martes, 21 de octubre de 2014

Yo, Claudio

Bodega donde cavó su tumba el miliciano Claudio Macías (fot: I de la Mata).
Hace años, en un congreso europeo, escuché a un arqueólogo islandés hablar de la Arqueología de la Soledad. Este investigador se dedicaba a excavar cabañas en sitios recónditos de su isla, habitados temporalmente a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX por hombres (nunca por mujeres) convertidos en colonos. Individuos aislados, sin nadie presente en cientos de kilómetros a la redonda. Me recordaban estos colonos escandinavos a los pastores vascos de Wyoming, que pasaban temporadas enteras solos, con sus caravanas, únicamente acompañados del ganado que guardaban.

Esta Arqueología de la Soledad tiene un potencial enorme para analizar casos de supervivencia en contextos bélicos y represivos. Todos conocemos aquellos casos de soldados japoneses que jamás se rindieron, perdidos en la jungla de una isla del Pacífico, sin enterarse durante décadas de la derrota del Imperio del Sol Naciente. En España la represión franquista creó un nuevo tipo de individuo que luchaba por su supervivencia: el topo. El recientemente fallecido periodista de guerra Manu Legineche, maestro de maestros, investigó el fenómeno en la década de 1970 y publicó un libro junto con Jesús Torbado, titulado Los topos (1977) en el que recogía 24 entrevistas a republicanos emparedados, sepultados, ocultos... También en El Río del Olvido, Julio Llamazares relata la conversación con un señor que estuvo oculto como una rata debido a la denuncia de un vecino. La humedad que sufrieron sus huesos en su cautiverio se cebaba entonces con su salud. En los mismos parajes que Llamazares recuerda en Luna de lobos tuvimos ocasión de conocer las cuevas-refugio empleadas por el guerrillero Gorete. Años viviendo solo en las estribaciones de los Picos de Europa.

La brutal represión desatada en la retaguardia de la España Nacional desde el minuto uno fue motivo suficiente para que personas con o sin pasado político optaran por el ocultamiento. El fenómeno está bien estudiado en el NW peninsular. Tras la caída del Frente Norte las órdenes son claras: los republicanos derrotados deben acabar en los campos de concentración, y aquellos que intenten escapar deben ser eliminados. Así lo demuestra, por ejemplo, la solicitud en junio de 1937 del comandante de las fuerzas franquistas en el sector de Ourense, en la que demandaba el regreso de 180 guardias civiles del frente de Madrid para eliminar a los grupos de fuxidos: …Asignados a esa zona a varios núcleos con mando único dedicado a un exterminio, empezando por cortar complicidades (en los) pueblos (cit. en Heine 1982: 22-3). Tropas franquistas dedicadas a un exterminio. Sí. Eso es lo que dice. Y lo aplicaron a rajatabla. Milicianos combatientes de Asturias que intentaron volver a sus pueblos o huir a Portugal fueron exterminados sin contemplación (O Acevo), denunciados por vecinos, juzgados y fusilados.

Voluntarios de la ARMH exhumando los restos de Claudio Macías (fot: I. de la Mata).

Este panorama lo conocía muy bien Claudio Macías, miliciano que ya había estado en la cárcel tras laa revolución de 1934. Tras la caída de Asturias (octubre de 1937) volvió a Villalibre de la Jurisdicción y se ocultó en un arcón de la bodega de su casa. Un día llegaron los falangistas y al no encontrarlo se llevaron a su hermano de 16 años, a quien ejecutaron al instante, como represalia. Su madre fue rapada y humillada. Enfermo de neumonía, con 31 años, Claudio cavó su propia tumba en la bodega y allí quiso quedarse para no perjudicar más a su familia. Su hermana lo enterró en la tumba que se había construido. Estos días la ARMH ha procedido a la exhumación de esta víctima del franquismo. Según informa El Diario de León, el arqueólogo forense de la ARMH, René Pacheco, director de la intervención, reveló un detalle estremecedor: Él mismo se excavó el agujero para meterse dentro. Las marcas del pico que usó están en la pared.

