miércoles, 2 de septiembre de 2015

En las letrinas de la historia


El seminario menor de Belchite se convirtió durante la Guerra Civil en base militar, frente de batalla y campo de concentración franquista. Entre 1937 y 1939 en el seminario menor murieron cientos de soldados y penaron cientos de reclusos. Por eso estamos excavando aquí, para desentrañar esa historia tan corta como intensa. Pero esa historia corta se enreda en una historia más larga, que es la del seminario. Y cribar las historias para construir Historia no es una tarea nada fácil cuando todo lo que queda es una superficie de escombros y basura. 


Al decapar el suelo sale a la luz la historia a trozos (de mármol, cemento y loza). Trozos de las letrinas que se construyeron aquí en algún momento, todavía impreciso para nosotros. No obstante, sabemos ya que estaban ahí durante la guerra. Sobre el pavimento encontramos la huella de un impacto de mortero, que tuvo que caer los últimos días de agosto o los dos primeros de septiembre de 1937, en plena Batalla de Belchite. Cuando los carlistas defendían este lugar con uñas y dientes.


Las letrinas pudieron ser una obra del seminario anterior a la guerra, quizá una modernización de las instalaciones, que tenían ya doscientos años. Son unos buenos retretes para la época, del tipo que todavía se puede encontrar en algunas tascas españolas. 
             
                                               
Cuentan con cinco váteres alineados y separados por tabiques de ladrillo y cañizo manteado con cal. 




Los váteres desaguan en una canaleta que da a una fosa séptica, ambas bien construidas. La canaleta está flanqueada por azulejos. Nuestra hipótesis inicial (que estas eran letrinas levantadas para los prisioneros del campo) ha de abandonarse por dos motivos: el impacto de mortero, que nos obliga a retrotraer la fecha de construcción a antes de agosto de 1937, y la buena calidad de los baños, que no encajan con lo que conocemos, arqueológica e históricamente, de los campos de concentración. 




Tenemos pues que formular nuevas hipótesis: una posibilidad es que las letrinas se construyeran durante la época final de vida del seminario. Pero hay algo aquí que no cuadra. Sabemos que en esta zona había un jardín y dos elementos religiosos importantes. Uno de ellos es una cueva de la Virgen de Lourdes, de la que hoy solo se conservan ruinas. Otra es una fuente coronada por la Virgen del Pilar. La fuente (seca) sobrevive hoy. La imagen ha desaparecido. En medio se encontraba el jardín.


De este jardín -inimaginable hoy entre las ruinas de la guerra- hemos encontrado pruebas arqueológicas: justo detrás de los retretes documentamos una hilera de ladrillos hincados en el suelo que delimitan un antiguo parterre de flores.


No parece muy verosímil que durante la época del seminario se levantaran una letrinas en mitad de un jardín y flanqueadas por la Virgen de Lourdes y la del Pilar. No es que sea imposible, pero desde luego no parece muy ortodoxo. Cabría pensar que los retretes se construyeron durante la guerra, cuando el seminario se transformó en campamento militar. Extraña, sin embargo, que se dedicaran tantos esfuerzos a este tipo de estructura y en tiempo de guerra. 

Tenemos, por lo tanto, muchas preguntas y muchas dudas. Pero  en esto consiste la ciencia: en elaborar hipótesis, contrastar las pruebas empíricas con las interpretaciones, dudar, volver a proponer hipótesis. Este procedimiento es lo que separa a la ciencia del mito: el mito que tanto gusta a las dictaduras, porque en él todo está meridianamente claro. 

Al final sin embargo, esperamos poder escribir un relato histórico, quizá no de la Guerra Civil o de la represión, quizá de los seminaristas que pasearon por estos jardines destruidos por la guerra. O quizá de todo ello junto y revuelto, como aparecen juntos y revueltos los restos de todo -del seminario, de la guerra y del franquismo. 

Esto es lo que hace la arqueología única, al fin y al cabo. Y por eso también nos pasamos horas limpiando una modesta letrina de hace ochenta años.

lunes, 31 de agosto de 2015

Seminario de Arqueología de Campo


Puesto de tirador y trinchera sobre el Seminario Menor.
 
