domingo, 24 de enero de 2016

Curso IKEA para arquitectos franquistas


El curso de Arqueología del Franquismo tiene como objetivo primordial hacer ver a la ciudadanía las trazas materiales de la dictadura que todavía persisten en el espacio público, en el entorno vivido por cada uno de nosotros. Pero no solo eso. En el ámbito de las mentalidades se mantienen prejuicios, tópicos y presupuestos ideológicos que se adecúan a lo que se dio en llamar el franquismo sociológico. Las tres vertientes (materialidad, ingeniería social e ideología) confluyen en el ordenamiento urbanístico de ciudades que, como Vitoria-Gasteiz, vivieron el desarrollismo desde fines de la década de 1950. Para hacernos ver esta realidad, Nahia Khiari (UPV/EHU) organizó en la cocina del centro cívico Aldabe un taller de lo más interesante. A cada uno de los cinco grupos de asistentes les pasó un plano de ubicación de un solar en el que había que construir un conjunto de viviendas sociales. Cada grupo de trabajo tenía sus propios condicionantes: constructora nueva en la ciudad o con pedigrí, constructora con contactos o sin contactos en la Administración, mucho presupuesto o poco presupuesto, existencia o no de áreas de protección medioambiental o arqueológica... Esta experiencia didáctica convirtió a los asistentes al curso en improvisados arquitectos que vertían en sus planos (consciente o inconscientemente) su moral, su ideología y su visión de la sociedad en la que viven.


Este taller de urbanismo nos ayudó a comprender cómo todo régimen echa mano de la arquitectura para materializar un determinado modelo social. Nahia completó su clase empleando como caso de estudio el barrio de Errekaleor, un guetto en el extrarradio de Vitoria-Gasteiz, levantado en el solar que Nahia pasó al alumnado en el ejercicio práctico citado. El despegue industrial de la ciudad de Vitoria-Gasteiz a fines de la década de 1950 atrajo a una gran cantidad de obreros inmigrantes procedentes de otras zonas del Estado. Este proceso conllevó la aparición de nuevos barrios que modificaron el planteamiento urbanístico que hasta ese momento había regido la ciudad.


Nahia ha llevado a cabo el estudio arqueológico de una de estas nuevas entidades, el poblado de Errekaleor, promovido por la Cooperativa Alavesa de Viviendas de Renta limitada Mundo Mejor, tras la cual se encontraba parte de la oligarquía tradicionalista católica de Vitoria. A diferencia de otros barrios, Errekaleor se diseñó al margen totalmente de la ciudad, siendo concebido como un auténtico guetto para albergar a aquellas familias inmigrantes de baja extracción social, mientras no encontrasen otro alejamiento más cercano y digno en el propio tejido urbano. En Errekaleor se materializó, por un lado, todo el paternalismo católico del régimen franquista hacia la clase obrera, y por otro lado, el modelo de poblado de colonización que se había puesto en práctica en las zonas de las que procedían los inmigrantes (sobre todo Extremadura y Andalucía).

La cruz de la antigua iglesia franquista, reutilizada como 
espantapájaros en la huerta autogestionada por los okupas.

Tras la dictadura, Errekaleor fue uno de los barrios-suburbios más marginales de la ciudad, entrando en un lento proceso de decadencia y abandono que llega hasta hoy. En los últimos años se ha dado un nuevo proceso de patrimonialización del barrio por parte de jóvenes okupas nucleados en torno a la plataforma Errekaleor Bizirk  que se ha enfrentado a los planes de derribo y remodelación del barrio por parte del ayuntamiento vitoriano. Esta reokupación ha generado una nueva materialidad con la que se pretende construir de nuevo un mundo mejor, pero ahora en clave abertzale, autogestionada, ecologista, feminista y crítica. Este proceso lleva parejo procesos de iconoclastia: la cruz de la iglesia franquista reutilizada de espantapájaros, el templo convertido en gaztetxe... A su vez, se construye una nueva memoria, como es el caso de la señalización de la casa natal de Romualdo Barroso, uno de los asesinados en Vitoria-Gasteiz el 3 de marzo de 1976 por el aparato represivo franquista.

Casa natal del obrero Romualdo Barroso, asesinado con 19 años 
el 3 de marzo de 1976.