viernes, 15 de febrero de 2019

Las huellas del bombardeo


Robert Capa fijó los bombardeos sobre Madrid en nuestra memoria con una imagen: la de unos niños que juegan delante de una casa bombardeada. Es una casa humilde, de ladrillo visto, típica del primer tercio del siglo XX. Típica de barrios populares y de la periferia de Madrid, habitada por un aluvión de gente que acudía a la capital en busca de una vida mejor.

Las casa bombardeada se conserva, milagrosamente, en la calle Peironcely 10, en Vallecas. Digo milagrosamente porque el barrio se transformó sucesivamente durante los últimos 80 años. Primero fue bombardeado y casi no quedó una casa indemne. En la posguerra llegó otra oleada de migrantes que levantaron chabolas en todos los solares disponibles. En los años 60 las chabolas dejaron paso a edificios y se construyó en cada palmo de terreno. 

Pero la casa bombardeada que fotografió Robert Capa siguió en pie. En la actualidad, gracias al esfuerzo ejemplar de la plataforma Salva Peironcely va camino de convertirse en un centro de interpretación sobre el bombardeo de Madrid durante la Guerra Civil. 

Fachada de Peironcely 10, con huellas de impactos selladas.
 
Si es milagroso que se conservara Peironcely 10 con sus cicatrices de guerra, aun es más sorprendente lo que sucedió en el solar vecino. Aquí había antes de la guerra tres viviendas que fueron alcanzadas por las bombas -en las fotografías aéreas de los años 40 se las ve sin techo. Sin embargo, en este caso no se llegaron a reconstruir. Quedaron en ruinas, posteriormente las demolieron y el solar acabó sirviendo de aparcamiento improvisado. Aparentemente no se ve rastro de las antiguas edificaciones, pero una mirada atenta permite apreciar trozos de ladrillo macizo, algún fragmento de loza y, sobre todo, parte de un pavimento de losa hidráulica, característico del primer tercio del siglo XX. Parece poco, pero estamos ante los únicos restos de viviendas bombardeadas en Madrid que se conservan tal cual. Todos los demás edificios que sufrieron estragos durante el conflicto fueron demolidos y se construyó encima o se reconstruyeron. 

Restos de pavimento de losa hidraúlica de una casa bombardeada.

La casa que fotografió Capa representa algo más que la memoria de la guerra: es también la memoria de la clase obrera madrileña. Porque Peironcely 10 no era una vivienda, sino catorce. Catorce hogares de poco más de 20 metros cuadrados, que compartían patios, letrinas y miseria. Y es más que memoria, en realidad, porque hoy 14 familias siguen viviendo aquí y destinando buena parte de sus sueldos a pagar el alquiler de un antro que parece sacado de una novela de Zola o Dickens. El dinero del alquiler es para un millonario que no se molesta en mejorar las condiciones del inmueble en el que malviven sus inquilinos. Eso, también, parece sacado de una novela de Zola o Dickens.

Lo que el señor millonario gana ahora con el alquiler de las infraviviendas es una minucia comparado con la fortuna que podría hacer construyendo pisos en el solar. Y esa era su idea: desahuciar a los inquilinos y levantar un edificio nuevo. Cuando el patrimonio se cruzó en su camino y dio al traste con la operación, decidió vengarse del patrimonio tapando con cal los huecos de metralla.

La Guerra Civil fue muchas cosas. Entre otras, la represalia sangrienta contra la República de una oligarquía que veía menguar sus privilegios. Los sublevados bombardearon casas y personas, pero también un sistema político que buscaba una sociedad un poco más justa. Hoy la oligarquía vuelve a bombardear, sin aviones ni artillería esta vez, porque no le hace falta (aun no). Pero sigue causando muerte y provocando miseria

Y las huellas de sus bombas no las tapan con cal sino con banderas.

lunes, 11 de febrero de 2019

El Campo de Concentración de Nanclares de la Oca: Presos

Campo de Concentración de Nanclares y su entorno (1956-7).


“Disciplina nuestro orgullo es
el trabajo nuestro afán
siempre anhelando firmes,
la hermosa libertad.”

(Himno de los presos de Nanclares, en Monago 1998: 56).


Seguimos tirando del hilo de la historia del Campo de Concentración de Nanclares de la Oca, en Araba/Álava. Después de hablar de las “piedras”, nos toca centrarnos ahora en la otra materia prima producto de explotación en este complejo represivo: los presos. 

En el artículo anterior se mencionaba que fue en el invierno de 1940 cuando varios cientos de prisioneros procedentes del saturado Campo de Concentración de Miranda de Ebro fueron trasladados a la aldea de Garabo con un objetivo muy claro: construir su propia cárcel. Garabo se sitúa junto a un meandro del río Zadorra. Al otro lado del río, a día de hoy se observa bien el pueblo de Víllodas que domina la Llanada Alavesa sobre una loma que asciende a la Sierra de Badaya. La única vía de conexión entre Garabo y Víllodas es un paso hecho de piedras y cemento en el mismo lecho del río. En invierno no se puede transitar por él, pero parece que antaño había alguna barca con soga que cumplía esta función de enlace. En esa otra orilla de enfrente, los presos debían acudir forzosamente a misa y dónde mejor que en la ermita de San Pelayo. Un pequeño templo, muy importante en la economía moral de la zona como punto de encuentro popular, pero aún más vital dentro de la gran obra de “Reconquista” nacionalcatólica. Pelayo blandía su espada contra los infieles, no en la Asturias del siglo VIII, sino en la Álava de 1940.

Ermita de San Pelayo, en Víllodas y en la orilla opuesta a Garabo. 

Muchos de los prisioneros de Nanclares eran brigadistas internacionales. Una parte importante de las decenas de miles de voluntarios que acudieron en defensa de la República. En el campo de Miranda la realidad ya era tremendamente internacional, con aproximadamente una veintena de nacionalidades distintas (Fernández López 2003). En Nanclares el panorama sería posteriormente similar. Como muestra de ello, la prensa local vitoriana en 2013 se hacía eco de la extraordinaria y silente vida de un ex-presidiario que parece sacada de la película Alguien voló sobre el nido del cuco (Miloš Forman, 1975).
El caso es que en 2013 falleció Nicola Jolic alias “El Croata”. Este hombre había sido uno de aquellos brigadistas internacionales. Después del clásico periplo represivo del “turismo penitenciario” en la España de Franco por diversos campos de concentración, estuvo preso en Nanclares y parece que entonces ya se hallaba inmerso en un silencio total. Una mudez absoluta. 
A finales de los años 50, un fraile yugoslavo afincado en Madrid se interesó por su estado, pero no hubo respuesta. Tres años después, la Cruz Roja fue la encargada de intentar poner en contacto a Jolic con su familia, con una hermana suya que vivía en Canadá. A pesar de todo, no dijo nada. En 1971, el arzobispo de la localidad bosnia Banja Luka volvía a intentar un nuevo contacto con el brigadista mudo, pero siguió sin obtener respuesta alguna. Cuatro años después, fue una sobrina la que se puso en contacto con Nicola Jolic a través de una asistenta social.
Diez años más tarde, otro sobrino, residente en Alemania, intentó entablar comunicación con él y hasta la embajada yugoslava mostró interés en su repatriación. El proceso parecía que podía ser exitoso, pero fue entonces cuando la guerra azotó la vida de aquel país y hasta significó su fin como estado federal unificado. Fin del contacto. Mientras tanto, Nicola Jolic seguía mudo, internado desde hacía tiempo en el psiquiátrico de Las Nieves, el actual Aulario del Campus Universitario de Vitoria-Gasteiz. 

