miércoles, 7 de octubre de 2015

Luchando Codo con Codo

Requetés en Codo, en plena Eucaristía.

Como señala el propio Padre Nonell, muchos de los miembros del Tercio de Montserrat que forjaron el intenso espíritu de Cruzada eran ultracatólicos, directivos y militantes del apostolado seglar en Catalunya, ya que militaban en entidades como Acción Católica, Federació de Joves Cristians, Congregaciones Marianas, Obra de Ejercicios Espirituales, Centros Católicos, órdenes de terciarios franciscanos y carmelitas, benedictinos... Miembros del campesinado de zonas rurales sobre todo de Barcelona y Girona, y de las clases medias urbanas, estos carlistas se veían como defensores de la Tradición catalana. Muchos de ellos fueron golpistas e intentaron hacerse con la ciudad de Barcelona. Tras la derrota inicial se escondieron y procuraron cruzar la frontera francesa para combatir en la Cruzada contra los rojos. Uno de ellos, Ignacio Estivill, escribió estas letras en Codo, din dejar mucho margen a la duda en cuanto a las intenciones de estos soldados de Cristo: 

Si cuando lleguemos no cortamos el pescuezo a todos los responsables, habremos hecho muy poca cosa. pero lo que sucederá es que cuando los cojamos todos serán unas bellísimas personas. No habrá uno que en su vida haya roto un plato. El que más y el que menos dirá que ha sido requeté de toda la vida. Solamente nos podremos cargar a los pocos curas y personas de derechas que queden, pues todos los demás: Izquierdistas, Comunistas, Faieros y Rabasaires, serán unos ángeles benditos, que habrán pasado la vida haciendo bien al prójimo y frecuentando la iglesia ¡cómo su lo viera!

Dos hermanos requetés manejan su Saint Etienne en Codo. Morirían los dos en combate.

Para aquellos que siguen viendo la guerra civil española como una tragedia entre hermanos, entre gentes que ni les iba ni les venía, este ejemplo del Campo de Belchite les muestra otra realidad bien diferente. Estos requetés tuvieron enfrente en las calles de Barcelona en julio de 1936 a esos Faieros y cenetistas. Se los volverían a encontrar en estas tierras aragonesas. Columnas anarquistas procedentes de Barcelona avanzaron hacia el centro de Aragón aquel verano de 1936 consiguiendo estabilizar el frente. En unos palmos de terreno, cenetistas catalanes y requetés catalanes luchaban por dos modelos de sociedad diametralmente opuestos. Contrarrevolución y Revolución, a cara de perro.

Requetés posan en las afueras de Codo.

La materialidad de la Casa Escrita, las cicatrices de la memoria que cubren sus paredes, nos recuerdan esta lucha ideológica. En la estancia de los graffitis, una pared se mantiene incólume y alberga una única pintada. A diferencia del resto de textos elaborados a lápiz, aquí perdura un nombre y apellidos grabados con tinta y con una ortografía más que correcta: M. FALGÁS PERICH. TORROELLA DE MONTEGRI. Sin duda nos encontramos ante una evidencia material del nivel de ocupación de la casa por parte de los requetés. Esta población gerundense jugó un papel importante ya en las carlistadas anteriores. Sabemos que las filas del Tercio de Montserrat se nutrieron de voluntarios procedentes de esta tierra... 

Autógrafo de un requeté catalán en la Casa Escrita de Peñarroya. (Fotografía de Rui Gomes).

En la pared de enfrente nos encontramos, a su vez, con los restos escritos dejados por los anarquistas. El propio padre Nonell afirma que los cenetistas y faieros que combatieron a los requetés de Codo procedían de Barcelona, y que en su mayoría pertenecían a la masa obrera inmigrante procedente de Murcia. Y así parece corroborarlo la materialidad. En las frases recogidas no encontramos nada que nos remita a una fonética catalana, sino que más bien nos remite al Sur: Camará cuando entremos en Verchite tenemos que [joder] una fascista...

Declaración de intenciones de un anarquista barcelonés (Fotografía de Rui Gomes).

Eso sí, estos hombres dejaron consignado Barcelona como su lugar de procedencia. Cosas de la Ciudad de Los Prodigios. En los años 30, los tradicionalistas católicos y nacionalistas catalanes de derecha defendían el catalán y el orden; en los años 30, los inmigrantes castellanohablantes obreros abrazaban la causa internacionalista y creían en el progreso como motor de la historia. Mientras unos le rezaban a la Moreneta otros colectivizaban las fábricas y se empeñaban en forjar un orden nuevo. Todo eso se dirimía en los eriales aragoneses y en sitios como Peñarroya. Así describía Codo el sargento Estivill: El pueblo en si poca cosa vale; el aspecto del mismo es como los de la mayoría de Aragón. Casas de adobe con un color terroso que si no fuese por el campanario se confundiría con el campo


Anarquistas barceloneses en contra de la colectivización del tabaco (Fotografía de Rui Gomes).