martes, 31 de marzo de 2020

La casa de papel (y II)


Cuando los arqueólogos del futuro excaven los escondrijos generados por las gentes que vivieron y murieron por la pandemia del Covid-19 quizás tengan la suerte de documentar los cilindros de cartón que sostienen los rollos de papel higiénico. Lógicamente eso dependerá de las condiciones edafológicas y ambientales de los yacimientos. Eso es lo que ha ocurrido con los plafones de cartón del hospital de campaña de Capdella. Tras su abandono, se preservaron de forma milagrosa por la cubierta vegetal que se fue generando desde entonces. La limpieza biótica llevada a cabo hace un par de años, paradójicamente, ha conllevado el deterioro en tiempo récord de la estructura. Queda muy poco tiempo para evitar lo inevitable. Todo un reto para los expertos en Restauración de Bienes Culturales: preservar un edifico único en el mundo, una casa de cartón que nos habla del mundo que fue.


La empresa Christoph and Unmack se adaptó perfectamente a lo que tocaba en cada momento. Durante la Iª Guerra Mundial se forraron con el negocio de las barracas, pabellones transportables y casas prefabricadas. Como señala Sígrid Remacha, cuando llegó la hora de condenar el militarismo germánico, desapareció de la publicidad el concepto de barracón y se sustituyó por el de pabellón. Así mismo se cancelaron los contratos con los militares y la producción se centró en el ámbito civil durante la República de Weimar y los locos años 20. Las exportaciones para las colonias africanas y asiáticas de las potencias europeas tampoco eran moco de pavo. En la época de las vanguardias contrataron trabajos a diseñadores y artistas de renombre como Ernst May, Konrad Wachsmann o Albin Müller. Este trabajo con materiales prefabricados inspiró la labor de arquitectos de la Bauhaus como Gropius con su packaged house system. Y en esto llegaron los nazis...y mandaron parar. Quema de libros, retirada de obras de arte degenerado de los museos y militarización de la vida cotidiana. Como buenos capitalistas, los dueños de la empresa apoyaron de manera entusiasta a Hitler. Desde 1933 la fabricación en masa de casernas volvió a convertirse en el objetivo prioritario. Los campos de concentración para confinar primero a los opositores políticos se convirtieron en una nueva oportunidad de negocio. Y una cosa llevó a otra.

Barracón en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.

Nunca falta un roto para un descosido. Barracones para la Wehrmacht en su conquista del continente europeo. Barracones para los trabajadores forzados y, finalmente, barracones para los seres asociales y subhumanos en los campos de exterminio. Auschwitz como apoteosis de la arquitectura moderna, eficiente, rápida, barata. Minimización de costes. Maximización de beneficios. Tecnología alemana. La derrota de 1945 acabó con la producción de estos barracones. La desnazificación es lo que tiene. La empresa utilizó mano de obra esclava, judía, para construir los barracones en los que acabarían sus días cientos de miles de judíos. Tremenda cadena de valor, como le gusta decir a los gestores de empresas.
La experiencia de empresas alemanas como ésta influyó seguramente en la práctica profesional de los ingenieros españoles que diseñaron los primeros campos de concentración franquistas en 1937. Nuestro compañero Pedro Fermín Maguire ha estudiado la documentación oficial en la que aparecen los prototipos del denominado Barracón Galicia, que fue el modelo fabricado en masa y empleado por los sublevados prácticamente hasta la inmediata postguerra. Una versión fascista española del barracón nazi por excelencia.


Las ruinas de Capdella son un recurso didáctico de primer orden para hablar de todo eso, pero también del paternalismo empresarial de la burguesía de comienzos de siglo, preocupada por las bajas en la construcción cuando las prisas apremiaban. Las condiciones de trabajo de los obreros en esta zona del Prepirineo en 1911 eran brutales, como se muestra claramente en el centro de interpretación de la central de Capdella. Una visita más que aconsejable.