Las Nieves, antiguo Hospital Psiquiátrico y actualmente Aulario del Campus de Araba/Álava.

Este mutismo y esta incapacidad para llevar una vida autónoma se relacionaron directamente con una excesiva “institucionalización” de Nicola Jolic. Como en la famosa película Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994), este anciano, mudo y prácticamente carente de emocionalidad se había convertido en algo inerte. Casi como si fuese un sillar de piedra más en el muro de la institución. 
Como relata el artículo del periodista local Francisco Góngora, Nicola Jolic murió en 2013 y muy pocas personas acudieron a su funeral. De hecho, mucha gente, habitual de la misa en esa parroquia, no había oído hablar nunca de él. Nadie sabía que se trataba de alguien que había permanecido encerrado en el edificio de Las Nieves de Vitoria-Gasteiz durante décadas o que proviniese del cautiverio en Nanclares y menos aún que se tratase de un exbrigadista croata que había luchado, había perdido y que por ello hasta había abandonado la capacidad del habla. Un silencio de por vida como sello lacrado para una vida probablemente de puro horror en el régimen disciplinario de Franco. Al contrario de lo que decía el himno oficial del Campo de Concentración, “El Croata” nunca pudo recobrar la “anhelada libertad”. 
Pero, sin duda, la Nicola Jolic es una más de las muchas historias de aquellos cautivos del franquismo en Nanclares. Su extraño origen y su mutismo son precisamente los factores que han permitido que su historia haya transcendido (un poco) en prensa. Las condiciones de vida generales del resto de prisioneros siguen siendo poco conocidas. Por suerte, contamos con el libro El Campo de Concentración de Nanclares de la Oca (1940-1947), de Juanjo Monago y publicado en 1998. Esta obra tiene como una de sus privilegiadas fuentes de información el diario del médico encargado del Campo de Concentración. 

Torre de vigilancia central del Campo de Nanclares. 

En el diario del médico no sólo se recoge la multitud de patologías que sufrían los prisioneros que, recordémoslo, sufrían una tasa de mortalidad importante (1-2 muertos al mes), sino que también se mencionan algunos apartados que nos hablan de otros aspectos interesantes del sistema represivo franquista. Para empezar, en él se recogen algunas referencias a las prácticas psiquiátricas de Antonio Vallejo Nájera. Este hombre, el abuelo de Nicolás Vallejo Nájera, más conocido como “Colate” y aún más conocido como el “ex de Paulina Rubio” –las genealogías del “mundo rosa” español pueden ser escalofriantes–, era Catedrático de Psiquiatría y uno de los hombres que más lejos llevó la idea de persecución del “gen rojo”. Es relativamente célebre su estudio sobre varias presas republicanas con el que buscaba establecer relaciones entre falta de higiene moral y racial y el “contagio” del marxismo a través de la vía materna. Además, gracias a la gran diversidad de orígenes que ofrecía la población presidiaria de las Brigadas Internacionales, amplió sus muestreos con combatientes de distintos países y distintas razas. En cuanto a su rastro dejado en Nanclares, el médico del Campo escribió lo siguiente sobre un preso recién ingresado en la Enfermería:

“Eduardo Araynes, de 25 años, ingresado ayer dice que padece del corazón desde la terminación de la guerra civil, que siente palpitaciones sobre todo cuando toma seis tazas de café y que así llega a perder el conocimiento pero que le ponían aceite alcanforado y quedaba bien. Que el año 1940 y 1941 estuvo en Ciempozuelos [Madrid], clínica militar, siendo tratado de esquizofrenia por el doctor Vallejo Nájera.” (La cursiva es mía).

En apuntes como éste y en muchos otros se entiende que el médico de Nanclares no tomaba muy en serio algunos de los problemas de los presos. Son muy comunes las fórmulas “dice que”, “cuenta que”, “viene contando que” y otras que se suman con narraciones casi absurdas como la que hemos visto de “siente palpitaciones sobre todo cuando toma seis tazas de café”. Además, a menudo tiende a tener un tono paternalista con los presos, a los que ve como víctimas de sus propios desmanes, personas equivocadas que no se cuidan lo suficiente. 
En cualquier caso, los apuntes del médico nos cuentan también cómo entre 1944 y 1945 llegó un nuevo tipo de población al Campo con motivaciones y orígenes muy diferentes a los de los presos que se hacinaban allí desde el 40.

“Filo Walter, de 44 años. Es oficial del ejército alemán, dice tener problemas de sordera desde la caída de un obús ruso en el frente este en el 29 de julio de 1943”.

Dos cuadros que presidían las oficinas de la Cárcel de Nanclares al menos hasta 1998 –lo desconozco en la actualidad–, mostraban una firma que inequívocamente nos remite a la existencia de nazis fugados de Europa y acogidos en el centro. Los combatientes alemanes que huían de la derrota del nazismo a manos de los Aliados, eran encerrados en Nanclares el tiempo que durase su tramitación de salida hacia Sudamérica. Así es como resulta interesante imaginar a brigadistas internacionales, combatientes por la República y en muchos casos combativos comunistas de toda Europa, teniendo que compartir presidio con unos “retenidos especiales” como aquellos nazis que buscaban eludir la derrota. 

Cuadro del exterior del Campo de Concentración de Nanclares de la Oca pintado por el alemán Anso Weiss. 

En mayo de 1945, en los convulsos días en los que se ponía punto y final a la Segunda Guerra Mundial, un grupo de periodistas de la agencia internacional Associated Press consiguió visitar el interior del Campo de Concentración. Pudieron conocer una parte del complejo penitenciario y sin duda debieron quedarse impresionados con lo que vieron allí. No sabemos si llegaron a conocer a alguno de aquellos mismos nazis a los que se daba caza en Europa pero que en la España de Franco gozaban de una vía de escapatoria. En cualquier caso, cuando la prensa internacional se hizo eco de las terribles condiciones de Nanclares, la prensa local vitoriana, concretamente el diario (de contradictorio nombre) El Pensamiento Alavés, respondió lo siguiente:

“Otra información difamatoria contra España. (…) El afán vejatorio ha sido el móvil de la información dada por la Agencia Associated Press, y lo que dice de alimentación deficiente y precaria, puede comprobarse lo contrario con las estadísticas de aumento de peso de la gran mayoría de los internados y su estado sanitario y de salud” (El Pensamiento Alavés, 15 de mayo de 1945).

