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jueves, 8 de noviembre de 2018

La ruta más larga. Un traslado de significado.


Algún día de estos esperamos amanecer con la noticia de que han sacado a Francisco Franco del Valle de los Caídos. La operación es sencilla, de costes modestos y sin complicaciones técnicas, pero está generando un gran revuelto. Hasta tal punto es así, que para evitar el encuentro frente a frente, cuerpo a cuerpo, entre los medios, los curiosos, las víctimas del dictador celebrando el traslado y franquistas protestando en contra, la exhumación se intentará hacer con la máxima discreción. Nos enteraremos cuando ya haya pasado y Franco esté enterrado de nuevo en algún otro destino, esperemos que más acorde con una aspiración democrática; donde la familia pueda recordar al dictador en privado, pero sin que ocupe un lugar público honorífico.

Aún sin esta ceremonia pública de exhumación y reinhumación, la importancia de la acción material reside en algo inmaterial: su valor simbólico. Y como tal, para hacer su lectura, es útil armarnos de claves que pertenecen al ámbito de la performatividad y la representación. La decisión de trasladar los restos pasaría desapercibida si no tuviésemos en cuenta a quién pertenecen, la carga del memorial fascista dónde están ubicados o la actual jerarquía que se establece formalmente con el resto de los inhumados, por ejemplo. Poco pueden decir ya los muertos sobre su enterramiento y desenterramiento. Sin embargo, para los vivos este traslado es una forma de restablecer y actualizar el lugar simbólico que queremos que estos ocupen. En definitiva, el traslado físico es también un traslado conceptual.

Primer acto: Kilómetro 0 

Restos de la excavación en Abánades, Guadalajara
Restos de la excavación en Abánades, Guadalajara


En octubre del 2017, emprendimos un viaje en colaboración con el arqueólogo Alfredo González-Ruibal. El viaje comenzaba en la sede del Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit-CSIC) en Santiago de Compostela y acababa en Abánades, Guadalajara. Llevábamos con nosotros los restos de 13 soldados que habían estado guardados en los almacenes del Incipit durante casi cinco años. El equipo del arqueólogo los había encontrado casualmente cuando excavaba en terrenos de Abánades. Habían muerto en batalla, la mayor parte luchando con el ejército sublevado, aunque también había un caído republicano y otros con adscripción desconocida.

Una vez acabada la investigación arqueológica, los restos habían quedado atascados en el almacén del Incipit-CSIC. Siguiendo el protocolo arqueológico, se deberían depositar en el Museo de Arqueología de la provincia donde se encontraron, sin embargo esta solución provocaba un conflicto ético al equiparar restos humanos con objetos arqueológicos. Por otra parte, ante la imposibilidad de identificarlos, tampoco podían entregarse a familiares que pudiesen hacerse cargo. Así que, antes de llevarlos a alguna parte, había que afrontar una cuestión: ¿Quién tenía la autoridad legítima para decidir sobre su destino? ¿El equipo de arqueólogos que los encontró? ¿Los colectivos o asociaciones ideológicamente afines? ¿El Estado? ¿El Ejército? ¿La Iglesia?... En definitiva: ¿De quién eran estos muertos?

Es en este momento cuando González-Ruibal nos invitó a involucrarnos para buscar una solución y visibilizar el caso de los 13 soldados: ¿Podíamos desde el arte encontrar la forma de que los restos entraran en un debate público más amplio sobre el legado de la historia reciente y traumática de la Guerra Civil y la dictadura?

Cajas en Incipit - CSIC, Santiago de Compostela
Cajas en Incipit - CSIC, Santiago de Compostela

El asunto hubiera sido menos complicado si los restos perteneciesen a republicanos; al menos la identificación con ellos como antecesores y defensores de un sistema democrático hubiese sido más fácil. Pero el conjunto se conformaba con soldados de ambos bandos. Teníamos que repensar las herramientas artísticas a las que estábamos recurriendo para no caer en el lenguaje de la conmemoración, y al mismo tiempo, evitar suavizar o camuflar las aristas más afiladas del caso. Alfredo González-Ruibal envió una carta al Ejército preguntando sobre los protocolos y la responsabilidad de la institución al encontrarnos ante soldados caídos en combate. La respuesta del que entonces era director del Gabinete Técnico del Ministerio de Defensa fue escueta y evasiva. Como solución indicaba que, al tratarse de restos no identificados, se debían inhumar en el cementerio de la población donde se hallaron. Añadía que, si fuese necesario, se podría disponer del osario del panteón militar del cementerio de Guadalajara. No había ninguna mención sobre cómo había que hacerlo o quién se ocuparía de sufragar los gastos

Entrada al cementerio de Guadalajara
Entrada al cementerio de Guadalajara

Visitamos primero el cementerio de Guadalajara. Presidiendo el recinto nos topamos con una gran cruz sobre una lápida, brillante y cuidada con flores frescas, dedicada a los "Caídos por Dios y por España". En contraste, en una zona apartada, estaban los vestigios de la fosa con las casi 1000 víctimas de la represión franquista en la ciudad, donde unos meses más tarde comenzarían las exhumaciones para identificar a Timoteo Mendieta. En definitiva, el camposanto repetía espacialmente la narrativa del Valle de los Caídos. No parecía el lugar adecuado para los restos de los 13 soldados

Detalle de la fosa de las víctimas del franquismo en el cementerio de Guadalajara
Detalle de la fosa de las víctimas del franquismo en el cementerio de Guadalajara

Así que decidimos llevarlos hasta Abánades y dar una dimensión pública al viaje. Con este objetivo, en el camino, hicimos una parada en Madrid. Allí, en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, a través de la Oficina de Derechos Humanos y Memoria, organizamos un seminario para debatir sobre posibles destinos para los restos y los problemas prácticos con los que se encuentra un arqueólogo como consecuencia de un pasado con un marco legal sin resolver. Invitamos a un grupo de gente que desde su bagaje profesional y político reflexionó sobre los diferentes posibles escenarios. Participaron Juan Pablo Calero (historiador), Pedro Corral (periodista, escritor y concejal del PP del Ayuntamiento), Francisco Ferrándiz (antropólogo), Alfredo González-Ruibal (arqueólogo), Jimi Jiménez (investigador y arqueólogo), Queralt Solé (historiadora), Guillermo Zapata (concejal de Ahora Madrid en el Ayuntamiento) y Jesús Carrillo (historiador del arte) como moderador.