Referencia
Remacha Acebrón, Sígrid. 2017. L'hospital de cartó de Christoph and Unmack a la colònia de la central de Capdella.  La electrificación y el territorio. Historia y futuro. IV Simposio Internacional sobre Historia de la electrificación (8-9 de mayo de 2017).


lunes, 30 de marzo de 2020

La casa de papel (I)

Ruinas del hospital de cartón de la central de Capdella (1911).

Las calamidades, pandemias y guerras otorgan un protagonismo especial a una arquitectura concreta: la de los hospitales de campaña. La república socialista china intentó superar la nefasta gestión de los dos primeros meses de contagio (con censura incluida) con la construcción en 10 días en Wuhan de toda una escenografía arquitectónica, envidiada por las potencias occidentales. En el Reino de España, la propaganda de Estado no para estos días de recordarnos la eficacia del ejército al levantar todo un hospital de campaña en las instalaciones de IFEMA en Madrid. Un icono ya de la crisis del coronavirus por estos lares.

Hace justo un año el Observatori del Paisatge nos invitó a participar en unas jornadas sobre los significados y los valores de los paisajes hidráulicos. Esos días en Tremp (Lleida), gracias a las organizadoras del seminario, conocimos de primera mano el ingente patrimonio relacionado con la construcción a comienzos del siglo XX de los primeros embalses y centrales que suministraron energía a Barcelona, la ciudad de los prodigios. Gracias a la arquitecta Sígrid Remacha tuvimos acceso a un edificio único en el mundo, un hospital de campaña construido originalmente en... cartón. La investigación llevada a cabo por nuestra colega es una maravillosa historia para la Arqueología del Conflicto, por eso la compartimos hoy con todos vosotros.

Docker-Baracken en Austria durante la Iª Guerra Mundial (1916)

En 1911 la recién creada Empresa Eléctrica de Cataluña inicia la construcción de la Central de Capdella (Vall Fosca, Pallars Jussà, Lleida). Durante 23 meses, tres mil trabajadores acometieron la obra, en una veloz carrera para ser los primeros en suministrar luz y energía a Barcelona. Esta premura hizo que la mayor parte de edificios para dar servicio a esa población flotante contasen con materiales prefabricados. Esta arquitectura efímera encuentra su mejor ejemplo en el hospital de campaña construido por la empresa Christoph & Unmack. Esta casa alemana-danesa (1882) se hizo con la patente de un prototipo conocido como Docker-baracken, diseñado por Johann Gerhard Clemens Docker, ganador del concurso internacional de barracones promovido por la Cruz Roja en 1885. Con el inicio de la Iª Guerra Mundial se abrió un suculento mercado que fue aprovechado por la empresa para iniciar la producción en masa de casernas de madera y de cartón, y que se emplearon tanto en hospitales como en campos de prisioneros.
Aunque se carece de documentación, Sígrid Remacha ha demostrado que el hospital de Capdella ya estaba en uso en 1913. Sobre el cese de su actividad se sabe que en 1940 ya estaba cerrado, siendo usado como almacén por los vecinos.

Modelo de hospital de campaña de cartón, publicitado por Christoph & Unmack (1895). Interior de la sala de curas (en Remacha 2017)

Referencia
Remacha Acebrón, Sígrid. 2017. L'hospital de cartó de Christoph and Unmack a la colònia de la central de Capdella.  La electrificación y el territorio. Historia y futuro. IV Simposio Internacional sobre Historia de la electrificación (8-9 de mayo de 2017).

