajos de campo aparecían cosas de estas. A partir de aquí nos convertimos en voluntarios de la memoria y hemos intentando integrar la profesión arqueológica en estos menesteres. El trabajo desarrollado en los últimos años comienza a dar sus frutos y el panorama comienza a cambiar. Nuevas generaciones de estudiantes universitarios son los protagonistas del proceso de normalización de la Arqueología de la Guerra Civil Española. El mejor ejemplo de ello es el acto académico que tuvo lugar hoy en la Facultad de Letras de la UPV/EHU en Vitoria-Gasteiz. El alumno Xabier Herrero se ha graduado con Sobresaliente defendiendo el trabajo titulado: Arqueología del Pasado Contemporáneo. Análisis comparativo del Patrimonio de la Guerra Civil Española. Su director ha sido mi compañero Sergio Escribano. Como han señalado los  miembros del tribunal, es destacable que un alumno culmine su trayectoria formativa abordando temáticas hasta ahora ubicadas en los márgenes de la educación formal, y que además lo haga con espíritu crítico, que es lo que se espera de un universitario. ¡Enhorabuena Xabier! Nos vemos en Belchite.


jueves, 10 de julio de 2014

El comienzo de la victoria aliada


Aquí se comenzó a ganar la Segunda Guerra Mundial: la frontera sudanesa desde el fuerte italiano de Maremuha.

Cuando pensamos en las ofensivas que acabaron dando la victoria a los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, automáticamente nos vienen a la mente nombres legendarios: El Alamein y Stalingrado a finales de 1942; más tarde Sicilia, Kursk, Normandía y así hasta Berlín.

Pero la victoria aliada comenzó a fraguarse mucho antes, de forma más modesta y en un sitio bastante menos legendario: Gallabat. La mayor parte de la humanidad desconoce la existencia de este pueblo (y con razón). Si uno es un forofo del frente norteafricano en la Segunda Guerra Mundial es posible que tenga idea de que en esta localidad fronteriza entre Sudán y Etiopía los británicos se vieron obligados a retirarse ante una ofensiva italiana en julio de 1940.

Mussolini acababa de meter a Italia en la guerra y comenzó a aliviar su fervor guerrero con la invasión de los territorios del imperio británico en el Cuerno de África.

Sin embargo, en el villorrio de Gallabat pasó algo más importante que este revés, al menos desde un punto de vista simbólico. Una ofensiva inglesa lanzada en noviembre de 1940 recapturó el lugar y puso en serio peligro un amplio sector del frente. Tanto es así, que los italianos acabarían abandonando todas sus posiciones en la frontera -sin presentar combate- a inicios del año siguiente.

No fue una batalla muy gloriosa ni de proporciones colosales. Involucró a unos pocos miles de soldados, unos cuantos cañones, una docena de tanques y varios bombarderos Wellesley. Las bajas en ambos bandos se contaron por centenas, no por miles. Pero fue un triunfo militar británico. Y un triunfo en 1940, el año que cayó Europa en poder de los nazis y en el que el Reino Unido luchaba desesperadamente por sobrevivir, no era ninguna tontería. En cierta manera, fue el comienzo del largo, larguísimo camino hacia la victoria final.

En noviembre de 2013 tuvimos la oportunidad de excavar las trazas de la esta primera victoria aliada de la guerra. Como la misma batalla, los restos son humildes: un puesto de control junto al río Atbara, fortines en los cerros que rodean Metema (la Gallabat etíope), más fuertes y campamentos en sitios remotos y aislados. Los hallazgos son botellas de cerveza y vino de los italianos, baterías de las radios de campaña, trozos de loza, alambre de espino, cargadores y casquillos del viejo fusil Mannlicher de 1890 que llevaban las tropas coloniales...


Materiales relacionados con la ofensiva británica: munición de Mannlicher, mortero inglés, hebillas, pinzas de batería, moneda italiana.


El sitio más interesante es un monte volcánico al lado de Metema, Mare Muha, situado a solo 2,5 km del fuerte inglés de Gallabat. Tiene una excelente visibilidad sobre todo el entorno, pero es también un blanco fácil.

Vista de la fortificación italiana (triángulo blanco) desde las posiciones capturadas por los británicos en noviembre de 1940.

El fuerte italiano se ubica en la parte más alta del cerro y está sembrado de metralla de los morteros británicos: es posible que los italianos aprendieran así que no es buena idea levantar un fuerte en la cumbre de un monte. No si tu enemigo tiene artillería y bombarderos.


Plano del fuerte italiano de Maremuha con localización de hallazgos: se concentran en el oeste, que es por donde venían los ingleses.


