domingo, 12 de octubre de 2014

Ciudades de guerra


Plano parcial del campamento republicano de Canredondo. 
Los puntos indican estructuras excavadas.

Hasta la revolución militar del siglo XVII apenas existían espacios propiamente militares, más allá de algunos fuertes. En caso de guerra, los soldados vivían sobre el terreno, alojados en viviendas ordinarias de los pueblos y ciudades por los que marchaban. Para los civiles no había opción: estaban obligados a mantener a las tropas del rey. Esto daba lugar a todo tipo de abusos, como es fácil de imaginar. La invención del cuartel a fines del siglo XVII supuso, por lo tanto, un progreso notable.

Durante cualquier guerra moderna, se moviliza a cientos de miles o incluso millones de hombres y mujeres. Esa movilización implica desplazarlos de sus residencias habituales y crear nuevos asentamientos; cuarteles, bases, campamentos, fortificaciones de primera línea. Durante la Guerra Civil, muchas de estas instalaciones militares se encontraban en medio de poblaciones civiles. Edificios de intendencia, cocinas y hospitales habitualmente se localizaban dentro de los pueblos, a veces con resultados funestos para la población civil. En Canredondo (Guadalajara) se ubicaban los servicios de retaguardia de la 138 Brigada Mixta del Ejército Popular de la República. La aviación franquista lo sabía y el pueblo sufrió por ello varios bombardeos. 

En enero de 1938, el mando republicano decidió construir un campamento apartado de la población, en un vallejo angosto a algunos kilómetros de Canredondo. Sus ruinas son visibles todavía hoy. Se trata de chozas rectangulares de piedra (o "chabolas" como se las llamaba entonces), en su día cubiertas con techumbre de ramas y teja. Sobre el suelo de tierra se aprecian restos de hogueras -la única fuente de calor y de iluminación (solo había un vano: la puerta). 


Choza republicana en Canredondo.

La guerra moderna en España supuso no solo la modernización del paisaje de la forma más brutal y repentina (minas anticarro, alambradas, fortines de hormigón armado). También todo lo contrario: el regreso a formas de habitación prehistóricas. Por su aspecto, el poblado de Canredondo podría tener tres mil años. Sus chabolas no se diferencian mucho de las casas de la Edad del Hierro que nos encontramos en la posición republicana de Los Castillejos de Abánades. 

Pero vivir en la Prehistoria les salvó la vida a los soldados de la 138 Brigada Mixta. El campamento nunca fue localizado por la aviación sublevada y gracias a ello se salvó de los bombardeos.