martes, 13 de diciembre de 2016

El Txoko Belga

Placa en el cementerio belga de Gambela (Etiopía occidental).

"B.C.S.
À la mémoire des 
142 gradés et soldats
215 porteurs militaires
des troupes coloniales belges
Campagne d'Abyssinie 1941"

En nuestras investigaciones sobre la ocupación fascista italiana en la frontera entre Etiopía y Sudán del Sur nos dimos de bruces con los restos de la primera victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. Belgas y británicos (mejor dicho, porteadores y tropa negra con blancos al mando) lograron avanzar sobre la Abisinia mussoliniana, que acabó claudicando. Uno de los escenarios bélicos de esta campaña fue la ciudad de Gambela. Allí, casi por casualidad, pudimos documentar en 2010 un cementerio de guerra bajo sedimentos de basura, entre las cabañas de un barrio del extrarradio de la ciudad. Héroes flamencos y valones emergían del detritus del olvido. Mientras Bélgica estaba ocupada por la Alemania nazi, la resistencia se llevaba a cabo también en tierras africanas. Bajo tierra (y basura) etíope quedó, por ejemplo, el sargento Lambrecht.



La sombra de los belgas es alargada, y nos sigue persiguiendo en nuestro periplos arqueológicos, al estilo de Tintín en el Congo. Ahora, en Euskadi, se nos vuelven a aparecer. Como ya sabéis los que nos seguís, llevamos tres años siguiendo las huellas arqueológicas de las Brigadas Internacionales con excavaciones en Belchite o Casa de Campo. Pero también hubo otros voluntarios extranjeros, quizás menos conocidos en el conjunto del Estado. Estamos hablando de aquéllos y aquéllas que intentaron contener el avance de las tropas de Mola hacia Irún. Allí aparecen ya unos y unas cuantas belgas, organizados en la Milice Socialiste Belge. Más tarde, en Elgeta, en donde se le pararon los pies a Camilo Alonso Vega dos veces, también tuvieron un notable protagonismo, manejando ametralladoras. De hecho, una posición en el sistema defensivo republicano todavía se conoce como La Belga. Y como no podía ser de otra manera, ahora, en el monte de San Pedro, nos volvemos a encontrar con los belgas, por partida doble.

Voluntarios belgas en la defensa de San Marcial, Irún [Fuente: S.B.H.A.C]

El protagonista de esta historia es el belga Juul Christiaens, jefe del Grupo Edgar André, formado por belgas, suizos y alemanes y que combatió en la batalla de Irún. Tras su actuación en Gipuzkoa pasó a comandar el batallón nº 3 de la UGT del Ejército de Euzkadi y participó en la conquista de San Pedro-Txibiarte-Sobrehayas. De hecho, según el miliciano Eduardo Uribe, fue el primero en llegar a la cumbre del Txibiarte. En nuestras excavaciones en el sector 01 del monte de San Pedro pudimos recoger un par de testimonios que nos muestran la impronta que este hombre dejó en la comarca. Uno de nuestro informantes recordaba a Juul Chistiaens en el caserío de su abuela en Lezama, comiendo, como si de un ogro se tratase, un plato repleto de huevos fritos. Juul Chistiaens fue después jefe del batallón nº 10 de la UGT, un batallón de reserva. Tras la caída del frente Norte pasó a la principal zona republicana integrándose en la estructura de las BBII y llegando a ofrecer sus servicios, muy al final de la guerra, al ejecutivo vasco afincado en Barcelona.
En el imaginario colectivo se modeló el estereotipo de estos otros chicarrones del Norte (ya fuesen pilotos alemanes abatidos o voluntarios extranjeros europeos al servicio de la República).

Recordando a los belgas de Orduña en la charla en Delika.

Esta misma imagen es compartida por el recuerdo colectivo de otros belgas que aparecieron por aquí al poco tiempo. Nos referimos a los belgas de un barco que atracó en Bilbao. Estos marinos fueron alojados en Orduña, en donde ayudaban a la gente en sus labores domésticas e incluso se distinguieron apagando el fuego que se declaró en la villa por aquel entonces. En nuestra charla en Delika pudimos escuchar de viva voz el testimonio de un vecino que se acordaba perfectamente de ellos: llegaron con su uniforme de marino. Eran unos tipos imponentes; se tiraban de cabeza al agua en las simas. Ayudaban en lo que podían; en nuestra casa se les reclamaba siempre para cortar leña.

En las visitas guiadas por el monte de San Pedro siempre utilizamos el símil de las trincheras en Flandes en la Iª Guerra Mundial, pero nunca nos imaginamos que esta conexión belga haya marcado tanto este paisaje bélico y de postguerra.



Referencias.

Egiguren, J. 2011. Prisioneros en el campo de concentración de Orduña (1937-1939). Ttartalo.

Uribe Gallejones, E. 2007. Un miliciano de la UGT. Memorias. Bilbao: Ediciones Beta/Sancho de Beurko.

Vargas Alonso, F. M. 2007. Voluntarios internacionales y asesores extranjeros en Euzkadi (1936-1937). Historia Contemporánea, 34: 323-59.