domingo, 29 de marzo de 2020

La guerra de las aguas ganadas


El Camino de Invierno es una ruta jacobea, con reconocimiento oficial desde 2016, que parte de Ponferrada y, a través del valle del Sil, se adentra en la Galicia interior para llegar hasta Compostela. En el mes de diciembre pasado el que suscribe hizo a pie este recorrido, en plena ciclogénesis explosiva. Bautizar con nombres franceses (Fabien) a huracanes no amedrenta a nadie. Al fin y al cabo era un ensayo de Arqueología experimental para comprobar cómo en muchos de los tramos de la traza era y es imposible circular en invierno. Eso fue lo que me ocurrió a la salida de Rodeiro, en la terra de Deza. El río Arnego era un mar inmenso. Este pormenor me obligó a dar un rodeo notable y perderme un tramo del Camino de Invierno, curiosamente aquel en el que el peregrino puede disfrutar de la escenografía más extraordinaria del trazado: el Mausoleo de las Aguas Ganadas, en la aldea de A Penela (parroquia de Pedroso, ayuntamiento de Lalín, provincia de Pontevedra). Dos meses después, vecinos y vecinas de A Pobra do Brollón hicieron ese tramo del camino. El técnico del Concello, Xosé Gago, me dio a conocer esta obra maestra, que orgullosamente compartimos hoy con vosotros.


La gente de fuera piensa que Galicia es un vergel porque no para de llover y disponemos de agua a discreción. Lo que parece una ventaja, es un problema. Fondos de valle anegados, terrenos sedimentarios encharcados... exigen la ejecución certera de toda una vasta red de irrigación y el desarrollo de tecnologías hidráulicas. Antes de la llegada del electrofascismo en los años 40 y las Confederaciones Hidrográficas, las parroquias gallegas, auténticos regímenes hidráulicos, gestionaban el mantenimiento de todo este entramado de presas, represas y canales. Un derecho consuetudinario no exento de conflictos, como es evidente en una sociedad atlántica minifundista como la nuestra. En nuestro mundo rural tradicional el agua se llevaba, no se traía. La traída es un concepto y una realidad de la Modernidad. As levadas se inspiran en aquellos canales, siempre a cota, que los romanos excavaron para la explotación del oro en el noroeste ibérico. La Ilustración fue la inspiradora en la segunda mitad del siglo XVIII de los primeros grandes proyectos modernos para llevar el agua a las ciudades gallegas. En el rural, hubo que esperar siglo y medio para que los indianos (emigrantes ricos retornados de América) financiasen las nuevas levadas del primer tercio del siglo XX. El tardofranquismo, con planes de colonización incluidos (el Canal del Valle de Lemos, por ejemplo), con la ayuda de las obras sociales de las Cajas de Ahorros, generaron el contexto adecuado para convertir la traída en una nueva panacea del desarrollo del campo.


Una vez sintetizado el contexto, os presentamos el Mausoleo de las Aguas Ganadas, una escenografía que nos remite, ya no al tan manido franquismo sociológico, sino a la memoria franquista modelada por personajes del rural como el ínclito alcalde de Beade o este vecino de A Penela llamado Ismael Calvo. Este evergeta dezano se asemeja a un Dios-Rey sumerio, demiurgo y hacedor, que lleva el agua a su estanque tras litigar con sus vecinos, una gran aficción de los pagani del rural gallego, eso de pleitear por un metro cuadrado, por el paso a una finca o por mis cojones. Ismael, nombre bíblico de por sí, aplica la máxima paisana del ante papeles callan barbas. El documento, en sociedades orales domesticadas por el Estado liberal, se vincula al Poder. Por eso los campesinos gallegos aprovecharon la llegada de los franceses para quemar los archivos de monasterios y encomiendas y echarle la culpa a los impíos galos revolucionarios. Por eso se dejaron la piel para conseguir la redención de los foros en 1926.


La sentencia que supuestamente le  dio la razón sustenta toda este monumento, que podemos calificar de delirante. Pero, oye, también delirante es el Parque do Pasatempo de Betanzos, mandado construir por los hermanos García Naveira a su vuelta de la Argentina. Si Allí hay esculturas de buzos y exploradores aquí tenemos una estatua hecha a rebarbadora a tamaño real del propio Ismael, cual guerrero galaico, quien construyó a finales de los 80 este mausoleo (sic) para preservar su propia memoria y para que todo cristiano pueda admirar el monumento. Una inscripción reza:

Homenaje en vida [que se da a sí mismo] a D. Ismael Calvo Gutiérrez por este monumento de las aguas ganadas por contrato y sentencias por tal motivo se nombra caudillo, segundo de España, franco en la Guerra e Ismael en la guerra de estas aguas.

