jueves, 13 de marzo de 2014

Visita a La Tablada: centro clandestino de detención "Base Roberto"


No siempre las fuentes históricas encajan. Más aún cuando no hay documentos oficiales, los testimonios orales de los supervivientes provienen de personas que estuvieron permanentemente encapuchadas, y la arquitectura ha sido una y otra vez remodelada. Sin embargo la visita de ayer por la mañana a La Tablada, programada y auspiciada por la Secretaría de Derechos Humanos del gobierno uruguayo, nos ha permitido historizar mucho más de lo que a priori pensábamos. La Tablada fue un hotel estatal que estuvo en uso hasta los años 50, destinado a alojar a los hacendados (primera planta) y los "troperos" (empleados que llevan el rebaño, en la planta baja) en su camino desde el interior del país a la Tablada Nacional, en Montevideo. Entre 1977 y 1983 fue reconvertido en centro clandestino de detención, alojando a muchos de los secuestrados que se encontraban en el "300 Carlos". Las antiguas alcobas fueron reutilizadas como celdas. La arquitectura del edificio se prestaba a este nuevo uso sin tener que hacerle excesivas reformas. El responsable del mismo fue el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA). Estos militares vestían de paisano y se hacían llamar por seudónimos, nombres falsos cuya primera letra coincidía con la primera letra de su apellido. Sabían cuál era su trabajo. Por si acaso, un cartel a la entrada les recordaba la frase de un general norteamericano en Vietnam sobre cómo un buen soldado ha de saber "mancharse con el barro" para ganar la guerra.
Las víctimas de estos represores de la Base Roberto fueron principalmente miembros del Partido Comunista de Uruguay (PCU) y de la sección universitaria de la Unión de la Juventud Comunista (UJC) dentro de la conocida como "Operación Morgan". La explicación la daba el general Luis A. Forteza a un periódico en 1973: "Democracia y Marxismo son incompatibles. Su eliminación es imprescindible para la convivencia en paz y progreso (...). Su acción falaz, ruin y traidora debe ser definitivamente extirpada, como debe ser extirpado el cáncer, en bien de la vida".
Se estiman dos momentos diferentes en donde el patrón de funcionamiento del centro clandestino cambiaría: 1977 y 1980. En un primer momento en la planta baja estarían los presos y en la planta alta se torturaba y asesinaba. Hay constancia de que en algún caso se tiró un cadáver por una ventana del segundo piso, directamente a la camioneta que lo llevaría a la fosa clandestina. En un segundo momento ambas plantas estarían ocupadas por presos, con una ocupación más intensa del espacio.
Tras el fin de la dictadura, en 1985, funcionó como reformatorio del INAME (Instituto Nacional del Menor), y posteriormente fue adaptado como cárcel, sin excesivas reformas. Tres son las zonas en las que hemos podido identificar mayores cambios: el hall del primer piso a donde llegan las escaleras ha sido compartimentado con nuevos tabiques para generar cuerpos de guardia, sala de visitas, etc.; a los grandes salones o comedores de la planta baja se les ha añadido un entrepiso construido en hormigón en la mitad de los mismos para ganar algunas estancias más;  y la fachada trasera del edificio, que originalmente era porticada al igual que las alas laterales, y por la que se accedía a la gran sala o patio cubierto que distribuía las habitaciones de la planta baja, ha sido cegada, añadiendo un muro con ventanas. Los vanos de las celdas (puertas, ventanas y ventanucos) son los originales de las alcobas del hotel, pero ventanas y puertas han sido sustituidos por otras afines a los usos carcelarios. La estructuración interna de las celdas mantiene el mobiliario de obra original del hotel (estanterías, escritorio / mesa, taburete, retrete y lavamanos, como demuestran los detalles en mármol en estos últimos, los ladrillos macizos, la ferralla de tipología antigua o las baldosas hidráulicas del suelo).

La mayor parte de estas modificaciones seguramente se hayan realizado en momentos posteriores a 1985, cuando el edificio pasó a ser reformatorio y cárcel. No obstante hay una modificación que debió acometerse en el momento de uso como CCD, ya que por los testimonios y por la lógica interna de la cadena represiva no puede ser de otra manera. Nos referimos a la galería abierta de la fachada trasera, que tuvo que ser tapiada de algún modo.


Sin embargo el muro que vamos actualmente y las ventanas enrejadas en el mismo se corresponden con la fase carcelaria del edificio. De todos modos hemos podido constatar que el edificio, pese a los usos cambiantes del mismo, casi siempre con fines represivos, mantiene bastante bien la fisonomía y distribución interna del hotel original y, por extensión, del centro clandestino de detención. Por todo ello también podemos deducir que la reconversión del hotel en centro clandestino en 1977 no conllevó reformas sustanciales (cierre de la galería porticada trasera y cegamiento de los vanos, seguramente con planchones metálicos). Este carácter casi improvisado es coincidente con el hecho de que , como veremos más abajo, se mantuvieran incluso elementos decorativos del hotel, como son los grandes cortinones de terciopelo del acceso a los comedores de la primera planta. 
En el año 2007 el Grupo de Investigación en Antropología Forense (GIAF) realizó varias excavaciones arqueológicas, principalmente en los alrededores del edificio y una en el interior del mismo, en la gran sala donde estaban concentrados los presos. Se buscaban los cuerpos de trece detenidos-desaparecidos. Actualmente espera una nueva reforma para ser reconvertido, una vez más, en reformatorio.  
En el trabajo de investigación realizado por el grupo de historiadoreas de la Universidad de la República en paralelo al del GIAF (Rico, Á. Ed. 2007. Tomos I-IV. Investigación Histórica sobre Detenidos Desaparecidos. En cumplimiento del artículo 4º de la Ley Nº 15.848. Montevideo: IMPO, Universidad de la República, Facultad de Humanidades) podemos leer algunos testimonios:

- Testimonio 1:
Al ingresar al predio, se recorría un trayecto en pendiente de pedregullo.



