lunes, 10 de septiembre de 2012

Abánades: Año 3, Día 1


Hoy empezamos nuestra tercera campaña arqueológica en los paisajes bélicos de Abánades. Un equipo formado por 15 personas, entre arqueólogos y voluntarios, investigaremos una de las zonas más castigadas durante la ofensiva del Alto Tajuña, en la primavera de 1938. Como siempre, informaremos puntualmente desde las trincheras (y las parideras).

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Detalle de un plano de la Guerra Civil proporcionado por Julián Dueñas.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Y al final, llegamos al principio


En arqueología, al final siempre llegamos al principio, al momento en que empezó todo. Por eso quizá al observar la fosa común vacía en el cementerio de Castuera, uno siente una sensación extraña de horror y de tristeza.

Desde aquí, ahora, contemplamos el instante anterior a que esta zanja se convierta en sepultura para once asesinados.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Los últimos días del campo


Durante la última semana de trabajo en el campo de concentración de Castuera trabajamos en una edificación que debió acoger a los guardianes del recinto. Se trata de un edificio rectangular de mampostería con cuatro habitaciones de diferente tamaño. Las dos estancias de mayor tamaño tienen hogares con murete de piedras y restos de ceniza. La de menores dimensiones cuenta con un desagüe, del que proviene un fuerte olor a aguas fecales. Es posible que los espacios se correspondan con dos dormitorios y una letrina.

En rojo, edificios de los guardias del campo. 

Lo que hemos encontrado en el interior del edificio, sin embargo, tiene poco que ver con la función original de la estructura. El suelo de tierra aparece tapizado de decenas de abridores de latas, restos de alambre, piquetas de alambrada partidas, cucharas, algún botón... En distintos lugares se observan restos de hogueras, algunas delimitadas con trozos de piqueta y todas ellas rodeadas de fragmentos de latas y abridores. Apenas aparecen latas completas: debían arrojarlas al exterior, mientras que las llaves se tiraban allí donde se había consumido el alimento.

Todo apunta al final de la vida del campo. Muy probablemente lo que documentamos es la presencia del grupo de prisioneros encargados de desmantelar las instalaciones durante los últimos días del mes de marzo y los primeros de abril de 1940. Dado su reducido número (29 reclusos), podían alojarse en este pequeño anexo del campo, que tenía su propio foso y alambradas. En torno a hogueras improvisadas se calentaban mientras daban cuenta de su almuerzo monótono de atún o sardinas.

Los restos transmiten una profunda sensación de miseria y sordidez. La imagen es más desoladora que la que pudiera ofrecer cualquier refugio de mendigos. Pero es una imagen fidedigna de la España de la posguerra. Sobre todo, de la posguerra de los vencidos.

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Agradecemos a Antonio López que nos diera a conocer el documento en el que se menciona a los presos encargados de desmantelar el campo de concentración.

martes, 4 de septiembre de 2012

Fosa 6.1


Nuestra excavación en Castuera es una escuela de arqueología de campo en la que participan voluntarios y estudiantes universitarios. Un buen contexto para contrastar nuevas metodologías que permitan maximizar el registro arqueológico. Gracias al buen hacer de nuestra compañera Patricia Mañana (INCIPIT, CSIC) contamos con estas imágenes 3D de la fosa 6.1.

The unforgettable fire


Los reporteros de guerra saben que cuando el enemigo te ofrece tabaco algo siniestro va a ocurrir. Como en ese episodio cierto de Hermanos de sangre en el que un soldado estadounidense, tras el desembarco de Normandía ofrece pitillos a soldados alemanes hechos prisioneros. Tras las caladas de rigor, los acribilla sin piedad.
En la fosa 6.1 aparecen varios mecheros, una boquilla y un zipo en perfecto estado de conservación. Tenemos que imaginar el humo de los últimos (sí, los últimos) pitillos como paso previo al fuego, la pólvora y el humo de la muerte. Varias balas de arma corta de nueve milímetros aparecen dentro de los cráneos de los ejecutados.

El tiro de gracia.

El fuego inolvidable.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Ver la tierra







El excelente trabajo realizado por el equipo de Laura Muñoz el año pasado en el cementerio de Castuera nos ha guiado desde el inicio. Esta semana hemos abordado la continuación de una fosa documentada en 2011, que prosigue bajo los nichos actuales. En ella algunos cadáveres aparecían con las muñecas esposadas con cable. Estos días hemos exhumado un tramo de casi tres metros de longitud, con seis individuos más. Alberto, el palista, alcanza con el cazo de su pala el nivel de la fosa. Un cable entrelazado nos muestra la evidencia del terror.
La arqueóloga-antropóloga Candela Martínez organiza el trabajo en esta fosa. Poco a poco se van definiendo en planta los esqueletos. Una gran cantidad de objetos aparecen tras el fino trabajo de bisturí y palillo de los voluntarios de AMECADEC y de los arqueólogos. Entre ellos, unas gafas, que aparecen al lado de un saquito de cuero con monedas. Los numismas de Caronte.

Una socia de AMECADEC que perdió a su abuelo como consecuencia de la vesania falangista agradece nuestro trabajo y en una frase lapidaria resume su visión de la Arqueología: Es que vosotros sabéis leer la tierra, sabéis ver la tierra. En esta misma fosa, el año pasado se documentó otro par de lentes, concebidos para corregir la hipermetropía. La Arqueología (a pesar de los miopes revisionistas que precisan una corrección de dioptrías) nos permite ver de cerca lo peor de la naturaleza humana. Tan lejos, tan cerca.

domingo, 2 de septiembre de 2012

La fosa de Bernarda Alba


Ayer la Asociación de Mujeres de Castuera representó en la Posada del Títere La Casa de Bernarda Alba, del genio Federico García Lorca. El personaje central de Bernarda resume lo que va a ser la mujer concebida por el fascismo, materializada en la dama tétrica, Carmen Polo.  En un lance de la obra, una Bernarda desatada declama: Los antiguos hacían muchas cosas de las que nos hemos olvidado. El tiempo de los rojos resume esa  visión de un tiempo mítico, de los antiguos y gentiles, de un universo propio de Hesíodo, de una historia olvidada que quizás no haya ocurrido nunca. La evolución del cementerio nuevo de Castuera materializa toda una estrategia de invisibilización consciente de ese pasado traumático. Nichos y nichos de reciente construcción han destrozado la evidencia material de los asesinatos. Los muertos dejan espacio a los otros muertos, olvidados bajo un metro de cantos de cuarcita, sedimento arcilloso y placas de cemento.

Poncia, la criada petrucia de la casa de Bernarda Alba afirma sin tapujos la suerte de los explotados en la España de los años 30: Un hoyo en la tierra de la verdad es la única tierra de los pobres.

En un pazo gallego, en las tierras de A Mariña lucense, una inscripción recoge el siguiente recordatorio:

Decid a vuestros hijos que el suelo que pisan es la ceniza de sus abuelos. Respetarán la Tierra si les contáis  que está llena de la vida de sus antepasados.