sábado, 11 de abril de 2015

Pequeños objetos, grandes historias

Los objetos arqueológicos que cuentan las historias más interesantes no son, necesariamente, los más espectaculares. Esto es particularmente cierto en el caso de la Guerra Civil Española. Algunas cosas humildes esconden grandes historias - grandes porque están ligadas a hechos fundamentales de la historia del siglo XX o grandes por lo que tienen de misteriosas e intrigantes. Veamos tres ejemplos:
He aquí una pieza anodina donde las haya: un enganche metálico. Pero no es un enganche cualquiera, sino el de una máscara antigás alemana M-1930, con su pintura Feldgrau original. Apareció en un corral reutilizado como base temporal por un pelotón de soldados franquistas, concretamente parte de las tropas que pararon la gran ofensiva republicana en el Alto Tajuña, en abril de 1938. Las máscaras antigás formaban parte, por lo que se ve, de su equipamiento, pese a que no se llegaron a utilizar - ni aquí ni en ningún otro frente. Al menos para defenderse de ataques con gases tóxicos. No es el único elemento de máscara que localizamos en la zona. De hecho, encontramos con cierta frecuencia filtros, gafas y otras piezas. 

Contenedores de máscaras antigás alemanas: en la cinta de tela va el enganche metálico que encontramos.

Después de la Primera Guerra Mundial, el bombardeo químico se convirtió en una fantasía colectiva equivalente al de la bomba atómica después de la Segunda. Escritores de ciencia ficción, políticos y ciudadanos imaginaban grandes metrópolis arrasadas por gases tóxicos y los ejercicios de protección civil se centraban sobre todo en el manejo de máscaras. La catástrofe no llegó a materializarse, como no lo hizo el holocausto nuclear (por ahora). Pero millones de soldados cargaron con un equipo inútil en varias guerras ante la eventualidad de un ataque. No quiere decir eso que el combatiente de a pie tuviera necesariamente miedo de un ataque químico. Hace ya unos cuantos años compré una máscara M-1930 a un veterano de la Guerra Civil Española. Quitándole importancia al artefacto, me dijo: "cuando salíamos corriendo, esto es lo primero que tirábamos".

 
La siguiente pieza es humilde para nosotros, pero seguramente no para el soldado que la perdió durante los combates de la Enebrá Socarrá, también en el Alto Tajuña en abril de 1938. Es lo que queda de un reloj. El uso de relojes todavía no era habitual en la España de los años 30, al menos en el mundo rural del que provenían una gran parte de los combatientes. Tenemos que hacer un esfuerzo para ponernos en el lugar de esos soldados que no sabían leer o escribir (o apenas), para quienes el espacio se reducía a su pueblo o su comarca y para quienes el tiempo no se medía necesariamente por horas, minutos y segundos. 

Para ellos tuvo que ser un shock la guerra moderna, que es inseparable de la cronometría: recordemos el mítico "sincronicemos nuestros relojes" de las películas bélicas, el Día D, Hora H, o las espoletas de tiempos de algunos explosivos (que no dejan de ser relojes mortíferos). La cronometría de la guerra, además, es solo una parte de la obsesión por sincronizar el mundo que caracteriza el desarrollo del capitalismo en el siglo XIX: sin una cronometría exacta no hay ni globalización ni producción en serie. 

Los relojes personales se fueron popularizando durante el primer tercio del siglo XX y se convirtieron en una posesión preciada. Tan ligados están a la identidad de una persona que cuando hoy los recuperamos en las fosas comunes llaman nuestra atención tanto o más que los huesos humanos. Se cuenta de algunas personas que tuvieron que comprar el reloj de su familiar a la persona que lo había asesinado - como si compraran un miembro de su cuerpo. Y quizá, en cierta manera, estuvieran comprando una parte de su ser querido.

La última historia no es una gran historia en sentido estricto. Pero es sí es una historia intrigante. Se trata de una estrella metálica de seis puntas. Este tipo de estrella iba prendida en la galleta de pecho que llevaban los alféreces del ejército sublevado. No tendría nada de peculiar si no fuera por el lugar en el que apareció: el fortín de la paridera del Saso, a las afueras de Belchite. Sabemos que esta posición estaba comandada por el alférez Jesús Moreno Corella. Durante los días caóticos de la batalla de Belchite en agosto de 1937 las informaciones sobre el Saso son contradictorias. 