Estamos acostumbrados a las excavaciones en área, a las fosas comunes, a las comunidades de muertos, a los crímenes a escala industrial. Pero este caso de Claudio Macías nos estremece mucho más, nos recuerda a esa pesadilla tan recurrida del cine negro: una persona es enterrada viva y mientras muere poco a poco se deja las uñas y los dedos arañando la tapa del ataúd que sella su destino. Este ejemplo de Arqueología de la Soledad es quizás la más tétrica y efectiva metáfora de lo que significó la dictadura franquista para muchos de nuestros conciudadanos, convertidos en alimañas al margen de la sociedad.

lunes, 20 de octubre de 2014

Gasteiz at war


Se ha abierto el segundo plazo de inscripción para matricularte en el I Congreso Internacional de Arqueología de la Guerra Civil Española (Vitoria-Gasteiz, 9-13 de diciembre de 2014). Al módico precio de 40 euros podrás debatir con 23 ponentes y comunicantes, ver documentales, disfrutar de exposiciones, participar en una visita guiada por la Vitoria-Gasteiz de 1936, viajar a escenarios de la batalla por Bizkaia en 1937, presentar un póster... y muchas cosas más. Hasta el 30 de noviembre puedes inscribirte en www.gasteizatwar.jimdo.com 


Te aconsejamos que te inscribas cuanto antes. El aluvión de matrículas es considerable. Por el momento, para que te hagas una idea de por donde van los tiros, hemos recibido las siguientes propuestas de póster:

Jesús Martín Alonso y Mª Lourdes Martínez: Represión franquista en Estepona.

Haizea Bravo Bajo y Javier Buces Cabello: Guerra Civil 1936-1937: en busca de los restos y la memoria de la resistencia (Aduna, Asteasu, Zizurkil).

Mª Benito Sánchez y Mª Fortuna Morillo: Tipos de enterramiento en soldados exhumados en el frente de Levante.

Laia Gallego Vila, Queralt Solè Barjau y Judith Romero Martínez: Fosas de la guerra civil en Catalunya.

Santiago Jaén Milla: Un patrimonio de interés para la Didáctica de las Ciencias Sociales: vestigios de la Guerra Civil en Jaén.



jueves, 16 de octubre de 2014

La Lengua del Segundo Imperio


Los miembros de este proyecto recibimos regularmente comentarios que ponen en tela de juicio nuestra integridad científica debido, supuestamente, a nuestra falta de neutralidad. En otra entrada hemos tratado de explicar la diferencia entre neutralidad (imposible) y objetividad (necesaria). En relación con este tipo de comentarios se encuentra el malestar que produce en determinados sectores que nos refiramos al ejército sublevado como "franquista" en vez de "nacional".

Habría que recordar que según el diccionario de la Real Academia Española "franquista" significa "perteneciente o relativo al franquismo". Dado que el ejército sublevado fue, desde el 21 de septiembre de 1936, básicamente el ejército de Franco, caudillo y generalísimo, no parece descabellado referirse a sus tropas como "franquistas". Con ello no queremos decir que la ideología de los integrantes de dicho ejército fuera necesariamente afín a la de Franco, del mismo modo que no todos los soldados republicanos eran, desde luego, republicanos. 

El ejército franquista y toda la España bajo su control eran oficialmente franquistas además desde un punto de vista político. Según los estatutos de la Falange unificada, promulgados en agosto de 1937, "El Jefe Nacional de Falange Española y de las JONS, Supremo Caudillo del Movimiento, personifica todos los Valores y todos los honores del mismo. Como autor de la Era histórica donde España adquiere las posibilidades de realizar su destino, y con él los anhelos del Movimiento, el Jefe asume en su entera plenitud la más absoluta autoridad. El Jefe responde ante Dios y ante la Historia".