Distribución de materiales en el interior de un refugio italiano.

Hablamos de británicos e italianos, pero esto es poco correcto. Los "británicos" eran, en su mayor parte, indios. Los "italianos", eritreos y libios. Su lucha ha quedado doblemente olvidada: por haber tenido lugar en un frente secundario y por ser sujetos coloniales.

Como sucede con la Guerra Civil, la arqueología nos cuenta la Segunda Guerra Mundial de otra manera: nos recuerda sitios que han quedado marginados en las grandes narrativas del conflicto y nos los muestra de la forma menos gloriosa (como son en realidad todas las guerras): un reguero de latas, vidrios y casquillos de rifles obsoletos en un lugar donde no se le había perdido nada a nadie.

martes, 8 de julio de 2014

Tercera campaña de excavación en el centro clandestino de detención La Tablada / Base Roberto

Acabamos de terminar la primera parte de la intervención arqueológica que hemos diseñado desde el GIAF para el centro clandestino de detención (CCD) La Tablada / Base Roberto. Los almanaques y periódicos que se encuentran en las diversas estancias de este edificio indican claramente que su último uso, como cárcel, fue en octubre del 2012. Ahora mismo están comenzando las obras que lo va a convertir de nuevo en un centro represivo, en este caso del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU): un centro de alta seguridad para menores. Precisamente estas reinterpretaciones del edificio en clave represiva durante la democracia suponen los principales inconvenientes a la hora de poder interpretar la espacialidad, morfología y uso del edificio en 1977, cuando se instaló allí el CCD mencionado.

El edifico que observamos actualmente es obra de los arquitectos Eugenio P. Baroffio y Buenaventura Addiego, quienes en 1925 recibieron del estado la orden de reformar y ampliar el edificio previo, que data de 1868. De aquel se conserva la torre y fachada central. Siguiendo un estilo encuadrable en el eclecticismo historicista, de clara influencia neoclásica, se añadieron alas laterales a esta torre central de dos pisos así como todo un nuevo sector hacia el norte.

Fachada principal del edificio en donde se aprecia la diferencia entre el cuerpo original (1868), asociado a la fachada principal, y la ampliación de 1925. 

Todas estas ampliaciones guardan una clara simetría y se desarrollan sobre un eje principal sur-norte. En la planta baja del edificio original pasaron a albergarse las oficinas bancarias y de telégrafos. Las alas laterales fueron dotadas de galerías porticadas, y se destinaron a salón restaurante y cocinas -la occidental- y administración -la oriental-. Siguiendo el eje principal del edificio, llegamos a la gran sala de transacciones, epicentro del negocio ganadero, rodeada de pequeños despachos que fueron ocupados por los consignatarios, aquellos representantes de los ganaderos del interior que intentaban sacar el mejor precio de la venta del ganado ante los representantes de los frigoríficos, un trust en manos estadounidenses. El final de esta gran sala se corresponde con la fachada trasera del edificio, la septentrional, que nuevamente fue cerrada mediante una galería porticada. El piso superior era propiamente el hotel de La Tablada, en donde se alojaban los ganaderos y hacendados que se desplazaban desde el interior del país hasta Montevideo. Fuera del edificio, más allá de la valla que delimita el jardín que rodea el edificio, existe un gran conjunto de estructuras que tiene que ver directamente con el ganado: corrales, básculas, bañeras, etc. Todo este conjunto estuvo en uso hasta los años 50, cuando quedó abandonado.

Planta de la Tablada Nacional tras la remodelación de Baroffio y Addiego.

En plena dictadura, entre los años 1977 y 1983, se instaló el mencionado centro clandestino de detención, tal y como explicamos en otra entrada. Seguramente el hecho de que se encuentre en las afueras de Montevideo, pero en una zona escasamente poblada, que incluso hoy presenta grandes vacíos constructivos, y la versatilidad del edificio, cuya disposición arquitectónica fue fácilmente traducible en términos represivos, estuvieron detrás de la elección del lugar como CCD.

