sábado, 9 de junio de 2018

El régimen de Franco en dos edificios

Proyecto loquísimo del primer franquismo. Arquitecto Luis Moya.

¿Qué edificio representan mejor al régimen de Franco, es decir, la ideología de la dictadura? Si hacemos una encuesta, es probable que salga en primer lugar el Valle de los Caídos. Es obvio y por lo tanto no demasiado interesante. El Ministerio del Aire también podría servir. Pero aquí no nos vamos a referir a ellos, sino a dos construcciones que difícilmente relacionaríamos con la ideología franquista.

Al acabar la guerra, y en plena euforia falangista, se diseñaron ambiciosos planes urbanísticos para Madrid  con el objetivo de construir "acrópolis falangistas sobre las ruinas del liberalismo". Entre la montaña de Príncipe Pío y la Catedral de la Almudena tenía que desplegarse una impresionante escenografía imperial, con su Casa del Partido, Alcázar y Catedral. Solo la catedral se llegó a terminar (para desgracia de todas las personas con un mínimo de sensibilidad). Como sucedió con otros planes similares (véase imagen superior), el resto de construcciones se quedó en el papel por la de falta de fondos, discrepancias ideológicas y estéticas y el declive del falangismo. Vista La Almudena, tenemos que estar agradecidos.

Se ha dicho que la puntilla a este plan imperial se lo dieron dos edificios de la Plaza de España: el Edificio España y la Torre de Madrid, de los hermanos Otamendi. Rascacielos en vez de iglesias y castillos. Es cierto. Pero también lo es que estos dos edificios representan como pocos la esencia de la ideología franquista. Sin cruces, sin yugos y flechas y sin águilas de San Juan. La explicación es simple.

Torre de Madrid y Edificio España con Quijote en medio. 

El Edificio España se construyó entre 1948 y 1953. La Torre de Madrid se levantó inmediatamente después, entre 1954 y 1960. Es decir, ambos se erigieron en la década de los 50 y por parte de la misma pareja de arquitecto e ingeniero. Pero son muy distintos. El más antiguo está construido en estilo neobarroco y entronca, por tanto, con las ideas imperiales que prevalecían en la inmediata posguerra. Tiene un curioso parecido, por cierto, con el Palacio de la Cultura y la Ciencia de Varsovia (antiguo Palacio Iósif Stalin), que se edificó entre 1954 y 1955 -los dictadores son muy amantes del historicismo rancio. 

La Torre de Madrid, en cambio, está construida en el anodino Estilo Internacional, que representa la popularización del movimiento moderno en arquitectura. O lo que es lo mismo, lo más opuesto al historicismo. Un estilo funcional, sin decoración y sin referencia alguna al pasado. Una arquitectura, por lo tanto, amnésica. Perfecta para un régimen que quería que se olvidaran sus devaneos con el Eje y se tuviera en cambio en cuenta su apuesta por el capitalismo. Los años 40 fueron la década del falangismo. A partir de fines de los 50 le llega su turno a la tecnocracia y el desarrollismo. En el Edificio España todavía se ve un eco del ideal falangista. En la Torre de Madrid se adivina el futuro tecnocrático.

Y así es el régimen de Franco. Una dictadura caracterizada por una ideología que cambiaba según los tiempos. De la misma manera que la biografía del dictador se reinventó multitud de veces, como ha demostrado Antonio Cazorla, también se reinventó su materialidad. Y por eso no existe un estilo franquista, como sí existe un estilo nazi en Alemania o fascista en Italia. Una inconsistencia ideológica que a veces se dio en los propios arquitectos, como los Otamendi o Gutiérrez Soto, que igual te construye el maravilloso cine Europa, rabiosamente racionalista, como el cine Fraga, rabiosamente rancio. 

 Gutiérrez Soto antes de Franco.


 Gutiérrez Soto con Franco.