Creemos, por lo tanto, que está justificado referirse a las tropas sublevadas como "ejército franquista" desde septiembre de 1936 y sin lugar a dudas desde agosto de 1937. Llamar a un ejército sublevado "nacional", en cambio, es claramente erróneo. Estrictamente hablando, si había algún ejército nacional durante la Guerra Civil, ese era el que permaneció fiel al gobierno legal de la nación.

El problema del lenguaje que empleamos para referirnos a los contendientes no tiene que ver solo con la corrección historiográfica. Tiene que ver también con la forma en que pensamos: lenguaje y pensamiento son indisociables. 

El filólogo Victor Klemperer lo expresó de forma magistral en su libro La Lengua del Tercer Imperio. Klemperer fue un profesor de lengua judío que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial en Alemania gracias a estar casado con una esposa aria. Durante la guerra se dedicó a analizar la lengua que utilizaba el poder totalitario para comunicarse y al mismo tiempo para modificar la mentalidad de la gente. Una de las conclusiones más desesperanzadoras del libro es que el lenguaje fascista no se limitó a los partidarios acérrimos del régimen nazi ni murió con este. Una vez que se normalizó, se extiendió a todos los sectores sociales (incluso aquellos reacios al nazismo) y continuó influyendo en la forma en que la gente percibe el mundo durante años. 

Algo semejante ha ocurrido con la Lengua del Segundo Imperio, el idioma del franquismo. La Lengua del Segundo Imperio (LSI) no es en realidad la que se ha popularizado y caricaturizado hasta la saciedad. Pasado el fervor fascista de los primeros años del régimen con sus cruzadas, razaespañola, reservaespiritualdeoccidente, porelimperiohaciadiós, unidadedestinoenlouniversal y expresiones similares, el lenguaje de la dictadura se convirtió cada vez en una defensa de valores ultramontanos presentados como puramente apolíticos.

La LSI no murió en 1975. La LSI piensa por nosotros y habla por nuestra boca cada día. Cada vez que decimos "nacionales" en vez de "franquistas", cuando hablamos de la guerra como "una locura", cuando decimos que "todos luchaban por sus ideas y todos estaban equivocados", o que "todos eran (son) iguales", o que "luchaban engañados", o "manipulados por unos pocos", o "si hubieran ganado los otros habría sido igual o peor", o cuando se acusa a alguien de estar "politizado" cuando expresa sus opiniones políticas o simplemente defiende que cualquier golpe de Estado contra un régimen parlamentario es execrable.

No es casual que Franco afirmara "haga como yo, no se meta en política". La política fue el principal enemigo de Franco y lo que puso más empeño en destruir: primero con el golpe contra la República, después con su astuta neutralización de la diversidad política dentro de su bando.

Casi 80 años después del inicio de la guerra, seguimos haciendo caso a su consejo. Continuamos hablando su lengua cuartelera y creyendo, cuando lo hacemos, que nos situamos en un plano moral incontestable.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Tres mil años de guerras civiles


Nivel de quemado de fines de la Edad del Bronce en Los Castillejos.


Algo tan poco espectacular como un suelo de tierra puede contar muchas cosas. En el sondeo en la posición republicana de Los Castillejos hemos aprendido muchas cosas sobre lo que pasó aquí... hace 3.000 años. 

Frente a lo que pensábamos originalmente, el grueso muro que comenzamos a excavar hace dos semanas no es del Bronce Final (hacia el 900 a.C.), sino más reciente, de la Segunda Edad del Hierro. 

Cimentación de la muralla de la Segunda Edad del Hierro (A) y restos arrasados del poblado de  fines de la Edad del Bronce (B).

El muro se construyó sobre las ruinas de un poblado más antiguo, este sí del Bronce. El poblado, o al menos parte, quedó arrasado por un incendio, en el que ardieron las cabañas de ramas y barro y se destruyeron cerámicas y otros objetos domésticos. No sabemos qué es lo que motivó esta destrucción. Pudo ser un simple incendio de una cabaña. Pero también es posible que sea el resultado de un conflicto entre clanes o poblados. Después de todo, la situación en esta época de tránsito entre la Edad del Bronce y la del Hierro es de gran inestabilidad a lo largo de Europa occidental. De ahí que la gente se asiente en montes de difícil acceso, como Los Castillejos.

