miércoles, 20 de junio de 2018

CSI Repil (IV)


A mediados de los años 80, en las vacaciones de verano en Cereixa, mi colega galaicovenezolano y yo iniciábamos las tardes siempre de la misma manera: viendo un nuevo capítulo del Equipo A. Lo hacíamos en una casa del barrio de A Ponte, una vivienda que jugó un papel importante en toda esta historia de maquis y guardias civiles. Pero de eso me enteré muchos años más tarde. Los miembros del Equipo A habían sido acusados de un delito que no cometieron, y actuaban como buenos justicieros por los Estados Unidos adelante. Igual que ellos, los miembros de la IIª Agrupación abatidos en Repil, fueron acusados de un delito que no cometieron (defender un gobierno legítimo). Igual que ellos, su vida es de película. Centrémonos en Evaristo González Roces, el John Hannibal Smith de nuestro destacamento guerrillero. Sin duda, Evaristo era el rey de la baraja de este póker de ases. Nacido en la aldea berciana de Dragonte, este comunista se echó al monte porque sabía que los falangistas lo iban a pasear. Poco tiempo después, pactó su entrega, se afilió a Falange, fue enviado al frente y se pasó a las filas republicanas. Hecho prisionero en Gijón, fue condenado a muerte. Entre los delitos cometidos, haber liderado a un grupo de marxistas que impidieron la celebración de una romería el 16 de junio de 1936 y haber participado junto a los mineros en el asalto al cuartel de la Guardia Civil de Ponferrada.

Celebración de 1 de mayo de 1936 en Ponferrada.
Al final le fue conmutada la pena a 30 años y enviado a la cárcel de León, de donde se fugó el 29 de septiembre de 1942. Supongo que ese día se le escaparía eso de Me encanta que los planes salgan bien. Hasta aquí la cara amable de la biografía de Evaristo, todo un héroe popular. Pero a diferencia de los del Equipo A televisivo, que nunca mataban a nadie, nuestro huido, como tantos otros, no solo entró en una escalada de violencia por supervivencia, por estar en guerra, sino que también se cobró su venganza. El 21 de octubre de 1945 volvió a su pueblo natal y se tomó la revancha, liquidando al cura párroco, Rocesvinto Ruiz, quien había declarado en su contra en el consejo de guerra que lo mandó a la cárcel. Como un celta de la Edad del Hierro o un anasazi del Medio Oeste, se apropió de la memoria de su enemigo y desde entonces fue conocido como Roces.

Evaristo González Roces.
Podemos continuar con Guillermo Morán, un minero asturiano que con su hermano Mario combatió en el batallón Sangre de Octubre. Tras la ejecución de su padre al finalizar la guerra, los Moranes bajaron a su pueblo, y asesinaron al juez municipal de Ribera de Arriba. En enero de 1940 cruzó con otra veintena de huidos a Portugal, pero ante la imposibilidad de embarcar, tuvo que volverse. En 1942 fue uno de los cofundadores de la Federación de Guerrillas León-Galicia. Mientras su hermano Mario, socialista, abandonó la lucha armada, él encabezó la línea rupturista que llevó a la creación del Ejército Guerrillero de Galicia bajo el control del PCE.


Otro miembro destacado de nuestro particular Equipo A es Julián Acebo Alberca O Guardiña, un santanderino que trabajaba de jornalero en O Barco de Valdeorras. Luchó con el ejército republicano en el Frente Norte hasta que fue hecho prisionero, siendo condenado a veinte años de prisión. Acabó en el campo de redención de penas de Casaio, como esclavo al servicio de la industria de guerra nazi. Julián se fugó de esta mina de wólfram y se unió a la guerrilla antifranquista, que tenía su gran campamento allí cerca, en la Cidade da Selva, en donde nuestro compañero Carlos Tejerizo llevará a cabo excavaciones en el próximo mes de julio.

Estos tres hombres responden a un mismo perfil de combatiente antifranquista. Hombres duros, de pueblo, proletarios, mineros, con una concienciación política que se retrotrae al menos a la revolución de 1934. Huidos que se convierten en soldados republicanos, adquieren formación militar y política hasta la caída del Frente Norte en octubre de 1937. Estos tigres del Norte van a ser, y así lo reconocen los propios guerrilleros gallegos, quienes organicen las primeras estructuras guerrilleras en el noroeste. Desde entonces serán partidarios de la línea dura. De hecho, siguieron combatiendo cuando ya todo estaba perdido. A diferencia de otros, ellos tenían clara su naturaleza partisana y se identificaban con los guerrilleros comunistas que en aquel entonces combatían en Grecia, por ejemplo.
Una serie de circunstancias hizo que el escenario final de esta película fuese Repil. Estos hombres, como los reyes magos, vinieron de Oriente, y en ello tuvo mucho que ver el tren.



1 comentario:

Santi Roig dijo...

Buenas noches,

Antes que nada felicitarte por tus artículos que siempre que dispongo de unos minutos leo con detenimiento, me gusta especialmente como mezclas el rigor de las informaciones y de los trabajos sobre el terreno con el buen humor.

En este caso me parece muy acertado el símil con el Equipo A, ese paralelismo entre la ligereza de las acciones de Hannibal & Co, con la tragedia y repulsiva injusticia que arruinó la vida de esas gentes.

Impresionantes las historias que si bien se reducen a un ámbito local son una muestra de como estuvo extendida la infamia y el primitivismo que dábamos por terminado y por lo que estamos viendo recientemente sigue MUY VIVO EN TODA LA GEOGRAFIA DEL ESTADO ESAÑOL, tanto en gentes anónimas como en las cúpulas de los diferentes poderes al grito de Viva Epaña (sin S).... que sociedad tan atrasada, es bien cierto que está pegada a Europa por una porción muy pequeña de tierra.

La historia se repite.

Saludos cordiales.