Y ahí tenemos al Caudillo y al Rey emérito compartiendo espacio con Isma, cual tríada capitolina, en el mausoleo de las aguas ganadas. Como señala el artifex, llevo a Franco en el corazón. El complejo se ubica al pie del Camino de Invierno. ¿Lo catalogará la Xunta de Galicia como patrimonio vinculado a esta ruta jacobea? ¿Catalogarán al menos el cruceiro, las cruces y el pináculo, tan típicos de los hórreos BIC? ¿Hará lo mismo con el Santuario Nacional de Fátima en Chantada, obra del cura Eyré? ¿Vendrán Ortega Smith y Abascal, cual jinetes del Apocalipsis a sacarse una foto en tan patriótico mausoleo? Todo un reto para el nacionalcatolicismo del Partido Popular de Galicia.

Fotografías de Xosé Gago.

jueves, 26 de marzo de 2020

Franco, Caudillo y Pastor


El denominado arte popular ha sido objeto de estudio en España por parte de una Etnografía formalista, tipologizante y poco preocupada por el trasfondo social y/o político de la cultura material. Durante décadas, muchos eruditos locales preferían perfumarse con los frascos de las esencias y se empeñaban en señalar el origen castreño de los motivos tallados en yugos y cabeceros de las camas campesinas, por poner un ejemplo. Los paisanos vistos como fósiles vivos, entes folklorizados, como muy bien ha analizado Sergio del Molino en su archifamosa La España Vacía. Un país que nunca fue. Por el contrario, todos los antropólogos que han prestado atención al campesinado como colectivo humano, desde Chayanov hasta Wolf, señalan su celo de independencia y su oposición a las formaciones estatales. Es éste un tema, las relaciones con el Poder, que abre un nuevo campo en los estudios etnográficos. El arte popular refleja esta dialéctica de, a veces obediencia, y otras, de resistencia. Las escenas eróticas que los canteros tallaban en los canecillos románicos son la reversión total del orden social, un Carnaval o una fiesta de los locos esculpida en piedra.


Mi abuelo, O'Corenta, como buen  campesino polifacético dentro de una economía de subsistencia, también era carpintero. En la iglesia parroquial de Cereixa todavía se conserva el reclinatorio que le hizo a una vecina, Carmen Ayán, esposa de su compadre O'Turín. Mi abuelo se inspiró en los retablos del siglo XVIII y XIX que decoran las paredes del templo e incorporó motivos decorativos del arte de la Alta Cultura. En esos mismos años de la inmediata postguerra, otros carpinteros como él hicieron otros reclinatorios, otra sillas, pero con el símbolo de la FE y de las JONS, como así también hicieron canteros populares en un sinfín de lavaderos y fuentes del interior de Galicia. En muchos casos, el yugo y las flechas poco o nada se parecían a los símbolos aquellos de los Reyes Católicos. Como me confesó un cantero de Cuntis un día: "Cuando un escultor intenta hacer un león, le sale un león; cuando lo intenta un cantero, le sale un perro".


Hay un sitio en España en donde podemos admirar esta relación entre poder y arte popular, y no es otro que el Museo Etnográfico de Castilla y León, en Zamora, una de las joyas visitables de la ciudad. Allí se expone una selección de la inmensa colección de arte pastoril donada por el etnógrafo local Luis Cortés Vázquez (1924-1990). Insigne romanista, catedrático de francés en la Universidad de Salamanca (tradujo y editó La Chanson de Roland), era un enamorado del mundo rural. Estudió el idioma gallego hablado en las portelas entre Zamora y Galicia, recopiló cuentos populares salmantinos y romances zamoranos y se convirtió en el mayor experto en cerámica popular del antiguo Reino de León. Este intelectual, una mezcla entre Félix Rodríguez de la Fuente (era ornitólogo también), Delibes y Labordeta, conocía cada rincón de ese viejo país y se fue haciendo con una colección de arte popular, en aquellos años en que las cerámicas de Sargadelos del XIX se cambiaban por lotes de Arcopal.