Tampoco los momentos finales de la Edad del Hierro (hace unos 2.300 años) son pacíficos. En esa época proliferan los poblados fortificados para defenderse de vecinos agresivos. Es entonces, probablemente, cuando se construyen las fortificaciones que nos hemos encontrado.

La Guerra Civil Española se puede ver como una lucha de clases, nacionalidades o ideologías. Pero también como un episodio más de conflictos entre vecinos en la Península Ibérica. Cuando un antropólogo le preguntó a su informante melanesio por qué su grupo nunca luchaba con cierta tribu lejana y extraña y en cambio estaba a la gresca continuamente con una comunidad vecina con la que compartía lengua y cultura, su respuesta fue: "¿cómo nos vamos a pegar con aquellos si apenas nos entendemos?". 

domingo, 12 de octubre de 2014

Ciudades de guerra


Plano parcial del campamento republicano de Canredondo. 
Los puntos indican estructuras excavadas.

Hasta la revolución militar del siglo XVII apenas existían espacios propiamente militares, más allá de algunos fuertes. En caso de guerra, los soldados vivían sobre el terreno, alojados en viviendas ordinarias de los pueblos y ciudades por los que marchaban. Para los civiles no había opción: estaban obligados a mantener a las tropas del rey. Esto daba lugar a todo tipo de abusos, como es fácil de imaginar. La invención del cuartel a fines del siglo XVII supuso, por lo tanto, un progreso notable.

Durante cualquier guerra moderna, se moviliza a cientos de miles o incluso millones de hombres y mujeres. Esa movilización implica desplazarlos de sus residencias habituales y crear nuevos asentamientos; cuarteles, bases, campamentos, fortificaciones de primera línea. Durante la Guerra Civil, muchas de estas instalaciones militares se encontraban en medio de poblaciones civiles. Edificios de intendencia, cocinas y hospitales habitualmente se localizaban dentro de los pueblos, a veces con resultados funestos para la población civil. En Canredondo (Guadalajara) se ubicaban los servicios de retaguardia de la 138 Brigada Mixta del Ejército Popular de la República. La aviación franquista lo sabía y el pueblo sufrió por ello varios bombardeos. 

En enero de 1938, el mando republicano decidió construir un campamento apartado de la población, en un vallejo angosto a algunos kilómetros de Canredondo. Sus ruinas son visibles todavía hoy. Se trata de chozas rectangulares de piedra (o "chabolas" como se las llamaba entonces), en su día cubiertas con techumbre de ramas y teja. Sobre el suelo de tierra se aprecian restos de hogueras -la única fuente de calor y de iluminación (solo había un vano: la puerta). 


Choza republicana en Canredondo.

La guerra moderna en España supuso no solo la modernización del paisaje de la forma más brutal y repentina (minas anticarro, alambradas, fortines de hormigón armado). También todo lo contrario: el regreso a formas de habitación prehistóricas. Por su aspecto, el poblado de Canredondo podría tener tres mil años. Sus chabolas no se diferencian mucho de las casas de la Edad del Hierro que nos encontramos en la posición republicana de Los Castillejos de Abánades. 

Pero vivir en la Prehistoria les salvó la vida a los soldados de la 138 Brigada Mixta. El campamento nunca fue localizado por la aviación sublevada y gracias a ello se salvó de los bombardeos.

viernes, 10 de octubre de 2014

Manicomio para rojos

Hay en la actualidad clínicas que prometen curar la homosexualidad. Hace 75 años existían centros que prometían la cura del izquierdismo. Al contrario que las terapias anti-gay, las que eliminaban las bacterias rojas del organismo resultaron mucho más efectivas, al menos durante unas décadas. El tratamiento que se ofrecía a los pacientes no era para menos: palizas, torturas, hambre, vejaciones. Cientos de miles de españoles salieron curados de las clínicas de Franco, también conocidas como campos de concentración. Desgraciadamente para el régimen, el virus brotó de nuevo y acabó dando lugar a la sociedad posdictatorial en la que vivimos actualmente, sin Caudillo ni valores que nos guíen.