En estos días en los que se ha estado hablando de mesas, relatores y mediaciones internacionales, la fórmula de la reacción sigue siendo la misma que en aquella España aislada y paranoica de 1945. Lo de fuera, sobre todo si se hace desde la posición del trabajo por los Derechos Humanos, no es más que “otra información difamatoria contra España”.

Continuará…




Referencias bibliográficas

-FERNÁNDEZ LÓPEZ, J. A. (2003): Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro (1937-1947), J. A. Fernández, Miranda de Ebro.

-GÓNGORA, F. (2013): “La terrible historia del brigadista Nicola Jolic, ‘El croata’”, El Correo (Edición Álava). Disponible en: https://www.elcorreo.com/alava/20131209/local/terrible-historia-brigadista-nicola-201312090824.html.

-MONAGO, J. J. (1998): El Campo de Concentración de Nanclares de la Oca (1940-1947), Departamento de Justicia del Gobierno Vasco, Vitoria-Gasteiz.
Post by Josu Santamarina Otaola (GPAC, UPV/EHU).

jueves, 24 de enero de 2019

El Campo de Concentración de Nanclares de la Oca: Piedras



El domingo 17 de junio de 2018, por iniciativa de la asociación cultural Geltoki del municipio alavés de Iruña de Oca, llevamos a cabo un paseo arqueológico por el paisaje disciplinario del antiguo Campo de Concentración de Nanclares de la Oca, germen de la famosa prisión actual. Las expectativas eran pequeñas en un principio, pero medio centenar de personas emprendieron el camino que, no sólo sirvió para dar a conocer esta historia, sino que esperamos que sirva para iniciar una nueva. 
Tal y como cuenta Juanjo Monago en su libro El Campo de Concentración de Nanclares de la Oca (1940-1947) (ed. Dpto. de Justicia del Gob. Vasco, 1998), en diciembre de 1940, la aldea  alavesa de Garabo recibió a los primeros presos. Muchos de ellos eran brigadistas internacionales, traídos aquí desde el saturado campo de concentración de Miranda de Ebro. Llegaron en tren, por la vía férrea que une Miranda con Vitoria, a su paso por un pueblo que todavía hoy es sinónimo de cárcel: Nanclares.

Aquel invierno de 1940-1941, cientos de presos fueron alojados en tiendas de campaña y barracones precarios. El lugar era conocido como Montecillo de Garabo y se trataba de un promontorio rocoso rodeado por un meandro del río Zadorra. El borde de agua hace que este sitio sea casi como una isla en el corazón de Álava. La elección del lugar fue obra de un militar de la zona, alavés, pero los técnicos que trajeron sus planos eran alemanes. Tenían experiencia en esto.

Imagen aérea del campo de concentración de Nanclares (vuelo americano de 1956/7).

Enseguida aquellos primeros presos fueron obligados a detonar, picar y moler la roca caliza del Montecillo. En muy poco tiempo lograron alterar profundamente el relieve para crear así una gran zona llana de más de 50.000 metros cuadrados. La piedra extraída sirvió también para la construcción de ocho grandes barracones, con capacidad para doscientas personas cada uno. Fueron construidos siguiendo una llamativa planta trapezoidal. Cada barracón tenía un único acceso, orientado al sur, bajo la atenta mirada de una imponente torre de vigilancia. Esta disposición constructiva no era invención propia, sino que era la aplicación de un modelo que se mostraba muy eficiente en otros lugares.

Imágenes aéreas del campo de concentración de Buchenwald (izda.) y de Sachsenhausen (dcha.), Alemania.

El río Zadorra, traicionero con las crecidas invernales, hacía muy difícil cualquier tipo de huida. De ello da fe, por ejemplo, la aparición de un preso ahogado en 1943. La lógica penitenciaria de los lugares remotos y de las barreras de agua, presente en toda la historia de las colonias penales, atroz y obvia en sitios como Tasmania o Nueva Caledonia, se presenta aquí a una escala mucho más pequeña pero igualmente efectiva. Esta tierra de Garabo sólo ofrece una salida posible, por un estrecho camino junto al río, siempre bajo la supervisión de la torre de vigilancia. 

Mapa de visibilidades desde la torre de vigilancia del Campo a 1 km. 

Como expuso Michel Foucault en Vigilar y castigar, la ciencia disciplinaria es un saber que implica un conocimiento sobre los individuos –de sus culpas y de sus penas, de sus posibilidades de redención y, en definitiva, de sus almas. Pero este es un saber que apela también a la materialidad. La disciplina carcelaria necesita de una serie de arquitecturas que la sustenten y la reproduzcan. Bentham ya lo dejó claro en el siglo XVIII con su modelo de panóptico y su ideal arquitectónico del control sobre los individuos. En el caso del Campo de Concentración de Nanclares no sólo apreciamos su arquitectura disciplinaria, sino que la topología de la zona es igualmente una herramienta de vigilancia. La morfología geológica del lugar fue un factor determinante para la instalación del centro. Y yendo más allá, la roca era de suma importancia. 
Durante décadas, los presos de Nanclares trabajaron intensamente en la cantera del centro. El trabajo era el medio para la redención nacionalcatólica. La contribución necesaria para construir la Nueva España, mediante el sudor y, en ocasiones, mediante la sangre. El 10 de abril de 1945, una explosión en la cantera produjo nueve heridos graves. Aunque la mortalidad anual del Campo era de una media de 12-13 presos por año. Es decir, una muerte al mes.

Presos del campo trabajando en las canteras.

A finales de la década de 1970, se inició una gran remodelación de la prisión. Se pasó del orden trapezoidal de barracones a un sistema de patios y módulos más moderno. La cárcel, con su morfología actual, fue reinaugurada en 1984. La piedra fue sustituida por el ladrillo. Casi todo rastro del pasado concentracionario fue borrado, pero el material de obra sigue delatando el origen de algunas de las instalaciones. O dicho de otra forma, es la petrología –la caracterización del tipo de piedra– la que señala el contexto arqueológico original del Campo de Concentración.

Vista aérea de 1968 (izda.) y vista actual de la prisión con los restos en piedra original (dcha):
1- Acceso; 2- Restos del molino de piedra. 