En vez de ver en estos vaivenes arquitectónicos una anomalía, tenemos que tomarlo por lo que son: un testimonio material elocuente de una época. Y también como algo más. El régimen franquista vivió lo suficiente para transformarse múltiples veces. En su última época proyectó una imagen de eficiencia y modernidad que se materializa en muchos edificios de los años 60, obra, en algunos casos, de magníficos arquitectos. Son la mejor propaganda para aquellos que defienden la dictadura. Conviene recordar, por lo tanto, que al lado de cada Torre de Madrid hay un Valle de los Caídos, un campo de concentración, un barrio de casas baratas...

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Sobre los sueños urbanísticos del primer franquismo:

Box, Z. (2012). El cuerpo de la nación. Arquitectura, urbanismo y capitalidad en el primer franquismo. Revista de estudios políticos, (155), 151-181.











viernes, 8 de junio de 2018

Fotografía y arqueología




Cada vez que sale a la luz una colección de fotografías de la Guerra Civil no puedo evitar preguntarme ¿me habré quedado sin trabajo? ¿Nos permitirán las imágenes adentrarnos en todos esos aspectos cotidianos que documentamos los arqueólogos?

Repaso la extraordinaria colección de fotografías de la guerra que ha hecho públicas la Biblioteca Nacional y me encuentro el material de siempre. Es decir, no exactamente el de siempre, porque la mayor parte de las imágenes son inéditas, pero los temas, la estética, el encuadre son los que se podrían esperar. La información que proporcionan es, por supuesto, valiolísima, pero no invalidan la labor arqueológica. Hay mucho que se queda fuera de cuadro. 

El concepto "fuera de cuadro" es un término que se emplea en la fotografía y el cine para referirse a aquello que en una imagen queda fuera del campo visual que cubre la lente de la cámara. La lente de la cámara no deja de ser la extensión del ojo de una persona y las personas son seres sociales y culturales, que ven la realidad de una determinada manera. También son seres políticos, y más en una guerra. La propaganda insistirá en las alta moral de las tropas propias y las barbaridades del enemigo.

Los parámetros de la sociedad en que vivimos también condicionan la mirada de los arqueólogos (por eso hacemos arqueología de la Guerra Civil, para empezar). Sin embargo, nuestra elección del cuadro se limita exclusivamente a eso: a delimitar un espacio para excavar en el terreno. Lo que nos encontremos allá no dependerá de nosotros. Al contrario que el fotógrafo o el cineasta no discriminamos lo que debe ser objeto o no de atención. Todo lo es: desde los granos de arena a un cadáver. 

La imagen que ilustra esta entrada ejemplifica bien lo que quiero decir. Es una fotografía estupenda y en buena medida única, porque representa una actividad -la trastienda, por así decir, de una batería artillera- que no suele ser objeto habitual de la mirada periodística o de la propaganda. El fotógrafo, como cabría esperar, se ha centrado en lo importante, que es la acumulación de enormes vainas y los soldados sentados sobre una báscula. Es una imagen que nos habla de las dimensiones sobrehumanas de la guerra industrial: la escala de las armas empleadas, la proliferación inaudita de materiales de guerra. Podría representar una escena de fábrica, de hecho.


Pero en la foto hay algo más, que en cierta manera contradice esa visión de la guerra supermoderna: es el abrigo hecho con chapa ondulada y lona que se ve al fondo. Una especie de cabaña primitiva que choca en este contexto, aunque encaje perfectamente. La cabaña nos dice algo también sobre el conflicto. Nos recuerda que toda guerra contemporánea es una mezcla de tecnología supermoderna y arcaísmo.

Esto es lo Roland Barthes llamó el punctum de una fotografía. Algo que es secundario al tema de la imagen y que sin embargo revela una verdad profunda. El punctum puede ser más poderoso que lo que Barthes llamó el studium, la parte consciente y selectiva de la imagen. 