En 1726 el arzobispo Pérez de Araciel fundó un Seminario sacerdotal en la ermita de Nuestra Señora de los Desamparados de Belchite. Este Seminario de Sacerdotes Seculares Misionistas de la Virgen de Desamparados caería pronto en el abandono. Posteriormente, otro arzobispo de la sede zaragozana, Manuel García Gil (El Santo Gallego), rehabilitó el antiguo edificio como Seminario Menor (1866). Y no sólo eso. En un ataque de evergetismo divino también terminó e inauguró la basílica del Pilar de Zaragoza. Entre 1877 y 1887 la orden dominica se hizo cargo del centro. Desde 1913 lo regentaron los Operarios Diocesanos. En 1927 se llegó a levantar un trasunto de cueva de Lourdes a la que acudían fieles de toda la comarca. En las fotografías de los años 20 y comienzos de los 30 los seminaristas paseaban por los jardines absortos en sus lecturas de novicios.
Tramo de trinchera en fase de limpieza.

Diez años después las balas, las granadas de mortero y las bombas de mano se encargaron de convertir aquello en un auténtico Infierno en la Tierra. Tras su destrucción por la guerra en 1937 el seminario es trasladado a Alcorisa (Teruel).
Un espacio creado para la formación teológica se ha convertido coyunturalmente en un Seminario de Arqueología de Campo (laico y científico) para estudiantes universitarios en el marco de nuestro proyecto arqueológico sobre las Brigadas Internacionales. Hoy hemos empezado a trabajar en la zona. Ante el peligro de desprendimientos y la cantidad ingente de cascotes que cubre las ruinas del Seminario hemos decidido comenzar por los adelaños del edificio. En una loma amesetada desde la que se denomina el Seminario los requetés excavaron una trinchera a modo de cinturón defensivo. Con la posición del cementerio, el Tercio de Almogávares protegía este flanco de Belchite. Sin embargo el empuje republicano les hizo replegarse al Seminario. La Historia tiene estas cosas. Los tradicionalistas católicos acabaron defendiendo sus ideas en el Templo del Señor. En el Seminario se materializó como en ningún otro lado el ideal de la Santa Cruzada defendida por el Papa. La dictadura franquista nacionalcatólica explotaría sin límites esta sacrosanta coincidencia.
Nido de ametralladoras republicano sobre el Seminario Menor.
Los Guardias de Asalto ocuparon rápidamente esta trinchera, desde donde dispararon día y noche frenéticamente a los defensores del edificio. Tres puestos de tirador comunicados por esta trinchera y un nido de ametralladoras se convirtieron en enclaves cruciales para masacrar a los requetés que allí resistían. Hoy hemos limpiado de vegetación estas estructuras con las alumnas Laia y Clàudia (Universitat de Barcelona) y el alumno Raúl (Euskal Herriko Unibertsitatea). Los tres cuentan con experiencia en estas lides, ya que han trabajado en la exhumación de fosas comunes y en proyectos similares al nuestro en escenarios de la batalla del Ebro. Mañana seguiremos con los refuerzos que, nuevamente, nos vienen de Escocia, Gales, Inglaterra y Estados Unidos. Para algo nos dedicamos a la Arqueología de las Brigadas Internacionales.
Clase de Topografía en  la trinchera.
 

domingo, 30 de agosto de 2015

Siempre p'alante



El pasado es un inmenso campo de batalla en el que la memoria discurre por atajos, vericuetos y recovecos inverosímiles. Estas idas y venidas dan lugar a apropiaciones ideológicas de lo más variopinto. Esto es lo que ocurre con los Almogávares. El nacionalismo catalán, en su defensa dels Païssos Catalans, siempre ha tenido en los Almogàvers un fiel aliado irredentista. Las hazañas de aquellos mercenarios que toreaban al emperador de Bizancio son una referencia para la causa nacional. De hecho, una de las peñas míticas de seguidores del Barça en el Camp Nou lleva ese nombre. Estos son los Almogàvers independentistas del presente. Nosotros vamos  a hablar en este post de los Almogávares tradicionalistas de la guerra civil, es decir, de los fachas.

Cruz en homenaje al Tercio de Almogávares. Al fondo, el Seminario Menor.

El carlismo siempre tuvo tirón en Aragón sobre todo en la provincia de Teruel. Los preparativos del golpe de Estado contemplaron la movilización de numerosos voluntarios. Sin embargo, a diferencia del caso navarro, Aragón quedó partido en dos. Los requetés que quedaron en zona sublevada (a los que se unían escapados de la zona leal) se fueron integrando en nuevas formaciones, como el Tercio de Almogávares, creado en Zaragoza el 9 de septiembre de 1936.
 
