lunes, 26 de marzo de 2012

Punto Científico





El pasado 18 de febrero, en pleno Carnaval, la Asociación Galega de Comunicación de Cultura Científica e Tecnolóxica organizó en la calle el Primer Punto Científico de Galicia. Durante dos horas, un grupo de científicos locos abordó a los viandantes para dar a conocer cómo funciona un antibiótico, cómo se elimina una bacteria, cómo es Marte, cómo funciona la mente humana, qué es una marea roja, en qué consiste la química... cómo exhumar un soldado republicano en la batalla del Ebro. Aunque en la mayor parte de las ocasiones no llevemos bata blanca ni probetas humeantes en la mano, los arqueólogos y las arqueólogas somos vistos, aunque no lo parezca, como científicos por gran parte de la sociedad. Que la Arqueología entre de lleno en estas dinámicas es una buena noticia porque redunda en la proyección social y prestigio de la disciplina. Pero es que además, la Arqueología llega a la gente. No trabajamos con bacterias, fórmulas o ecuaciones... trabajamos con memoria, identidad y un Patrimonio que es de todos. Y también lo hacemos con un pasado traumático. La reacción de la gente ante la charla peripatética centrada en la exhumación de Charlie realizada por nuestro equipo de trabajo (septiembre de 2011) nos muestra que otro modelo de divulgación científica es posible, aunque haya que echar mano de esqueletos famosos como Ötzi de los Alpes, Miguelón de Atapuerca o el Hombre de Galera. A algunos les parecerá una trivialización del pasado, una falta de respeto a las víctimas de la Guerra Civil o vaya usted a saber qué. En nuestra opinión, supone un pasito más en la normalización social de la arqueología del pasado contemporáneo. También se puede hablar de la guerra a un público variopinto, niños incluidos, con discursos sugerentes pero críticos, que muestren el valor de la Arqueología para recuperar la memoria de individuos que quedaron tirados como perros en el estercolero de la derrota, en los márgenes de la Historia.