Alférez con parche de pecho en el que se puede observar la estrella de seis puntas.

El historiador militar Martínez Bande afirma que la paridera se rindió sin resistencia porque Jesús Moreno fue traicionado por un cabo que lo asesinó y entregó la fortificación al enemigo. En otros testimonios, sin embargo, parece colegirse que sí hubo algún tipo de enfrentamiento. En nuestras excavaciones localizamos numerosos testimonios de combate en forma de casquillos, balas, metralla, espoletas de artillería, granadas de mortero, espoletas de granada de mano, bolas de metrallero y otros elementos bélicos.

Arqueológicamente no podemos decir qué pasó exactamente con Jesús Moreno, pero algo pasó. La estrella aparece al lado de lo que debieron de ser unos pantalones (se conservan las hebillas y un botón) y una cantimplora. Todo está mezclado con casquillos percutidos y espoletas de granada. Es posible que al alférez Moreno lo mataran a la entrada del fortín, donde quizá estuviera dirigiendo la defensa contra el ataque republicano. Quizá lo mató uno de los suyos, como indica el testimonio, o quizá simplemente cayó en la refriega. Por desgracia, la arqueología no es una ciencia exacta. Pero es más que posible que la estrella de seis puntas perteneciera a Jesús Moreno. Y esa estrella es la que hoy hace posible volver a contar su historia. 

martes, 7 de abril de 2015

Las Edades de Franco, ese Hombre

Fachada de la catedral de Logroño (abril de 2015).

No sé si toca o no toca tratar este tema hoy, pero como estamos en 2015, habrá que tocarlo, aunque sea de pasada. ¡Viva la muerte y muera la inteligencia! Esta es la máxima manejada por los fanáticos asesinos en todo tiempo y lugar, por esos ejércitos de liberación y de salvación que tan bien conocemos. En España, la última Cruzada fue la herramienta empleada para desmantelar todo un Estado democrático, para desmochar la Universidad, para quemar libros, para asesinar maestros, todo ello con la bendición de la jerarquía de la Iglesia Católica. En estos tiempos en los que impera el revisionismo, tenemos la suerte de contar con la materialidad generada por la construcción de la memoria de los vencedores, unos restos que se mantienen incólumes a pesar de la legislación vigente, pero que sirven de prueba para probar la complicidad de la Iglesia española con el régimen del Caudillo. Un paseo por la entonces conocida como Castilla la Vieja nos permite  abordar esta Arqueología de la memoria. Para algo hemos estudiado en la carrera Arqueología, Epigrafía y Numismática (sigue habiendo catedráticos de esta materia). En plena Semana Santa, la catedral de Logroño luce esplendorosa esta inscripción:

ESPAÑA VENCEDORA DEL COMUNISMO EN LA CRUZADA QUE LEVANTO ESTE DÍA BUSCA LA LUZ DEL IMPERIO POR LA UNIDAD POR LA GRANDEZA POR LA LIBERTAD (sic) EN EL SIGNO DE FRANCO CAVDILLO ARRIBA ESPAÑA XVII-XVIII-XIX JULIO MCMXXXVI

Algún desalmado de Podemos seguro que ha sido el responsable de este ataque con pintura a este bien patrimonial. No sé cuantos obispos (obispas creo que ninguna) se han sucedido en esta sede desde 1936, pero parece que siguen estando de acuerdo con la Santa Cruzada. Por algo la Iglesia católica no ha condenado nunca su colaboración con los sublevados. Por eso la Legión sigue escoltando pasos de Semana Santa. Vayamos ahora a Salamanca, en donde Unamuno fue vilipendiado por Millán Astray. El rutilante Palacio Episcopal recuerda al visitante lo siguiente, gracias en su día a la Excelentísima Diputación Provincial:

AQVÍ VIVIÓ Y DIRIGIÓ NVESTRA CRVZADA NACIONAL EL CAVDILLO FRANCO.

Para llegar hasta aquí uno puede contemplar estatuas de Juan Pablo II, placas inauguradas por los Reyes de España en democracia, con citas del Quijote sobre la libertad, en la calle que lleva el nombre del integrista Pla y Deniel, el cardenal que en su pastoral Las dos ciudades acuñó precisamente el concepto de Santa Cruzada. Todo encaja.