Estos soldados carlistas del siglo XX se veían reflejados en los almogávares de la Corona de Aragón bajomedieval. Esta apropiación simbólica continuaría tras la guerra en los manuales escolares, en la revista Mandos del Frente de Juventudes e incluso en las historietas que se vendían en los kioskos. Esos eran los almogávares en que creían también los catalanes carlistas que formaron el Tercio de Nuestra Señora de Montserrat y que luchaban contra los rojoseparatistas, según ellos.
 
El Tercio de Almogávares tuvo un papel crucial en la batalla de Belchite. Los mandos le encomendaron la defensa de la posición avanzada del Seminario Menor. Aquí quedaron aislados sin apoyo de artillería a partir del 31 de agosto de 1937. El día 2 de septiembre, el 35º Grupo de Guardias de Asalto atacó el Seminario, en el que logró entrar a las 15:00 horas, para abandonarlo al poco tiempo. Al día siguiente, la situación se hizo insostenible: 120 almogávares supervivientes logran huir al pueblo con un grupo de civiles y 40 defensores son hechos prisioneros. Lo que quedó del tercio se concentró en la defensa de la iglesia de San Martín. En una pared aún se puede leer: Aquí muere un requeté aragonés. ¡Viva España! ¡Viva siempre España!

Estado actual de las ruinas del Seminario Menor.

De unos efectivos totales de 270 hombres, 100 murieron en combate y 150 resultaron heridos, o sea que el tercio de Almogávares quedó aniquilado. Entre los supervivientes, un ruso blanco del siglo XX que en vez de combatir en Neopatria lo hacía en Belchite: Sergei Brillantov. Un tipo cristiano ortodoxo que defendía a un Dios católico, a una Patria que no era Rusia y a un Rey que no era el Zar. En vez de estar en el casino de Biarritz con los suyos, Sergei vino a España a combatir las hordas marxistas. Los que tenía enfrente eran otros extranjeros como él pero que venían a combatir a los fascistas.
 
Sin duda, aparte de la tragedia colectiva que supuso la guerra, en el Seminario Menor pasaron cosas curiosas. Sirvan de prueba las Memorias de un Requeté del excombatiente del Tercio de Almogávares José María Resa, todo un héroe de historieta de Gila:

Me llamaban El Requeté y allí que acudía siempre a todas las partes donde se me necesitaba con mi fusil ametrallador que, por cierto, despedía un fuerte olor a aceite de sardinas ya que lo usaba para engrasarlo y esto les hacía mucha gracia. La verdad es que el fusil se encasquillaba mucho y me pasaba la mayor parte del tiempo intentando repararlo…

Un requeté de toda la vida: Sergei Brillantov.

Siempre p’alante era una consigna requeté que sigue dando nombre a un semanario navarro ultramontano, impublicable en cualquier otro país a día de hoy. El número del 16 julio (ESPAÑA CABALGA) incluye los siguientes reportajes: ¿Qué nos queda del 18 de julio? y No necesitamos de los bolcheviques para arreglar España. Nos podemos imaginar perfectamente a los requetés del Seminario leyendo en los tiempos muertos del combate en 1937 esta revista de 2015, sin problema.
Los requetés en Belchite lo que se dice p’alante, p’alante no fueron mucho. Por una vez, al menos. Ya lo decía la canción.

Por tierras de Zaragoza,
el día 7 de septiembre,
Por tierras de Zaragoza,
el día 7 de septiembre,
requetés y falangistas
han corrido como liebres.


viernes, 28 de agosto de 2015

Un Jíbaro en Mediana de Aragón (y IV)

Ángel Barcia, obrero madrileño, comisario comunista, 
en Mediana y  fallecido en combate en el Ebro.

Tras sobrevivir a un ataque de aviación italoalemán y perder su caballo, Rubén consigue llegar a su destino, buscando los lados de la montaña que están a cubierto de los disparos de la artillería fascista. Por fin la línea telefónica me lleva a la Comandancia de la 9ª Brigada. El Comisario, Ángel Barcia, está en la puerta de la cueva donde tiene instalado su observatorio. Mientras dirige sus prismáticos al campo enemigo, me dice:

-En términos generales, hay que elogiar a toda la Brigada. La brillante actuación del 4º Batallón, que manda Justo Hernández, fue decididamente respaldada y apoyada por los demás.
Yo no he venido con intenciones de distraer al camarada Barcia. Por eso, después de cambiar impresiones con él, me despido para ir a recorrer las líneas que están allá abajo, en las huertas frente a Mediana.
Sigo el fondo de las vaguadas, para evitar ser visto por los telemetristas. Al llegar a donde los soldados, acaba de empezar el combate. El estruendo de las bombas de mano atruena el espacio, resonando en las cavidades de las rocas y deslizándose a lo largo de los desfiladeros. No se escucha un solo disparo de fusil.
Un soldado se presenta. Es el cabo de Enlaces de la Comandancia del 4º.
-¡Salud, mi Comisario! -dice al camarada que ostenta este cargo en el Batallón-. Déjeme usted subir a la avanzadilla.
-Ahora no puede ser. Es muy peligroso y tú haces falta aquí.
-No me ocurrirá nada, mi Comisario, déjeme usted ir, por favor.
-¿Pero no comprendes que tu misión es tan importante como la del compañero que está ahí delante, disparando contra el enemigo? Suponte que uno de los cañonazos enemigos cause una avería en la línea telefónica y que no podamos comunicarnos con la Brigada para pedir refuerzos. Si hubiera menester. Yo no puedo abandonar mi puesto. Ninguno de nosotros puede abandonar su puesto; eso lo sabes tan bien tú como yo.
El cabo insiste. Cree que puede hacer algo útil allá arriba también. Le conceden el permiso y allá va, repleto el cinto de granadas de mano, gritando a sus compañeros que se mantienen firmes en sus posiciones.
-¡Adelante camaradas! ¡Viva España republicana!-. Y a la cabeza de las fuerzas, junto al Comisario y el Comandante, se interna en terreno enemigo, haciendo huir a los fascistas con sus bombas de mano.

Restos de granadas polacas y Lafitte descubiertas frente a los parapetos republicanos de Mediana, testimonio de un golpe de mano de los sublevados.

El enemigo dispara sus morteros. Una de las granadas de éstos cae cerca del cabo de Enlace y le hiere en ambas piernas., en el momento en que se dirige a buscar a los camilleros para que socorran a los heridos.
 
En la operación, que dura cinco horas, se distinguen, con Paulino Vergara, el cabo aludido, los tenientes Raimundo Cuesta, Jesús Vergara y Ramón Ortega. El feudo decae, poco a poco. Se ha recogido en el campo algunos fusiles y bastantes bombas de mano, marca ‘Laffite” (italianas).
 
Nuevamente aparece la aviación fascista. Los antiaéreos fustigan el espacio con su fuego cerrado. Pero los aviones franquistas siguen avanzando. Entonces, de las posiciones que ocupa el 1er Batallón, sale un “tac-tac-tac”, persiguiendo a los cazas enemigos. Los aviones de escolta se confían; bajan demasiado, ametrallando las posiciones. Nosotros nos tendemos rápidamente en tierra esquivando el cuerpo a los proyectiles de las ametralladoras de los aparatos.
 
-¡Tac-tac-tac! ¡Tac-tac-tac! –vuelve a sonar en las posiciones del 1er Batallón, mientras en el aire un pájaro negro, de las fuerzas aéreas italianas, deja un reguero de humo y cae en barrena, rápidamente, para estrellarse con estrépito sobre la verde huerta de Mediana.
 
Anochece; el enemigo no se resigna a su derrota. Con la aparición de las primeras estrellas, los morteros fascistas rompen el silencio.

Distribución de cráteres producidos por granadas artilleras y elementos de metralla. Área de Mediana intervenida en la campaña de 2014.

Mal comienza una noche que prometía ser de calma –le digo al Comisario, mientras llevando el puño cerrado a la visera me despido del jefe y del camarada. Al pasar frente al centinela que presta servicio junto a la Comandancia, semiconfundido en las tinieblas de la noche otoñal, saludo:
-¡Buena guardia, camarada!
-Salud, buenas noches! –responde.

Después de la conquista definitiva de Belchite el día 6 y del fin de los ataques en el sector de Mediana, las posiciones alcanzadas se estabilizaron, emitiéndose orden desde el cuerpo de ejército franquista de fortificarlas. Esta orden se repitió posteriormente el día 14 de septiembre (mediante telegrama postal) y en diciembre de 1937. Por parte republicana, los trabajos de fortificación se iniciaron igualmente el día 7.


Fuente: Albert Robatto, M. (ed.). 2008. Mientras arde la hoguera, de Rubén Gotay Montalvo. Serie Documentos, 207. Sada: Ediciós do Castro.




Un Jíbaro en Mediana de Aragón (III)

ES.37274.CDMH/8.9//INCORPORADOS, 1438, 26.