El edificio de acceso sigue siendo parte del antiguo Cuerpo de Guardia. Se aprecian también los muros de piedra de una gran construcción al pie del complejo, en el parking de Visitas. Estos muros son los escasos restos de un gran molino en el que se picaba la roca extraída en la cantera para distribuirla en camiones. Algunas empresas constructoras hicieron grandes sumas de dinero con este negocio y, una vez más, nuestras gafas petrológicas nos advierten de la presencia de estas piedras de sangre, incluso en edificios y barrios de Vitoria. 

Barrio “Martín Ballesteros” de Armentia (izda.) y edificio de la calle Ramiro de Maeztu (dcha.).

Estos, al igual que muchísimos otros a lo largo del Reino de España, son los restos silentes de una explotación del hombre por hombre a una escala sin precedentes en nuestra historia. Y así es como, desde la Arqueología, esa ciencia que dedica tantos esfuerzos en descifrar piedras, nos ayuda a acercarnos a un pasado poco conocido, el del Campo de Concentración de Nanclares de la Oca.

Continuará…

Post by Josu Santamarina Otaola (GPAC, UPV/EHU).

miércoles, 9 de enero de 2019

El regreso del patrimonio



El patrimonio ha vuelto y no es necesariamente buena noticia. Cualquiera que lea la sección de política en los diarios se dará cuenta de que, cada vez más, los bienes culturales forman parte esencial de los debates. Es posible que no nos demos cuenta, porque raramente se le llama por su nombre, pero de lo que más se discute estos días es de patrimonio. 

Empecemos por el elemento más vinculado al tema de este blog: el Valle de los Caídos. Se trata al mismo tiempo de una parte del acervo Patrimonio Nacional y de un testimonio incómodo de episodios conflictivos de nuestro pasado reciente: la Guerra Civil Española (es una fosa común con caídos o asesinados en la contienda) y la dictadura (es un monumento creado por el régimen franquista). Quienes se oponen a cualquier modificación del lugar lo hacen con frecuencia aludiendo a su carácter patrimonial, ignorando que en la actualidad todos los expertos aceptan que ningún bien cultural es estático y que la forma en que se percibe y expone al público cambia según cambian las sensibilidades. Y así debe ser. Si no, tendríamos que visitar Altamira en trance y en pelota picada para realizar ritos de caza, en vez de contemplarla como una maravilla estética.

Pero el Valle de los Caídos solo es el elemento más evidentemente patrimonial en una larga lista, que se encuentra mayoritariamente acaparada por las posiciones políticas más reaccionarias. La ultraderecha no para de hablar de los Tercios de Flandes, el Imperio español, la Cruz de Borgoña y Blas de Lezo. Según ellos, se trata de recuperar un legado olvidado o menospreciado (objeto del autoodio característico de los españoles). La afirmación es curiosa y denota un cierto desconocimiento de la realidad. 

https://art.famsf.org/sites/default/files/artwork/anonymous/5076163106620009.jpg 
Tropas españolas masacrando civiles en Naarden, 1572. Imposible no sentirse orgullosos.

Por un lado, no se puede decir que la Monarquía Hispánica se haya postergado en los planes de estudio de secundaria o universitarios. Como estudiante de letras en un instituto gallego y de Historia en la Universidad Complutense, he de decir que los Austrias y los Borbones no brillaron precisamente por su ausencia. Todavía recuerdo la segunda pregunta (de dos) de mi examen de Historia Moderna de España I: política exterior durante la segunda fase del reinado de Felipe II. De las revueltas de los Irmandiños, las obreras catalanas del siglo XIX o la cultura del campesinado vasco, en cambio, nadie me contó nada en el instituto ni en cinco años de carrera, por no hablar de las mujeres en la España medieval o moderna (igual es que las feminazis no existían hace veinte años). 

Por otro lado, podríamos hablar de autoodio sí nos cagáramos en Velázquez, sintiéramos vergüenza de Calderón de la Barca o nos diera asco la lírica galaico-portuguesa. Pero un servidor, que no consigue henchirse de orgullo ante las masacres de españoles por el mundo (para cuando un programa en la tele), es fan de La Vida es Sueño, se le pone la piel de gallina cada vez que ve el retrato de Inocencio X y adora a Martín Códax. Y le encanta el cocido (mucho mejor candidato a plato panibérico que la paella). Ser críticos con una parte del legado histórico de España no significa necesariamente que uno considere que el país donde vive es una mierda integral de principio a fin. 

A los clásicos del patrimonio ultramontano (monumentos franquistas, imperio español), se le añaden en los últimos debates los toros, la caza y los portales de Belén. Aparentemente, si no aprecias estas tradiciones, tienes menos derecho a tu pasaporte del Reino de España. Considerar que las tradiciones mencionadas son compartidas a lo largo y ancho de España es desconocer mucho la realidad del país o bien entender que España es un imperio formado por una serie de provincias vasallas con tradiciones de segunda. Hay muchas zonas donde las corridas de toros no existen y la caza carece de importancia simbólica. Para mí, que soy gallego, el flamenco y los toreros siempre me han parecido una cosa tan éxotica como me imagino que los hórreos y la rapa das bestas lo son para un andaluz o un valenciano.

Por la ley 16/1985, esto es Bien de Interés Cultural por defecto. Las plazas de toros, no. Por ahora.


Uno de las aspectos más llamativas de la cruzada patrimonial de los ultraderechistas es lo parcial que es. La mayor parte de los bienes materiales o inmateriales que se valoran tienen que ver con la religión o la violencia. Lo cual recuerda el viejo lema falangista -mitad monjes, mitad soldados. Todavía no he oído a ningún ultranacionalista español decir que hay que destinar más recursos a promover valores patrios como la música de Gaspar Sanz o la poesía cancioneril del siglo XV, infinitamente más olvidados que los pesadísimos Tercios de Flandes. 

Gaspar Sanz. Español muy español.

El problema no es que debatamos sobre el patrimonio. El problema es por un lado, que solo debatimos sobre un cierto tipo de patrimonio, mientras una gran parte de nuestro legado cultural desaparece o se olvida a marchas forzadas. El problema es también que el debate se realiza en clave esencialista, centralista, estática y excluyente (qué es lo que define auténticamente el ser español).  


Hace años alguien se dedicó a realizar el estudio genealógico de mi familia paterna. Gracias a ello sé que soy muy indigno pariente de un capitán de los Tercios de Flandes de finales del siglo XVI. Otro miembro lejano de la familia, este del XVIII, fue Fray Martín Sarmiento, el principal representante de la Ilustración en Galicia. Mientras los Tercios de Flandes los tenemos hasta en la sopa, la casa natal de Sarmiento se cae a pedazos comida por la maleza. 