En la colección destaca una silla decimonónica en la que el artista de turno talló un preso por un lado y un Guardia Civil por el otro, anverso y reverso de la implantación del Estado liberal en el pagus ibérico. Sin embargo, las piezas más singulares son aquéllas realizadas por pastores, muchos de ellos trashumantes, que reproducen retratos del Caudillo, loas a Franco y Primo de Rivera o incluso escenas militares. Tenemos que tener en cuenta que muchos campesinos de Galicia, León y Castilla únicamente salieron de sus aldeas al ser movilizados por los sublevados en la guerra civil. Al acabar el conflicto volvieron a sus pueblos, y esa fue su experiencia de vida fuera de allí. El discurso de la Victoria y la propaganda caló hondo en muchos de ellos. Hay ejemplos soberbios por todo el país, como aquel lavadero gallego en el que el cantero emocionado escribió: Se hizo reinando Franco. En otros casos, quizás cabe hablar más de pura supervivencia. Estos pastores se movían por el territorio en unos años en los que te podías llevar sustos tanto de la guerrilla como de la Benemérita. Estos objetos podían servir de auténtico salvoconducto para certificar la afección al Movimiento.


Como en el caso de mi abuelo, la escenificación del nuevo poder, en este caso nacionalcatólico, en villas y ciudades era replicado por estos hombres del campo en su vida cotidiana. Incluso la propaganda tuvo su impacto real. En 1944 se inició en Barcelona la construcción del templo del Buen Pastor, destinado a cristianizar de nuevo un espacio anarquista por excelencia. El ínclito Pal i Deniel, ideólogo de la Cruzada, regaló la escultura del Buen Pastor, a quien se equiparaba con el Caudillo. Esta imagen de Franco, Caudillo y Pastor, fue proyectada socialmente hasta la saciedad durante el Congreso Eucarístico de Barcelona, en 1952.
Queda por hacer toda una Etnoarqueología de este arte pastoril.



domingo, 15 de marzo de 2020

La (que pudo ser) tumba de Franco (y IV)


Fotografía de Pedro Rodríguez Simón (junio de 2017).

El padre Eyré hizo los mismo que los indianos de principios del siglo XX. Muchos de ellos financiaron reformas e iglesias de nueva creación en lo alto de castros, como así ocurrió en Santa Trega (A Guarda) o en Troña (Ponteareas). De hecho, la apertura de carreteras conllevó el descubrimiento de los primeros restos de arquitectura doméstica de la Edad del Hierro en Galicia. En el interior de esta iglesia de Centulle aún se pueden ver molinos barquiformes tirados por el suelo. El cura destruyó un castro pero, según parece, recogía esos restos materiales del pasado, como buen aficcionado a la Arqueología. Personaje carismático que conocía bien como funcionaba la cultura popular, fue el promotor de un proceso de cristianización de un castro en pleno nacionalcatolicismo. Durante décadas se celebró una romería popular el 13 de mayo, el día de la Virgen de Fátima. Como un santón o un eremita, él creó el lugar, y ahí está enterrado, dentro de su proyecto faraónico inconcluso y fracasado.

Al fondo, ruinas del Centro Nacional de Inválidos Civiles, de los años 70.