Fachada del palacio episcopal de Salamanca (marzo de 2015).


Y ya que estamos con los fastos de la mística Santa Teresa de Jesús, también nos podemos dar una vuelta por Ávila intramurallas, por esa ciudad modelada por la gente de orden, por esos tradicionalistas católicos tan bien representados en Adolfo Suárez. Nuevamente nos topamos con una inscripción que complementa otras que decoran la catedral (caídos, yugo y flechas) y que demuestran la abulia (falta de voluntad) del obispo abulense:

EN ESTA CIUDAD CUNA DE SANTA TERESA DE JESÚS Y CAPITAL DE LA PROVINCIA QUE VIO NACER A LA GRAN REINA ISABEL LA CATÓLICA NO SE TOLERARÁN OFENSAS A LA MORAL DE CRISTO BAJO NINGÚN PRETEXTO. 
ÁVILA ES LEAL, NO TRAICIONARÁ A LOS CAÍDOS DURANTE LA CRUZADA GLORIOSA POR DIOS Y POR ESPAÑA. 
ÁVILA, MAYO DE 1941. 
¡ARRIBA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY!


Plaza del Rastro Ávila (agosto de 2011).

En este año teresiano llegarán manadas de turistas a Ávila, llamados por el misticismo gastronómico. Espero que el ayuntamiento tenga a bien incluir estos recursos didácticos en las visitas, para mostrar la última fase de las Edades de Franco, ese Hombre. Y para finalizar por hoy nuestro recorrido castellano, recalaremos en la Universidad Laboral de Zamora, otro ejemplo del estilo neoherreriano al servicio del nacionalcatolicismo y del nacional sindicalismo. Ya se sabe, por el Imperio hacia Dios. En una de las entradas principales, vemos fosilizado de manera pionera el peculiar espíritu de reconciliación que inspiraría posteriormente los XXV años de paz:

PARA QUE LA SANGRE NO VUELVA A SER EL PRECIO DE LA JUSTICIA PARA QUE EL TRABAJADOR CONQUISTE SU FUTURO CON LAS NOBLES ARMAS DE LA CULTURA PARA QUE LA PAZ SEA LA BENDICIÓN DE DIOS SOBRE LAS ALMAS SE FUNDO ESTA INSTITUCIÓN SIENDO FRANCISCO FRANCO CAUDILLO DE ESPAÑA AÑO MCMLIII.


Universidad Laboral de Zamora (mayo de 2014).

Burgos y Valladolid vamos a dejarlos para otro día, mejor. En todo caso, debemos felicitar al gobierno de la Junta de Castilla y León y a la Iglesia el celo que han puesto para conservar la memoria de los vencedores. Sin duda lo han hecho porque todavía se consideran parte de ellos, de los vencedores de la guerra civil española, claro. Para algo se hizo la Santa Cruzada contra las hordas rojas, los herejes y los malos españoles. No les vamos a pedir que ricen el aceite de ricino y se pongan a cumplir la Ley y dejen de ofender a ciudadanos y fieles que forman parte de los vencidos.
Lo dicho, estamos en 2015. Los obispos españoles necesitan un curso CEAC de Concilio Vaticano II, para ir tirando.




viernes, 27 de marzo de 2015

Arqueología de los desastres

Desde hace unas tres décadas, los arqueólogos nos preocupamos cada vez más por resultar socialmente útiles. Pasó ya aquel tiempo en que uno podía encerrarse tranquilamente toda la vida a catalogar vasos griegos de figuras rojas o marfiles fenicios (bueno, en realidad se sigue haciendo, pero menos). Ahora entendemos que nuestro trabajo tiene que repercutir de forma más clara en la sociedad que financia nuestras investigaciones. 

La producción de conocimiento, en sí misma, es ya una forma de contribuir, quizá la más importante, pero ahora somos más conscientes de que ese conocimiento debe circular y ser accesible, no quedarse en las bibliotecas especializadas y en artículos escritos en un lenguaje incomprensible. Este blog es un pequeño intento de hacer la arqueología más útil - o menos encerrada en sí misma.