La arqueología difícilmente podrá dar con un contexto como el de la fotografía que comentamos. Al menos en el caso de la Guerra Civil, es difícil que nos vayamos a encontrar un espacio con docenas de vainas de artillería in situ, por las labores de reciclado de posguerra (y de coleccionismo más recientes). Pero la arqueología sí puede hacer algo que el fotógrafo no quiso hacer: observar en el interior de la cabaña. 

 Excavación de un grupo de chabolas republicanas en Mediana (Zaragoza).

Eso es lo que llevamos años haciendo: estudiamos aquello que queda sistemáticamente fuera de cuadro, que es como decir fuera de la memoria y de la imaginación. 

Excavamos el punctum de la Guerra Civil.

miércoles, 6 de junio de 2018

¿Cuánto daño hace una bala?


Para volverse pacifista, no hay nada mejor que leer los artículos médicos donde se describen las heridas producidas por armas de guerra. La bibliografía científica en este sentido se incrementó a partir de la década de 1880, en relación al uso generalizado de nuevos cartuchos de fusil con balas de chaqueta metálica (full metal jacket) y alta velocidad inicial (muzzle velocity).

La guerra greco-turca de 1897 fue uno de los primeros conflictos en los que se utilizó munición moderna a gran escala (similar a la que todavía predomina hoy en los campos de batalla). Además, contó con numerosos médicos internacionales que dejaron testimonio del efecto de la nueva munición. 
Su relato difiere bastante de las imágenes edulcoradas que predominaron en la época, como esta:


A continuación copiamos un párrafo de uno de estos artículos, en el que se describe el daño causado por una bala de Máuser alemán. Una bala similar a las que se dispararon a millones durante la Guerra Civil Española.


Las heridas pélvicas son muy serias y suelen ser causa de piemia [infección generalizada con estafilococos y neumococos que invaden la sangre]. Vimos un caso muy severo. El paciente era un voluntario garibaldino, de 17 años. Estaba luchando contra la Brigada de Máuseres Turca y fue alcanzado en el hipogastrio izquierdo (...)”


[Cuando fue atendido por el médico] “los tejidos abdominales se estaban desprendiendo. La bala había perforado el intestino delgado, atravesado la vejiga y el recto (...) y salido a través de la nalga. Hubo peritonitis localizada. El intestino, enmarañado, se salió de la pelvis, que se convirtió en una cavidad llena de pus, plasta, orina, el contenido de intestinos y cuajada sin digerir. Todo lo cual teníamos que vaciarlo y vendarlo cada cuatro horas. 

Tuve que introducir la mano derecha en la pelvis a través de la abertura abdominal para sacar el hediondo contenido con la palma. Nunca he visto una situación tan espantosa y repugnante. El pobre hombre estaba completamente demacrado, pero se aferraba a la vida con una tenacidad increíble. Finalmente murió de agotamiento.*

Si la generación que fue a combatir voluntaria y alegremente a la Primera Guerra Mundial hubiera sido educada con la bibliografía médica de la época, en vez de con cuadros heroicos y relatos épicos de guerras remotas, seguramente habría habido menos voluntarios y menos alegría. Quizá incluso no habría habido Primera Guerra Mundial.
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*Davis, H. J. (1897). Gunshot Injuries in the Late Grecoturkish War, with Remarks upon Modern Projectiles. British Medical Journal, 2(1929): 1789-1793.


sábado, 2 de junio de 2018

Geología bélica


La guerra degasta el mundo. Como una fuerza geológica más, la artillería da forma al paisaje. También el pico y la pala, el fuego y la metralla. Algunos elementos transforman de golpe el terreno (una mina), otros lo hacen de forma más lenta: los pasos diarios de miles de soldados encerrados en el campo de batalla como animales en un zoo. La guerra de atrición machaca la moral de los combatientes y de los civiles en las ciudades sitiadas y machaca también el entorno en el que transcurren sus vidas. 