Mientras las unidades republicanas atacaban Belchite, la ofensiva sobre Zaragoza continuaba en el resto de los sectores. Desde el día 30 de agosto, unidades de la 35 división (primer batallón de la XI brigada y un escuadrón de caballería) además de efectivos de la 24 división, iniciaron una serie de ataques a las líneas franquistas del vértice Sillero desde Mediana.
El mismo día 30 comenzó la contraofensiva franquista con el intento de avance hacia Belchite a través de Mediana. En esta zona fue la 13 división del general Barrón la que llevó el peso del avance, que desde el entorno de Valmadrid debía progresar hasta cortar la carretera hacia Belchite en el km 17. El avance franquista fue rápido, llegando el 3 de septiembre a la línea marcada inicialmente, aunque sin conseguir su objetivo de cortar la carretera y avanzar hacia Belchite. Ante el empuje franquista, los mandos republicanos se vieron obligados a desviar tropas del ataque a Belchite. Varias Brigadas Internacionales fueron las encargadas de realizar la defensa. Los batallones Edgar André (41) y 12 de febrero o Austriaco (44) de la XI brigada fueron los que combatieron inicialmente, sumándose a partir del día 3 el Thälmann (43) y del día 4 el British Battalion de la XV brigada, junto con un batallón de la 153 brigada.

Situación de fuerzas y posiciones conservadas en el sector de Mediana.

Después de establecer varias líneas de defensa, las unidades republicanas consiguieron parar la contraofensiva franquista. El punto máximo de avance fue la cota 381, cercana al km 17 de la carretera, alcanzada por la 4ª bandera de Falange de Castilla. Los combates en el sector fueron durísimos, con gran cantidad de bajas. El día 5, a pesar del fuerte empuje realizado y del apoyo constante desde el aire de la Legión Cóndor, el ejército franquista desistía de continuar los ataques y de intentar socorrer Belchite.

Este es el panorama que se encuentra Rubén en su visita al frente de Mediana:

Uno de estos días de principios de septiembre, salgo a girar una visita a algunos de nuestros Batallones. Mi caballo va despacio, mordiendo de vez en cuando la seca hierba que asoma entre la arena. Mi primera intención es visitar a los muchachos gallegos, que están con su Batallón junto a la carretera de Mediana, conforme se viene de Caspe. Busco la Comandancia, que está debajo del puente, alcantarilla más bien, por lo poco que levanta sobre la tierra.
 
-¡Salud, camarada periodista! ¿Qué te trae por aquí?
 
Le expongo al capitán el objeto de mi visita: ver las líneas y comprobar la moral de nuestros soldados. He bajado de la cabalgadura y, después de atarla a un mojón indicador de distancias, entro en la Comandancia. Lo primero que hago es echar un trago de buen vino de Aragón para refrescarme la garganta. Luego hablamos. Nuestra conversación se desliza entre las explosiones intermitentes de los proyectiles de cañón arrojados por el enemigo y el silbido de las balas dirigidas a nuestras posiciones por los francotiradores de Navarra.
 
-El Mando nos ha trasladado a este sector –dice Chandeira-. Los muchachos se han hecho fuertes en sus posiciones, sin olvidar un solo momento que el enemigo ha puesto todo su interés en cortar la carretera que ellos consideraban inexpugnable. Ya sabes que Belchite cayó hace varios días ante el empuje de los soldados de la 35ª  División.

Para llevar a cabo su propósito, los fascistas han concentrado gran número de hombres en este frente y han empezado una serie de movimientos contra mis hombres. Pero los gallegos no nos moveremos; seguiremos firmes en nuestros puestos, atentos a las órdenes del Mando. Mis muchachos saben que si resisten, agotarán bien pronto las energías del enemigo […]

La Tierra de Nadie de Mediana: vaguadas, lomas, arena y piedra.

A la dureza de los combates de aquellos días había que sumar la orografía accidentada  que dificultaba los desplazamientos, así como una gran escasez de agua, problema sufrido especialmente por las unidades sublevadas, que en la urgencia de movilizarse y atacar, no contaron con medios e intendencia suficiente. La prospección arqueológica en estas tierras de Mediana nos permite imaginar perfectamente a Rubén sobre su caballo, muertos los dos de sed, cabalgando por las vaguadas de esta tierra de nadie, entre aromas de tomillo e impactos de artillería:

Monto nuevamente a caballo y parto. Para llegar a la 9ª Brigada, debo cruzar unas vaguadas, que por su posición, son perfectamente visibles desde las posiciones facciosas al otro lado del pueblo de Mediana, que es ahora tierra de nadie. Pero un corresponsal de guerra no debe arredrarse por nada. Llevo la “canadiense” colgando del arzón de la silla, a fin de tomar mejor el fresco del atardecer. Mi caballo va al paso.
 