Pero el padre Eyré no se conformó con levantar el Santuario Nacional de Fátima sobre el antiguo castro de Centulle. Su proyecto contemplaba la construcción de una gran escuela de formación profesional para inválidos civiles. A través de sus contactos con el ejército y el Palacio del Pardo, consiguió el apoyo del régimen franquista, como se aprecia en los textos epigráficos del interior del templo. Incluso el ministro de Educación Ruiz Jiménez (después convertido en opositor) visitó el lugar y dio el visto bueno a la iniciativa del cura chantadino, ya en los años 50. El Centro Nacional de Inválidos Civiles, promovido por la Asociación Nacional de Inválidos, costó unos cien millones de pesetas de los años 70. Equipado para albergar a cuatrocientos internos, la llegada de la democracia impidió su normal desarrollo. En la transición se intentó llevar allí el asilo de Chantada, pero la idea no cuajó. Finalmente, el padre Eyré cedió el recinto a finales de los 80 a la Ciudad de los Muchachos, proyecto dirigido por otro cura, el padre Silva, en este caso, rojo. En 1957 este sacerdote creó un centro de acogida en las afueras de Ourense, en Benposta, por el que llegaron a pasar 50.000 niños huérfanos procedentes de todo el mundo. Para ello se inspiró en el proyecto Boys Town dirigido por el padre Edward Flanagan en Nebraska y que sale en la película Forja de hombres (1938). El circo de la Ciudad de los Muchachos fue la seña de identidad de este proyecto revolucionario, asambleario, que llegó a contar con televisión propia. Por ahí pasaron unos cuantos ecuatoguineanos huyendo de la vesania de Macías, entre ellos Hermes, el que sería guitarrista de Los Suaves. El cura murió en 2011, tras ser amenazado de excomunión por el Vaticano, envuelto en juicios y pleitos por su legado.

Fuente: La Vanguardia.

Hoy en día las ruinas del complejo de Centulle se asemejan más a un posible escenario de peli de serie B tipo Los chicos del maíz. Una pintada en un lateral indica que el colectivo Olimpo realiza entrenos de Airsoft.
En julio de 2018, una organización ultraderechista conocida como Colectivo España Unida, proponía en su Boletín Informativo Nacional, el traslado de los restos de Franco a este Santuario Nacional de Fátima, levantar una cruz de hormigón de 150 m y establecer allí un Centro de Interpretación al (sic) Generalísimo. En gran medida, ya es un gran centro de interpretación del franquismo. Y es más. Debería formar parte de las rutas del Románico de la Ribeira Sacra y entrar por derecho propio en la declaración nacionalcatólica de la Ribeira Sacra como Patrimonio de la Humanidad, promovida por la Xunta de Galicia.

lunes, 9 de marzo de 2020

La (que pudo ser) tumba de Franco (III)


Desde luego, el Padre Eyré pudo haber sido un personaje valleinclanesco, o uno de esos paisanos que circulan por la Xente de aquí e acolá de Cunqueiro o por la Terra Brava de Fole. Si la vanidad es pecaminosa, esta falta no iba con nuestro cura, orgulloso de su devenir, siempre sintiéndose protagonista de la Historia con mayúsculas. Solo así se explica el texto autobiográfico que cubría la lápida funeraria hace un par de años y que ya no está. Todo parece indicar que el texto fue ideado por el párroco bastantes años antes de su fallecimiento en 2002. De hecho, es curioso que solo recoja una parte de su longeva existencia, aquélla más vinculada a su apoyo a la Cruzada:

SEPULTURA RESERVADA PARA LOS RESTOS MORTALES DEL ILUSTRISIMO SEÑOR. DON FRANCISCO EYRE LAMAS PARROCO FUNDADOR DEL SANTUARIO NACIONAL DE N. S. DE FATIMA IGUALMENTE PARROCO FUNDADOR DE LA PARROQUIA DE S. JOSE DE VILLADOMINGO EN BUENOS AIRES. FUNDADOR DE ACCION GALLEGA DE CRUZADOS DE SANTIAGO EN LA MISMA CAPITAL. COFUNDADOR DE LA AGRUPACION MONARQUICA ESPAÑOLA TAMBIEN EN BUENOS AIRES DELEGADO DE AUXILIO SOCIAL DE ESPAÑA. PROFESOR DEL INSTITUTO ESPAÑOL DE LISBOA DURANTE 3 AÑOS DE DONDE VINO PARA FUNDAR ESTE PRIMER SANTUARIO ESPAÑOL DEL INSTITUTO DE FATIMA AÑO DE 1944 MIEMBRO DE LA ASOCIACION HIDALGOS DE FUEGO DE ESPAÑA. TRABAJO PARA EL CONGRESO EUCARISTICO DE BUENOS ARES ESCRIBIENDO TRES LIBROS DE HISTORIA DE LA IGLESIA ARGENTINA Y DEL TRABAJO EN LA EPOCA COLONIAL. LOS PADRES JESUITAS DE LA IGLESIA DE MONSERAT SUS AMIGOS PARA REGRESAR A ESPAÑA EN PLENA GUERRA COMO EL QUERIA LE NOMBRARON PRESIDENTE DE LA PEREGRINACION AL PILAR DE ZARAGOZA CON VIAJE PAGADO Y ALGO MAS ESTA CONDECORADO CON LA CRUZ DE ISABEL LA CATÓLICA. EN BURGOS TANTO EL CAUDILLO COMO SU ESPOSA Y LOS MINISTROS DEL GOBIERNO. LE RECIBIERON OFICIALMENTE MUY AGRADECIDOS. QUERIAN QUE REGRESARA A AMERICA PERO NO QUISO POR LA MUCHA EDAD DE SU PADRE ENFERMO.
MURIO EN SU CASA DE ABRAL-CHANTADA-EL DIA DEL AÑO
DESPUES DE RECIBIR LOS SANTOS SACRAMENTOS D.E.P.