Lo que viene a continuación es un resumen del debate, junto con el vídeo completo del evento.

Segundo acto: Kilómetro 598


"La ruta más larga", Centro Conde Duque, Madrid, 14 de octubre del 2017
"La ruta más larga", Centro Conde Duque, Madrid, 14 de octubre del 2017

Alfredo González-Ruibal introduce las cuestiones principales en torno al caso de los 13 soldados. "No pueden ir a la vitrina de un museo, pero tampoco tienen que ser enterrados como enterraríamos a nuestros seres queridos ahora en el presente", establece. Por otro lado, una vez encontrado un lugar para darles sepultura, resalta el problema con el epitafio y la denominación de los contendientes, sobre todo para los que lucharon en las filas del ejército franquista, "¿Ejército sublevado? ¿Ejército nacional? ¿Qué ponemos?", se pregunta.

Encontrar restos de soldados franquistas todavía sin exhumar no es lo habitual. La inmensa mayoría de fosas comunes que quedan están llenas de víctimas republicanas, y son las familias, de forma no oficial, las que se han encargado de ellas en los casos en los que ha sido posible. Aún así, se calcula que todavía quedan sin localizar cerca de 114.000 víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. Como indica Juan Pablo Calero, la Memoria Histórica ha existido siempre, pero ha sido una historia familiar: "Las familias recuerdan a sus muertos. Lo han hecho en el franquismo, en la Transición y después. Por ejemplo, cuando empieza la Transición, se abren muchas fosas y se sacan muchos cadáveres. Pero lo hacen las familias. La gente sabe dónde están sus muertos. Iba, abría y sacaba. Curiosamente esas exhumaciones solo salían en el Interview. (…) ¿Qué es lo que ocurre? Que llega un momento en que la magnitud del problema hace que deje de ser un asunto puramente familiar". En el momento en que hacemos de la memoria una cuestión de Estado es cuando se complica.

Queralt Solé y Jimi Jiménez hablan sobre las soluciones encontradas en el País Vasco y Cataluña. Se comenta que tal vez sea más fácil afrontar este tema en contextos donde hay un "nosotros" más claro.

A nivel estatal, Guillermo Zapata recuerda las dificultades para construir una política de memoria en un contexto político en el que no hay, ni habrá, consenso en cuanto a un relato sobre el pasado de la Guerra Civil y la dictadura. Advierte sobre la sobre-institucionalización de las políticas de memoria, y propone distinguir entre la lectura de Estado de un determinado problema y las políticas públicas. La función del Estado sería crear "recursos y protocolos, normas y regulaciones, que permiten intervenir en un determinado problema", sin tratar de construir un relato histórico común.

Pedro Corral, en cambio, opina que sí se debería buscar el consenso. "Pongámonos de acuerdo en ponernos de acuerdo", dice. Cree que para esto "debemos seguir un proceso desmitificador" y romper con las etiquetas que se establecen con la victoria del franquismo para identificar a unos y a otros en una Guerra Civil. "El franquismo hizo una cosa muy inteligente. Cogió a todos los que había asesinado el terror frentepopulista y se los metió en su saco. Eso es falso. Había liberales, había republicanos, había gente que, de llegar a sobrevivir a esa tragedia, seguramente no habría estado conforme con el franquismo. En eso la izquierda también ha caído en el engaño y deja esa etiqueta, porque bueno, 'esos eran franquistas fusilados'". Considera que esto es una forma de distinguir entre víctimas de primera y de segunda, y que a partir de esta distinción es cuando se origina conflicto. "Las leyes en Andalucía y Aragón están reduciendo a condición de víctima a los de un solo bando: los que lucharon por la libertad y la democracia (…). Estamos creando nuestro propio martirologio, como hizo la dictadura. Negando los excesos del otro bando".

Francisco Ferrándiz también se inclina por una solución global y "crear nuevos lenguajes para entender el pasado", pero considera que no podemos aislar la Guerra Civil de los 40 años de dictadura posterior, "la sombra de la guerra es alargadísima", dice Queralt Solé. El franquismo se encargó de honrar la memoria de sus muertos durante la guerra civil a través de los cuales construyó los rituales que conocemos como mecanismos de significación. Jesús Carrillo añade que "el problema con el Estado Español es que inició su fundación sobre un mausoleo, el Escorial, que luego el franquismo recupera en el Valle de los Caídos. Pero hay una muy débil tradición de monumentos liberales". Por eso, Ferrándiz advierte sobre los riesgos de adaptar los protocolos y funerales oficiales que ya conocemos. Cuestiona también si los protocolos de los caídos en la II Guerra Mundial serían extrapolables al caso español: "cero jerarquía entre rangos, ajardinado al milímetro... Hay una neutralización de los aspectos más políticos".

Se debate sobre la sobre-interpretación de la subjetividad de los soldados y sobre posibles denominadores comunes para abordar la representatividad desde la actualidad. Pedro Corral considera que el denominador común es que son españoles: "Salvo que se demuestre lo contrario son españoles caídos en un momento de nuestra historia. Forman parte de nuestras huellas, cicatrices y hay que ir volviendo con ellas". No todos los participantes están de acuerdo con esta denominación y se cuestionan si sería aplicable a otros casos como el de los gudaris o los anarquistas. Alfredo González Ruibal propone el conflicto como posible seña de identidad: "Quizás el reconocer que llevamos 500 años desde las guerras civiles castellanas matándonos unos a otros no deja de ser un elemento identificador y podría formar parte también de la forma en que recordemos a nuestros muertos". Guillermo Zapata añade: "¿Cuál es la condición básica común? A mí me sale que están muertos. Si estuvieran vivos estarían peleando en una contienda".

Desde el público, alguien propone una solución poética, mencionando la enigmática frase encontrada en el bolsillo del poeta Antonio Machado al morir: "Estos cielos azules y este sol de la infancia". Se pregunta si esta cita no sería adecuada como epitafio.

