jueves, 30 de octubre de 2008

Fantasmas en la Complutense

Cárcel Modelo de Madrid en la Plaza de la Moncloa. Se observan trincheras hechas de sacos terreros.
(Archivo Histórico del Partido Comunista de España)

Durante años he pasado horas y horas (y horas) tirado en la hierba de los alrededores de la Facultad de Geografía e Historia de la UCM, y probablemente muy cerca de donde se ha encontrado la bala que se muestra un poco más abajo. Hace poco me he enterado de que por ahí en concreto se extendía parte del sistema de trincheras del frente de guerra.

Es cierto que se nos ha explicado en clase que la Ciudad Universitaria fue un importante escenario de la Guerra Civil, entrando en más o menos detalles. Pero parece ser que ni siquiera siendo estudiante de historia en una facultad situada en pleno frente hemos tenido acceso a la materialidad de este momento (sistemas de trincheras, bunkers…). Aún se conserva. Sólo hay que mirar alrededor. Con toda seguridad en los mismos lugares donde tumbados disfrutamos del sol de primavera, yacieran en su momento cuerpos mutilados, destrozados por la metralla, abatidos por balas similares a la de la foto, sin vida.

Ahora, cuando paso por delante de los edificios de Farmacia o Medicina un escalofrío me recorre la columna. Resulta que las marcas de sus piedras son impactos de proyectiles. Las miro e imagino la destrucción. De pronto una sombra me pone en alerta; no están disparando, sólo es un vencejo.

Ventanas tiroteadas en la Facultad de Farmacia

Este mundo amable que es nuestra cotidianidad universitaria camufla una realidad abyecta, existente pero casi invisible. Experimentada a través de pequeños detalles como los descritos, es capaz de provocarnos rechazo e incluso nauseas. Paradójicamente éste es otro de los motivos por los que merece la pena hacer arqueología del pasado reciente: a través de estas apariciones fantasmales contactamos con un pasado traumático, lo experimentamos, nos revuelve y nos sitúa en una posición inmejorable para revivirlo de modo colectivo y así exorcizarlo.

La realidad actual ha ido sedimentando sobre este pasado, escondiéndolo bajo grandes avenidas, nuevas facultades, pequeños pinares y monumentos conmemorativos de la Victoria. Pero su carácter traumático es el que hace que surja como afiladas espinas entre los parques, el asfalto y los edificios de la Complutense o se pasee por las aceras como el espectro de un pasado doloroso y nunca olvidado. Escuchemos los gritos ahogados, la memoria necesita una terapia.

4 comentarios:

eulez dijo...

Hombreeeee Falqui, cuaaaanto tiempooooo... si es que al final en Interné se encuentra a todo el mundo. Muy interesante la reflexión del post. A mi me pasa esto que dices al pasar todos los días junto al "arco de la victoria" de Moncloa...

Christian Gomez Morcillo dijo...

Se siente tragedia en esa zona la verdad.

Bitacora dijo...

Pues esa zona era la preferida de mi niñez y de los amigos del barrio Arguelles y de la callle Andrés Mellado. Detrás del Anatómico Forense y a la derecha del mismo encontrábamos muchas veces restos de animales que empleaban en sus experimentos. También habia una jaulas con animales. A la izquierda del Anatómico, en los cubos de basura encontrábamos minerales y en el gran patio del anatómuco que tenia una escaleras amplias para bajar y que estaba abandonado y lleno de maleza, estaba infestado de lagartijas. cada amigo d ela pandilla cogíamos botes con veinte o treinta cada uno. Según se miraba el Anatómico y a nuestras espaldas varios hoyos enormes oradado en la tierrra por las bombas de la guerra civil. Uno de ellos tenía al menos cuatro metros de profundidad y un diámetro de unos 15 metros. aún se pueden ver

Bitacora dijo...

Pues esa zona era la preferida de mi niñez y de los amigos del barrio Arguelles y de la callle Andrés Mellado. Detrás del Anatómico Forense y a la derecha del mismo encontrábamos muchas veces restos de animales que empleaban en sus experimentos. También habia una jaulas con animales. A la izquierda del Anatómico, en los cubos de basura encontrábamos minerales y en el gran patio del anatómuco que tenia una escaleras amplias para bajar y que estaba abandonado y lleno de maleza, estaba infestado de lagartijas. cada amigo d ela pandilla cogíamos botes con veinte o treinta cada uno. Según se miraba el Anatómico y a nuestras espaldas varios hoyos enormes oradado en la tierrra por las bombas de la guerra civil. Uno de ellos tenía al menos cuatro metros de profundidad y un diámetro de unos 15 metros. aún se pueden ver