El Asilo de Santa Cristina fue primera línea de frente desde mediados de noviembre de 1936 hasta el 28 de marzo de 1939. Es un período de tiempo sin duda muy largo para quienes combatieron allí, pero muy corto en términos geológicos. La intensidad de los procesos geomorfológicos haría pensar que por el campus pasaron los siglos, más que los años.

Contamos con dos fotos de uno de los edificios del asilo tomadas casi desde el mismo sitio (los altos del Hospital Clínico). Casualmente es el edificio donde excavamos en 2017 y donde volveremos a excavar en 2018. Se trata de una nave reutilizada como cantina durante la guerra y que posiblemente sirvió de comedor anteriormente. Al lado se encuentra una construcción de pequeñas dimensiones, que la excavación nos permitió identificar como lavadero.

La primera de las fotos debió de tomarse en un momento inicial de la contienda, quizá a principios de 1937. La segunda hacia el final.  La transformación del paisaje es llamativa. En la segunda imagen la iglesia del asilo ha quedado reducida a nada, las ruinas del primer plano se han volatilizado, al igual que las paredes y la techumbre del lavadero. Mientras se esfuman las estructuras positivas, proliferan las negativas: las trincheras y los abrigos subterráneos sustituyen a los muros y los tejados.

Un detalle interesante tiene que ver con el suelo. Al desaparecer la cobertura vegetal, bien porque se limpia o por la deambulación de los soldados (cuyos pasos impiden que se regenere la vegetación), se incrementa la erosión del terreno: la lluvia y el viento arrastran los horizontes O y A (el humus) y queda a la vista la arena subyacente (horizonte B). El campus se convierte en un desierto.

El Antropoceno es la era geológica definida por la participación del ser humano como una fuerza transformadora más -la más importante, de hecho. La arqueología de la Guerra Civil es también la arqueología del Antropoceno.

miércoles, 23 de mayo de 2018

CSI Repil (III)


El crack de 1929 barrió los sueños de muchos de estos emigrantes afincados en Cuba y Estados Unidos. La quiebra de los bancos en donde guardaban celosamente sus ahorros hizo que familias enteras se viesen obligadas a retornar a su tierra. La crisis y el paro masivo marcaron los años de la IIª República en el valle de Lemos. Monforte era la segunda ciudad de la provincia de Lugo, el enclave ferroviario más importante de Galicia. El ayuntamiento intentó superar el monocultivo del tren, e incentivó la industria. En 1935 accedió a que se crease al pie del yacimiento romano de O Castelo Pequeno una fábrica de teja y cerámica. Esta factoría fue promovida por el empresario y banquero coruñés Pedro Barrié de la Maza, presidente del Consejo de Administración de todo un holding de la época: Industrias Gallegas S.A. De aquí salió gran parte del material constructivo con el que se hizo y rehízo la casa de Repil.

Una muestra de los materiales de construcción fabricados en
O Castelo y recuperados en la casa de Repil.

La República intentó aplicar como pudo su programa de reformas sociales en el rural. Las escuelas de las parroquias de la zona notaron los nuevos tiempos. Durante décadas, durante el franquismo, la placa con el escudo republicano se conservó milagrosamente en la pared de la escuela de Chavaga, aquella en la que estudiaron los niños y niñas de la familia Amaro. A diferencia de otras comarcas, aquí los indianos no habían invertido en infraestructuras docentes. El Estado tampoco. Basta con leer el Viaje a las escuelas de Galicia del periodista Luis Bello, vinculado a la Institución Libre de Enseñanza y que visitó Chavaga y Reigada en los años 20.

Manifestación del 1 de mayo de 1936 en Monforte de Lemos.