Damos por terminado el seminario y seguimos nuestro viaje. Estamos ya más cerca de nuestro destino: Abánades, Guadalajara, donde el Ayuntamiento se ha comprometido a ocuparse del enterramiento de los 13 soldados en el cementerio municipal.

Tercer acto: Kilómetro 735

Museo de la Guerra Civil, Abánades, Guadalajara
Museo de la Guerra Civil, Abánades, Guadalajara

Abánades es un pequeño y pintoresco pueblo agrícola donde viven, según sea invierno o verano, 30 o 300 personas. Uno de los pocos episodios memorables con los que cuenta históricamente es que, durante la Guerra Civil, fue el escenario de una violenta batalla. El suceso no cambió el devenir de la guerra, sin embargo, se habla de que dejó unas 7.000 bajas de ambos lados, entre ellas las de los 13 soldados que tenemos en nuestras manos. Aún hoy, los restos bélicos forman parte del paisaje local. Cada año se celebra una festiva recreación de la batalla y se ha creado un pequeño centro para la memoria con objetos que han ido juntando los vecinos, el Museo de la Guerra Civil de Abánades.

Es en este espacio donde depositamos los restos. Nos reciben el alcalde del pueblo, sus dos concejales y los responsables del espacio, y entre todos, trasladamos las cajas hasta el local. Mientras tanto, se comentan los costes de la inhumación y sobre cómo se podrían afrontar. Tienen su propia agenda sobre lo que se podría hacer, y las consideraciones prácticas son un factor determinante. Madrid queda muy lejos.

Dejamos cuidadosamente las cajas con los restos sobre una mesa. Los encargados del Museo las custodiarán a partir de ahora hasta que llegue el día en que pueda hacerse la inhumación. Hoy los soldados siguen atrapados en su larga ruta. Tal y como dijo Guillermo Zapata en el seminario, "En el momento en que estos restos encuentren su descanso, su papel en términos políticos desaparece".

Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum, 2018
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El vídeo completo de la tertulia en el Centro Conde Duque:



Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum trabajan juntos como artistas visuales desde 2001. Mirando más allá del horizonte de su propia disciplina, colaboran habitualmente con gente de otros ámbitos. Su práctica está motivada por un interés por repensar el papel del artista en la sociedad, abordando nociones comunes sobre autoría, identidad cultural y relaciones de producción. Más información en www.parallelports.org

La ruta más larga se enmarcó en el contexto del proyecto europeo NEARCH - Nuevos escenarios para una arqueología en comunidad, en colaboración con Incipit - CSIC (Santiago de Compostela) y la academia Van Eyck (Maastricht, Holanda). El seminario se organizó con el Ayuntamiento de Madrid, a través de la Oficina de Derechos Humanos y Memoria.

domingo, 29 de julio de 2018

El cementerio viejo

Entrada tapiada al cementerio viejo de Saa. Gran parte de su interior está ocupada por un vertedero.
El secretario del ayuntamiento de A Pobra do Brollón, Rafa Castillo (sempiterna bufanda republicana al cuello) organiza una reunión informativa en el local social de la parroquia de Saa, dos días antes de empezar los trabajos. La ARMH se ha hecho cargo de todos los trámites burocráticos, que no son pocos: permisos de Sanidad, de Patrimonio y del Obispado de Lugo. En la conversación aparece un lugar inédito, no contemplado en los informes previos: o cemiterio vello. O'Xaqueto nos sirve de guía y nos acerca al antiguo camposanto. Él no recuerda haber visto enterrar a nadie allí, siendo niño. 

A la derecha, marcado con un punto rojo, el cementerio viejo de Saa.
El sitio es impresionante. Alguien ha pintado una cruz blanca en un árbol, recordando el carácter sagrado del recinto. El espacio, delimitado por un muro de mampostería de esquisto, está ocupado por un vertedero ilegal. Somieres, potas, colchones, zapatos y escombro colmatan el interior, sobre todo la parte más cercana al camino, desde la que se bascula basura con facilidad. Los que braman por el pueblo, diciendo que los arqueólogos no dejamos a los muertos descansar en paz, son los mismos que llenan de mierda el cementerio en donde reposan sus antepasados.

Sonia lleva a cabo todo un trabajo de fotointerpretación, recopilando las imágenes de que disponemos desde el primer vuelo americano de 1945 hasta hoy. Los nichos verticales fechados más antiguos del atrio de la iglesia de Saa son, precisamente, de ese mismo año de 1945. En aquel entonces, el cementerio viejo se conservaba intacto, como se puede apreciar en las fotografías. La cuestión clave era saber si pudo haber acogido enterramientos de represaliados en el verano de 1936. Gracias a Alejandro, nuestro historiador, contamos con toda la documentación del paripé judicial llevado a cabo por los sublevados. Tenemos los datos referidos al levantamiento del cadáver, a la autopsia y a su lugar de enterramiento.

Isabel, nieta de O Inverno, nos acompañó durante toda la jornada.
El 6 de agosto de 1936, el secretario del juzgado de A Pobra do Brollón escribe esto al juez de Quiroga:

Tengo el sentimiento de participar a VD que en el camino vecinal que vía de la carretera que conduce de esta villa a Incio con dirección al pueblo de Pouza (sic) de la Parroquia de Saá, términos de la misma apareció el cadáver del vecino de Eirejalba, Jesús Casas (a) Inverno, muerto a consecuencia de disparos de arma de fuego y que según referencias fue detenido por unos falangistas esta mañana en el barrio de Cobadelas de tal parroquia de Saá, habiendo ordenado este Juzgado el levantamiento del cadáver y un traslado al Cementerio de dicha parroquia, esperando que esa superioridad ordene lo que sea conducente.

Nuria, Márcia y Candela documentan el enterramiento.

Por lo tanto, se reconoce oficialmente que los autores del asesinato son fascistas de Falange. La autopsia, a su vez, es reveladora: la muerte fue instantánea y ocasionada por hemorragia torácica como consecuencia de disparo de arma de fuego. Además se reconocen lesiones provocadas por maltrato, y roce contra el suelo del cuerpo del difunto. La diligencia posterior establece el lugar de enterramiento:

Acto continuo y en el Cementerio de la parroquia de Saá se dio sepultura al cadáver autopsiado en una fosa abierta en el mismo pegada a la pared del lado Sur y a seis metros de distancia de la del lado Oeste. Doy fé.