El historiador Luis Velasco Martínez ha estudiado detalladamente la labor llevada a cabo por individuos como éste para reclutar combatientes profranquistas entre la colectividad gallega de Buenos Aires. El órgano de los cruzados de Santiago, llamado Fé Gallega, se encontraba en la vanguardia propagandística de los sublevados en Sudamérica. A menudo empleaban el idioma gallego en poemas y elegías a Franco y a los marisquiños, los soldados gallegos que integraban el ejército sublevado. El Padre Eyré participó de todo el entramado religioso y civil establecido en Buenos Aires para apoyar la sublevación. El arzobispado y la Comisión de Damas de Buenos Aires organizaron en 1937 una colecta de objetos religiosos para enviar a Salamanca, ante la destrucción propiciada por los rojos. Sin embargo, jugó un papel más importante en este sentido, la red de entidades civiles por las que también pululaba nuestro cura: Centro Acción Española, Agrupación Monárquica Española (presidida por la princesa María Pía de Borbón de Padilla), Legionarios Civiles de Franco (dirigida por Soledad Alonso de Drysdale, viuda de un latifundista inglés ganadero) o el Socorro Blanco Argentino para la Reconstrucción de España.


Desde luego, el párroco de Centulle se murió con la satisfacción del trabajo bien hecho y hacía gala de sus servicios prestados en el largo epitafio de su tumba. Pero la historia de Eyré todavía presenta más líneas de fuga. Su proyecto estrella no solo se centraba en la construcción del santuario de Fátima, sino que quiso acompañarlo de unas escuelas, una especie de colegio de formación profesional para Inválidos Civiles. El antiguo castro, coronado por el santuario de Fátima, volvió a sufrir las ansias de este evergeta desaforado, ahora en los años 60. Para ello contó, de nuevo, con el apoyo de Carmen Polo y del Ministerio de Trabajo. Las instalaciones tenían talleres de recuperación, aulas de mantenimiento y maquinaria de última generación. Sin embargo, el proyecto se truncó con la llegada de la democracia. De esto hablaremos más adelante. Ahora toca revisar los nuevos servicios prestados por Eyré en el tardofranquismo. Nuestro cura consiguió fichar por el Ministerio de Asuntos Exteriores como asesor de Relaciones Culturales. Y entre 1959 y 1969, con la aquiesciencia de Fraga, fue el capellán de los trabajadores de la emisora  Radio Liberty, en Pals (Girona), radio anticomunista gestionada por la CIA. El cese de Fraga como ministro de Información y Turismo coincidió con el cese de este capellán. Su contacto estrecho con las altas esferas del régimen, su ideología monárquica y su trato personal con los Borbones exiliados en Estoril eran variables muy tenidas en cuenta por la CIA de cara al futuro de España.




  


domingo, 8 de marzo de 2020

La (que pudo ser) tumba de Franco (II)

Interior del santuario, junio de 2017. (Fot. de Pedro Rodríguez).