El tren inoculó en los enclaves ferroviarios del valle del Sil las ideas de progreso y las ansias por construir un mundo nuevo. El caciquismo comenzó a resquebrajarse. El sindicato UGT y el PSOE tenían mucho peso en la zona. La revolución de 1934 se hizo sentir con fuerza. En el campanario de Ribasaltas se llegó a colocar la bandera soviética. Los jóvenes de la parroquia de Cereixa se envalentonaron e intentaron dinamitar el puente del ferrocarril. La operación fue un fiasco y muchos de ellos tomaron por vez primera una decisión: echarse al monte, refugiarse en la Serra de Lamas, en Santa Bárbara, en A Costa, en las inmediaciones de Repil. La represión acabó con el alcalde socialista de Monforte, Juan Tizón Herreros, en la cárcel. La victoria del Frente Popular en febrero del 36 hizo temer lo peor a la derecha tradicionalista, a los sindicatos agrarios católicos, a la patronal y los caciques rurales. La manifestación del 1 de mayo en la capital lemava fue multitudinaria. Esa histórica fotografía fue de gran utilidad para los matones falangistas en el verano de 1936.

Juan Tizón Herreros en su época de alcalde de Monforte de Lemos.

Las fuerzas golpistas sabían que había que hacerse con Monforte lo antes posible. Se aprovecharon de que los civiles más combativos se habían desplazado a Lugo para intentar frenar el golpe en la capital. Con la Guardia Civil dueña de las calles, dio comienzo una represión feroz, la caza del hombre. Juan Tizón, alcalde de Monforte, se ocultó en la parroquia de Torbeo, en donde nació uno de los guerrilleros muertos en Repil, O'Porreto. El alcalde consiguió huir y afincarse en Oporto, en donde fue acogido por Mario Soares. Allí se convirtió en agente de los servicios secretos británicos, falleciendo en 1945. El alcalde de A Pobra do Brollón, Antonio Reboiro, republicano, masón, miembro de un partido agrarista, fue fusilado en 1939, acusado de auxilio a la rebelión. Como los Amaro, había regresado de América con ideas nuevas, tan locas como la de montar una biblioteca.

El alcalde de A Pobra do Brollón, Antonio Reboiro, fusilado en 1938.

Escuadras negras sembraron el terror. Hombres convertidos en topos, eran denunciados, torturados y vilmente asesinados, como el concejal socialista de Monforte, Ramón Somoza, exhumado por la ARMH en 2016 en la vecina parroquia de Castroncelos. Este contexto ayuda a explicar por qué se echaron al monte unos huidos que acabarían convertidos en guerrilleros.

Exhumación en junio de 2016 en el atrio de la iglesia de Castroncelos (ARMH).

Mientras todo esto pasaba, la familia Amaro veía como su casa recién estrenada se encontraba en el epicentro de un territorio militarizado, con guardias custodiando la vía del tren, la carretera y el paso a nivel. Con la guerra llegó otra desgracia: en 1937 fallecía el cabo da casa, Maximino. Su viuda, Teresa, quedaba a cargo de una familia extensa en la época más mísera y miserable que se recuerda.


sábado, 19 de mayo de 2018

CSI Repil (II)

Maximino Amaro y Teresa López, los fundadores de la casa de Repil.

En esta zona de la Galicia rural los castros sigue siendo hitos en el paisaje. El castro de Chavaga aparece citado ya como límite entre condados en época sueva. La gente vivía y sigue viviendo, en el Alto. Fue más fácil cruzar el Atlántico y afincarse a miles de kilómetros de distancia, que bajar medio kilómetro a asentarse en el llano. Hombres de estas parroquias fueron reclutados para hacer con sus manos la mayor obra de ingeniería del momento: el canal de Panamá. Esta fue la punta de lanza para probar suerte después en los Estados Unidos y Cuba. Las viejas viviendas abandonadas en Chavaga y parroquias limítrofes lucen todavía en los dinteles de las portadas placas oxidadas de casas de seguros de Santiago de Cuba y de La Habana. En sus paredes se desconcha la decoración esgrafiada, hecha a imitación de modelos urbanos de allá.

Levantamiento topográfico del despoblado de Repil.