Estas referencias tan exactas no suelen fallar, y son algo así como la clave para encontrar el tesoro que utilizamos los arqueólogos en estos casos. Sin embargo, como en el caso de Castroncelos, aquí todo es más complejo. ¿Qué cementerio  es el citado en el texto? ¿El cementerio viejo o el atrio de la iglesia parroquial? Desde luego las medidas, tan exactas, se adaptan mejor a la forma rectangular del  camposanto antiguo. Por el contrario, el atrio de la iglesia se dispone en forma circular, sobre un pequeño espolón rocoso. Hemos movilizado a todo nuestro equipo y trabajamos contrarreloj. El dinero disponible es el que es y nuestra obligación es sondear las tres posibles ubicaciones del cadáver de O' Inverno.

Aitor, enviado por el Concello de A Pobra do Brollón, desbroza con eficacia el interior del cementerio. No podemos olvidar que estamos en un área arqueológica y esta investigación no solo nos retrotrae a 1936 sino que puede también desvelar historias pasadas más lejanas. Al calcular el punto exacto, siguiendo las indicaciones del documento anterior, nos llama la atención el hecho de que se ubica al pie de una gran piedra, la única que se ve en superficie en todo el cementerio. Comenzamos a excavar y documentamos un paramento murario realmente monumental correspondiente a una estructura precedente, quizás una capilla o iglesia anterior. En el espacio entre este muro y el perimetral del cementerio, en ese pasillo, es en donde deberíamos localizar una fosa. Comienzan a aparecer huesos que, según nuestros compañeros de la ARMH, Marco y Nuria, parecen corresponderse con varios individuos diferentes, incluidos niños. Tras la retirada de este nivel, pudimos definir en planta el corte de una fosa simple en la que se disponía el esqueleto de un individuo. Isabel, la nieta de O'Inverno, presencia los trabajos, con una mezcla de esperanza y escepticismo. Al menos tenemos algo, antes no teníamos nada.

Al día siguiente contamos con la arqueóloga brasileña Marcia Hattori (INCIPIT, CSIC) y con la antropóloga forense Candela Martínez Barrio, que actualmente trabaja también en Brasil. El trabajo conjunto de diferentes especialistas permite descartar que estemos delante de O'Inverno. La tipología de la fosa, la presencia de un gran canto de cuarcita a modo de orejeta a la altura de la cabeza, la disposición de los brazos en cruz, la aparición de clavos antiguos de herrero tradicional y la presencia de pequeñas losas con orificios nos remite a los enterramientos medievales que conocemos para esta zona. Además, las ausencias también nos aportan datos. No hay un solo botón o elemento metálico, que siempre aparecen en fosas de represaliados. La estratigrafía no deja lugar a dudas, sobre esta tumba simple antigua se siguió enterrando en época posterior, de ahí el batiburrillo de huesos dispuestos por encima. Por otro lado, la bioturbación provocada por las raíces de los robles también ha modificado la disposición original de los restos.

Candela y Marcia realizan el inventario de restos óseos e identifican el número mínimo de individuos localizados en el sondeo practicado en el cementerio viejo de Saa.

Mientras excavamos, nuestras colaboradoras Olga Novo y Noelia Besteiro, entrevistan en su casa a O' Cachete (gracias a su hija, Rosa), nonagenario. Su testimonio es preciso y precioso. Al preguntarle por el cementerio viejo, afirmó que ya no estaba en uso en los años 30; en aquella época se usaba como pasto y encerradero para las ovejas.
Tras esta segunda intentona, fallida, nos quedaba un último cartucho: el atrio de la iglesia parroquial de Saa.



domingo, 15 de julio de 2018

El verano que enterró al invierno

Desde las estribaciones de la serra do Caurel hasta el valle del río Saa se extiende la parroquia del mismo nombre, en el ayuntamiento de A Pobra do Brollón (Lugo). Como en el Próximo Oriente, este pequeño mundo se organiza entorno a dos ecosistemas diferentes: la gente del llano, establecida en Pousa, Fondorallo y San Adrián y la gente de la montaña, esparcida entre aldeas diseminadas y aisladas en penillanuras y espolones de esquisto cuarcítico. En época altomedieval, eremitas y mozárabes conformaron el poblamiento originario de la villa conocida en el tumbo del monasterio de Samos como Sancta Maria de Cerasia. El santuario de San Vitoiro, entre dos riachuelos, servía de eje vertebrador de todo este paisaje simbólico, hasta día de hoy. Los núcleos de Teixeira, Covadelas o Forgas quedaban aislados en invierno y estaban diseñados para la más pura autosubsistencia. En la memoria colectiva quedaron grabadas las comitivas fúnebres, a pie, entre la nieve, a través de kilómetros de congostras, para enterrar a los difuntos en el valle, en la iglesia parroquial situada en Pousa.
Hoy estuvimos en una de estas aldeas, Covadelas. La emigración aquí eligió como destino, desde finales del siglo XIX, Argentina. A partir de los años 60 la gente también se fue a Euskadi, Catalunya o Madrid. Con la llegada de la EGB en 1970, los niños y niñas de la montaña se quedaban toda la semana alojados en el grupo escolar. Fueron los últimos. Hace 20 años un grupo de personas intentó implantar aquí un modelo de comunidad rural. De aquellos pioneros solo resisten aquí Jorge y Lourdes, padres de tres hijos. Ambos compraron la casa do Maceda, en la entrada de la aldea. Esta vivienda es un auténtico monumento, concebido para sobrevivir. Cuenta con fragua propia para elaborar herramientas, con era de majar el cereal, con bodega, con secadero para las castañas, con horno, e incluso con una pequeña cárcel (la zelda que aparece citada en los documentos). Las ventanas, abufardadas para facilitar el uso defensivo de los trabucos, es un relicto de la época de los carlistas y los facciosos. Lourdes y Jorge encontraron pequeños tesoros escondidos entre las paredes de la vieja casa. Entre ellos, una ofrenda ritual en un hueco, un meigallo. Envueltas en una tela de lino, enrollada con crines de caballo, aparecieron dos piedras negras y una piedra de cuarzo blanco.
Lourdes y Jorge nos enseñan los secretos de la casa do Maceda, en donde se refugió O Inverno, en Covadelas.
Cuando los militares se sublevan el 18 de julio de 1936 los republicanos de O Incio y de A Pobra do Brollón se organizan para cortar carreteras, requisar armas y parar el avance de las tropas sublevadas. Entre los defensores de la Casa do Concello de O Incio se encuentra un labrador de Eirexalba, Jesús Casas, conocido con el apodo de O Inverno, el mote de su casa. Cuando la situación se hace desesperada, O Inverno huye y se escapa a la montaña, refugiándose en la casa de unos parientes en la aldea de Covadelas, la casa do Maceda.
Secadero de castañas en la casa do Maceda en Covadelas.
Portada principal de la casa do Maceda, en Covadelas.
Alguien lo delata, y el 6 de agosto de 1936 una partida de falangistas (la Escuadra Negra de su pueblo, Eirexalba) llega a Saa a las cinco de la tarde. Obligan a dos vecinos (Ricardo Parada y Secundino Dacal) a señalarles el camino, intransitable, a Covadelas. Las horas de O Inverno están contadas. El meigallo no pudo hacer nada contra unos hombres convertidos en demonios. Mañana intentaremos encontrar a O Inverno. Seguiremos informando.