Será que la Ilustración no es España.


martes, 11 de diciembre de 2018

Fascismos

 Unos señores enseñan el sobaco en la Rumanía de los años 30. 

La reciente entrada en el parlamento de Andalucía de un partido político de extrema derecha, apoyado por 400.000 votantes, ha provocado un alud de comentarios por parte de políticos y comentaristas de toda índole. Una de las grandes cuestiones tiene que ver sobre si dicho partido se puede denominar fascista o no y si la etiqueta es útil para movilizar al electorado de izquierdas, al de derechas o a nadie.

Parece que se va imponiendo la idea de que usar el término fascista para calificar o descalificar no es acertado desde un punto de vista político y los argumentos propuestos resultan convincentes: para empezar, muchos votantes que no son en principio "fascistas" pueden sentirse tentados a abrazar el concepto simplemente porque si los "rojos" lo consideran un insulto, entonces es que tiene que ser bueno. Conviene recordar que algo parecido ya sucedió en Francia e Italia durante y después de la Segunda Guerra Mundial: los régimenes fascistas atribuían cualquier acto de la resistencia al comunismo. Lejos de restarle popularidad a los partidos comunistas, considerablemente minoritarios, los proyectó por los nubes: en la posguerra obtuvieron excelentes resultados electorales, paradójicamente gracias a la propaganda del Eje. Lo mismo puede suceder ahora, pero a la inversa.

No obstante, una cuestión es que sea útil y correcto utilizar una determinada etiqueta desde un punto de vista de estrategia política y otro muy distinta que sea correcto y heurísticamente útil (es decir, que ayude a resolver una cuestión histórica) desde un punto de vista científico, que es el que le compete a quien esto escribe. 
Más gente enseñando el sobaco. En este caso en Austria.

Cuando pensamos en fascismo nos imaginamos a gente uniformada desfilando ante la mirada de un caudillo totalitario y dispuesta a exterminar a quien se le ponga por delante. Este es el modelo típicamente nazi (y de nazismo de guerra, más concretamente), que es el que acabó ocupando todo el imaginario político del fascismo. Desde nuestra perspectiva resulta totalmente extraño y ajeno a la realidad actual. Pero el fascismo es una ideología heterogénea que fue mutando a lo largo de los años 20, 30 y 40. Algunos elementos básicos permanecieron inalterables y se encuentran presentes en distintos países, mientras que otros son muy característicos de determinados contextos o épocas: el antisemitismo biológico, por ejemplo, es muy alemán y muy poco italiano. En la Marcha sobre Roma de 1922 participaron numerosos judíos y las políticas raciales nazis solo se impusieron en Italia seriamente durante la Segunda Guerra Mundial. Hubo fascismo y movimientos fascistas en  casi todos los países europeos: España, Portugal, Rumanía, Bulgaria, Letonia, Lituania, Austria, Reino Unido, Noruega, Dinamarca, etc. etc. En varios de ellos triunfó: España, Portugal, Rumanía, Lituania y Austria fueron gobernados, al menos durante unos años, por régimenes que adoptaron una ideología fascista. 

Portugueses amantes de las banderas.

Entre los elementos que caracterizaron al fascismo de entreguerras se encuentran los siguientes:

-Militarismo y glorificación de las fuerzas armadas.
-Nacionalismo exacerbado.
-Imperialismo.
-Centralismo.
-Defensa de la homogeneización étnica y cultural del territorio estatal.
-Machismo, defensa de la virilidad.
-Rechazo de la homosexualidad.
-Desconfianza de los políticos.
-Idealización de un pasado supuestamente glorioso.
-Idealización de los valores supuestamente tradicionales de una nación (los cuales incluyen con frencuencia la religión católica: caso de España, Rumanía, Bélgica y Austria).
-Corporativismo (negación de la división de clases: lo que importa es la identidad nacional).
-Anticomunismo.
Banderas típicamente danesas.

Dos elementos que no se encuentran en el discurso político ultraderechista actual y que fueron importantes en el período de entreguerras son la defensa de la dictadura y el caudillismo. Es comprensible: en el momento presente, sería muy díficil que pudiera triunfar políticamente un régimen que abogase directamente por la destrucción de la democracia. No obstante, también conviene recordar que los partidos fascistas que llegaron al poder en los años 20 y 30 tampoco lo hicieron diciendo que iban a acabar con la democracia y a imponer una dictadura caudillista ¡Ni siquiera en España! El golpe a la República de julio del 36 se hizo en nombre de la República. Todos los partidos y movimientos fascistas se fueron radicalizando y desmontando la democracia una vez que llegaron al poder.

Gente de centro saludando en la España de los años 40.
Si dejamos aparte esos dos elementos, el resto de los pilares ideológicos del fascismo señalados arriba son reconocibles hoy en día, Y en buena medida el elemento vertebrador de todos ellos es el mismo: el antimodernismo.

El fascismo, como ya reconoció el historiador de derechas Ernest Nolte, es ante todo un movimiento antimoderno. De ahí que las propuestas del fascismo parezcan siempre más destructivas que propositivas: anti-semitismo, anti-comunismo, anti-liberalismo, anti-parlamentarismo.

 Votantes enfadados en la Inglaterra de entreguerras.

¿Por qué el fascismo es antimoderno? Porque la modernidad representa cambios que buena parte de la población no está dispuesta a digerir. El fascismo surge en momentos en que una parte de la ciudadanía se siente amenazada y frágil por motivos reales (crisis económica, nacionalismos centrífugos) o ficticios (invasión de otros pueblos, pérdida de prestigio de la nación). Frente a ello, el fascismo ofrece orgullos y certezas eternos. Estos orgullos tienen la ventaja de ser intangibles y no requerir de mayor esfuerzo (ser alemán, católico, blanco, europeo, etc.). Como tienen que ver con la identidad, el pasado desempeña un papel prepoderante. Pero no un pasado cualquiera: un pasado de expansión territorial y de violencia. Los nazis podrían haber puesto el énfasis en Gutenberg, Kant o Lucas Cranach y los portugueses en Gil Vicente. Pero no es la historia de los triunfos culturales la que interesa al fascista, sino la historia de la imposición sobre otros: la dominación. Por dos motivos: por pura ignorancia (todos los portugueses conocen el Imperio portugés pero muy pocos han leído a Gil Vicente) y por que es típico de quien se siente inseguro admirar la dominación. 

Un señor de ideología conservadora en Bélgica, concretamente el fundador del Rexismo.

Los años 20, que es cuando comienza a crecer el fascismo, son también los años en que avanzan los derechos de las mujeres, crece la secularización de la sociedad y el laicismo, el pacifismo, los derechos sociales. Muchos de los valores que hoy rigen en nuestras sociedades se desarrollaron en esos años. Y muchas personas, claro está, se sintieron amenazadas. Que las mujeres pudieran votar o los judíos ir a la universidad solo podían llevar a la destrucción del país. Hoy en día asustan los gays y los inmigrantes. También ponen en riesgo la esencia de la nación.
Que levanten la mano los de centro-derecha (Países Bajos).

