martes, 11 de enero de 2011

Buchenwald

Una de las 3 torres de vigilancia que se conservan, de las 22 originales.


Como sucede en el contexto de experiencias similares en diferentes partes del mundo (centros de detención de las dictaduras latinoamericanas, campos de concentración, reclusión o trabajo forzado de la guerra civil española y el franquismo, etc.), a menudo se propone que los lugares paradigmáticos de la muerte deberían convertirse en lugares de la vida. Ahora bien, ¿qué se entiende por vida?¿qué subyace al horror?¿puede pensárselo como parámetro de lo que con su imposición se quiere y quiso ocultar?¿cómo ir más allá de la dicotomía horror/alegría, el bien/el mal?

El Memorial de Buchenwald, ubicado en el que fuera el Campo de Concentración de Buchenwald (Thüringen, Alemania), representa un buen ejemplo del uso patrimonial de estos lugares. Activo desde 1937, tras su "liberación" por parte de las tropas estadounidenses, quedaría bajo el control soviético y continuaría funcionando como "Campo Especial". Se calcula que entre 1937 y 1945 pasaron por allí alrededor de 250.000 mujeres, niños y hombres de 50 nacionalidades diferentes, de las cuales gran parte era reconducida al campo de exterminio de Auschwitz; y más de 28.000 durante 1945-1950.
Actualmente contiene cuatro exposiciones permanentes donde si bien el horror está en buena medida representado, no por ello opaca el contexto mayor en el que sin dudas se perpetraba. Allí damos, por ejemplo, con la historia del memorial a través del tiempo así como con representaciones artísticas desde dentro y fuera del campo, donde la desarticulación del sujeto y la identidad presente y pasada constituyen el hilo conductor.
Más allá del bien y del mal: los agentes de las SS eran padres y buenos vecinos. Las muestras no excluyen la infancia ni el rol de la mujer a ambos lados de la alambrada de espino.
La vida incluye a la muerte, aunque también es cotidiana y resistente.

Si estos espacios materializan los intentos de borrar de la historia a grupos con ideas políticas o diferentes concepciones del mundo consideradas antagónicas, pueden también aprovecharse para reflejar procesos de invisibilización pasados y actuales. Quedarse en la exposición del horror es limitarse a la idea del horror por el horror mismo o los límites de la maldad humana, dejando pasar por alto otros factores centrales que hacen que un grupo llegue a someter a otro y decidir su vida o muerte. El "miente que algo queda" puede actualizarse con el "horroriza que lo central se olvida". No estamos ante este caso.
Do it yourself: en muchos museos el caudal de información puede hacer que el visitante se limite a contemplar distantemente. En otros, el invierno nos ofrece una página en blanco para pensar la historia.