sábado, 14 de julio de 2018

Lecciones de Castroncelos: solo un metro más

Trabajos de exhumación: a la búsqueda de la esquina NW de la antigua iglesia.
El sábado pasado estuvimos vendiendo en la feria medieval de A Pobra do Brollón distintos productos de nuestro proyecto del castro de San Lourenzo: camisetas, gorras, vino, bolsas... El dinero recaudado nos permite pagar la pala mecánica que empleamos en la exhumación de Castroncelos, dos días después. Otro equipo de colegas valencianos (Arqueoantro) organizan fiestas con bandas-tributo heavys. La venta de merchandising se destina a pagar los análisis de ADN para identificar a los combatientes de la guerra civil exhumados en las sierras de Castellón. Así está la llamada memoria histórica en el reino de España. El equipo de la ARMH que participa en esta investigación se nutre también de voluntarios extranjeros. Un alumno californiano de la Duke University vino aquí a hacer el trabajo que no hacen las universidades españolas. Significarse en España no augura nada bueno en el cursus honorum de un aspirante a académico.


Localización de la esquina NE de la antigua iglesia.
Gracias a Cristina Sánchez-Carretero, antropóloga del INCIPIT, conocemos bien los procesos de duelo en las comunidades locales. En Galicia (y en más sitios, claro), las mujeres gobiernan los cementerios. Hace años, en una charla impartida por un tecnócrata dedicado al desarrollo rural afirmaba sin complejos que las mujeres rurales son un grupo débil que hay que priorizar. Con dos cojones. Estas mujeres sostienen la comunidad, la identidad y la memoria. Pepe Ogando, nieto de uno de los hombres que estamos buscando, nos muestra en su tablet una fotografía histórica: tres señoras, enlutadas, vecinas de Montefurado, sonríen a la cámara. Las tres fueron represaliadas por el franquismo. Como ellas, en las parroquias de Brollón las mujeres empoderadas son las emprendedoras, las que se preocupan por el patrimonio, por el pasado y el futuro.
 
Quizás por ello, la periodista Ana Pastor, y su productora, Fátima (oriunda de Monforte de Lemos), eligieron nuestra exhumación para grabar un capítulo sobre la recuperación de la memoria histórica. En estos tiempos de PRISA por la noticia, de zozobra periodística, es un orgullo contar con mujeres como Ana y Fátima. Además de ellas, acudieron a la cita otros dos profesionales del audiovisual que trabajan para la cadena estadounidense HBO. Están grabando, a su vez, un documental sobre los crímenes del franquismo. A pesar de que sabían que esta exhumación no es nada agradecida, que es muy compleja y con apenas margen de éxito, estos y estas profesionales reconocen algo que venimos defendiendo desde este blog: el propio proceso de investigación, los procesos que se activan cuando excavamos, son más importantes e interesantes que los propios resultados del estudio.

Ana Pastor entrevista a Pepe Ogando en el atrio de la iglesia de Castroncelos.
Si Lévi-Strauss hubiese conocido cómo funciona una parroquia rural gallega quizás no se hubiera ido a América y en vez de Tristes trópicos habría escrito el Trópico de Grelos. Durante la exhumación contamos con la escritora y profesora Olga Novo (nacida en Vilarmao, Castroncelos) quien jugó un papel clave durante los trabajos, igual que su amiga Noelia Besteiro, de la vecina Ferreirúa. Contactó con las mujeres mayores que mandan en el templo y alrededores, se hizo con la llave de la iglesia para dejar acceder a los periodistas, se trajo a ancianos del lugar para que aportasen su testimonio y convenció al cura párroco para continuar con los trabajos en el futuro. Casi nada. Otra mujer, Carmen Garcia-Rodeja (ARMH) acudió también al rescate. Atender a los familiares de las víctimas durante la exhumación es fundamental. Aquello es un carrusel de emociones, de frustraciones y esperanzas que se suceden tras cada palada de tierra.

El secretario del ayuntamiento de A Pobra do Brollón, Rafa Castillo, la escritora Olga Novo y la periodista Ana Pastor, muchas gracias a los tres. (Fot. de Carmen García Rodeja).
La ausencia del Estado se cubre con la colaboración de personas y entidades. El CSIC aporta tecnología, como el gradiómetro que nos permitió localizar el trazado de la antigua iglesia, de la mano de Carlos. El ayuntamiento, con su alcalde Xosé Lois y su secretario, Rafa, colabora en la exhumación y da amparo oficial a la intervención. Dos equipos, el del castro de San Lourenzo y el de la ARMH, hacen lo posible por alcanzar el objetivo. Muchos colegas defienden la idea de que la sociedad no debe de marcar la agenda arqueológica. En estas situaciones todo es diferente. Los nietos nos piden que intentemos de nuevo abrir más área en la zona sondeada hace dos años. Cuando consideramos que aquello estaba agotado, le indicamos al palista, al Pulga, que lo deje. En ese momento, con los ojos vidriosos, Pepe Ogando se acerca y nos pide que, por favor, abramos medio metro más, solo medio metro más, por favor. Se nos cae el alma a los pies. Si mi abuelo estuviese allí enterrado, yo excavaría con las uñas. Es muy duro quedarse a centímetros de la verdad.