¿Es la ultraderecha actual fascista? Desde un punto de vista histórico, las coincidencias entre la ideología antimoderna del presente y la de entreguerras son muy llamativas. Para un historiador que estudie los siglos XX y XXI en perspectiva, le resultará bastante complicado diferenciarlas ¿Debemos pues utilizar el término fascista o neofascista, desde un punto de vista histórico, para referirnos a la ultraderecha actual? Posiblemente no, por una cuestión puramente práctica. El término se ha manoseado tanto, especialmente por parte de una izquierda para la cual fascista incluía a cualquiera que se desviara ligeramente del dogma, que probablemente haya perdido su capacidad explicativa. El término, en cualquier caso, es lo de menos. Lo importante es que el contenido ideológico y las razones detrás del surgimiento de la ideología no difieren sustancialmente.
 
Otro señor de ideología conservadora (Suecia).

Se repite mucho estos días que en Andalucía no hay 400.000 fascistas. Si con ello se pretende decir que no hay 400.000 personas dispuestas a construir campos de concentración con sus propias manos y a fusilar gente por las calles, es muy posible que tengan razón. Pero desde este punto de vista, tampoco había 17 millones de fascistas en la Alemania de 1933, que es el número de personas que votaron a Hitler, ni 4,6 millones en Italia, que fueron los votantes de Mussolini en 1924. Lo que pasa es que los fascistas no son solo los psicópatas dispuestos a masacrar al chivo expiatorio de turno (una minoría ínfima incluso en la Alemania nazi). Fascistas son los que odian, los inseguros, los que se sienten amenazados y todos aquellos que dejarán hacer cuando los fascistas de uniforme y brazo en alto comiencen a actuar en serio.    

jueves, 8 de noviembre de 2018

La ruta más larga. Un traslado de significado.


Algún día de estos esperamos amanecer con la noticia de que han sacado a Francisco Franco del Valle de los Caídos. La operación es sencilla, de costes modestos y sin complicaciones técnicas, pero está generando un gran revuelto. Hasta tal punto es así, que para evitar el encuentro frente a frente, cuerpo a cuerpo, entre los medios, los curiosos, las víctimas del dictador celebrando el traslado y franquistas protestando en contra, la exhumación se intentará hacer con la máxima discreción. Nos enteraremos cuando ya haya pasado y Franco esté enterrado de nuevo en algún otro destino, esperemos que más acorde con una aspiración democrática; donde la familia pueda recordar al dictador en privado, pero sin que ocupe un lugar público honorífico.

Aún sin esta ceremonia pública de exhumación y reinhumación, la importancia de la acción material reside en algo inmaterial: su valor simbólico. Y como tal, para hacer su lectura, es útil armarnos de claves que pertenecen al ámbito de la performatividad y la representación. La decisión de trasladar los restos pasaría desapercibida si no tuviésemos en cuenta a quién pertenecen, la carga del memorial fascista dónde están ubicados o la actual jerarquía que se establece formalmente con el resto de los inhumados, por ejemplo. Poco pueden decir ya los muertos sobre su enterramiento y desenterramiento. Sin embargo, para los vivos este traslado es una forma de restablecer y actualizar el lugar simbólico que queremos que estos ocupen. En definitiva, el traslado físico es también un traslado conceptual.

Primer acto: Kilómetro 0 

Restos de la excavación en Abánades, Guadalajara
Restos de la excavación en Abánades, Guadalajara


En octubre del 2017, emprendimos un viaje en colaboración con el arqueólogo Alfredo González-Ruibal. El viaje comenzaba en la sede del Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit-CSIC) en Santiago de Compostela y acababa en Abánades, Guadalajara. Llevábamos con nosotros los restos de 13 soldados que habían estado guardados en los almacenes del Incipit durante casi cinco años. El equipo del arqueólogo los había encontrado casualmente cuando excavaba en terrenos de Abánades. Habían muerto en batalla, la mayor parte luchando con el ejército sublevado, aunque también había un caído republicano y otros con adscripción desconocida.

Una vez acabada la investigación arqueológica, los restos habían quedado atascados en el almacén del Incipit-CSIC. Siguiendo el protocolo arqueológico, se deberían depositar en el Museo de Arqueología de la provincia donde se encontraron, sin embargo esta solución provocaba un conflicto ético al equiparar restos humanos con objetos arqueológicos. Por otra parte, ante la imposibilidad de identificarlos, tampoco podían entregarse a familiares que pudiesen hacerse cargo. Así que, antes de llevarlos a alguna parte, había que afrontar una cuestión: ¿Quién tenía la autoridad legítima para decidir sobre su destino? ¿El equipo de arqueólogos que los encontró? ¿Los colectivos o asociaciones ideológicamente afines? ¿El Estado? ¿El Ejército? ¿La Iglesia?... En definitiva: ¿De quién eran estos muertos?

Es en este momento cuando González-Ruibal nos invitó a involucrarnos para buscar una solución y visibilizar el caso de los 13 soldados: ¿Podíamos desde el arte encontrar la forma de que los restos entraran en un debate público más amplio sobre el legado de la historia reciente y traumática de la Guerra Civil y la dictadura?

Cajas en Incipit - CSIC, Santiago de Compostela
Cajas en Incipit - CSIC, Santiago de Compostela

El asunto hubiera sido menos complicado si los restos perteneciesen a republicanos; al menos la identificación con ellos como antecesores y defensores de un sistema democrático hubiese sido más fácil. Pero el conjunto se conformaba con soldados de ambos bandos. Teníamos que repensar las herramientas artísticas a las que estábamos recurriendo para no caer en el lenguaje de la conmemoración, y al mismo tiempo, evitar suavizar o camuflar las aristas más afiladas del caso. Alfredo González-Ruibal envió una carta al Ejército preguntando sobre los protocolos y la responsabilidad de la institución al encontrarnos ante soldados caídos en combate. La respuesta del que entonces era director del Gabinete Técnico del Ministerio de Defensa fue escueta y evasiva. Como solución indicaba que, al tratarse de restos no identificados, se debían inhumar en el cementerio de la población donde se hallaron. Añadía que, si fuese necesario, se podría disponer del osario del panteón militar del cementerio de Guadalajara. No había ninguna mención sobre cómo había que hacerlo o quién se ocuparía de sufragar los gastos

