lunes, 4 de octubre de 2010

Basurología

El arqueólogo estadounidense William Rathje inventó a finales de los años 70 el término "basurología" (en inglés garbology), para referirse a sus investigaciones sobre desechos contemporáneos. Su trabajo consistía en excavar tanto basureros actuales como los cubos de basura de la gente. Sus conclusiones llevaron a importantes cambios en la percepción del consumo, la gestión del desecho y la práctica del reciclaje.

Nosotros no aspiramos a tanto. Pero sí tratamos, como Rathje, de comprender arqueológicamente cómo se forman los depósitos de basura.

Los desechos que hemos encontrado en el campo de concentración de Castuera y la forma en que están depositados difieren bastante de unas zanjas a otras. Las diferencias se perciben especialmente bien en los perfiles estratigráficos, es decir, en las paredes de los sondeos. En las fotografías de abajo podéis ver cómo el proceso de relleno de las zanjas ha sido diferente en la letrina y en la zanja perimetral:


Colmatación de la letrina (sondeo ZL04)

Colmatación de la zanja perimetral principal (ZPBA)

La diferencia fundamental es que la letrina se colmató intencionalmente con rellenos potentes de piedra, tierra y basura. La letrina se iba abriendo y colmatando progresivamente, según se iba usando.

En cambio, la zanja perimetral nunca se rellenó mientras el campo estuvo en uso. Se fue cubriendo después, con las arroyadas que cada año han ido depositando finas capas de sedimento.

Sin embargo, como ya señalamos en otra entrada, la zanja perimetral también recibió basuras. Éstas se extienden sobre todo por el fondo de la trinchera, al contrario que las de la letrina, que aparecen casi desde la superficie hasta la parte inferior de la zanja.

Como las zanjas perimetrales no se cubrían bien de tierra, como la letrina, el recinto del campo debía de parecer un auténtico vertedero. Un castigo y una humillación más para los reclusos.

En una entrada anterior comentábamos además la escasez de vidrio de la zanja perimetral cercana a los barracones, frente a su abundancia en las zonas más apartadas. Una interpretación posible es que el vidrio se arrojaba donde no pudiera ser recogido por los prisioneros, bien para suicidarse, bien para utilizarlo como arma contra sus carceleros.