viernes, 22 de mayo de 2015

El Pacificador


George Clooney y Nicole Kidman (la de antes) protagonizaron en 1997 una película llamada en nuestro país El Pacificador. Un asunto complejo de ojivas nucleares, Rangers que entran en Rusia, exfrancotiradores exyugoslavos, un proyecto de atentado contra la sede de la ONU en New York... trepidante. En España hemos tenido nuestros propios George Clooney, nuestros militares pacificadores. Así nos va.
Mientras en Madrid se retiró la estatua ecuestre de Franco, todavía perviven otras que han corrido más suerte. Hay pasados cómodos e incómodos. En el parque madrileño del Retiro podemos contemplar la estatuta ecuestre de Espartero con la siguiente leyenda grabada en su pedestal: A Espartero, el pacificador, 1839, la nación agradecida. Cabe destacar la representación de la batalla del puente Bolueta y el abrazo de Vergara, así como los voluminosos cojones del caballo, toda una metáfora material de la voluntad de poder de los militares en España: gobernar por sus santos cojones.


Este hombre combatió contra los franceses, contra los insurrectos peruanos y contra los carlistas, haciendo gala de una mano dura proverbial. Muy aficcionado a los juicios sumarísimos, su vena sanguinaria se cebó incluso con los suyos. Príncipe de Vergara y Duque de la Victoria, fue Regente de España y manejó a su antojo el Estado isabelino, como también hicieron otros militares como Narváez, O'Donnell, Prim. Unas veces con la reina, otras conspirando y las más en el exilio. Son las cosas de los caudillos muy liberales.
En el interior de la catedral de Logroño se puede ver el mausoleo de Espartero, El Pacificador.


Con la revolución de 1868 y la tecera guerra carlista lo de Pacificador sonaba a risa. En enero de 1875 Alfonso XII entra en territorio español vestido de... capitán general. Comienza aquí la construcción ideológica del rey soldado que acaudilla sus tropas contra los carlistas en el Norte. Se busca así legitimar la reinstauración monárquica. A la vuelta de esta primera campaña vascongada, Alfonso de Borbón hace una parada en Logroño para visitar y pedir consejo a un anciano Espartero, quien recuerda: habéis sido el primero de nuestros Monarcas que en España, desde Felipe V, se ha presentado al Ejército español en función de guerra. Por mucho liberalismo de boquilla, aquí se sanciona la idea medieval del señor feudal al frente de sus mesnadas y se reivindica, evidentemente, el intervencionismo militar en la vida política de la Nación, que para algo Pavía entró a caballo en el Parlamento. Finalmente, la entrada en Pamplona en febrero de 1876 consuma la derrota carlista y Alfonso, rey de todos los españoles, recibe, nuevamente, el título de Pacificador, por haber acabado con la guerra civil peninsular y las insurrecciones ultramarinas.
Nuevamente, en el Parque del Retiro se erige otro monumento, éste un poco más logrado, en homenaje a la Patria española y a Su Majestad, El Pacificador. Mientras en Sudamérica los caudillos militares gustaban más de ser llamados Libertadores, en España cundió más la idea del Pacificador.
Ya van dos, pero vendrían más.


El desembarco de Alhucemas acabó con la rebelión rifeña de Abd el-Krim. Esta victoria militar hispano-francesa coronó al dictador Primo de Rivera no sólo como el garante de los intereses de los militares africanistas,  sino como el Salvador de España y total Pacificador de Marruecos. Al más puro estilo de Hollywood tenemos aquí una secuela: el Pacificador Total.
Francisco Franco, en sus Papeles de Marruecos, ya lo tenía bastante claro por aquel entonces: No hay como desear la guerra, para que la paz se acerque. [...] Si hasta el presente se han generado muchos intereses al calor de la guerra, ya es hora de que los creemos al amparo de la paz. 
De aquellos polvos vinieron estos lodos. El nuevo caudillo militar surgido del enésimo golpe de Estado rechazaba de plano el liberalismo, pero bebía directamente de esta tradición que venimos reseñando. Lo de Pacificador sonaba mucho a Espartero y Alfonso XII. Sin embargo, a medida que avanza el régimen franquista, el Caudillo caería en la tentación, con la conmemoración de los XXV Años de Paz. Al frente de esta maniobra, Manuel Fraga Iribarne. En 2005, este hombre, en una entrevista concedida al Corriere della Sera se oponía al derribo de las estatuas de Franco y definía al dictador como un... PACIFICADOR.