Entrada al cementerio de Guadalajara
Entrada al cementerio de Guadalajara

Visitamos primero el cementerio de Guadalajara. Presidiendo el recinto nos topamos con una gran cruz sobre una lápida, brillante y cuidada con flores frescas, dedicada a los "Caídos por Dios y por España". En contraste, en una zona apartada, estaban los vestigios de la fosa con las casi 1000 víctimas de la represión franquista en la ciudad, donde unos meses más tarde comenzarían las exhumaciones para identificar a Timoteo Mendieta. En definitiva, el camposanto repetía espacialmente la narrativa del Valle de los Caídos. No parecía el lugar adecuado para los restos de los 13 soldados

Detalle de la fosa de las víctimas del franquismo en el cementerio de Guadalajara
Detalle de la fosa de las víctimas del franquismo en el cementerio de Guadalajara

Así que decidimos llevarlos hasta Abánades y dar una dimensión pública al viaje. Con este objetivo, en el camino, hicimos una parada en Madrid. Allí, en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, a través de la Oficina de Derechos Humanos y Memoria, organizamos un seminario para debatir sobre posibles destinos para los restos y los problemas prácticos con los que se encuentra un arqueólogo como consecuencia de un pasado con un marco legal sin resolver. Invitamos a un grupo de gente que desde su bagaje profesional y político reflexionó sobre los diferentes posibles escenarios. Participaron Juan Pablo Calero (historiador), Pedro Corral (periodista, escritor y concejal del PP del Ayuntamiento), Francisco Ferrándiz (antropólogo), Alfredo González-Ruibal (arqueólogo), Jimi Jiménez (investigador y arqueólogo), Queralt Solé (historiadora), Guillermo Zapata (concejal de Ahora Madrid en el Ayuntamiento) y Jesús Carrillo (historiador del arte) como moderador.

Lo que viene a continuación es un resumen del debate, junto con el vídeo completo del evento.

Segundo acto: Kilómetro 598


"La ruta más larga", Centro Conde Duque, Madrid, 14 de octubre del 2017
"La ruta más larga", Centro Conde Duque, Madrid, 14 de octubre del 2017

Alfredo González-Ruibal introduce las cuestiones principales en torno al caso de los 13 soldados. "No pueden ir a la vitrina de un museo, pero tampoco tienen que ser enterrados como enterraríamos a nuestros seres queridos ahora en el presente", establece. Por otro lado, una vez encontrado un lugar para darles sepultura, resalta el problema con el epitafio y la denominación de los contendientes, sobre todo para los que lucharon en las filas del ejército franquista, "¿Ejército sublevado? ¿Ejército nacional? ¿Qué ponemos?", se pregunta.

Encontrar restos de soldados franquistas todavía sin exhumar no es lo habitual. La inmensa mayoría de fosas comunes que quedan están llenas de víctimas republicanas, y son las familias, de forma no oficial, las que se han encargado de ellas en los casos en los que ha sido posible. Aún así, se calcula que todavía quedan sin localizar cerca de 114.000 víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. Como indica Juan Pablo Calero, la Memoria Histórica ha existido siempre, pero ha sido una historia familiar: "Las familias recuerdan a sus muertos. Lo han hecho en el franquismo, en la Transición y después. Por ejemplo, cuando empieza la Transición, se abren muchas fosas y se sacan muchos cadáveres. Pero lo hacen las familias. La gente sabe dónde están sus muertos. Iba, abría y sacaba. Curiosamente esas exhumaciones solo salían en el Interview. (…) ¿Qué es lo que ocurre? Que llega un momento en que la magnitud del problema hace que deje de ser un asunto puramente familiar". En el momento en que hacemos de la memoria una cuestión de Estado es cuando se complica.

Queralt Solé y Jimi Jiménez hablan sobre las soluciones encontradas en el País Vasco y Cataluña. Se comenta que tal vez sea más fácil afrontar este tema en contextos donde hay un "nosotros" más claro.

A nivel estatal, Guillermo Zapata recuerda las dificultades para construir una política de memoria en un contexto político en el que no hay, ni habrá, consenso en cuanto a un relato sobre el pasado de la Guerra Civil y la dictadura. Advierte sobre la sobre-institucionalización de las políticas de memoria, y propone distinguir entre la lectura de Estado de un determinado problema y las políticas públicas. La función del Estado sería crear "recursos y protocolos, normas y regulaciones, que permiten intervenir en un determinado problema", sin tratar de construir un relato histórico común.

Pedro Corral, en cambio, opina que sí se debería buscar el consenso. "Pongámonos de acuerdo en ponernos de acuerdo", dice. Cree que para esto "debemos seguir un proceso desmitificador" y romper con las etiquetas que se establecen con la victoria del franquismo para identificar a unos y a otros en una Guerra Civil. "El franquismo hizo una cosa muy inteligente. Cogió a todos los que había asesinado el terror frentepopulista y se los metió en su saco. Eso es falso. Había liberales, había republicanos, había gente que, de llegar a sobrevivir a esa tragedia, seguramente no habría estado conforme con el franquismo. En eso la izquierda también ha caído en el engaño y deja esa etiqueta, porque bueno, 'esos eran franquistas fusilados'". Considera que esto es una forma de distinguir entre víctimas de primera y de segunda, y que a partir de esta distinción es cuando se origina conflicto. "Las leyes en Andalucía y Aragón están reduciendo a condición de víctima a los de un solo bando: los que lucharon por la libertad y la democracia (…). Estamos creando nuestro propio martirologio, como hizo la dictadura. Negando los excesos del otro bando".

Francisco Ferrándiz también se inclina por una solución global y "crear nuevos lenguajes para entender el pasado", pero considera que no podemos aislar la Guerra Civil de los 40 años de dictadura posterior, "la sombra de la guerra es alargadísima", dice Queralt Solé. El franquismo se encargó de honrar la memoria de sus muertos durante la guerra civil a través de los cuales construyó los rituales que conocemos como mecanismos de significación. Jesús Carrillo añade que "el problema con el Estado Español es que inició su fundación sobre un mausoleo, el Escorial, que luego el franquismo recupera en el Valle de los Caídos. Pero hay una muy débil tradición de monumentos liberales". Por eso, Ferrándiz advierte sobre los riesgos de adaptar los protocolos y funerales oficiales que ya conocemos. Cuestiona también si los protocolos de los caídos en la II Guerra Mundial serían extrapolables al caso español: "cero jerarquía entre rangos, ajardinado al milímetro... Hay una neutralización de los aspectos más políticos".