Sin embargo, muchos arqueólogos quieren poner su ciencia al servicio de la sociedad de una forma más contundente. Puede ser estudiando temas acuciantes, como el cambio climático. O documentando crímenes de lesa humanidad, desde Argentina a Timor Oriental. Se puede afirmar que la arqueología más útil que se ha hecho en España es la recuperación de las víctimas de la violencia política durante la Guerra Civil y la dictadura. Esta arqueología no solo ha servido para que los ciudadanos conozcan mejor la naturaleza real del régimen franquista, sino que ha permitido a miles de familiares afrontar un trauma reprimido durante décadas. 

Es en los temas más recientes donde se puede percibir mejor el potencial de la arqueología como ciencia aplicada. Pero ¿cómo de recientes? ¿Puede ser algo que haya sucedido ayer?

Richard Gould cree que sí. Es el inventor de la disaster archaeology, arqueología de los desastres. Gould se dio cuenta de que las formas de registro arqueológicas pueden ser muy útiles en determinados contextos que no son propiamente "históricos" (o prehistóricos). Dichos contextos, sin embargo, se caracterizan por producir una gran cantidad de restos materiales (y humanos) altamente fragmentados, alterados y de difícil interpretación. Los desastres actuales se caracterizan precisamente por eso: pensemos en un atentado terrorista.

De hecho, lo que hizo pensar a Gould sobre las posibilidades de una arqueología del desastre fue el ataque de Al Qaeda contra el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001. Desde entonces, ha puesto en práctica su formación arqueológica en distintos contextos de desastre, siempre en colaboración con la policía y científicos forenses. Uno de sus trabajos con mayor impacto fue el estudio de una discoteca arrasada por un incendio en Rhode Island, que acabó con la vida de 100 personas.


Me resulta difícil no observar las terribles imágenes del reciente accidente aéreo en los Alpes con una mirada arqueológica: veo fragmentos dispersos de todo tipo y me pregunto ¿Cuánto más se podría llegar a conocer de la tragedia si se registrara el escenario con la meticulosidad a la que estamos acostumbrados los arqueólogos? 


Quizá en este caso, visto el giro que ha tomado la investigación del desastre, este tipo de documentación no resulte tan necesaria, al menos para esclarecer las causas, pero quizá sí lo sea para encontrar otro tipo de pruebas que puedan ser importantes para las familias de las víctimas. En otros casos, se trate de un accidente aéreo, un crimen o un accidente industrial, una buena documentación arqueológica podría ayudar a dilucidar el origen del desastre. Los arqueólogos registramos cada objeto y los analizamos cuidadosamente buscando patrones, áreas de dispersión, densidades, zonas de actividad. Aquí hemos insistido más de una vez en que la metodología arqueológica es similar independientemente del período -da igual que sea el paleolítico o para la Guerra Civil Española

Nuestro objetivo es conocer con la mayor precisión posible lo que ha ocurrido en un determinado lugar. Este conocimiento puede ser crítico en el caso de escenarios de desastre: no solo para saber lo que ha sucedido, sino para evitar que vuelva a suceder.

Registro total de artefactos por categoría en la paridera del Saso (Belchite).

viernes, 20 de marzo de 2015

Una historia en cada objeto


Estos días, con la colaboración de Yaiza, Diego y Marta (en la foto), lavamos y siglamos los materiales que se depositarán en el Museo Provincial de Guadalajara. Se trata de los hallazgos relacionados con la batalla de La Nava (Abánades), que llevamos estudiando desde el año 2011. El trabajo de laboratorio no es el aspecto más apasionante de la arqueología. Como se puede ver en la imagen, no se trata precisamente de CSI. Sin embargo, revisar cada objeto es encontrarnos (o reencontrarnos) con sus historias. Aquí van algunas de ellas:

Estas tres guías de peine de munición son solo algunas de las decenas que aparecieron en el corral de la Enebrá. Aquí se refugiaron los soldados franquistas al comienzo de la ofensiva republicana en el Alto Tajuña, hacia el día 1 de abril de 1938. Armados con sus máuseres de fabricación alemana, los sublevados hicieron frente al Ejército Popular, que acabó derrotándolos con una combinación de fuego artillero y de carros de combate -al más puro estilo de la Segunda Guerra Mundial. Al limpiar los peines hemos podido identificar los marcajes en algunos de ellos: P, P25 y P208G. Esto nos permite saber qué fabricas estaban suministrando munición a la España de Franco: de P208G desconocemos la procedencia, pero P identifica a Polte Armaturen, en Magdeburgo, y P25 se corresponde con la factoría de Treuenbrietzen. Ambas en un radio de unos 150 km entorno a Berlín.