De pronto, silba sobre mi cabeza un proyectil de artillería; luego otro. Ambos van a estrellarse a pocos metros de mí, en la falda del cerro. Seguramente, el enemigo me ha visto a través del telémetro y, creyendo que mi presencia allí obedece a la existencia en las cercanías de alguna Comandancia republicana, ha dirigido el fuego de sus baterías sobre el jinete que ha visto a lo lejos, en el fondo de la vaguada blanquecina. Mi caballo parece no prestar mucha atención a los cañonazos.

Otros dos proyectiles, seguidos de un tercero, que hace explosión algo más tarde, se estrellan en el suelo, delante de mí, a unos cincuenta pasos. Va siendo hora de tomar precauciones. Mi caballo empieza a dar señales de nerviosismo. Por eso desmonto y le ato a una de aquellas plantas, a un tomillo, fuertemente arraigado. Yo me tiendo en la arena, esperando a que cese el cañoneo. Pero, no, el enemigo, que no me ha visto continuar mi camino, ni volver atrás, supone que estoy escondido y arrecia el fuego, tratando de localizar nuestro puesto de Mando. Una tras otra, las granadas alemanas e italianas hacen explosión en la cima del cerro, en el fondo de la vaguada, en las faldas de los montes cercanos.

Experimento una sensación de angustia, que, poco a poco, va en aumento. Trato de salir de aquella situación y subo a gatas por la ladera al pie de la cual estoy echado. No puedo adelantar un paso. Los cañonazos, al reventar en la cima, desprenden la arena, arrancan los matojos y echan las piedras a rodar por la pendiente, haciendo de todo punto imposible el ascenso. La sed me tortura [...]
Por fin, después de grandes esfuerzos, logro llegar a la cima del cerro. Las baterías enemigas siguen haciendo fuego. A rastras por el terreno pedregoso de la montaña, voy buscando las ondulaciones del terreno para guarecerme. Cuando el cañoneo amaina, me pongo de pie y tiendo la vista a mi alrededor, a ver si diviso la Comandancia de la 9ª Brigada, que según mis informes, debe estar por las cercanías. No diviso nada, solamente la inmensa extensión de arena y piedras blanquecinas, salpicadas aquí y allá por manchas de hierba, medio seca ya por el sol.

Abrigos republicanos excavados en una ladera en el frente de Mediana

Tampoco puedo orientarme por este astro, que se ha puesto, ni por las estrellas, que no han salido aún. ¿Qué hago, en esta soledad, sin saber siquiera adónde dirigir mis pasos? Algo se enreda en una de mis botas. Es la línea telefónica, que va desde el Estado Mayor de Brigada a uno de los Batallones. La tomo en la mano, con la intención de seguirla hasta el fin y encontrar de este modo la 9ª Brigada [...]
A unos quince metros de distancia, hacen explosión las bombas, levantando montañas de arena y piedras, que cubren todos los alrededores, averiando la telefónica y destrozando mi pobre caballo, que encuentra la muerte cuando una gran piedra cae sobre él, rodando por la ladera de la montaña hacia el fondo de la vaguada.

jueves, 27 de agosto de 2015

Un Jíbaro en Mediana de Aragón (II)

Rubén Gotay durante la guerra civil española.

El Frente Norte se estaba desplomando y la batalla de Brunete había quedado en tablas. Sin embargo, el Ejército Popular daba la cara. Es por ello que Rubén se entrega a la causa y reproduce punto por punto el enfoque de la propaganda oficial en su tratamiento de la ofensiva sobre Zaragoza. Cualquier pueblo por pequeño que fuese y que cayese en manos de la República era para él una prueba evidente del poder ofensivo del gobierno leal. En su crónica sobre la toma de Mediana, Rubén hace hincapié en la represión franquista en retaguardia (actualmente la cifra de asesinados por los franquistas en el pueblo es de 87 personas) y en la labor acometida por los comisarios políticos. Eso sí, no dice una palabra de la nueva represión desatada contra los colaboracionistas y derechistas de la localidad (actualmente la cifra de asesinados por los republicanos en el pueblo es de 6 personas) . Tras la conquista y la estabilización del frente se inicia la fase de fortificación previa a la guerra de posiciones que conocemos tan bien gracias al trabajo de campo arqueológico que desarrollamos en el entorno de Mediana:

