jueves, 13 de noviembre de 2014

Estratigrafías, Memorias y Contramemorias (III)


La República Socialista de Checoslovaquia se propuso materializar un paraíso en la tierra para el hombre nuevo. Como en los países hermanos, el Estado creó una nueva realidad social, con cinturones industriales alrededor de las principales ciudades y una arquitectura urbana que obedecía a los parámetros del socialismo real. La devastación causada por la IIª Guerra Mundial sirvió para construir una arquitectura moderna que rompía con el eclecticismo, el historicismo y, valga la paradoja, el modernismo.

El Telón de Acero separaba Checoslovaquia del pérfido mundo occidental que aún así se pasaba de vez en cuando por el país. Como cuando por los años 60 la selección española jugó un partido oficial en Praga y la banda de música tocó el Himno de Riego. En todo caso, algo no debía ir muy bien en el sistema para que llegase la Primavera de Praga. En 1968, a pesar de la damnatio memoriae instigada desde el Estado comunista, la oposición comenzó a esgrimir de nuevo el pasado reciente: la liberación estadounidense de abril-mayo de 1945 seguía siendo un referente, como lo demuestra esta portada solicitando la vuelta del Tío Sam en 1968.


La represión desatada por el Ejército soviético de ocupación mantuvo al régimen 21 años más pero afectó de lleno y para siempre a la memoria colectiva. Como en el caso del franquismo (en el que todavía en 1975 se seguía empleando de manera extemporánea la terminología, los gestos y los lemas acuñados en 1939) el régimen soviético seguía aferrado a una memoria oficial más irreal que el socialismo real. La Revolución de Terciopelo no hizo más que actualizar la memoria soterrada. A partir de 1989 se comenzaron a exhumar los restos que quedaban de los monumentos conmemorativos de la liberación de 1945. A su vez, volvieron los picos para destruir las estatuas y placas comunistas. Nuevamente, otra ráfaga de damnatio memoriae. Las que no desaparecieron acabaron en sórdidos almacenes o en museos entre kitsh y gore (como el Museo Rojo que se abrió en la vecina Hungría). Una de las principales avenidas de Plsen se rebautizó con el nombre de Avenida América y en 1990 se inauguró un monumento en homenaje al ejército estadounidense. El mapa grabado en el suelo no deja lugar a dudas: Patton avanzando hacia el corazón de Europa.



Monumento a los liberadores norteamericanos, Avenida América de Plsen.

La rueda de la Historia volvía a girar en 1990. Como en 1918 y en 1945, ahí estaban los Estados Unidos de América para velar por los intereses de los checos. El presidente Wilson promovió la independencia de Checoslovaquia. Patton se empeñó en avanzar hacia Bohemia para adelantarse a los soviéticos. Bush padre fue el más firme aliado de la oposición liderada por Havel, porque sabía que estaba sentando las bases (nunca mejor dicho) para la expansión de la OTAN por la Europa del Este. Durante el gobierno Clinton, no fue desdeñable tampoco el papel jugado por la Secretaria de Estado Madeleine Albright, judía checa, hija de diplomático, exiliada dos veces con su familia: en Londres durante la ocupación nazi y en EEUU tras el golpe de estado comunista de 1948.