martes, 17 de enero de 2017

Mi casa es la tuya o esta casa es una ruina

Entrada a la finca de Oriol en la actualidad.

La carretera que conduce a Urduña, a la altura de Izarra, en el noroeste de la provincia de Araba, presenta un pequeño desvío a modo de aparcadero que es utilizado como punto de encuentro de hombres armados durante la temporada de caza. Este espacio semioculto conduce al cierre de una finca abandonada en la colina de Argitza. En la fachada se puede leer una fecha: 1931. Aquí se ubica el acceso a la propiedad en la que se refugió el empresario José Luis de Oriol y Urigüen (1877-1972) el año en que se proclamó la IIª República. Empadronándose aquí, tenía el trámite hecho para ser diputado por Álava. Este arquitecto y financiero bilbaíno, casado con Catalina de Urquijo y con intereses económicos sobre todo en el sector hidroeléctrico, fue el líder local de Hermandad Alavesa (integrada en la Comunión Tradicionalista en 1932, la fuerza política predominante en Araba por aquel entonces) y diputado en las cortes republicanas. En Vitoria fundó una editorial católica y se hizo con el periódico El Heraldo Alavés que trasformó en El Pensamiento Alavés, órgano del tradicionalismo local por excelencia desde donde intentó materializar el lema de Hermandad Alavesa: “Religión-Fueros-Familia-Orden-Trabajo-Propiedad”.

Muy tradicionalista sí, pero también picantón: 
desnudo integral femenino en el camino a la fuente.

Durante la primera campaña de excavaciones en el monte de San Pedro, pudimos comprobar que la sombra de Oriol es alargada. En las barferencias y en las trincheras pudimos recoger testimonios orales de descendientes del servicio doméstico y del chófer de Oriol... Hombres y mujeres del presente hablaban con total naturalidad del chalet de Oriol, un espacio en ruinas pero que sigue ligado a su propia historia familiar. Registrar toda esta tradición oral subalterna es uno de los aspectos más destacados del trabajo que estamos haciendo en el monte de San Pedro.

El neocaserío con capilla incorporada.

En octubre-noviembre de 1936 la conformación en tiempo récord del Ejército de Euzkadi por el gobierno vasco supuso un punto de inflexión en este primer período de la guerra, ya que daría lugar a la única ofensiva llevada a cabo por el gobierno autónomo y que desembocaría en la llamada batalla de Villarreal de Álava. En el transcurso de estos combates, los milicianos, en el sector de Uzkiano, defendido entre otros por la 7ª Compañía del Requeté de Álava (Aguirregabiria 2015: 27) tendrían en el punto de mira el chalet de Oriol en Beluntza. Una batería de obuses Schneider de 155 mm intentaba hacer blanco constantemente en el chalet (Uribe y Tabernilla 2007). Nuestro paso por los archivos de Ávila, Madrid y Salamanca nos ha permitido corroborar documentalmente esta continua fijación. Con razón, los milicianos veían en este edificio un símbolo del golpe de Estado reaccionario, ya que era propiedad de uno de los ideólogos y financieros del ejército sublevado.

Altar ruinoso consagrado por el obispo de Vitoria en 1933.

Por eso nos interesa el chalet de Oriol, pero no sólo por eso. Las élites locales materializan su ideología en la propia arquitectura doméstica, en sus ostentosas residencias concebidas como auténticas escenografías y símbolos materiales del prestigio social. Diferentes conductas ideológicas generan distintas materialidades. Ésta es una de las grandes enseñanzas de la disciplina arqueológica. En la colina Argitza, el líder tradicionalista José Luis levantó su residencia de campo. En este emplazamiento, con bellas vistas hacia la cascada de Gujuli, el jefe carlista construye un neocaserío de estilo regionalista vasco. Como en el caso de Sabino Arana, Oriol concibe el baserri como el referente identitario de la derecha vasca, como la marca de identidad de la sociedad tradicional, como el contenedor de los valores que defiende en la arena política: propiedad, familia, fueros, religión. Este neocaserío tiene una capilla incorporada justo al lado de la fachada principal. Otro elemento arquitectónico complementa el trafondo religioso de este espacio doméstico: un altar monumental consagrado por el obispo de Vitoria en 1933, en plena ofensiva de la Iglesia católica contra las políticas reformistas de la IIª República. Las ruinas de la finca de Oriol son un yacimiento arqueológico de toda esta ideología tradicionalista y nacionalcatólica que venía ya de muy atrás. Lo que haría el franquismo sería reactualizarla en el contexto de la guerra civil.


¿Ultra o masón? Lo religioso no quita lo pagano: 
la arquitectura griega como modelo de prestigio.

Estas ruinas vuelven a sonar en la prensa alavesa estos días porque las administración no sabe qué hacer con ellas. El pasado del sitio tiene tela. Colegio de élite, acusaciones de pederastia, RUMASA de por medio y hasta el joven díscolo Bertín Osborne estudiando en sus aulas. Tras un pavoroso incendio que destruyó lo que quedaba del college se han ido sucediendo las propuestas, desde sede de actividades de hípica y ecoturismo, a campo de juegos de airsoft (la guerra ha vuelto). El reciente concurso de ideas organizado por la Diputación Foral de Álava ha quedado desierto... A nosotros se nos ocurre alguna idea. En mayo, durante la segunda campaña de excavaciones en el monte de San Pedro, volveremos sobre este tema.







1 comentario:

jose luis Pedrero dijo...

¿URDUÑA? ¿ARABA? Mais...