La teoría de que el izquierdismo es una enfermedad que se puede curar en sanatorios no es ningún invento para calumniar al régimen de Franco (como si hiciera falta inventarse cosas para denigrar la dictadura). La existencia de dicha teoría es rigurosamente cierta. Y uno de sus mayores adalides fue Antonio Vallejo-Nájera, descubridor del "gen rojo". Al igual que otros grandes pensadores como Pío Moa o César Vidal, Vallejo-Nájera consideraba que los "rojos" eran inferiores mentalmente, con comportamientos semejantes a niños y animales. Sus investigaciones se basaron en el estudio de especímenes de rojos en cautividad, concretamente mujeres malagueñas y brigadistgas internacionales. Las ideas de este psiquiatra encajaban bien en el espíritu eugenésico que dominaba a ciertos sectores médicos de la época, sobre todo en la Alemania Nazi, pero también en Estados Unidos. Su objetivo último era regenerar la raza española, al igual que los nazis querían hacer con los arios.



Con la deriva nacional-católica del franquismo y el apartamiento de los postulados más afines al fascismo, las teorías de Vallejo-Nájera fueron quedando arrinconadas. La eugenesia fue sustituida por el catecismo como herramienta para solucionar la enfermedad del izquierdismo.

El motivo de esta entrada es un descubrimiento arqueológico. La arqueología, como ya hemos comentado más de una vez, no se lleva a cabo solo en el campo. También se pueden excavar los desvanes. Y en uno de los desvanes de la zona de Guadalajara en la que estamos trabajando aparecieron hace poco unos interesantes documentos del final de la guerra: dos pasquines de propaganda de los que lanzaban los franquistas sobre las líneas republicanas. 

El título del pasquín es "Como trata la España Nacional a los prisioneros". El reverso del documento responde a lo esperable: una enumeración de las bondades del sistema concentracionario franquista, resumidas en el menú de la semana, rico en nutrientes y calorías. 



Nada más lejos de la verdad, por supuesto. Nuestras excavaciones en el campo de concentración de Castuera demuestran la falsedad de la propaganda. La comida se reducía a sardinas y atún en lata en cantidades ínfimas que sabemos que causaron (aquí y en otros campos) una enorme mortandad entre los prisioneros. 



A nuestros ojos sorprende quizá que los franquistas se refirieran a sus centros de internamiento como "campos de concentración". Más de una vez nos han acusado de usar este término de forma sesgada para cargar las tintas sobre las penalidades de los presos republicanos. Pero la realidad es que el término estaba perfectamente aceptado por el régimen de Franco. Tan orgullosos estaban de sus campos de concentración que cuando bombardeaban con propaganda a sus enemigos les anunciaban lo bien que lo iban a pasar en ellos. Al fin y al cabo, el campo de concentración es un invento muy español: los diseñó el general Weyler durante la Guerra de Cuba ¿por qué avergonzarse?

Pero si sorprende que se trate de ganar la rendición del enemigo hablando de campos de concentración, más sorprende el anverso del documento, en el que se les promete... sanatorios: "Un manicomio para los que, enloquecidos como consecuencia del terror rojo, van recobrando su salud mental". La verdad es que le dan a uno ganas de desertar. Yo añadiría otro slogan: "Cambia ese uniforme de rojo andrajoso por una flamante camisa de fuerza". Azul, por supuesto.




miércoles, 8 de octubre de 2014

La última lección del maestro


Muchos de los y las que rondamos los cuarenta años de edad no hemos recibido información sobre la guerra civil española en nuestra formación escolar, y cuando ha sido así, la visión ofrecida dejaba mucho que desear. El alumnado aragonés tenía como visita obligada el Belchite viejo, en el que se ofrecía un discurso franquista que hacía hincapié en la destrucción causada por las hordas marxistas. En mi colegio pontevedrés el viaje de estudios de 8º de EGB a Madrid incluía la visita al Valle de Los Caídos. Todo esto en plena democracia (década de 1980). En el mejor de los casos, los libros de texto recogían el enfoque clásico de la guerra civil como una locura colectiva, una lucha de hermanos contra hermanos.

