sábado, 14 de julio de 2012

El campo de concentración del siglo XX

 Entrada a Camp Joffre de Rivesaltes.

En el sur de Francia, muy cerca de la frontera española, se encuentra el Campo de Rivesaltes. En sus ruinas se condensa toda la historia negra del siglo XX.

Fue creado en 1938 como campo militar. Durante los dos años siguientes se utilizó para alojar a refugiados españoles que huían de la España conquistada por las tropas franquistas.

A partir de 1940, con la rendición de Francia frente a la Alemania de Hitler, los ocupantes españoles tuvieron que compartir espacio con nuevos internados: familias judías y gitanas, que sufrieron la política racial de nazis y colaboracionistas del régimen de Vichy. En el año 1941 había en el campo unos 6.500 prisioneros, de los cuales la mitad eran españoles y un tercio judíos. Las familias quedaron deshechas: había barracones de hombres y barracones de mujeres y niños.

Las condiciones empeoraron a partir de 1942. El campo llegó a alojar a 21.000 internos y, en pocos meses, mueren más de 215, incluidos 51 niños. Rivesaltes se convierte entonces en un campo de tránsito, desde donde se envía a los judíos (más de 2.000) a los campos de exterminio nazis, donde perecen casi en su totalidad.

Durante el último período de la Segunda Guerra Mundial, Rivesaltes acogió prisioneros italianos y alemanes. Las condiciones de vida debían de seguir siendo extremadamente duras: más de 400 prisioneros alemanes murieron en detención entre 1945 y 1946.

El periplo del campo no acabó en la posguerra. Durante la Guerra de Argelia el campo se reabrió para entrenar a harkis, las tropas coloniales francesas, y en 1962 para encarcelar a 547 simpatizantes de la causa argelina. Con el final de la descolonización, el campo se llenó de miles de familias de argelinos, guineanos y vietnamitas que huyeron de las antiguas posesiones francesa. Algunas familias pasaron años en Rivesaltes.

Hasta 1994 las instalaciones continuaron en uso como centro de internamiento de inmigrantes ilegales (incluidos españoles).

En la actualidad, cuatro estelas conmemoran a los principales residentes del campo: refugiados españoles, judíos, gitanos y  harkis. Existe un plan de musealización de los restos. Mientras tanto, los barracones de ladrillo se siguen desmoronando y la maquia y las higueras se van apoderando del lugar.

Quizá sea mejor así. Las ruinas del Campo de  Rivesaltes son el poderoso testimonio de un siglo atroz.