Los alemanes no fueron los únicos en contribuir al esfuerzo de guerra franquista. Prueba de ello es este fragmento de granada de mano SRCM o Roma, fabricada por la Italia de Mussolini (aquí podéis ver imágenes de la granada completa). Su aparición cerca de la paridera de la Enebrá nos indica que el combate llegó a ser a corta distancia: los franquistas utilizaron estas granadas de forma defensiva ante los atacantes republicanos. Una de las peculiaridades de las Roma es que están fabricadas en aluminio. En los años 30, este metal era todavía un material moderno. Prueba de ello la tenemos en la siguiente imagen:



Es un mango de cuchara, pero una cuchara bastante especial por dos motivos. Primero, porque es de aluminio y además lo dice: tiene estampado un sello en que se lee "aluminium". Que se molestaran en anunciarlo indica que no era algo muy habitual en la época, quizá incluso se trate de un objeto importado (de ahí que diga aluminium y no aluminio). De hecho, todas las cucharas que hemos encontrado hasta la fecha son de peltre, estaño o hierro. El aluminio sería entonces el equivalente a los materiales compuestos de hoy en día, como los plásticos reforzados con fibra (FRP). Hay que tener en cuenta que a finales del siglo XIX el aluminio se consideraba todavía más preciado que el oro. El segundo motivo por el que la cuchara es especial es por la arandela. El dueño del objeto practicó un agujero en un extremo del mango y le añadió un anillo para poder engancharla al cinturón o a las trinchas. Esto no impidió que en los brutales combates por la Enebrá el soldado perdiera la cuchara. Y quizá también la vida.

Las granadas desempeñaron un papel protagonista en la batalla de La Nava. Especialmente en la posición conocida como La Nava 3. En estas fortificaciones franquistas descubrimos casi un centenar de granadas Laffite. En la imagen podéis ver dos chapas pertenecientes a esta granada (aquí podéis descubrir a qué parte corresponde). En ambas se observa una bombeta en la parte superior, similar al distintivo de artillería. Lo que más llama la atención de las placas es su color amarillo brillante (abajo). Esto obedece a la reutilización de latón destinado a conservas, que fue requisado por las fábricas de armas. Para evitar que el brillo delatara a los soldados, sin  embargo, las chapas se pintaron de un verde oscuro mate (arriba), pero solo por la parte que iba expuesta.


Los soldados no solo encomendaban su protección a las armas, al menos los sublevados, sino también a Dios, a la Virgen o a los santos. Entre los restos de combate en la Enebrá encontramos esta medalla de Pío XI que conmemora el Año Santo de 1933. Pío XI mantuvo excelentes relaciones con la dictadura de Mussolini, con el que firmó un concordato. Hizo lo propio con la Alemania nazi, aunque después criticaría al régimen. También defendió a Franco. Con su influencia, sin embargo, trató de conseguir treguas y anulaciones de penas de muerte. Pero el muy católico Caudillo raramente accedió a las peticiones del pontífice.

domingo, 15 de marzo de 2015

Porque no siempre el correr fue cosa de cobardes

Entrega de premios. Categoría femenina.
 
Ayer tuvo lugar una nueva edición de la carrera popular Cinturón de Hierro, con salida y llegada en la población vizcaína de Larrabetzu. Como si se tratase de una prueba más del afamado programa de EITB El Conquistador del Fin del Mundo, los y las participantes tuvieron que hacer frente a la lluvia, intensa, al riesgo de hipotermia, a las caídas en el barro... La organización del evento diseñó un recorrido espectacular con un objetivo claro: la socialización del patrimonio de la guerra civil en una zona emblemática en la historia del conflicto en Bizkaia.
 
Tic, tac, tic, tac.
 