De este modo la parte principal del edificio fue reinterpretada como lugar de descanso y vida cotidiana de los militares, mientras que la parte trasera -la gran sala de transacciones y los escritorios de los consignatarios- fueron propiamente dicho el campo de concentración. En un primer momento los secuestrados permanecieron sentados en sillas, con las manos atadas y las capuchas puestas, en la sala de transacciones, dejando pasillos para la guardia, y los hombres separados de las mujeres. Por la noche las sillas plegables se recogían y cada uno dormía en ese mismo lugar tirado sobre el piso. Las salas laterales se destinaron para la recuperación de los torturados. Más adelante cambió el uso del espacio concentracionario, y los secuestrados pasaron a ocupar exclusivamente los escritorios de los consignatarios, perimetrales a la gran sala central. El piso superior tuvo un uso mixto, ya que funcionó tanto como salas de tortura especializadas como lugar de descanso para los militares de menor rango. También había oficinas donde, por ejemplo, los torturados eran obligados a firmar sus declaraciones. La mitad septentrional del edificio, o parte trasera, es la destinada a fines concentracionarios, mientras que la mitad meridional, la de la fachada principal, en donde están los principales salones, fue de uso exclusivamente militar. De hecho los secuestrados eran ingresados por la galería porticada trasera, en donde se les hacía un reconocimiento médico, y se les asignaba un número y un código de colores. Así la planta baja quedaba dividida claramente en dos sectores, funcionalmente bien delimitados.

Según podemos inferir de la evolución arquitectónica del edificio, así como de los testimonios de los informantes, en ese momento de uso como CCD la estructura del edificio prácticamente era la misma que cuando fue Tablada Nacional. Es decir, los militares, y en concreto el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) que operaba en la Base Roberto, reutilizaron el edificio sin apenas modificaciones. Es más, fue decorado con cuadros y muebles que habían sido robados de las casas de los secuestrados. Algunos de los detenidos recuerdan cierto aire señorial del edificio, como por ejemplo cortinones de terciopelo, que sin duda provenían del antiguo centro administrativo y hotel vinculado al negocio del ganado.

En 1985, con la vuelta de la democracia, fue traspasado del Ministerio de Defensa al de Transportes y Obras Públicas, quien comenzó a realizar unas obras de adaptación para convertirlo en un reformatorio para menores. En el año 1986 fue declarado Monumento Histórico Nacional. Esta declaración se hizo sobre la finca del padrón que ocupa la Tablada Nacional, pero no fue redactado ningún expediente de declaración, ni se realizó estudio histórico o planimétrico alguno. Fue inaugurado como reformatorio en 1988 y estuvo en uso durante los años 90. En torno al año 2002 se convirtió en cárcel. Duró hasta el año 2012, como indicábamos más arriba.

Todo apunta a que es durante fines de los años 80 y comienzos de los 90 con las remodelaciones para hacer el centro de menores, como durante todos los 90 cuando fue convertido en cárcel, cuando se hicieron las remodelaciones arquitectónicas más notables. A los grandes salones de la planta baja se les añadieron entrepisos de hormigón armado, destinados a las visitas de los familiares. Para ello se añadieron muros y escaleras de subida en el lugar donde originalmente estaban las rejas que marcaban la entrada a los dos grandes salones simétricos, que eran idénticas a las que aún se conservan en el pasillo central de acceso. La gran altura de estos salones queda así interrumpida en la mitad septentrional de los mismos por nuevos módulos de hormigón sustentados en pilares. Las cocinas también fueron radicalmente modificadas, cambiando por completo su distribución interna. El paso a la sala de transacciones también fue modificado, colocando una puerta en lugar de una reja corredera "como de cine" que cerraba un vano mayor, y que algunos de los presos políticos que pasaron por aquí recuerdan bien. Los escritorios de los consignatarios fueron convertido en celdas, cambiadas sus puertas y ventanas, y añadiendo nuevos vanos para la ventilación y el alumbrado. La galería posterior del edificio fue clausurada y sustituida por ventanas con barrotes. Las escaleras simétricas de mármol que conectan con el piso superior, aquellas que los presos políticos prácticamente ni pisaban cuando era llevados por los militares hacia la tortura, terminaban en una gran distribuidor que marcaba el paso hacia las habitaciones de hotel de las alas este y oeste. Ese distribuidor fue segmentado en nuevas habitaciones y las habitaciones del hotel convertidas también en celdas. 

En la parta superior una imagen tomada del periódico El País (1988) a propósito de la inauguración del centro para menores. Se aprecia la fachada trasera con la galería porticada y los arcos que comunican dicha galería con la sala de transacciones. Abajo el estado actual de la fachada trasera con la galería clausurada y sustituida por ventanas con barrotes. 

La primera campaña de excavación fue realizada en zonas exteriores al edificio, durante el año 2007, cuando todavía estaba en uso como cárcel. Se valoraron los testimonios tanto directos como indirectos, se realizó un estudio de la evolución del paisaje mediante el análisis y comparación de fotografías aéreas de los años 70 y 80, y se decidió intervenir en diferentes zonas: pozos, aljibes, bosquecillos de pinos, balanza de ganado y bañeras de ganado. No se pudieron documentar restos humanos en ninguno de los sectores intervenidos.