Se debate sobre la sobre-interpretación de la subjetividad de los soldados y sobre posibles denominadores comunes para abordar la representatividad desde la actualidad. Pedro Corral considera que el denominador común es que son españoles: "Salvo que se demuestre lo contrario son españoles caídos en un momento de nuestra historia. Forman parte de nuestras huellas, cicatrices y hay que ir volviendo con ellas". No todos los participantes están de acuerdo con esta denominación y se cuestionan si sería aplicable a otros casos como el de los gudaris o los anarquistas. Alfredo González Ruibal propone el conflicto como posible seña de identidad: "Quizás el reconocer que llevamos 500 años desde las guerras civiles castellanas matándonos unos a otros no deja de ser un elemento identificador y podría formar parte también de la forma en que recordemos a nuestros muertos". Guillermo Zapata añade: "¿Cuál es la condición básica común? A mí me sale que están muertos. Si estuvieran vivos estarían peleando en una contienda".

Desde el público, alguien propone una solución poética, mencionando la enigmática frase encontrada en el bolsillo del poeta Antonio Machado al morir: "Estos cielos azules y este sol de la infancia". Se pregunta si esta cita no sería adecuada como epitafio.

Damos por terminado el seminario y seguimos nuestro viaje. Estamos ya más cerca de nuestro destino: Abánades, Guadalajara, donde el Ayuntamiento se ha comprometido a ocuparse del enterramiento de los 13 soldados en el cementerio municipal.

Tercer acto: Kilómetro 735

Museo de la Guerra Civil, Abánades, Guadalajara
Museo de la Guerra Civil, Abánades, Guadalajara

Abánades es un pequeño y pintoresco pueblo agrícola donde viven, según sea invierno o verano, 30 o 300 personas. Uno de los pocos episodios memorables con los que cuenta históricamente es que, durante la Guerra Civil, fue el escenario de una violenta batalla. El suceso no cambió el devenir de la guerra, sin embargo, se habla de que dejó unas 7.000 bajas de ambos lados, entre ellas las de los 13 soldados que tenemos en nuestras manos. Aún hoy, los restos bélicos forman parte del paisaje local. Cada año se celebra una festiva recreación de la batalla y se ha creado un pequeño centro para la memoria con objetos que han ido juntando los vecinos, el Museo de la Guerra Civil de Abánades.

Es en este espacio donde depositamos los restos. Nos reciben el alcalde del pueblo, sus dos concejales y los responsables del espacio, y entre todos, trasladamos las cajas hasta el local. Mientras tanto, se comentan los costes de la inhumación y sobre cómo se podrían afrontar. Tienen su propia agenda sobre lo que se podría hacer, y las consideraciones prácticas son un factor determinante. Madrid queda muy lejos.

Dejamos cuidadosamente las cajas con los restos sobre una mesa. Los encargados del Museo las custodiarán a partir de ahora hasta que llegue el día en que pueda hacerse la inhumación. Hoy los soldados siguen atrapados en su larga ruta. Tal y como dijo Guillermo Zapata en el seminario, "En el momento en que estos restos encuentren su descanso, su papel en términos políticos desaparece".

Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum, 2018
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El vídeo completo de la tertulia en el Centro Conde Duque:



Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum trabajan juntos como artistas visuales desde 2001. Mirando más allá del horizonte de su propia disciplina, colaboran habitualmente con gente de otros ámbitos. Su práctica está motivada por un interés por repensar el papel del artista en la sociedad, abordando nociones comunes sobre autoría, identidad cultural y relaciones de producción. Más información en www.parallelports.org

La ruta más larga se enmarcó en el contexto del proyecto europeo NEARCH - Nuevos escenarios para una arqueología en comunidad, en colaboración con Incipit - CSIC (Santiago de Compostela) y la academia Van Eyck (Maastricht, Holanda). El seminario se organizó con el Ayuntamiento de Madrid, a través de la Oficina de Derechos Humanos y Memoria.

miércoles, 24 de octubre de 2018

La guerra es esperar


En su libro El tiempo regalado, Andrea Köhler nos recuerda que la vida es esperar y el esperar  -terrible o gozoso, largo o breve-está entretejido no solo de tedio, sino de emociones (miedo, angustia, amor, deseo). Los arqueólogos sabemos bastante del tema, porque nuestro trabajo consiste, en buena medida, en eso: esperar -a que las cosas vayan emergiendo lentamente de la tierra, a que tomen forma y tengan sentido- pero también en documentar la espera, los tiempos muertos de la vida.

Es interesante que en castellano, catalán y galaico-portugués existe una sola palabra "esperar" para referirse a dos cosas distintas: "Tener esperanza de conseguir lo que se desea" (desear, ansiar, anhelar) y "esperar a que llegue alguien o algo, o a que suceda algo". La emoción forma parte de la espera. En cambio, en alemán, inglés, francés, italiano y otras muchas lenguas se separa la experiencia espacio-temporal de la emocional (warten/hoffen, wait/hope, attendre/espérer, aspettare/sperare).



La guerra es una larga espera. Y el verbo en las lenguas romances ibéricas sirve mejor para expresar lo que ello significa. Lo que descubrimos con nuestro trabajo arqueológico son las ruinas de la espera y de la esperanza: ¿qué es un refugio de tropa si no un sitio donde se espera (se aguarda y se anhela)? O un paredón o el borde de una fosa: el lugar donde esperar ya solo significa aguardar el fin.

En ningún sitio se espera tanto como en la guerra y toda la historia de una guerra se puede contar en sus esperas.

Esperar el rancho.
Espera un ascenso.
Esperar agazapado al enemigo en la trinchera.
Esperar una orden.
Esperar una carta (no cualquier carta, una carta).

Esperar noticias del frente.
Esperar noticias de casa.
Esperar el cambio de guardia.
Esperar la hora del descanso.
Esperar la hora del combate.

Esperar que termine un bombardeo con los nervios hechos trizas.
Esperar el relevo en primera línea con los nervios hechos trizas.
Esperar que tu camarada acabe de morirse.
Esperar que el herido en tierra de nadie acabe de desangrarse.
Esperar que no te tengan que amputar una pierna. 
Esperar el turno para que te amputen una pierna.


Esperar tu turno en un prostíbulo.
Esperar que hoy no te violen.
Esperar el momento de huir.
Esperar que hubiera un error, que no fuera tu marido.

Esperar que acabe la guerra.
Esperar que no acabe la guerra.

Esperar que vuelva tu hijo, tu novio, tu hermano.
Esperar que vuelva entero.
Esperar el momento de vengarse.
Esperar el último barco.
Esperar que acaben de pegarte.
Esperar la próxima paliza.
Esperar que pase la noche.

Esperar que vuelvan a pasar de largo.
Esperar que te lleven a otra cárcel, a otro campo, a cualquier lado, con tal de seguir vivo.
Esperar que llegue una contraorden en el último minuto.
Esperar las balas del pelotón de ejecución.
Esperar el tiro de gracia.
Esperar cuarenta años a que acabe la dictadura.
Esperar ochenta años para que te exhumen tus bisnietos.
Esperar justicia.
Esperar reparación.
Esperar.