 
Una de estas familias que abandonaron el Alto para hacer las Américas fueron los Amaro. Antonio Díaz Amaro todavía conserva el viejo libro de familia editado bajo el reinado de Alfonso XIII con la autorización del Ministerio de Gracia y Justicia. Tras la portada violácea cruzada por un manchón a modo de meandro de la memoria, se recoge con exactitud burocrática el devenir de una serie de individuos trasatlánticos. El 21 de mayo de 1919 se casaban en la iglesia de Chavaga Maximino Amaro (1897-1937) y María Teresa López Ayán (1897-1962). Un año después nacía en la Central de Socorro de Matanzas (Cuba) su primer hijo, de nombre Alfredo. En 1922, en Cárdenas (Cuba), veía la luz Inés. En 1924 en La Habana, nacía el tercer vástago, Álvaro. A su vez, Ofelia venía al Nuevo Mundo en 1926, en El Vedado, La Habana. Libertad nacería en 1927, de vuelta ya a Chavaga. El último hijo, el pequeño Julio, se murió con sólo dos años de edad (1930-1932).

El vuelo americano de 1956 da una buena idea de cómo era este espacio en 1949.


En los años de la IIª República, la familia Amaro López decidió dar un paso más ambicioso que el de cruzar el océano atlántico: bajar al llano. La dinastía Julio-Claudia, los flavios... se empeñaron por vía civil y criminal en que los galaicos abandonasen los castros en época altoimperial. No valió de nada. En Chavaga hubo que esperar 2000 años. Los Amaro, como otros emigrantes retornados, habían visto mundo y sabían que el Progreso, con mayúsculas, estaba en la carretera y en la vía del tren. En el paraje deshabitado de Repil había un paso a nivel y la parada del coche de línea. La gente de A Pobra do Brollón, cuando volvía de la feria o de las fiestas de Monforte, organizaba improvisadas foliadas aquí. Repil era una zona fronteriza con unos lindes no muy claros en aquel entonces. Maximino Amaro tuvo que solicitar permiso en 1934 a Obras Públicas para levantar su casa, ya que el solar elegido podía verse afectado por la servidumbre impuesta por la carretera de tercer orden de Puebla de Brollón a Orense. La nueva casa se emplazaba a la altura del kilómetro 1, hectómetro 7.

Repil antes del incendio de 2017, cubierto de vegetación.


En esa época, el solar se hallaba dentro del término municipal de A Pobra do Brollón. Será este ayuntamiento el que le conceda permiso para construir una casa, el 8 de septiembre de 1934, con la condición de que la fachada de la obra fuese paralela al eje de la carretera y distase por lo menos quince metros y cincuenta centímetros. La licencia de obra se aprueba el 12 de diciembre de 1935.
Mojón megalítico en el extremo de la huerta de los Amaro:
límite entre Monforte de Lemos y A Pobra do Brollón.
 
Esta vivienda, como era tradicional entonces, se construyó a partir de la red de colaboración familiar e intervecinal, materializada en el sistema solidario de axudas e contraaxudas. De acuerdo con esta costumbre, la familia contaba con el auxilio de amigos, vecinos y parientes para la construcción de la casa. Carros tirados por vacas y bueyes contribuían a carretar la piedra, en este caso procedente de la propia sierra adyacente. Repil se ubica al pie de una dorsal antigua, un complejo geológico del período Ordovícico que separaba dos grandes lagunas hace mucho tiempo. Este macizo de esquisto cuarcítico contrasta con la naturaleza sedimentaria de los valles adyacentes (Lemos y Somoza). En prospección, y gracias a la deforestación posterior al incendio de octubre del año pasado, hemos podido localizar las pequeñas canteras de donde se extrajo la piedra para la construcción de la nueva casa de los Amaro y de la vecina casa da Adela. Repil, como lugar habitado, nació poquito antes de que se desatase la guerra civil española.





lunes, 14 de mayo de 2018

CSI Repil (I)


A lo largo de todos estos años hemos excavado escenarios de la guerra civil por distintas zonas del Estado, a bordo de vehículos que lucen el logo del CSIC. En la tradición oral de esos sitios nos conocen ya como el CSI. Al fin y al cabo nosotros también somos detectives que reconstruimos microeventos y escenarios de combates y de crímenes que tuvieron lugar hace 80 años. Nuestra segunda campaña arqueológica en la casa de los Amaro en Repil ha contribuido, y de qué manera, a consolidar esta imagen de los arqueólogos como criminalistas del CSI televisivo.