A media mañana, después de haber caído definitivamente el pueblo, la aviación facciosa hace una incursión sobre Mediana. Es práctica fascista impedir el disfrute de las conquistas republicanas, bombardeando ferozmente las poblaciones rescatadas de la opresión facciosa.
Un campesino me dice:
-Hemos estado sufriéndolos durante más de un año, hasta que llegásteis vosotros. Nos decían que los “rojos” eran muy crueles, que maltrataban a los campesinos. Ahora vemos que todo era mentira, pues los soldados republicanos nos han tratado muy amablemente y con toda clase de consideraciones.
Por todas partes vemos caras sonrientes. Solamente el llanto emocionado de una anciana nos recuerda infinidad de lágrimas que las mujeres de este pueblecito aragonés habrán vertido mientras estuvieron sometidas a la opresión fascista.
Seguimos recorriendo el pueblo. Por donde pasamos, los chiquillos y los adultos nos saludan con el puño en alto y sonrientes, con la sonrisa espontánea de los que ya son libres.
En el avance de nuestras fuerzas por las inmediaciones de Mediana, a fin de protegerlo de algún ataque por sorpresa del enemigo, ya que los fascistas están apostados en las alturas del otro lado del pueblo, podemos observar la llegada de una caravana de camiones con fuerzas frescas que habían de reforzar la línea rebelde en peligro. Rápidamente se tiende una emboscada. Uno tras otro se aproximan los camiones y entran en el terreno dominado por nuestros soldados. No es preciso disparar un solo tiro. La totalidad de los vehículos son capturados, estando muchos de los mismos cargados de víveres y de municiones.
Hablamos con unas mujeres del pueblo. Una de ellas me dice, señalándome a una pequeña de unos doce años.
-A ésta le fusilaron su madre, porque su padre fue con los republicanos.

Ubicación de fosa común de represaliados por el franquismo
en el cementerio de Mediana.

Fuera de la casa de nuestra interlocutora observamos algún movimiento. Salimos a inquerir de qué se trata. Los soldados de la República, generosos como de costumbre, conducen a la ambulancia a un guardia civil y a un paisano heridos, que se quedaron rezagados al tomar el pueblo nuestras fuerzas.
-Ese guardia civil –dice la mujer que habla conmigo- era uno de los más criminales del pueblo. No hace mucho abofeteó a un anciano porque éste no abominaba de los republicanos.
La pequeña, cuya madre fusilaron los facciosos se acerca a nosotros.
-Hace pocos días estuve en Zaragoza –dice- y no pueden ustedes figurarse las ganas que tiene allí la gente de que entren los soldados republicanos. Todos los días fusilan a muchos obreros en el cementerio de la capital.
Entre mujeres y hombres, fusilaron a setenta y cuatro vecinos de Mediana. A todos los obreros que estábamos afiliados a organizaciones de izquierda, nos tenían apuntados en una lista para fusilarnos. Muchos de los nuestros están en las tropas del Gobierno y otros fueron conducidos a Belchite.
Unos mozos que pasan junto a nosotros añaden:
-Nosotros tuvimos que andar escondidos por las huertas y sólo regresamos cuando el mando fascista dio la orden de que no se fusilara a nadie más.
Pasa el pregonero del pueblo y se para en una esquina de la calle. Después de tocar su típica corneta para atraer la atención de la gente, da lectura, a la siguiente nota:

‘De orden de la autoridad militar, toda la población civil hombres, mujeres y niños, se concentrarán a las dos de la tarde en la iglesia del Pueblo’.

A la hora anunciada, el Comisario de la Brigada habla al vecindario sobre la ayuda que los soldados de la República prestan a los campesinos, haciendo resaltar el hecho de que el Ejército Popular castiga con mano dura a quienes cometen desmanes contra los intereses del Pueblo trabajador.
Como es de suponer que la aviación fascista haga una nueva incursión sobre Mediana, son preparados varios camiones que han de conducir a la población civil a la retaguardia: a Caspe, a Lérida, a Escatrón, a fin de alejarla de la barbarie italoalemana.
El enemigo sigo apostado en las alturas que dominan el Pueblo. Nuestras fuerzas han de continuar avanzando o fortificarse para impedir que los fascistas reconquisten el lugar. Pronto, desde la umbría donde el enemigo se ha refugiado, pica una ametralladora:
-¡Tac, tac, tac! ¡Tac, tac, tac!