A los presos se los hacía ingresar al recinto por una puerta chica ubicada a un costado de la casa.


En la planta baja, estaban todas las celdas y calabozos que daban a un patio principal con un piso cubierto de baldosones rojo y amarillos,


 era el único lugar donde había luz natural que penetraba por una claraboya.


Las paredes exteriores "incluyendo la oficina del comandante", tenían las ventanas tapiadas. Se ascendía al primer piso por una escalera ancha de mármol cuyas paredes tenían pajaritos pintados a relieve.


En la planta alta existían diferentes piezas. En una, se le sacaban fotos a los presos


y se les hacía la ficha. En otras se torturaba; estaba la del "gancho",


en otra el "tacho" para el submarino,


en otra se "picaneaba",


 

en todas había aislamiento para el sonido; además, había una habitación con un colchón donde tiraban a los presos que debían "reponerse".




 En esta planta, había cortinados de terciopelo rojo y una terraza exterior desde donde sólo se veía campo y algunos árboles a lo lejos.


- Testimonio 2 (Eduardo Platero, 24/07/1985):

(. . .) Después de una marcha larga del camión, que fue recogiendo gente de distintos lados y haciendo esperas, nos llevaron al local que nosotros identificamos como "El infierno de la Tablada ". Era un local de aproximadamente treinta metros de largo por quince o veinte de ancho, que tenía en uno de sus lados cortos la puerta de entrada; que sus dos costados, o lados largos, tenían celdas; había trece celdas de alrededor de 2 metros de ancho. En algunas oportunidades estuve en alguna de ellas y estimo las dimensiones en dos metros por tres.


En la pared opuesta a la que estaba la puerta por la que nos ingresaron, después de trasponer unos escalones


estaban los baños,


lo que ellos llamaban la cocina y la escalera hacia el segundo piso, que era donde se practicaba la tortura.



(. . .). Allí el personal que estaba era de civil y el régimen era de inmediata compartimentación, es decir, nos numeraban, nos colgaban del cuello un número que a su vez tenía rayas de colores que identificaban a los distintos departamentos o sectores que nos estaban interrogando. Había un color para los jóvenes, otro color para los sindicalistas, otro para los del aparato central del partido; supongo que también los había para los distintos equipos que nos interrogaban, porque en el transcurso de mi detención fui cambiado de color y de equipo de torturadores. La guardia abajo también se regía por un régimen militar; hacían turnos de 12 horas, con descansos de 24 horas y entonces volvían los mismos que habían estado. La disciplina era la de cuartel: cambiaba la guardia, se hacía la fajina, se ubicaba a los presos, se los contaba, se revisaba el estado de las vendas y de las capuchas, se los llevaba para arriba y comenzaban los interrogatorios.

- Testimonio 3 (Eduardo Platero, 06/03/1985):
Fui detenido el 13.06./977 y llevado a "La Tablada". (. . .). Las posibilidades de hablar eran prácticamente nulas por la separación que había entre las sillas y los ruidos que emitían los altavoces que estaban constantemente prendidos. Sólo se podía oír la voz del que estaba al lado, algunas voces, cuando pedía para ir al baño o algo así. Las posibilidades de contacto físico eran también limitadas. Se sabía de la complexión de cada uno por la manera de caminar, de golpear en el piso cuando caían o cuando chocaban con uno por distintos motivos. También por determinadas bromas podía saberse que un compañero era pelado. (. .. ) Yo conocía el sitio porque enfrente quedaba la Cantera de La Tablada, y antes fue una dependencia municipal, queda en la calle La Tablada, antes del cruce de la vía, estaba en una elevación, tenía un piso de baldosas de dos tamaños, una de 2O x 20, color ocre y otras más azules, color celeste de 1O x 1O.


 El barracón estaba orientado en forma tal, que mirando en la dirección que nos ponían cuando nos tenían de plantón, que digamos daba de frente por la puerta de donde nos entraban y sacaban y de espalda a la escalera, 


 que nos subían al 2º piso que era donde nos torturaban, el sol de la tardecita a la mano derecha nuestra orientado de norte a sur el largo y que tenía unos 30 metros de largo. Yo lo estimo porque creo recordar que tenía 13 celdas de cada lado que tenían alrededor de dos metros de ancho cada uno, yo estimo que el largo era de unos 30 metros y el ancho libre de unos 15 metros, que estaba techado con zinc y cerca de madera.


Otra cosa que estoy absolutamente seguro, que me detuvo, que me custodió allí y me torturó era personal militar; con régimen militar y aplicando a las rutinas militares que después aprendí a conocer durante mi detención en los diversos cuarteles. Ese personal salvo los oficiales, para los cuales había una ley aparte, estaba obligado a vestir de civil, inclusive recuerdo que un soldado que vino a la custodia, que iba con ropa de civil, pero con las botas militares se le arrestó.