Esta carrera con tintes épicos contaba con un primer hito: la subida a Gaztelumendi. Allí les esperaba un gudari en uno de los pocos nidos de ametralladoras que se ha mantenido intacto hasta hoy. Los tiros resonaban en todo el valle de Larrabetzu. Precisamente en este sitio, el Ejército franquista abría una brecha definitiva el 12 de junio de 1937 en el Cinturón de Hierro de Bilbao.
 
Gudari vaciando cargadores en la subida a Gaztelumendi.
 
Los sublevados fueron con todo. Enfrente, batallones vascos, asturianos y gallegos, nacionalistas, anarquistas, socialistas... sin aviación, con apenas apoyo artillero, fueron masacrados. En las cercanías de Larrabetzu todavía se encuentra el pinar conocido como el pinar de los asturianos, en donde fueron enterrados milicianos de aquella tierra que vinieron a morir aquí en defensa de la República. Esta solidaridad interregional en el Frente Norte se ha trasladado al presente. Recientemente en Asturias se han recuperado fosas de gudaris vascos. La sinaléctica de una de ellas fue remozada por fascistas que pintaron esvásticas nada más inaugurarse. Desde Larrabetzu acudieron jóvenes a Asturias para reponer el monumento.
 
Gudaris, corredores y monumento franquista e Gaztelumendi.
 
Tras superar las ráfagas de ametralladora, los corredores y las corredoras coronaban Gaztelumendi, en donde eran recibidos por otros gudaris: ¡Corred, corred que vienen los nacionales! Aquí se erige el monumento fascista en honor a quienes rompieron el Cinturón de Hierro. Es un hito que ofende y ya véis el impacto que han dejado los intentos de dinamitarlo desde la base. El texto original apenas se lee ya. Los tiempos han cambiado. Iniciativas como esta carrera popular suponen un intento claro de resignificar los restos de la construcción de la memoria llevada a cabo por los vencedores, de reconvertirlos en recursos patrimoniales que acerquen a la sociedad y a las nuevas generaciones lo que aquí ocurrió en la época de nuestros abuelos. Un pasado que sigue marcando el presente, y de qué manera.
 
Placa original del monumento franquista.
 


La colaboración de recreadores de distintas asociaciones, vinculados a ese ejército-fantasma denominado Frentes de Euskadi, fue fundamental para dotar al recorrido de recursos escénicos increíbles, como el paso obligado de los corredores y las corredoras por una impresionate galería con combatientes atentos en sus puestos de tirador. La carrera contaba con otro hito importante en la lucha por Bizkaia: la subida al monte Bizkargi, en donde cada año se lleva a cabo un homenaje en recuerdo de los combatientes leales, homenaje que en alguna ocasión ha sido prohibido incluso por la Audiencia Nacional, ante la supuesta equiparación de los etarras del presente con los gudaris del 37.
 
 

Combatientes de Burdin Hesia Ugao recibiendo a los corredores.
 
En el pueblo de Larrabetzu se conserva muy viva la memoria de aquellos gudaris y milicianos. En el batzoki podemos ver una foto histórica de veteranos vascos de batallones de distintas ideologías. Ya apenas quedan supervivientes que den testimonio de lo que ocurrió. Como decíamos, esta carrera popular contribuye a socializar los restos y las memorias de la guerra civil. Poteando por el pueblo se recogen microhistorias de lo más variopinto, que se entremezclan en un ambiente festivo. El caserío fortificado cercano, el emigrante extremeño que lleva cincuenta años viviendo aquí y no ha perdido el acento y relata con gracia sus tres años y medio de mili en la Legión. O el artista que hizo el camino de Santiago al revés, de Compostela a Irún en un burro. El verdadero Rápido de Irún. O el chaval que tiene la finca plagada de bombas de aviación.
 