Carlos pasa el gradiómetro en la zona oriental del atrio de la iglesia.

Una vez más, la tradición oral acaba por confirmarse. El cambio de orientación de la planta de la iglesia hizo que los cuerpos de los hermanos García Moral quedasen en un recoveco cerca del altar mayor, dentro del nuevo templo. A la tercera irá la vencida. A los habitantes de A Pobra do Brollón se nos conoce como guímaros, que significa, entre otras cosas, tozudos.

Croquis con la ubicación de la fosa, aportado por una vecina de Castroncelos (gentileza de Olga Novo).





domingo, 8 de julio de 2018

El último tren

Monolito en memoria de los García Moral en el atrio de la iglesia de Castroncelos.
Los hermanos García Moral residían en la parroquia de Montefurado (Quiroga, Lugo), famosa por el túnel que los romanos, ávidos de oro, practicaron en la roca para desviar el curso del río Sil. Los y las que nos seguís ya conocéis este sitio, por su vínculo con la familia Amaro de Repil. José María estaba casado con Victoria y tenía tres hijos: Francisco, Concepción y Josefa. A su vez, el otro hermano, Ricardo, estaba desposado con Ramona y era padre de dos chavales, Josefa y Manuel. El curso de su existencia, como el del río Sil, se torció dramáticamente con la llegada de los pistoleros fascistas en el verano de 1936. El historiador berciano Alejandro Rodríguez ha podido recabar en el Archivo del Tribunal Militar Territorial IV de Ferrol información oficial sobre el final trágico de estos dos hermanos de sangre. La documentación muestra claramente la total impunidad de los asesinos que hacían el trabajo sucio para estas nuevas autoridades golpistas.
 
Familiares de los García Moral en Castroncelos (Fot: ARMH)..
El 6 de septiembre de 1936 fueron sacados de sus casas por los fascistas de Montefurado, como así declaró la viuda de José en la instrucción cursada por el Juzgado de Quiroga. La partida estaba dirigida por un Cabo de Regulares llamado Clemente Vidal, y la formaban tres falangistas del lugar de Anguieiros, llamados Constantino Vicente, José Yáñez e Isidoro Rodríguez. Tras un interrogatorio en el Cuartel de Falange los dos hermanos son introducidos en el tren mixto que desde la estación de Montefurado se dirigía a Monforte de Lemos. Desde luego, algo extraño estaba ocurriendo. Desde el 18 de julio los paseos obedecían a otro tipo de dinámicas. Los falangistas de un ayuntamiento, por norma, actuaban en otros territorios vecinos y empleaban camionetas o coches requisados. Eso sin duda lo sabían los dos hermanos. Podemos intuir la angustia de estos hombres. El recorrido en tren a la vera del Sil es espectacular. La vía serpentea, se suceden los viaductos y las pequeñas estaciones, Quiroga y San Clodio. José y Ricardo no saben a dónde van. Al cruzar el río Lor el convoy se adentra en el largo túnel que atraviesa la sierra de Augalevada. Aún hoy el tren va a poca velocidad en este tramo dificultoso, el último paso para acceder al valle de Lemos. Los falangistas obligan a los presos a bajarse en la estación de A Pobra do Brollón. Después los acribillan a tiros. José recibe tres impactos de bala. Ricardo, cuatro. La denuncia en el juzgado municipal de A Pobra do Brollón no deja lugar a dudas:
 
Que al lado de dichos cadáveres, aparecieron casquillos correspondientes a balas de fusil máuser y que al parecer fueron muertos por fuerzas de la Falange Española al intentar detenerlos, pero sin que sepa el dicente quienes fueron.
 
La antigua iglesia de Castroncelos (vuelo americano de 1956)
Los dos cadáveres aparecen en la carretera a Quiroga, frente a la casa de un tal Bernardino. En el paraje de A Cha de Castroncelos tiene lugar la inspección ocular por parte del juez y del médico. No deja de ser curioso que eso, al menos, ocurriese en los inicios del franquismo y sea algo imposible en la España de hoy. Ningún juez o jueza se persona en una fosa común de víctimas del franquismo. De ahí, los cadáveres son llevados en un carro de bueyes (el gran icono de la represión en Galicia) al atrio de la iglesia de Santiago de Castroncelos. Allí son enterrados los dos juntos,  como se describe en el Procedimiento Militar, al lado noroeste de la iglesia en una fosa abierta, arrimada al muro de tal Iglesia por el referido (y a cuatro metros de  distancia de la esquina) lado noroeste, cuya sepultura tendría de fondo metro y medio y dos de largo, juntos sin ataúd y con las cabezas hacia el repetido noroeste.
 

Dos detalles de la iglesia actual de Castroncelos, o cómo destrozar el patrimonio.
En junio de 2016 la familia de estas dos víctimas solicitó ayuda a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) con vistas a exhumar los restos de sus seres queridos. Esa primera intervención, cosas del destino, llevó a localizar otras dos víctimas, asesinadas en 1938. Según testimonios orales, los dos hermanos se encuentran debajo del altar de la iglesia. ¿Cómo es eso posible? Pues porque décadas después un cura párroco decidió tumbar la iglesia antigua y construir una nueva, en un estilo entre kitsch y gore, y por encima, mal orientada, de norte a sur y no de este a oeste. Esta obra demencial cambió la fisonomía del lugar, restando validez a las indicaciones suministradas en el documento anterior. Ochenta y dos años después, la familia de los García Moral sigue buscando a sus seres  queridos. Mañana la ARMH y parte de la sucursal gallega de nuestro equipo vamos a intentarlo de nuevo, ampliando la zona sondeada en 2016.
 
Área del atrio en la que trabajaremos a partir de mañana.
El Juzgado Militar de Monforte decretó en su día el sobreseimiento provisional de las actuaciones considerando que no habiéndose determinado la persona o personas que intervinieron en la ejecución de un delito. Ochenta y dos años después, aquí nadie sabe nada, aquí no se ha cometido un crimen, según parece. Sin cuerpo, no hay delito.

martes, 12 de septiembre de 2017

Arqueología de (la) guerrilla (II)

Público asistente a la sesión de Arqueología de las guerrillas europeas.