Afortunadamente las cosas están cambiando. Hoy hemos recibido la visita de chicos y chicas de 2º de la ESO del colegio Santa Cruz de la ciudad de Guadalajara. Para nuestra sorpresa, el alumnado que nos ayudó a excavar en Los Castillejos de Abánades mostraba tener un conocimiento previo de lo que fue el conflicto. Al preguntar a los chavales qué sabían de la guerra civil uno de ellos ofreció una frase lapidaria: La guerra fue la lucha de Franco contra el pueblo. Toda una joya retórica que hará las delicias de aquellos que pensáis que los que escribimos en este blog somos partidistas, subjetivistas y maniqueos. Otro alumno, con más ganas de remover, comentaba a los colegas que Franco era un pringao comparado con Hitler, que se había cepillado a veinte millones de personas (sic).

Creemos firmemente en la necesidad de una didáctica de la guerra civil española, sobre todo en estos tiempos revisionistas. Contamos para ello con la fenomenal experiencia del grupo DIDPATRI de la Universitat de Barcelona, un equipo puntero que lleva años intentando superar la falta de información y las visiones trasnochadas que hemos sufrido las generaciones precedentes. En esta línea, nuestras excavaciones siempre están abiertas al público y al alumnado de las zonas en las que trabajamos. El conocimiento que generamos contribuye humildemente a que los chavales conozcan los paisajes de su entorno y a que se eduquen en una cultura para la paz.


Durante la IIª República se desarrolló notablemente la educación pública como una herramienta útil en el camino de la modernización y democratización del país. Un buen ejemplo del fenómeno es La lengua de las mariposas, el hermoso relato de Manuel Rivas que fue llevado al cine por José Luis Cuerda. El maestro hacía visitas de campo con el alumnado para conocer la naturaleza y la historia de la comarca de turno. En Galicia y el Bierzo conocemos casos de maestros que llegaron a llevar a cabo catálogos y excavaciones arqueológicas en yacimientos con alumnos de Primaria y de Bachillerato en la década de 1930. La derecha reaccionaria y la Iglesia española nunca vieron con buenos ojos esta política educativa, laica y abierta a las innovaciones pedagógicas que se estaban desarrollando en Europa. Así fue que al llegar el golpe de Estado uno de los gremios más castigados, con asesinatos y depuraciones, fue el de los profesionales del Magisterio. Aquí está claro quienes eran los buenos y quienes eran los malos, y contamos con tesis doctorales que aportan datos al respecto para el conjunto de diferentes zonas del Estado español. Una de los más famosos dibujos de Castelao, el líder de Partido Galeguista republicano, es aquel que muestra a dos niños campesinos mirando fijamente el cadáver de su maestro, paseado por los fascistas: La última lección del maestro, reza el pie de dibujo que eligió Castelao.


Nosotros no creemos en las trincheras que se abren cada día, ya sean reales o virtuales. Las trincheras de verdad, las de la guerra, son espacios traumáticos que nos aportan información (los objetos, los cadáveres está ahí, pese a quien le pese). Excavar una trinchera es revivir una microhistoria que nos pertenece a todos. Desde la Arqueología pretendemos elaborar un relato comprometido que sólo obedece a dos principios éticos claros: la honestidad intelectual y la reivindicación constante de los derechos humanos. En esta trinchera nos encontraréis, abiertos al debate público y la controversia, como no podía ser de otra manera.