martes, 5 de mayo de 2009

Uniendo los puntos

Una imagen de la base de datos de la excavación

Analizar los datos de una excavación es una labor complicada y que requiere mucha paciencia, incluso cuando la superficie intervenida no es muy grande. Pero es también una tarea apasionante: unimos los datos de los inventarios, las descripciones de las piezas y los planos de distribución y comienza a dibujarse una historia que (más o menos) tiene sentido.

Hoy hemos comenzado la ingrata tarea de limpiar y siglar los materiales de la excavación - es decir, escribir sobre ellos un código que permite identificarlos en nuestra base de datos y recuperar toda la información pertinente sobre ellos. Es un trabajo monótono pero imprescindible, entre otras cosas porque los objetos, cuando queden depositados en un museo, deben seguir siendo utilizables y reinterpretables por otros investigadores.

Al siglar comprobamos la tipología del material (si un casquillo pertence a un Mosin Nagant o un Lebel, por ejemplo) y las trazas de su uso: si una bala está impactado o no y cómo, si tiene estrías (que demostrarían que se ha disparado), si éstas son más o menos profundas (lo que revela el estado del ánima del fusil o ametralladora). Al introducir los datos en nuestra base, hemos podido confirmar que en el Abrigo 2 aparecieron la mayor parte de los casquillos - el 75%, para ser exactos - localizados en la excavación. Esto corrobora nuestra impresión de que el abrigo constituía la principal posición de tiro de la trinchera. No es casual, por lo tanto, que posea la mejor visibilidad de toda la fortificación.

Pero además hay otro dato interesante: en este sitio aparecieron dos casquillos antiguos de gran calibre: uno de Vetterli y otro de Remington (que, como ya hemos indicado en otra entrada, son armas del último cuarto del siglo XIX) y dos balas no disparadas de Vetterli. Al comprobar su posición estratigráfica, nos damos cuenta de que aparecen en estratos más superficiales (UE 11 y 13) que las balas de Mosin (UE 33, sobre todo). Aunque parece una situación ilógica - lo más antiguo se supone que aparece más profundo - no tiene porque serlo necesariamente.

En realidad, los proyectiles de Mosin Nagant pertenecen en su mayoría a la última fase de uso de la trinchera, cuando el armamento ruso predominaba en el ejército republicano. Seguramente hemos de pensar que la mayor parte de ellos se dispararon en un momento tardío, quizá en 1939. Esto lo deducimos porque aparecen fosilizados sobre el suelo del Abrigo 2, donde quedaron sepultados tras el abandono de la trinchera. Si el Mosin se hubiera disparado en enero de 1937, pongamos por caso, es muy difícil que hubieran llegado hasta nosotros los casquillos in situ: se habrían reutilizado o arrojado fuera del abrigo.

En cambio, los proyectiles de Vetterli y Remington son de momentos iniciales de la guerra, cuando un ejército poco organizado y peor surtido recurría a cualquier tipo de armas para hacer frente a los sublevados. Pero ¿por qué aparecen en superficie? Sencillamente, porque cuando las tropas republicanas usaban Vetterli y Remington la trinchera no existía. Los proyectiles son seguramente el testimonio de los combates en torno a Puerta de Hierro en noviembre de 1936, varios meses antes de que la trinchera se excavase. Significativamente, detrás de la zanja apareció en prospección un fragmento de granada rusa (que revela combates a corta distancia) y otro proyectil de Vetterli. Es posible que los casquillos y balas antiguos del Abrigo 2 estén desplazados por las obras de excavación de la trinchera y las posteriores erosiones y colmataciones. Por eso, precisamente, aparecen arriba y no en fondo.

Así, poco a poco, vamos tratando de desenmarañar el palimsesto arqueológico de la trinchera.