 
 
 
O el estudiante de Políticas que se ha vestido de anarquista para la ocasión, y le ha entrado el gusanillo de la guerra civil y ya no puede parar. O una de las ganadoras de la carrera popular, historiadora que va a llevar a cabo una investigación sobre la guerra civil en Larrabetzu. O la mascota de la prueba, un tipo muy profesional que lo dio todo, de noche y de día. O los cámaras de la ETB enviados al frente de guerra, grabando en Gasteluzmendi en un quad como si estuviesen en Iraq. Esta prueba deportiva es una auténtica feria humana de emociones y experiencias. Seis horas después siguen llegando competidores, héroes y heroínas que son jaleados en la calles por txiquiteros que alzan su copa, por gudaris y milicianos que disparan al aire con respeto.
Hay otras maneras de hacer las cosas. Quizás. Yo lo único que puedo decir como corresponsal de guerra es que esta opción clara por la participación popular es una herramienta muy útil para poner en valor un patrimonio oculto, y aporta un plus a las necesarias y encomiables sinalécticas, catalogaciones y rutas de senderismo. Creo que era Mark Twain quien dijo aquello de Le llaman pasado cuando ya no duele. Aquí el pasado es presente, y ésta es una manera de naturalizar y normalizar la relación de la sociedad vasca con un pasado-presente traumático. Y funciona, por lo que parece. Aunque ya se sabe que en los pueblos, los de fuera, damos tabaco.
 
P.S. Gracias por la hospitalidad a todos los y las que han organizado esta carrera popular.
 
 
 

 
 

 


jueves, 12 de marzo de 2015

Fin de Curso


Hace unos días poníamos punto y final a una actividad pionera en el conjunto del Estado. Nos referimos al Curso Cultural de Arqueología de la Guerra Civil española, un curso financiado con fondos públicos del ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y dirigido a personas mayores de 16 años empadronadas en la ciudad. Durante dos meses pudimos disfrutar de la presencia de 46 conciudadanos, de toda clase, edad y condición. Más que receptores de información, todos ellos fueron copartícipes en la construcción de una memoria compartida. Entre ellos hijos de vencedores de la guerra, hijos de represaliados, estudiosos de la represión, voluntarios y voluntarias que han participado en exhumaciones, montañeros, amas de casa, estudiantes...

Ahí está el caso de un jubilado de Bermeo, que se ha puesto a indagar sobre el pasado traumático de su familia. Su padre, líder local socialista, fue condenado a prisión. Su hermana pequeña fue evacuada a Francia en un buque, falleciendo en el viaje. Gracias a este curso, la familia está volcada intentado saber qué pasó con aquella niña de la guerra, qué ocurrió con aquel señor que, ya muy enfermo, fue puesto en libertad y enterrado en Bermeo. Las autoridades prohibieron que nadie acudiese al sepelio.

También tenemos el caso de un joven estudiante alavés, al que un tío suyo regaló una bayoneta checa que había pertenecido a un pariente gudari en el Batallón Avellaneda. La llegada de este armamento checoslovaco, procedente de las fábricas de Brno, permitió al Ejército de Euskadi frenar la ofensiva franquista en octubre de 1936 y estabilizar el frente de Bizkaia.


O la historia de otro compañero que está buscando a su abuelo, soldado del Ejército franquista fallecido en los combates por el pueblo de Sotodosos en el Alto Tajuña (Guadalajara). Casualidades de la vida. En el Alto de la Molatilla estuvimos en octubre de 2014 sondeando una trinchera en la que documentamos los restos de un soldado... Como escribimos por aquel entonces en este blog: 
Quizá nunca podamos llegar a saber qué es lo que mató a estos infortunados combatientes, si fue un trozo de metralla, una bala o la onda expansiva de una granada artillera. Pero viendo el campo de cráteres en que reposan sus huesos podemos imaginarnos el terror y la angustia de sus últimos momentos con vida. Recuperar sus huesos cuidadosamente nos permitirá saber más de ellos y sobre todo proporcionarles el enterramiento digno que se les ha negado durante 76 años.


Otro compañero nos ha metido en el cuerpo la curiosidad por unos extraños graffitis que él documentó en el frente de Huesca en la zona de Estrecho Quinto. para dilucidar el misterio echamos mano de nuestro Facebook y en pocos minutos aficcionados de todo el Estado contribuían con su saber para identificar motivos decorativos de origen masónico en el refugio en cuestión.


Espectacular fue también el caso de una compañera británica, jubilada, casada en Tolosa, que en 1974 hizo una Tesina de Licenciatura sobre el nacionalismo vasco en la guerra civil que defendió en Londres, lógicamente. Con extrema amabilidad nos hizo llegar la carpeta de su investigación, un tesoro en el que se guardan pasquines revolucionarios, recortes de prensa internacional y nacional, así como las direcciones postales de históricos todavía vivos en aquel entonces como el propio Irujo. Todo un hito historiográfico, en la línea de las copiosas aportaciones de la escuela anglosajona al estudio de la guerra civil española.