A veces en la arqueología de campo los planes salen bien. En Galicia llevaba lloviendo desde enero. El sol apareció el primer día de excavación y desapareció al acabar la última jornada. Además de esta climatología aliada, nuestro trabajo contó con un acicate más. Por primera vez teníamos ante nosotros la orografía original del terreno en el que tuvieron lugar los combates del 20 de abril de 1949. El incendio de octubre del año pasado llevó a la deforestación de todo el entorno. Empresas madereras se apresuraron a talar los pinos quemados, días previos a nuestra llegada. Así pues, las condiciones en abril de 2018 eran muy diferentes a aquellas de junio de 2016, cuando desembarcamos en unas ruinas rodeadas de vegetación y colmatadas por escombros. En aquel entonces excavamos hogueras de cazadores de los años 70, las cuadras, y el suelo de ocupación de la década de 1950 del salón-comedor, cuando Teresa López Ayán volvió de la cárcel de Las Ventas para rehacer su vida en su casa. El último día localizamos un casquillo en el exterior del acceso al patio. La gente dejaba de creer en los agentes CSI: No váis a encontrar nada, nos decían. Nos daba igual. El mero hecho de centrar la atención pública en este sitio, de recuperarlo como lugar de memoria, era más importante que cualquier hallazgo.


Pero a la segunda fue la vencida. Diseñamos una secuencia operativa que planteaba las siguientes actuaciones:
0. Fotointerpretación de las fotografías aéreas disponibles desde la década de 1950.
1. Excavación en área de la entrada al patio desde la huerta.
2. Sondeos arqueológicos en los basureros de la vivienda y en el canal de desagüe del muro NW.
3. Prospección de cobertura total con el detector de metales en la zona de la huerta y prospección intensiva de todo el entorno.
4. Prospección geofísica con gradiómetro del espacio ubicado entre las dos viviendas de Repil.
El objetivo fundamental era contrastar la información aportada por la tradición oral y por el testimonio de dos testigos oculares del combate, dos chavales que en 1949 vivieron de cerca lo que allí pasó. Uno de ellos falleció hace año y medio y el otro todavía está vivo. Los dos se negaron a que se les mencionase en público. Todo un ejemplo de cómo el miedo y el silencio impuestos por la represión franquista sigue perviviendo en el rural de este país en pleno siglo XXI. A su vez, también queríamos cotejar la realidad aportada por la materialidad con la versión oficial de la Guardia Civil y el propio relato que corrió entre los compañeros guerrilleros de los que aquí murieron.

El lugar habitado de Repil, en el vuelo americano de mediados de los años 50. 

Los resultados han sido más que sorprendentes, si tenemos en cuenta una cosa. Desde el 20 de abril de 1949 todo este espacio ha sufrido alteraciones de calado. La casa fue reocupada por la familia hasta 1964. Se hicieron obras en la línea férrea y en la carretera, acondicionamiento de cunetas y rellenos. Llegó la repoblación forestal y sucesivos incendios desde la década de 1970 se cebaron con todo este despoblado. La extinción del último incendio de octubre conllevó el empleo de maquinaria y la apertura de pistas. La reciente deforestación también ha alterado todo el entorno. Por no hablar de los procesos erosivos producidos por el fuego y los arrastres provocados por las lluvias de los últimos meses. A pesar de todo ello, pudimos reconstruir el escenario del crimen, con éxito.

El despoblado de Repil en la década de 1980.