domingo, 12 de febrero de 2012

Reivindicar a las víctimas, hacer ciencia

El pasado viernes quien esto escribe tuvo el privilegio de participar en el tribunal que juzgaba la excelente tesis doctoral de Luis Ríos Frutos, antropólogo físico especializado en exhumaciones de la Guerra Civil Española. El título de la tesis es Identificación de restos óseos exhumados de fosas comunes y cementerios de presos de la Guerra Civil y primeros años de la dictadura en Burgos (1936-1942). El autor tiene una muy amplia experiencia en exhumaciones tanto en Burgos como en otras provincias. Actualmente se encarga de recuperar y analizar los restos humanos de cientos de represaliados enterrados en el Parque de la Carcavilla (Palencia). En su trabajo doctoral analiza varias fosas comunes ubicadas en tres localidades -Villamayor de los Montes (46 cadáveres), San Juan del Monte (5 cadáveres) y La Andaya (85 cadáveres)- y el cementerio del penal de Valdenoceda (152 cadáveres).

El trabajo no sólo nos permite conocer mejor las estrategias de represión franquista en Burgos (que acabó con la vida de 2.500 personas), sino también cómo era la vida de la población rural en la provincia durante el primer tercio del siglo XX. En los esqueletos de los represaliados se observan los efectos de una alimentación deficitaria y una falta casi total de atención médica y odontológica. La represión en Burgos fue inmisericorde: entre los muertos analizados en la tesis hay dos mujeres y varios familiares. Un padre y sus tres hijos, por ejemplo, fueron asesinados y enterrados juntos. Como en el resto de España, la violencia continuó en la posguerra de distintas formas. En el penal de Valdenoceda los prisioneros morían de hambre, enfermedades y palizas propinadas por los carceleros, lo que llevó a una tasa de fallecimientos muy superior a la del pueblo vecino.

Al contrario que en otras violaciones de derechos humanos, en el caso español la documentación es sorprendentemente abundante, lo que ha facilitado el trabajo de identificación. En eso, la represión franquista se parece a la de otros regímenes totalitarios de los años 30 y 40: todo está bajo control y perfectamente burocratizado, incluido el exterminio de miles de opositores políticos.

El trabajo de Luis Ríos y sus colaboradores es, quizá, el mas importante de los que se pueden llevar a cabo en relación a la Guerra Civil y el Franquismo: recuperar la identidad de las víctimas. Gracias a la combinación de excavación arqueológica, minuciosos análisis osteológicos y genéticos y trabajo de archivo se consiguen relacionar los restos anónimos que aparecen en las exhumaciones con personas concretas. Los familiares pueden así enterrar los huesos de sus muertos con la total certeza de que pertenecen a su padre, su abuelo o su hermano.

Digo con total certeza, porque lo que revela esta tesis doctoral es el enorme trabajo que hay detrás de cada identificación y las extraordinarias cautelas que se toman antes de dar por buena una identidad. Porque la única forma efectiva de recuperar la memoria de los represaliados es mediante un trabajo científico riguroso, metódico y objetivo. Desgraciadamente, muchas identificaciones no se pueden llegar a resolver por falta de financiación y de apoyo institucional. De este modo, los familiares ven frustrados sus deseos de recuperar la memoria de los suyos y el trabajo de investigación queda truncado.

La investigación de Luis Ríos es un aporte de primer orden a la antropología física en contextos de violación de derechos humanos. Como tal será útil más allá de nuestras fronteras para forenses y antropólogos que estudian víctimas de genocidios y asesinatos políticos. Al contrario que otras tesis, sin embargo, no sólo contribuye al conocimiento científico: gracias a este trabajo 55 personas han sido rescatadas del olvido, identificadas y enterradas dignamente con su nombre. Decenas de familiares pueden cerrar por fin el duelo que quedó en suspenso por una dictadura que no tuvo piedad con los vencidos.

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Nota para evitar el comentario de siempre: Paracuellos fue una atrocidad incalificable. Pero los restos fueron exhumados en diciembre de 1939 por iniciativa de las autoridades franquistas (no por asociaciones de familiares ni voluntarios). Se dio sepultura a los cadáveres con todos los honores y se construyó un memorial en el lugar de la masacre, como se debería hacer siempre en estos casos. Cf. Javier Rodrigo: Hasta la Raíz. Violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista Alianza, Madrid, 2008, fotos 20-23.