miércoles, 25 de enero de 2017

Las casas frías: naturaleza muerta (III)

Detalle del proyecto de pueblo de Armentia (1946).

Una cosa es la propaganda fascista y otra la cruda realidad. Y la realidad de las casas frías de Armentia deja helado a cualquiera. El solar elegido responde a una lógica que se aplicará a machamartillo durante la dictadura: los peligrosos inmigrantes y obreros deben de ser alojados a las afueras de la ciudad, en solares de precios bajos. En el caso de Armentia: un descampado ocupado por una antigua explotación de grava, en plena llanada, sometida al azote de los vientos gélidos. En contra del paisaje tradicional, de la aldea de Armentia con cuatro casas, junta administrativa y bienes comunales desde la Edad Media, el evergeta fascista Martín Ballestero apuesta por el Hombre Nuevo y por la creación de un pueblo ex-novo moderno: el pueblo de Armentia, que no deja de ser hasta cierto punto futurista.

Prisioneros del campo de concentración de Nanclares de Oca (s.f.).

La corrupción y la ilegalidad camparon a sus anchas desde el inicio. La obra no contaba con licencia municipal. Al ser una iniciativa de la Obra Social del Movimiento, el ayuntamiento se desentendió del proyecto. Para ejecutar las 84 casas previstas hubo que hacer un auténtico encaje de bolillos. Para abaratar los costes, aparte de emplear materiales infames, se echó mano de mano de obra esclava. El Servicio Militar de Construcciones de la VIª Región puso a disposición del proyecto a los prisioneros republicanos del campo de concentración de Nanclares de la Oca. El conseguidor no fue otro que el general Yagüe, el carnicero de Badajoz. El beneficio empresarial con la operación alcanzaba un 10 %. Y así comenzaron las obras en 1947, para ser interrumpidas en 1949.

Las obras en la Memoria 1946-7 de la OSM..

El proyecto del arquitecto carlista Arraiza materializaba un auténtico poblado de estilo neovasco, en el que se procuraba mantener la naturaleza campesina de los residentes. Hay casi tanta superficie destinada a corrales y abrevaderos que a superficie habitable. Tanto aquí como en Abetxuko, la morfología urbana de los años 40 y comienzos de los 50 recuerda punto por punto a los poblados de colonización agraria en Extremadura. Si bien aquí se llegaron a plantear 14 tipos diferentes de viviendas y se diseñaron siguiendo las pautas de cierto monumentalismo autárquico, típico de los años 40 en la vivienda barata vitoriana. 


La organización interna de las casas reproducía el modelo de familia cristiana sancionado por el nacionalcatolicismo. La despensa al lado de la cocina (espacio femenino por excelencia) era el trasunto de los economatos y los fielatos, escenografías clave en la postguerra del hambre y el racionamiento. Como en los nuevos pueblos creados por los embalses, aquí también se priorizó la conservación de elementos religiosos antiguos (el crucero que todavía existe). Como en los campos de concentración, la cruz y la bandera rojigualda se ubicaban a la entrada del pueblo.

El poblado de Armentia a comienzos de los 80 (en Arriola 1984)

A finales de los años 50 se reanudaron las obras para acabar las casas que quedaban pendientes. El régimen franquista quería hacer olvidar su pasado más fascista, pero era imposible. Cuatro de las casas se cedieron a repatriados de Rusia. Un eufemismo para denominar a los combatientes de la División Azul que volvieron a España en el Semíramis en 1954.

La llegada de los repatriados de Rusia al puerto 
de Barcelona en 1954 (La Vanguardia).

Los promotores del pueblo de Armentia iban sobrados de ideología, pero la gente les importaba un poco menos. A diferencia de otros proyectos, aquí no se planteó la creación de ningún tipo de equipamiento. No había ni iglesia. A lo largo de las décadas de 1960 y comienzos de los 70 la prensa local se hizo eco de auténticos conatos de motín de los habitantes del poblado, infestado de ratas, lodo, mierda y jaurías de perros. Por no haber no había ni agua potable, y eso que el Caudillo había inaugurado por todo lo alto, con su uniforme de la Armada, el embalse de Ullibarri-Ganboa en 1958.

La consigna en Armentia fue abaratar costes como fuese.

"Baldes sedientos de agua esperan en Armentia. Se secan los manantiales, no sube la cisterna, no nos reciben en ningún despacho. Tampoco tenemos luz".
La Gaceta del Norte, 30 de septiembre de 1963.

"Las mujeres de Armentia ponen las cartas boca arriba. La tienda, su gran caballo de batalla".
El Correo Español, El Pueblo Vasco. Junio de 1972.

"Ninguna tienda existe en el barrio. Solamente se les sube a domicilio el pan y la leche, lo demás tiene que comprarlo en Vitoria".
La Gaceta del Norte, 1 de junio de 1972.

"Armentia reñido con el agua. Las calles convertidas en piscinas, mientras el agua falta en las casas. Urge la urbanización de la Zona".
La Gaceta del Norte, 16 de junio de 1972.

La urbanización de este guetto se llevó a cabo en...¡1975! Casi treinta años después del inicio de las obras.