Algunos seguidores de nuestro blog nos acusan de ser sectarios y partidistas a la hora de practicar la Arqueología del Pasado Contemporáneo, hagamos lo que hagamos. La sesión que organizamos en Maastricht sobre guerrillas, resistencias, paisajes y memorias, estuvo abierta a aportaciones de toda clase y condición: guerrillas comunistas y anticomunistas, por poner un ejemplo, nos fascinan de igual modo. Lo que nos interesa a nosotros es la construcción de estos paisajes de resistencia y su reflejo material. Ello no significa que estos movimientos no se vinculen, evidentemente, a determinadas ideologías y proyectos políticos. Por nuestra sesión pasaron arqueólogos y arqueólogas más o menos asépticos, más o menos comprometidos (consciente o inconscientemente) con una causa determinada, más o menos científicos o cientificistas, quién sabe.

Ponencia de Timo Ylimaunu (Universidad de Oulu).

Así pues, algunas aportaciones se centraron en los procesos de resistencia que condujeron a la independencia de jóvenes naciones, como pueden ser los casos de Finlandia, Irlanda o Lituania. Timo Ylimaunu, de la Universidad de Oulu, desgranó a partir de la cultura material la resistencia finesa contra la rusificación de comienzos del siglo XX, la emergencia del movimiento universitario Jaeger y la lucha armada que condujo a la separación de Rusia en 1917. En un año en que se celebra el centenario de la independencia, se ha puesto de moda el estudio arqueológico de la resistencia que llevó a la conformación del Estado-Nación finlandés. Nuestro colega Timo también nos mostró el proceso de memorialización de ese movimiento independentista. En este caso, la Arqueología es una perfecta herramienta al servicio de la ideología legitimadora del Estado.

Ponencia de Eve Cambell (Archaeology and Buil Heritage).

El caso irlandés, a su vez, fue abordado por Eve Campbell, arqueóloga con amplia experiencia, responsable del Archaeology of 1916 project, desarrollado con ayudas oficiales el año pasado, cuando la República de Eire conmemoraba el Alzamiento de Pascua en Dublín contra los británicos, en plena Iª Guerra Mundial. Nuevamente vemos cómo la política pública de memoria de un Estado fomenta las investigaciones arqueológicas sobre eventos clave en la ideología nacionalista. Desde la propia independencia en 1921 comenzaron a imprimirse postales con fotografías de las barricadas, de los puestos de mando y de los escenarios urbanos relacionados con la revuelta. Sin embargo, los restos materiales se han ido borrando a lo largo del siglo XX. En 2016 fue declarado Monumento Nacional una calle, Moore Street, por ejemplo. El equipo de Eve Campbell ha llevado a cabo trabajos de mapeo, prospección y socialización muy similares a lo que hemos hecho nosotros en la ciudad de Vitoria-Gasteiz o lo que hace el fotógrafo Ricard Martínez en el centro de Barcelona con su proyecto Arqueologia del punt de vista.

Ponencia de Gintautas Velius (Universidad de Vilnius).

Por su parte, Gintautas Velius, de la Universidad de Vilnius, presentó el excelente trabajo de documentación, excavación y musealización de refugios, búnkers y otros espacios de resistencia de la guerrilla antisoviética (1944-1965). En los países bálticos, cada cierto tiempo, se desatan polémicas relacionadas con el relato de la 2ª guerra mundial: ¿eran los nazis liberadores de las naciones oprimidas como Letonia, Estonia o Lituania? ¿fue el Ejército Rojo liberador u ocupante? Tras recuperar su independencia en 1990-1991, investigadores e investigadoras de Lituania comenzaron a trabajar sobre ese pasado oculto y prohibido por la URSS, como fue el protagonizado por los partisanos lituanos. De 50.000 militantes, 20.000 murieron en combate, en prisión, o desaparecieron. Entre 1990 y 2015 cerca de 400 lugares reciben protección como monumentos y elementos patrimoniales. El jeven estado lituano apoya la excavación de campos de batalla, búnkers... así como la exhumación de fosas comunes a petición de los familiares de los guerrilleros.


Excavación y musealización de un búnker de los partisanos lituanos antisoviéticos.


domingo, 19 de marzo de 2017

La sombra de la guerra es alargada (2)

Los inicios de la aviación militar en España fueron complicados: 
tumba de teniente fallecido en accidente de aviación en 1925.

Vitoria-Gasteiz se vincula estrechamente al desarrollo de la aviación española y a la guerra de Marruecos. Para conocer esa década de 1910 y 1920 aconsejamos vivamente la lectura de las memorias del vitoriano Ignacio Hidalgo de Cisneros, Cambio de rumbo, toda una joya bibliográfica trufada de análisis sagaces y un sentido del humor poco usual por estos lares. El recinto funerario de la familia recoge gran parte del siglo XX. La tumba de su hermano Fermín nos recuerda que éste falleció heroicamente en 1919 en un combate en unos peñascos rifeños. 

Tumba de Fermín Hidalgo de Cisneros.

El propio Ignacio combatió ametrallando desde el aire a las tropas de Abd-el-Krim. Pero no sólo eso. Él mismo reconoce en sus memorias que fue el primer aviador que utilizó medios químicos en una guerra colonial. Esta historia de la iperita sigue siendo un tabú que escuece a muchos historiadores militares patrioteros. La evolución ideológica de este hombre es muy curiosa; de ferviente republicano (como buen aviador) pasó a militar en el partido comunista, fue el jefe de la aviación del Ejército Popular y acabó en Bucarest emitiendo soflamas desde Radio Pirenaica. Con la vuelta de la democracia, sus restos fueron repatriados a su ubicación actual. La inscripción funeraria reza: HÉROE DEL PUEBLO ESPAÑOL.

Estela funeraria de Ignacio Hidalgo de Cisneros.

