lunes, 11 de abril de 2016

Materialidades Represivas 002: Panóptico





Seguimos en el penal de Miguelete (Montevideo), cuya arquitectura represiva sirve para que Jorge Tiscornia nos cuente cómo funciona la vigilancia en las cárceles modernas y para intentar trasladarnos a la vida en la cárcel política de Libertad. Algunos teóricos sobre la arquitectura penitenciaria dicen que el panóptico benthamiano no existe, que es casi imposible desarrollarlo a nivel arquitectónico, y que lo que existe es un afán de panoptismo, de controlar visualmente el máximo posible desde un único lugar. Jorge corrobora este punto, ya que finalmente para saber lo que ocurre dentro de cada celda los guardianes tenían que ir puerta por puerta abriendo cada mirilla. Hoy los sistemas de videovigilancia llevan el panoptismo a su máxima expresión, sin necesidad de modificaciones arquitectónicas. Pensemos en campos de concentración actuales como Guantánamo. Pero volviendo a los momentos represivos previos al desarrollo de la videovigilancia, el afán de panoptismo es lo que llevó a desarrollar las cárceles radiales desde el s. XIX, como esta de Miguelete. En España las conocemos bien. Es el caso de la desaparecida cárcel modelo de Moncloa, o de la también recientemente desaparecida cárcel de Carabanchel.
Como decíamos pasear por la cárcel decimonónica de Miguelete nos sirve para imaginarnos la vida de los presos políticos de la última dictadura en Uruguay en la cárcel de Libertad, la principal cárcel política para hombres, que en la jerga militar era denominada Establecimiento Militar de Reclusión nº 1. Jorge sabe de lo que habla cuando compara arquitectónicamente Miguelete con Libertad, ya que pasó 13 años en esta última, en el temido segundo piso al que iban a parar los dirigentes de las organizaciones perseguidas, como la guerrilla del MLN-Tupamaros. Todos los presos políticos de Libertad, como las mujeres que estuvieron en el Establecimiento Militar de Reclusión nº 2, o cárcel política de mujeres de Punta Rieles, fueron juzgados por la justicia militar, en su condición de enemigos de la patria. 

Cárcel de Libertad en la actualidad. Obsérvese el cuerpo central desde donde se distribuye el acceso a las dos alas y desde donde se vigilaba todo el celdario (panopticon)  

El presidio de Libertad tiene este curioso y contradictorio nombre debido a que está situado cerca de la Ruta 1, en las proximidades de la ciudad homónima, en el Departamento de San José, a 53 km de Montevideo. "Estar en Libertad" durante la última dictadura cívico militar en Uruguay significaba, paradójicamente, ser un preso político. Libertad se construyó sobre la base de una cárcel de alta seguridad inconclusa, que había comenzado a edificarse en la década de 1930, durante otra dictadura, la de Gabriel Terra, causante de que muchos uruguayos de izquierda fueran a luchar contra Franco a España. Fue inaugurada poco antes del comienzo de la última dictadura cívico-militar, el 1 de octubre de 1972. En esta fecha recibió a los primeros presos trasladados de la cárcel de Punta Carretas, todos del MLN-Tupamaros. Metidos a patadas y culatazos en medio de la noche según iban bajando de los camiones militares, pudieron leer la frase "Aquí se viene a cumplir", escrita en una de sus paredes. Se estima que hasta el 9 de marzo de 1985 pasaron por el lugar 2.873 detenidos, de muy diferentes organizaciones políticas, llegando a convivir en simultáneo 1.400 reclusos. 9 dirigentes tupamaros fueron secuestrados en 1973 cuando estaban cumpliendo condena en esta cárcel y la dictadura los mantuvo como "rehenes" en cuarteles militares hasta 1985, con tratos extremadamente vejatorios y violentos. El ex-presidente Pepe Mujica o el actual ministro de Defensa son algunos de estos secuestrados en la propia cárcel.  
Gracias a Jorge Tiscornia y a sus investigaciones y novelas (Vivir en Libertad, Nunca en domingo) sobre la cárcel en la que pasó en condiciones extremas tantos años, conocemos hoy sus principales características arquitectónicas y materiales, antes de las reformas acometidas en los últimos años. Además Jorge llevó de forma clandestina un almanaque que escondió en los zueco de madera que él mismo construyó, en donde tenemos registrados los hechos ocurridos en la cárcel política los 4.646 días en los que estuvo allí. Asimismo también se jugó el pellejo cuando al final de su condena pudo subir al piso quinto, y pedir prestada una cámara de fotos a un compañero del taller de fotografía y obtener así las únicas imágenes del interior de la cárcel con la que contamos hoy en día, sacando los negativos en un doble fondo el día de su liberación. 
El conjunto de edificaciones de Libertad se encuentra en el centro de un predio de unas 120 hectáreas. En un espacio mucho menor existía un doble cerco de alambradas, separadas entre sí por una distancia de unos 2 metros, bordeadas por un camino y coronadas por trece torretas. Había otras dos torretas con ametralladoras controlando cada lateral del edificio. 

Fotografía clandestina tomada por Jorge Tiscornia  en 1985 desde el quinto piso: torreta con ametralladora y alambrada.

El perímetro de la cerca contiene el celdario, las cinco barracas anexas también destinadas al "alojamiento", una barraca comedor y una séptima en la que estaban los talleres de herrería y carpintería. Al sur del celdario está la temida Sala de Disciplina (la "Isla" para los presos, de dimensiones muy reducidas) y, en el otro extremo, a la entrada del penal, el Locutorio, donde se realizaban las visitas y funcionaban las oficinas de las autoridades.
El edificio principal o caldario es en sí muy similar al de la cárcel de Miguelete, solo que en lugar de tener cuatro radios tiene sólo dos, enfrentados, y también organizados a partir de un patio central o panóptico, en este caso cubierto por una claraboya. 

Fotografía clandestina tomada por Jorge Tiscornia en 1985. Claraboya que cubría el techo de las dos alas principales.
Fotografía clandestina tomada por Jorge Tiscornia en 1985. Imagen general del celdario desde la planchada del primer piso.

Es en ese eje o espacio central controlador en donde se ubicaba "la jaula", el espacio organizador del acceso, con las escaleras y ascensores. Todo el conjunto del celdario tiene aproximadamente 130 metros de largo por unos 14 de ancho. Cuenta con cinco pisos de alto, con 100 celdas por piso, y está apoyado en 96 columnas, como un enorme "ciempiés", para evitar las fugas mediante túneles, que puede entenderse como un avance arquitectónico en clave represiva, después de sonadas fugas como la de los anarquistas en los años 30 de la cárcel de Punta Carretas, o la de más de 100 tupamaros a comienzo de los 70 de ese mismo lugar. Tan abultada fue esta fuga con túneles que ya en la época se la denominó "El Abuso".

Hoy en día Libertad, la principal cárcel política para hombres de la dictadura, sigue estando en uso.