lunes, 9 de septiembre de 2013

Y Zamora de portero


El que sería brigadista internacional, John Murra, había hecho sus pinitos como periodista deportivo especializado en fútbol en Rumanía y Croacia, antes de su marcha a los Estados Unidos. Fue en esos años 20 y 30 cuando el fútbol se extendió por Europa y América, abandonando su feudo británico para convertirse en un fenómeno global. En España, el buen papel de la selección nacional en las Olimpiadas de Amberes y la consolidación de la Liga como competición oficial fueron factores que acrecentaron la popularidad de este deporte. En este contexto surgieron las primeras estrellas balompédicas. De entre todas ellas brilló con luz propia Ricardo Zamora. Hasta se hizo una película en 1926 con el título Por fin se casa Zamora. Tras su paso por el Barça y el Espanyol, este portero mítico fichó por el Real Madrid tras previo pago de 100.000 pta. de la época. Todo un traspaso histórico que nada tiene que envidiar al del galés Bale estos días. Con Zamora de portero el Real Madrid se hizo un hueco entre los grandes, ganando sus dos primeras ligas consecutivas (1931-1933). El club comenzaba a compartir popularidad con otros equipos con más solera como el Athletic Club de Bilbao.
La guerra civil empezó poco después de la final de Copa que ganó el Real Madrid en Mestalla. Ricardo Zamora fue perseguido y detenido por milicianos. Colaborar en el diario católico YA como hacía Zamora no era buena idea en el nuevo contexto bélico. Estuvo en la cárcel y se salvó de ser paseado gracias al buen hacer del escritor Gálvez, que sería fusilado en 1940, a pesar de haber ayudado a mucha gente de derechas. Zamora acabó refugiado en la embajada argentina y pasó el resto de la guerra en Niza. El conflicto supuso la paralización de la liga durante tres años. Con todo, el poder del opio del pueblo se mantenía incólume. Muchos testimonios orales nos remiten a las pachangas en la retaguardia y en el frente. Mi abuelo paterno recordaba con una sonrisa las palizas que les metían a los italianos en Sevilla, dentro y fuera del campo. Gerardo de Alende, excelente delantero de Cereixa, aún me habló hace poco de los partidos que vigilantes y presos rojos jugaban en un campo de concentración de Barcelona, al acabar la guerra. Siempre ganaban los presos republicanos, aunque volviesen deslomados de trabajar redimiendo penas.
En el frente del Alto Tajuña, en donde tuvo lugar la batalla olvidada, el fútbol formaba parte de la vida cotidiana. El saxofonista catalán Buenaventura Leris menciona en su meticuloso diario de guerra los partidos jugados en la retaguardia, con actuación musical incluida en los descansos. Podemos suponer que la mayoría de catalanes que allí combatían eran del Barça o del Espanyol. Uno de estos campos de fútbol republicanos se encontraba en el Barranco del Pozo. En sus inmediaciones los incasables Ismael y Domin encontraron en superficie el mechero que podéis ver en la fotografía. Un mechero de gasolina con el escudo del Real Madrid de 1920. A tenor de lo que sabemos de la evolución de la batalla olvidada, existen dos opciones: o que el mechero se le cayese a un republicano (este espacio no estuvo especialmente activo tras la ofensiva de 1938) o lo perdió un combatiente nacional en su huida ante el ataque republicano.

Queda todavía mucho por escribir sobre la relación entre fútbol y conflicto en el siglo XX. Ahí está el caso de Zamora, o la selección de Euskadi formada por futbolistas exiliados que fueron de gira durante la guerra e incluso participaron en la liga mejicana. O el extraño caso del paracaidista alemán Bernhard Trautmann que acabó siendo el portero franquicia del Manchester City en los cincuenta. O los grandes futbolistas húngaros que recalaron en la España de Franco tras la revuelta contra la URSS de 1956. O la gesta del Dinamo de Kiev que venció a una selección alemana durante la ocupación nazi de Ucrania y que fueron fusilados a posteriori. Todavía hoy, aquellos que vieron in situ aquel partido, que ya quedan pocos, ven gratis los partidos jugados en casa por el Dinamo.

2 comentarios:

Juan I. Garcia Hernandez dijo...

Genial el articulo. Solamente un matiz, si el escudo del madrid lleva la franja morada, el escudo es posterior al 31. La franja morada diagonal del escudo se puso en honor a la república (que durante esos años no portaba corona) Si están los dos símbolos (franja y corona) es posterior a la guerra.
Un saludo y seguid haciendo cosas y haciendonos disfrutad a los demas.

El Ayán dijo...

Muchísimas gracias Juan, enorme tu aportación. Un abrazo fuerte.