miércoles, 26 de agosto de 2015

Un Jíbaro en Mediana de Aragón (I)


La historiografía franquista acuñó el tópico de la Galicia fiel al Movimiento desde el primer día, convertida en granero de hombres para el glorioso ejército sublevado. La realidad fue otra, como lo corrobora la brutal represión desatada en el verano de 1936. Lo que no se suele contar tampoco es la cantidad de gallegos y gallegas que defendieron la República durante la guerra civil. Políticos, sindicalistas, marineros y obreros huyeron por mar a Francia y el Norte leal y se incorporaron a la lucha. Ahí tenemos al Batallón Galicia en Asturias o al Batallón Celta de la CNT en el Ejército de Euzkadi. En Madrid, gallegos residentes, segadores que se encontraban en los pueblos del entorno, se integraron en las Milicias Gallegas para después combatir a las órdenes de Líster en los principales escenarios del conflicto, entre ellos la ofensiva sobre Zaragoza de agosto de 1937. Los gallegos intentaron conquistar Fuentes de Ebro, sin conseguirlo.
En julio de 1936 Rubén Gotay Montalvo (1914-2000) era un estudiante de Derecho puertorriqueño de ascendencia gallega en la Universidad Central de Madrid. Identificado con la causa republicana, se convierte en corresponsal de guerra, elaborando crónicas para El Miliciano Gallego. Fue también uno de los fundadores del semanario Nueva Galicia, además de redactor jefe de Pasaremos. Integrado en el Comisariado de Guerra de la famosa 11ª División escribía bajo el pseudónimo de El Jíbaro. En julio de 1938 abandonó España y rápidamente escribió unas memorias tituladas Mientras arde la hoguera. Apuntes de un corresponsal combatiente (Puerto Rico, 1939).


En este libro, Rubén dejó constancia de su paso por Caspe, capital del Aragón republicano y base de operaciones del Ejército del Este en los ataques a Mediana, Pina, Quinto, Fuentes de Ebro y Burgo de Ebro. Evidentemente, estamos ante una crónica propagandística, pero también ante un testimonio único que nos hace volver a 1937 mientras en septiembre de 2014 prospectábamos y excavábamos estas tierras yermas de Mediana de Aragón, que esperamos volver a visitar en pocos días. Así nos relata el autor la conquista de Mediana (26 de agosto de 1937):

Es indudable que nuestra operación sobre Fuentes de Ebro ha fracasado. Limpio de enemigo el terreno donde actuamos, tenemos ante nosotros otro objetivo: Mediana de Aragón. El Mando fascista no cuenta con una ofensiva nuestra por este sector, así que si organizamos un ataque de gran envergadura para capturar Mediana, el enemigo puede advertir nuestros preparativos y oponernos una fuerte resistencia. Hay, pues, que ingeniárselas de alguna manera.
Terrón, el Comisario del cuarto batallón de la 100ª Brigada, monta a caballo; luego llama a algunos de sus hombres.
_Muchachos –les dice-, hay que dar aquí un golpe de efecto. Tenemos que coger Mediana. –No dice más.
Bajo el sol abrasador de Aragón marchan los ametralladores, hundiendo los pies en la blanda arena, de la que se levanta un vaho caliente, que marea. No hay ni una gota de agua, pues el río queda distante y es imposible acercarse a él, por estar la orilla opuesta en poder del enemigo, que barre con las ametralladoras todas las cercanías. Por otra parte, el camión algibe (sic) no ha llegado aún.
Y los soldados marchan adelante, sin una protesta, con los labios hinchados por la sed, pero sin osar tocar el depósito de refrigeración de sus “máquinas”, de las que depende mayormente el éxito de la operación que se va a realizar. Van dando la vuelta al cerro que queda detrás del pueblo. Terrón, el Comisario y algunos caballistas suben a las alturas que dominan Mediana y entonces, desde allí, bajan a todo galope de sus caballos, gritando ‘¡Arriba España! ¡Viva Franco!’, en dirección a la entrada del pueblo. Las guardias fascistas y de requetés no les dan el alto, confundiéndolos con jinetes propios que han ido a hacer algún reconocimiento.
Después de dar una vuelta por la población, Terrón y sus jinetes vuelven a la montaña. Ya las ametralladoras republicanas están debidamente emplazadas y abren fuego sobre la plaza facciosa. La desmoralización cunde en las filas enemigas y Mediana, se rinde, creyendo que tras aquellas lomas hay grandes contingentes del Gobierno, prestos a caer sobre el pueblo.

En las casas del lugar conquistado pueden verse pintados los colores monárquicos y en alguna otra tapia hay pegados carteles de las J.O.N.S.