viernes, 23 de julio de 2010

Un tesoro entre las ruinas

Si las suelas y zapatos han sido un elemento material común entre las casas de los familiares de los presos del destacamento penal de Bustarviejo y la del teniente de la policía armada, hemos obtenido hallazgos que marcaban la diferencia entre la vida cotidiana de unos y otros dentro del penal. Únicamente en el caso de la casa del teniente ha aparecido un pequeño tesorillo de siete monedas, de las cuales sólo se pueden reconocer dos pesetas y cinco céntimos de entre 1940 y 1947.

El hallazgo, espectacular (¡Gracias Nuri!); la escala... muy profesional

Es evidente que los represores disfrutaban de unos privilegios que no tenían ni los presos-trabajadores, por supuesto, ni sus familias. Entre ellos estaba el cobro de un salario digno. Sabemos, por el creador de la web www.guardiadeasalto.com (¡gracias por el dato!) que un teniente de la policía armada, al igual que uno del ejército, vendría a cobrar a principios de los años '40 entre 650 o 750 pesetas al mes. En cambio, por una Orden del Ministerio de Justicia de 14 de diciembre de 1942 (artículos nueve y once) sabemos, en este caso gracias a nuestra insigne historiadora Ali, que las empresas particulares debían pagar a la Jefatura del Servicio Nacional de Prisiones el salario íntegro del preso trabajador que, según las bases de trabajo que regían en la localidad, correspondía pagar a los trabajadores libres; este organismo, siguiendo la normativa vigente, abonaba el subsidio, por día, correspondiente a los presos y sus familias: 2 pesetas para la mujer, 1 peseta por hijo menor de 15 años y 50 céntimos para el preso; el resto se ingresaba en Hacienda.
Como muy bien expresa Piter en el vídeo de la jornada homenaje "el Estado franquista ponía, digamos, la mano de obra y recibía los salarios".
De este modo los presos pagaron doblemente por su desafección al Régimen, una con su trabajo casi esclavo y otra con su salario.
La reconstrucción del país destruido por la guerra se fundamentó así en una economía especulativa, pero no basada en la fluctuación de precios sino en el hecho de que el Régimen contrató los servicios de las empresas constructoras y a su vez recuperó una gran parte de su inversión con el robo del salario que estas debían pagar a los presos-trabajadores.
Se establecieron así los pilares del Estado Nacional-Católico: represión, explotación, miseria, penitencia y redención. Un auténtico valle de lágrimas.