Un comisario político se dirige a soldados que van a ayudar a segar (Foto de Francesc Boix).

miércoles, 26 de agosto de 2015

Un Jíbaro en Mediana de Aragón (I)


La historiografía franquista acuñó el tópico de la Galicia fiel al Movimiento desde el primer día, convertida en granero de hombres para el glorioso ejército sublevado. La realidad fue otra, como lo corrobora la brutal represión desatada en el verano de 1936. Lo que no se suele contar tampoco es la cantidad de gallegos y gallegas que defendieron la República durante la guerra civil. Políticos, sindicalistas, marineros y obreros huyeron por mar a Francia y el Norte leal y se incorporaron a la lucha. Ahí tenemos al Batallón Galicia en Asturias o al Batallón Celta de la CNT en el Ejército de Euzkadi. En Madrid, gallegos residentes, segadores que se encontraban en los pueblos del entorno, se integraron en las Milicias Gallegas para después combatir a las órdenes de Líster en los principales escenarios del conflicto, entre ellos la ofensiva sobre Zaragoza de agosto de 1937. Los gallegos intentaron conquistar Fuentes de Ebro, sin conseguirlo.
En julio de 1936 Rubén Gotay Montalvo (1914-2000) era un estudiante de Derecho puertorriqueño de ascendencia gallega en la Universidad Central de Madrid. Identificado con la causa republicana, se convierte en corresponsal de guerra, elaborando crónicas para El Miliciano Gallego. Fue también uno de los fundadores del semanario Nueva Galicia, además de redactor jefe de Pasaremos. Integrado en el Comisariado de Guerra de la famosa 11ª División escribía bajo el pseudónimo de El Jíbaro. En julio de 1938 abandonó España y rápidamente escribió unas memorias tituladas Mientras arde la hoguera. Apuntes de un corresponsal combatiente (Puerto Rico, 1939).


En este libro, Rubén dejó constancia de su paso por Caspe, capital del Aragón republicano y base de operaciones del Ejército del Este en los ataques a Mediana, Pina, Quinto, Fuentes de Ebro y Burgo de Ebro. Evidentemente, estamos ante una crónica propagandística, pero también ante un testimonio único que nos hace volver a 1937 mientras en septiembre de 2014 prospectábamos y excavábamos estas tierras yermas de Mediana de Aragón, que esperamos volver a visitar en pocos días. Así nos relata el autor la conquista de Mediana (26 de agosto de 1937):

Es indudable que nuestra operación sobre Fuentes de Ebro ha fracasado. Limpio de enemigo el terreno donde actuamos, tenemos ante nosotros otro objetivo: Mediana de Aragón. El Mando fascista no cuenta con una ofensiva nuestra por este sector, así que si organizamos un ataque de gran envergadura para capturar Mediana, el enemigo puede advertir nuestros preparativos y oponernos una fuerte resistencia. Hay, pues, que ingeniárselas de alguna manera.
Terrón, el Comisario del cuarto batallón de la 100ª Brigada, monta a caballo; luego llama a algunos de sus hombres.
_Muchachos –les dice-, hay que dar aquí un golpe de efecto. Tenemos que coger Mediana. –No dice más.
Bajo el sol abrasador de Aragón marchan los ametralladores, hundiendo los pies en la blanda arena, de la que se levanta un vaho caliente, que marea. No hay ni una gota de agua, pues el río queda distante y es imposible acercarse a él, por estar la orilla opuesta en poder del enemigo, que barre con las ametralladoras todas las cercanías. Por otra parte, el camión algibe (sic) no ha llegado aún.
Y los soldados marchan adelante, sin una protesta, con los labios hinchados por la sed, pero sin osar tocar el depósito de refrigeración de sus “máquinas”, de las que depende mayormente el éxito de la operación que se va a realizar. Van dando la vuelta al cerro que queda detrás del pueblo. Terrón, el Comisario y algunos caballistas suben a las alturas que dominan Mediana y entonces, desde allí, bajan a todo galope de sus caballos, gritando ‘¡Arriba España! ¡Viva Franco!’, en dirección a la entrada del pueblo. Las guardias fascistas y de requetés no les dan el alto, confundiéndolos con jinetes propios que han ido a hacer algún reconocimiento.
Después de dar una vuelta por la población, Terrón y sus jinetes vuelven a la montaña. Ya las ametralladoras republicanas están debidamente emplazadas y abren fuego sobre la plaza facciosa. La desmoralización cunde en las filas enemigas y Mediana, se rinde, creyendo que tras aquellas lomas hay grandes contingentes del Gobierno, prestos a caer sobre el pueblo.

En las casas del lugar conquistado pueden verse pintados los colores monárquicos y en alguna otra tapia hay pegados carteles de las J.O.N.S.