Chantada, década de 1940. La salvaje represión desatada por los golpistas acabó con el movimiento asociativo agrario, con las nuevas ideas progresistas traídas de América, con las tentativas laicizantes en el mundo rural. Con todo, la resistencia continuó. La guerrilla antifranquista campaba a sus anchas esos años, con la figura señera de O'Piloto, el último maquis abatido en España, en estas tierras, en 1965. En unos años de hambre y falta total de bienes de equipo, el régimen se lanzó a la construcción de puentes y embalses, empleando mano de obra esclava, esto es, prisioneros de guerra, los derrotados republicanos. Este es el panorama de la inmediata postguerra, la España de la Victoria, en la que juegan sus bazas el falangismo y la Iglesia, en una lucha denodada por controlar los resortes del Poder. En 1942 reaparece el padre Eyré en su tierra natal y encuentra el campo abonado del nacionalcatolicismo para llevar a cabo su sueño. Este cura, de alcurnia hidalga, tiene una perfecta agenda de contactos. Es amigo de don Juan de Borbón y la familia real, a quien visita en Estoril durante su estancia portuguesa. Su familiar Maruja Eyré es la secretaria personal de Pilar Primo de Rivera. Él mismo mantiene contacto estrecho con Carmen Polo y el Palacio del Pardo.

Tumba del padre Eyré dentro del santuario (junio de 2017). (Fot. de Pedro Rodríguez).

Para construir su templo, elige el recinto superior del castro de Centulle, propiedad de su familia. Con el solar a disposición del proyecto, busca consejo en un arquitecto que había sido ayudante de Antonio Palacios y que acabará vinculado al Valle de los Caídos: Pedro Muguruza. Mientras la II Guerra Mundial se dirime en los campos de batalla, en el corazón de Galicia este cura iluminado consigue el apoyo de Franco y en tiempo récord, en dos años, construye el santuario nacional de Fátima, inaugurado el 13 de mayo de 1945, cinco días después de la capitulación de Alemania. Al acto de inauguración acude el infante Luis Alfonso de Baviera y Borbón, sobrino de Alfonso XIII, militar del ejército sublevado que poco antes había combatido en la División Azul.

Tumba del padre Eyré, con cirios encendidos, en junio de 2017. (Fot. de Pedro Rodríguez).

Nombrado Rector del Santuario Nacional de Fátima, durante los años 50 recorre España a la búsqueda de fondos y donativos, para convertir su iglesia en centro de peregrinación. Incluso llega a sondear a la única pastorcilla de Fátima superviviente, sor Lucía, para que se traslade a vivir a Centulle, cual anacoreta del siglo XX. Sor Lucía ya conocía Galicia, en donde residió 21 años, entre Tui, Santiago, Rianxo y en Pontevedra. Su casa en el casco viejo de Pontevedra es el conocido como Santuario de las Apariciones. Como dignos herederos del padre Eyré, cura monárquico, los concejales del Partido Popular de Galicia en el ayuntamiento pontevedrés quieren fomentar el turismo religioso y relanzar este centro de peregrinación, en donde la vidente sor Lucía volvió a ver a la Virgen en 1925 y 1926 (sic).

La tumba del padre Eyré en la actualidad. La lápida ha desaparecido.

El nacionalcatolicismo continuó sin problemas en Galicia tras la transición democrática. Del franquismo al fraguismo, el nacionalcatolicismo apaño nuevos atrezzos, el regionalismo, los xacobeos y un Santiago Apóstol patrón más de Galicia (nai e señora) que de España. Una de las placas conmemorativas instaladas dentro del santuario nacional no deja dudas al respecto: por aquí pasaron personajes ilustres, como el Ministro de Educación Nacional Joaquín Ruiz Jiménez, en representación del Jefe del Estado (años 1950) y el presidente de la Xunta de Galicia Manuel Fraga Iribarne con sus conselleiros (sic).

Placa en recuerdo a los visitantes insignes, entre ellos Fraga y sus conselleiros (Fot. de Pedro Rodríguez).