Sectores intervenidos arqueológicamente en la campaña de 2007.

La segunda campaña fue en el año 2013, ya con el edificio abandonado. Esta vez se decidió intervenir en el centro de la gran sala de transacciones, levantando un gran parcheado de cemento con la "forma del mapa de Uruguay", que tampoco dio ningún resultado en cuanto a restos humanos, pero sí en cuanto a la cimentación y obra del edificio de 1925, así como a la cimentación de la sala de transacciones previa, la de fines del s. XIX. Hoy sabemos que seguíamos una pista falsa y que ese parcheado fue realizado tras un motín en la cárcel en el que se quemaron muebles y las baldosas originales estallaron. En esta última campaña de excavación que está ahora mismo en proceso también estamos sondeando en la sala de transacciones, valorando el potencial de dos tapaderas que había en el suelo hasta los años 80 y que en los 90 fueron selladas. Asimismo queremos localizar las bodegas subterráneas que estaban instaladas bajo la cocina, y que también fueron colmatadas y selladas durante los años 80. Las importantes remodelaciones de este último sector están dificultando esta tarea. En breve esperamos poder contaros los resultados.

A la izquierda sala de transacciones en 1925 y a la derecha en la actualidad, con los dos sondeos practicados.





martes, 24 de junio de 2014

Estépar en la Memoria




El Monte de Estépar, ubicado a 21 km al oeste de la capital burgalesa, es uno de los parajes de la provincia de Burgos donde mayores atrocidades y crímenes perpetraron aquellos que apoyaron al llamado bando nacional, tras el fallido golpe de estado del 17 de julio de 1936 contra el gobierno legítimo de la II República. Desde finales del mes de julio hasta mediados de octubre, aquí se cometieron numerosísimas ejecuciones extrajudiciales. De hecho, se estima en no menos de 300 las personas que fueron asesinadas y clandestinamente enterradas en las fosas comunes preparadas a tal efecto. Todo lo cual le convierte al Monte de Estépar en el principal lugar de exterminio de la provincia de Burgos durante los años que duró la Guerra Civil, aun cuando esta formase parte, en su práctica totalidad, de la retaguardia franquista. De acuerdo con la documentación histórica, se sabe que todas estas víctimas eran civiles, en muchos casos, miembros de partidos políticos y organizaciones sindicales afines a la coalición de izquierdas del Frente Popular, y en otros tantos, sencillamente obreros, jornaleros, funcionarios, maestros, comerciantes y demás trabajadores que, de una u otra forma, habían simpatizado con la República. Todos ellos tenían también en común que habían sido detenidos ilegalmente durante los primeros días de la contienda y encarcelados en la Prisión Central de Burgos. De hecho, fueron 'sacados' de este presidio bajo el falso pretexto de ser puestos en libertad para ser entregados a piquetes de falangistas y requetés, quienes, junto a guardia civiles, les trasladarían hasta el Monte de Estépar, donde finalmente serían impunemente asesinados y arrojados a las fosas comunes. Por testimonios orales también se tiene constancia de que hubo 'paseados' de localidades próximas que igualmente fueron asesinados en este paraje. Unas y otras desapariciones resultaron ser los métodos represivos más brutales, sistemáticos y extendidos en aquel 'verano caliente' del 36.  La prueba de ello es que, lejos de tener escasa incidencia como cabría pensar de una provincia donde apenas hubo resistencia y quedó inmediatamente bajo el control de los golpistas –con la excepción de la zona más septentrional–, provocaron, sin embargo, un gran número de víctimas mortales entre aquellos burgaleses que fueron tachados denigratoriamente de 'rojos'. El resultado de todo ello es que las fosas comunes se extienden por toda la geografía burgalesa, siendo el Monte de Estépar el lugar más tétrico en este sentido por el gran número de víctimas que allí fueron sepultadas, a pesar de que no se sepa con exactitud ni el número preciso e identidad de todas ellas, como tampoco la localización exacta de las fosas que deben existir.
