miércoles, 25 de noviembre de 2015

Operación Pathfinder (II)

 Cena de altos mandos de la VIII División de Infantería 
del Ejército de EEUU en Europa (junio de 1964). Cassidy es el segundo por la izqda.

En un post precedente os presentamos al general Patrick F. Cassidy, dispuesto a viajar desde la RFA para dirigir unas maniobras militares conjuntas con el Ejército de Franco en tierras aragonesas en mayo de 1967. Recordemos al personaje. Cassidy era un veterano de las fuerzas aerotransportadas. Tomó parte en la IIª Guerra Mundial al mando de un batallón de la mítica 101 División Aerotransportada que tanto hizo en la lucha antifascista en Europa. Este hombre se distinguió en las  operaciones de Normandía y Holanda, ganando la Cruz de Servicios Distinguidos, la segunda condecoración que por servicios de guerra se concede en los USA. Pero desde entonces, pasaron muchas cosas. La Guerra de Corea y la Guerra Fría convirtieron al amigo español de Hitler y Mussolini en un aliado silencioso, en baluarte anticomunista del Mundo Libre (sic). El establecimiento de las bases norteamericanas en España fue la moneda de cambio para el reconocimiento internacional del régimen y para olvidar el pasado (condena en la ONU, marginación con respecto al Plan Marshall, etc...). El abrazo con Eisenhower en 1959 aseguraba que Franco moriría en la cama, apoyado por un Ejército fiel que recibía ahora ayuda bélica estadounidense. Así pues, en el Desfile de la Victoria la protagonista indiscutible no fue la hija de Franco sino la batería del Grupo de Lanzacohetes Hawk. Sí amigos, se trataba del mismo ejército nacional que  treinta años antes ganaba la guerra gracias a la ayuda fascista italiana y nazi. El mismo Ejército que se enfrentó a los norteamericanos de la Brigada Lincoln en el frente de Aragón.



Por eso la España tardofranquista era different. Como señala Ángel Viñas, algunas cosas cambiaron en la milicia española, si bien otras permanecieron, como la obsesión por el enemigo interno. Así pues, la operación Pathfinder Express I tenía como objetivo real valorar las posibilidades de acciones de contrainsurgencia en España. El tema fue escandoloso y para maquillarlo ahí estuvo el mago Manuel Fraga Iribarne, el mismo que aportaba una imagen de pseudomodernidad con la promoción turística y una Ley de Prensa que intentaba acercar al régimen a los países occidentales. El mismo que mentía como un bellaco. Gracias a la prensa libre alemana (Frankfurter Allgemeine Zeitung)  y estadounidense (Washington Post) se supo cuál era el supuesto táctico que guiaba esas maniobras: la simulación del aplastamiento de una revolución contra el régimen de Franco, ni más ni menos. Un país aliado con el nombre de Samland (hábil e ingenioso trasunto de EE.UU.) acudía en ayuda de España a fin de deshacer una revuelta interna. Don Manuel Fraga Iribarne calificó de falsos y maliciosos esos informes periodísticos, a pesar de basarse en documentos firmados por los investigadores del Subcomité de Relaciones Exteriores del propio Senado estadoounidense. Claro, la democracia y sus comisiones de investigación despistaban un poco a los jerifaltes franquistas. Y ahí salió Fraga, a lo campeón, dándole la vuelta a la tortilla: Para planear y llevar a cabo el ejercicio «Pathfinder Express» se creó una situación táctica y estratégica en la cual la nación imaginaria de Iberia es invadida por la República Agresora (RA); el Gobierno de Iberia pidió apoyo militar de Iberia occidental, en caso de ataque. Iberia occidental acordó disponer de una limitada fuerza militar para la defensa de Iberia en caso de agresión; a pesar de estas consideraciones la República Agresora invadió Iberia el 31 de marzo de 1967. Como se puede ver fácilmente todo el supuesto táctico estaba montado sobre la base de una invasión exterior y no de una insurrección interna. El Gobierno y el pueblo de España no consentirían nunca la utilización de una fuerza foránea en un asunto interno de nuestro país.



Lo de República agresora se queda pequeño si atendemos al supuesto táctico del ejercicio combinado El Sarrio (realizado con posterioridad a Pathfinder Express I y II), en el que se hablaba de rojos y azules, y a diferencia de la canción de Torrebruno, no todos podían ser los campeones: tras una prolongada situación de tensión entre los países azul y rojo, este último había lanzado un ataque por sorpresa, como consecuencia del cual ha conseguido avanzar hasta el sistema central de la Península, donde ha sido momentáneamente detenido. Las medidas represivas impuestas por el país rojo sobre el territorio ocupado y la hostilidad de los habitantes hacia las fuerzas, rojas han dado lugar a movimientos de resistencia dispersos y no combinados, efectuando acciones de sabotaje, dificultados por la falta de equipo y la ausencia de coordinación.
Al margen de estas polémicas, los USA querían por aquel entonces que España fuese aceptada en la OTAN, ya que consideraban a Franco un fiel aliado. En este proceso, la operación Pathfinder fue un hito en las relaciones hispano-estadounidenses. Un puente aéreo ente Alemania y España permitió traer a la base de Morón de la Frontera las fuerzas aerotransportadas dirigidas por Cassidy. Dos campamentos se establecieron en la base. En el campamento español entrenaban los paracas de la I Bandera Roger de Flor. Algo debían de tener los almogávares para que el Ejército franquista los tuviese tan en cuenta. Treinta años antes el Tercio de Almogávares era exterminado en Belchite, en donde combatió la Brigada Licoln. Ahora, en 1967, paracas españoles serían lanzados al cielo de Zaragoza, honrando al líder almogáver Roger de Flor. 
Continuará...