Esta compañera nos recordaba cómo en 1975 tuvo que cruzar la frontera a Francia para hacerse con una pegatina de una ikurriña para ponerla en la portada de la tesina... Este es el gran valor del Curso Cultural que finalizamos. En la línea de la escuela de los Annales francesa, hemos intentado ir del sótano al desván, recuperando microhistorias, objetos y huellas de la memoria. A su vez, ha supuesto un paso en el camino de la concienciación patrimonial. En esta línea, otro compañero aprovechó la ocasión para dar a conocer una Jornada sobre Espeleología y Patrimonio Cultural en las Cuevas. Porque en el Norte peninsular las grutas no fueron sólo solar de musterienses sino que también fueron refugios antiaéreos, residencia temporal de huidos y escenarios de asesinatos, desapariciones y hasta secuestros en época reciente.

En definitiva, ha sido una enorme experiencia compartida en una ciudad que comienza a mirar con tranquilidad a su pasado traumático más reciente. Gracias a todos y a todas las cursillistas, así como a los y las responsables del Centro Cívico Aldabe que han convertido este espacio en un lugar de encuentro. Nos vemos el año que viene.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Bochorno en Osorno


En la palentina Tierra de Campos una población sigue manteniendo su estratégica ubicación como cruce de caminos. Osorno la Mayor jugó su papel en la guerra civil española, como pudimos apreciar a la hora de leer órdenes cursadas por el general Kindelán a los aviadores franquistas, fascistas italianos y de la Legión Cóndor. Desde Osorno se transmitían estas órdenes a los aviadores que participaron en la campaña de Santander en agosto de 1937.
En las proximidades de la iglesia del pueblo, unos modernos contenedores de basura destacan como bastiones de Modernidad, como metáforas tecnocráticas del desarrollo rural y los fondos europeos. El Progreso ha llegado para el reciclaje de la mierda, pero no para el de la memoria. En ese mismo espacio público nos encontramos con un jardín perfectamente acondicionado y que denota un cuidado mantenimiento por parte del ayuntamiento.


En el centro de este parque público se erige, con orgullo, un monumento a los Caídos por Diós (sic) y por España. La cruz de Borgoña del tradicionalismo carlista y el yugo y las flechas de Falange ciñen como guardianes de piedra el monolito en el que se ha esculpido el lema de Honor y Gloria, al viejo estilo de los legionarios romanos. Muy fascista todo. Esto escribía José Ibarrola en el ABC de Sevilla del 27 de diciembre de 1936: 
La guerra actual, Dios Santo, qué distinta [de la carlista de 1833]: no tiene ya casi nada de guerra civil [...] No es lucha de españoles contra españoles, son los combatientes los que quieren una España cristiana, con gloria y honor, y los parricidas españoles, malvados que España a Rusia regalaron [...] Es guerra de reconquista de independencia.
Esto se escribía mientras los alemanes e italianos campaban a sus anchas en Vitoria, Burgos, en León, Salamanca, Osorno...

Reciente Acto Homenaje de la Juventud Patriota de Madrid 

A diferencia de otras localidades españolas, en las que los nombres de los caídos se grabaron directamente en las paredes de los templos parroquiales aquí en Osorno se plasmaron en un monumento propio, eso sí, cerca de esa iglesia que legitimó la Santa Cruzada.


Desde las elecciones municipales democráticas de 1979 han pasado 36 años, los mismos que duró la dictadura franquista. Y ahí sigue en Osorno este monolito, dominando el espacio público, recordando a todo aquel que se acerque que José Antonio Primo de Rivera es un vecino más, que hay verdaderos y falsos españoles. En esta Tierra de Campos, castigada por la represión en la retaguardia, el trauma no acabó sólo ahí. La colonización agraria del franquismo y el fracasado proyecto "modernizador" de la dictadura igual nos ayudan a comprender la nomenclatura de calles como ésta de la foto con que cerramos este viaje al pasado, perdón, al presente.