viernes, 20 de marzo de 2015

Una historia en cada objeto


Estos días, con la colaboración de Yaiza, Diego y Marta (en la foto), lavamos y siglamos los materiales que se depositarán en el Museo Provincial de Guadalajara. Se trata de los hallazgos relacionados con la batalla de La Nava (Abánades), que llevamos estudiando desde el año 2011. El trabajo de laboratorio no es el aspecto más apasionante de la arqueología. Como se puede ver en la imagen, no se trata precisamente de CSI. Sin embargo, revisar cada objeto es encontrarnos (o reencontrarnos) con sus historias. Aquí van algunas de ellas:

Estas tres guías de peine de munición son solo algunas de las decenas que aparecieron en el corral de la Enebrá. Aquí se refugiaron los soldados franquistas al comienzo de la ofensiva republicana en el Alto Tajuña, hacia el día 1 de abril de 1938. Armados con sus máuseres de fabricación alemana, los sublevados hicieron frente al Ejército Popular, que acabó derrotándolos con una combinación de fuego artillero y de carros de combate -al más puro estilo de la Segunda Guerra Mundial. Al limpiar los peines hemos podido identificar los marcajes en algunos de ellos: P, P25 y P208G. Esto nos permite saber qué fabricas estaban suministrando munición a la España de Franco: de P208G desconocemos la procedencia, pero P identifica a Polte Armaturen, en Magdeburgo, y P25 se corresponde con la factoría de Treuenbrietzen. Ambas en un radio de unos 150 km entorno a Berlín.


Los alemanes no fueron los únicos en contribuir al esfuerzo de guerra franquista. Prueba de ello es este fragmento de granada de mano SRCM o Roma, fabricada por la Italia de Mussolini (aquí podéis ver imágenes de la granada completa). Su aparición cerca de la paridera de la Enebrá nos indica que el combate llegó a ser a corta distancia: los franquistas utilizaron estas granadas de forma defensiva ante los atacantes republicanos. Una de las peculiaridades de las Roma es que están fabricadas en aluminio. En los años 30, este metal era todavía un material moderno. Prueba de ello la tenemos en la siguiente imagen:



Es un mango de cuchara, pero una cuchara bastante especial por dos motivos. Primero, porque es de aluminio y además lo dice: tiene estampado un sello en que se lee "aluminium". Que se molestaran en anunciarlo indica que no era algo muy habitual en la época, quizá incluso se trate de un objeto importado (de ahí que diga aluminium y no aluminio). De hecho, todas las cucharas que hemos encontrado hasta la fecha son de peltre, estaño o hierro. El aluminio sería entonces el equivalente a los materiales compuestos de hoy en día, como los plásticos reforzados con fibra (FRP). Hay que tener en cuenta que a finales del siglo XIX el aluminio se consideraba todavía más preciado que el oro. El segundo motivo por el que la cuchara es especial es por la arandela. El dueño del objeto practicó un agujero en un extremo del mango y le añadió un anillo para poder engancharla al cinturón o a las trinchas. Esto no impidió que en los brutales combates por la Enebrá el soldado perdiera la cuchara. Y quizá también la vida.

Las granadas desempeñaron un papel protagonista en la batalla de La Nava. Especialmente en la posición conocida como La Nava 3. En estas fortificaciones franquistas descubrimos casi un centenar de granadas Laffite. En la imagen podéis ver dos chapas pertenecientes a esta granada (aquí podéis descubrir a qué parte corresponde). En ambas se observa una bombeta en la parte superior, similar al distintivo de artillería. Lo que más llama la atención de las placas es su color amarillo brillante (abajo). Esto obedece a la reutilización de latón destinado a conservas, que fue requisado por las fábricas de armas. Para evitar que el brillo delatara a los soldados, sin  embargo, las chapas se pintaron de un verde oscuro mate (arriba), pero solo por la parte que iba expuesta.


Los soldados no solo encomendaban su protección a las armas, al menos los sublevados, sino también a Dios, a la Virgen o a los santos. Entre los restos de combate en la Enebrá encontramos esta medalla de Pío XI que conmemora el Año Santo de 1933. Pío XI mantuvo excelentes relaciones con la dictadura de Mussolini, con el que firmó un concordato. Hizo lo propio con la Alemania nazi, aunque después criticaría al régimen. También defendió a Franco. Con su influencia, sin embargo, trató de conseguir treguas y anulaciones de penas de muerte. Pero el muy católico Caudillo raramente accedió a las peticiones del pontífice.