Los oficiales africanistas que hicieron carrera en la conquista del territorio rifeño fueron los directos responsables del golpe de Estado de julio de 1936. A algunos de ellos la asonada no les salió bien, sobre todo a aquellos que quedaron sitiados en sus cuarteles en contextos urbanos. En Barcelona, Agustí Centelles fotografió la toma de las calles por el pueblo en armas que derrotó a los militares que intentaban ocupar los centros neurálgicos de la ciudad. Uno de aquellos golpistas fracasados fue el general de artillería Justo de Legorburu Domínguez Matamoros, que ya había ascendido a coronel en 1931 por su méritos en el Rif. Tras resistir en el cuartel barcelonés de Sant Andreu, fue hecho prisionero. Corrió la misma suerte que Goded. Tras un juicio de guerra sumarísimo en el buque prisión Uruguay, fue fusilado por traidor a la patria el 1 de septiembre de 1936. En 1924 había publicado en Bilbao la obra Un problema nacional. La industria y la guerra.

Tumba de Justo de Legorburu: dio su vida por Dios y por España.

Mientras en otras zonas del Estado a estos golpistas les salía el tiro por la culata, en otras, como casi toda Álava, tardaron un santiamén en hacerse cargo de la situación. De hecho, la primera corporación municipal en constituírse en la España nacional fue precisamente la de Vitoria-Gasteiz. Se procedió de inmediato al desmantelamiento del Estado republicano, siendo detenidas las principales autoridades de la ciudad y de la provincia. Uno de estos hombres fue el empresario e industrial Tedororo González de Zárate, militante de Izquierda Republicana y alcalde de la ciudad. Fue detenido por requetés el 17 de septiembre de 1936 en su fábrica de hielos y gaseosas La Favorita.

Teodoro González de Zárate.

Tras meses de cautiverio fue asesinado en la masacre del puerto de Azazeta el 31 de marzo de 1937. La orden partió del propio general Mola que quería así asegurar a retaguardia el día que comenzaba la ofensiva sobre Bizkaia. Todo un aviso a navegantes y un preludio de lo que vendría después. La matanza de Azazeta causó estupor entre la propia gente de orden vitoriana. Las viudas de estos prohombres incluso se desplazaron a Burgos para trasladar su queja al Generalísimo. Por supuesto, no fueron recibidas.

Panteón familiar.




lunes, 6 de marzo de 2017

La sombra de la guerra es alargada (1)

El antiguo cementerio de Santa Isabel (1808-1973), 
ceñido por el  barrio franquista de Zaramaga (1957).

En este invierno que está a punto de terminar hemos culminado la trilogía de cursos culturales iniciada por nuestro equipo de trabajo en 2015. Tras Arqueología de la guerra civil española (2015) y Arqueología del franquismo (2016), abordamos en 2017 De la aldea de Gasteiz a Smart City: historias arqueológicas de nuestra ciudad. En toda esta trayectoria nos hemos dado de bruces con un escenario que comenzamos a conocer bien: el cementerio gasteiztarra de Santa Isabel.

Concierto y recital de poemas en el cementerio (Fuente: Agencia EFE).

El ayuntamiento de la capital vasca ha diseñado rutas turísticas en las que se intenta vender esa imagen de Green Capital cargada de historia, de urbe abierta al mundo. Las temáticas son infinitas, desde el Sacamantecas decimonónico, pasando por los amoríos de la Marquesa de Montehermoso o los fantasmas del casco viejo. Eso sí, de la historia reciente de la ciudad, ni pío. La guerra civil y la represión franquista no tienen cabida en esta oferta. La reciente polémica sobre el cambio del callejero franquista o la ausencia de ningún tipo de acto conmemorativo de la guerra civil en su 80 aniversario son síntomas claros de una determinada voluntad política que sacraliza el olvido, por mucho que gobierne en minoría el PNV. Dentro de esta tónica general, hay gente que dedica notables esfuerzos a vaciar incluso de contenido espacios traumáticos como el cementerio de Santa Isabel. El camposanto se ha convertido en una postal turística gracias al gafapastismo tecnocrático. Entre mausoleos de los mayores esclavistas-negreros de la España del XIX, se organizan unas veladas literarias, proyectando haces de luces multicolor sobre los paramentos de los monumentos funerarios de la infamia, y aquí no pasa nada. Por si no fuera poco, se integra el cementerio en la ruta diseñada para mostrar al visitante los escenarios en que tiene lugar la trama del bestseller El Silencio de la Ciudad Blanca, de la buena escritora vitoriana Eva García Sáinz de Urturi.

Visita guiada del ayuntamiento por los panteones ilustres (Fuente: El Correo)

Todo esto está muy bien, pero quizá al alumnado vitoriano y al habitante gasteiztarra le vendría bien que alguien les explicase las lecciones de la historia local, lo que está bien y lo que está mal, lo que supone el uso de la violencia para dirimir conflictos. Para ello, el cementerio de Santa Isabel es una auténtica joya. La propia planta del camposanto ha fosilizado la génesis y evolución de un espacio cultual, desde que en 1795 se enterraron allí los primeros restos de soldados, cerca de una capilla ubicada en el extrarradio de la ciudad medieval. Todos los conflictos armados quedaron allí fosilizados: la Guerra de la Independencia, las guerras carlistas, la guerra Cuba, la guerra de Marruecos y, por supuesto, la guerra civil española. 

Planta del cementerio: evolución urbanística (por Marta Extramiana).

La prospección arqueológica intensiva que hemos realizado (en plena ciclogénesis explosiva) y la colaboración con el alumnado del curso nos permite mostrar en toda su crudeza la bestialidad de una guerra en la que soldados casi anónimos fueron auténtica carne de cañón en batallas de desgaste, planteadas por genios militares como Franco, al que sus soldados le importaban un pimiento. Nos encontramos ante todo un palimpsesto en el que podemos mostrar la evolución de la guerra, batalla a batalla, y lo que supuso para hidalgos vitorianos tradicionalistas, para soldados de leva, para jóvenes falangistas y requetés, a menudo entusiastas del golpe de Estado, como así lo explica la memoria construida por sus familiares mediante epitafios, placas y dedicatorias.
Sobre estos cadáveres (y otros de los que hablaremos más adelante) asentaron sus nalgas mórbidas los militares traidores durante cuarenta años.

Unos muertos muy vivos: al día siguiente del 
pase a la final de Copa del Alavés, en pleno temporal.