La Coordinadora por la Recuperación de la Memoria Histórica de Burgos quiere, en atención a las demandas de los familiares de las víctimas que yacen en las fosas comunes ubicadas en el paraje del Monte de Estépar dentro del Término Municipal de Estépar en la provincia de Burgos, acometer la excavación de las mismas, para así poder cerrar las heridas que todavía hoy permanecen abiertas en muchos descendientes y, al mismo tiempo, devolver la dignidad a quienes fueron impunemente asesinados y su memoria silenciada. No en vano, son muchos los afectados que se han dirigido a este colectivo planteando interrogantes sobre el momento de excavación de estas fosas, unos por sospecha directa de contener los restos de sus allegados, otros precisamente por ignorar si éstos acabaron allí. Se hace preciso, por tanto, sellar este conflicto con la apertura, exhumación, estudio y entrega de los restos a las familias para que éstas puedan darles una sepultura digna. De manera que, por un lado, los restos mortales puedan ser acogidos, visitados y honrados en un cementerio siguiendo los rituales fúnebres que establece nuestra identidad cultural; y por otro, los descendientes puedan poner fin a un duelo postergado cerca de 80 años. Conviene subrayar que las expectativas de poder encontrar los restos de todas las víctimas son más bien escasas, dado que el paraje del Monte de Estépar ha sufrido a lo largo de las últimas décadas reiteradas agresiones como consecuencia, primero, de su utilización como cantera para extraer grava destinada a la construcción de la Autovía A-62 (Burgos-Valladolid) y, posteriormente, como vertedero ilegal de basuras y escombros, además de residuos orgánicos. Todo lo cual no ha hecho sino ocasionar continuas remociones del terreno, modificando así gran parte de la topografía original del monte, y con ello, alterando notablemente el paisaje y la percepción del mismo como Lugar de Memoria. Esta lamentable situación ha indignado profundamente a los familiares y afectados de la represión franquista que tienen a sus deudos en las fosas de este paraje. Una desazón que no hace sino sumarse al dolor por tener todavía, casi 80 años después, a sus familiares “tirados en el monte como si fueran alimañas”.De manera que resulta muy difícil, si no imposible, cifrar el número de restos que han sido arrasados y destruidos; o lo que es lo mismo, no sabemos cuántos se han podido salvar y, por tanto, cuántos se preservan aún en el subsuelo del Monte de Estépar. Cierto es, en todo caso, que los trabajos previos que hemos realizado en años anteriores, consistentes en una prospección geofísica con georadar y unos sondeos arqueológicos, nos han permitido verificar la existencia de varias fosas a la luz de los restos óseos humanos encontrados en ellas.
Ante la reiterada dejadez o, cuando no, oposición mostrada por las Administraciones Públicas, ya sea la del Gobierno del Estado como la Junta de Castilla y León, para hacerse cargo de las exhumaciones e identificación de los restos humanos que contienen las fosas comunes de la Guerra Civil o, cuando menos, para sufragar los costes de las mismas, el colectivo Espacio Tangente, junto con la Coordinadora por la Recuperación de la Memoria Histórica de Burgos, han puesto en marcha una campaña de mecenazgo (crowdfunding) para poder cubrir los gastos de la excavación de las fosas comunes del Monte de Estépar. De manera que, a partir de la aportación de pequeñas ayudas económicas, se pueda alcanzar una cantidad mínima (14.000 €), para poder desarrollar dicha actuación. Esta cantidad cubre los gastos derivados de la estancia y manutención del Equipo Científico, así como la logística necesaria para realizar este tipo de intervención con las mayores garantías posibles. En ningún caso los especialistas y miembros del Equipo recibirán retribución alguna, al considerarse su trabajo como una colaboración voluntaria completamente desinteresada.Dicha intervención se iniciará el día 21 de julio de 2014 y la llevará a cabo un Equipo científico interdisciplinar formado por arqueólogos, antropólogos forenses, antropólogos sociales, historiadores, etc., bajo la dirección del arqueólogo Dr. Juan Montero Gutiérrez de la Coordinadora por la Recuperación de la Memoria Histórica de Burgos, el antropólogo forense Dr. Francisco Etxeberría Gabilondo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y el antropólogo social Dr. Ignacio Fernández de Mata de la Universidad de Burgos. Todos ellos cuentan con una dilatada experiencia en la excavación de fosas comunes de la Guerra Civil y la identificación de restos humanos, así como en el estudio de las experiencias traumáticas que sufrieron tanto las víctimas de este conflicto como sus familiares a lo largo de la dictadura franquista.
En definitiva, a la vista de todo lo señalado, es nuestro deseo solicitar la inestimable colaboración de la ciudadanía como también de entidades públicas y privadas, para poder acometer este proyecto encaminado, no lo olvidemos, a la restitución de la verdad, la justicia y la reparación que son los tres derechos básicos que asisten a toda víctima.

Toda la información del proyecto se puede consultar en la siguiente dirección de internet: www.montedeestepar.org 

Mientras que los detalles para contribuir a la campaña de captación de fondos para realizar la exhumación se pueden ver en la siguiente dirección de internet: http://goteo.org/project/monte-de-estepar

Post by Juan Montero.