viernes, 25 de noviembre de 2016

(Re)dibujando líneas "en el" campo

Posiciones en el paisaje fortificado de San Pedro – Txibiarte.
Cuando se habla de que la investigación sobre la Guerra Civil y el Franquismo sólo sirve para abrir viejas heridas, o cuando se menosprecia el trabajo arqueológico en este campo por su “inutilidad”, se omite una cuestión muy sencilla: nada sabrá aquél que no pregunte. Y eso es algo que nos gusta hacer: preguntar. De hecho, es la base de todo ejercicio científico: establecer hipótesis para que éstas sean contrastadas de una forma empírica y argumentada.
Una campaña arqueológica es un “acto performativo”: toda una serie de agentes, recursos y factores se ponen en juego. Trabajamos con fuentes materiales (y documentales y orales) con el objeto de generar conocimiento histórico pero, además, trabajamos con “patrimonio” (un conjunto de elementos simbólicos, materiales y paisajísticos que forman parte de la vida cotidiana de quienes lo habitan). Por esa razón, las excavaciones que llevamos a cabo entre octubre y noviembre estuvieron abiertas a todo el mundo: decenas de personas pudieron acercarse y contarnos qué percepción tenían del monte San Pedro. Gracias a la visibilización que supone una excavación comprometida con la socialización del conocimiento, parece que hemos puesto un granito de arena en la tarea de encender la mecha de la memoria. Hemos animado a la ciudadanía a que desempolve sus desvanes de recuerdos, anécdotas y sucesos. Y eso es lo que ha pasado con mucha gente. 

 Visita durante las excavaciones (fuente: Ayunt. de Amurrio).

Objetos traídos por visitantes a las excavaciones.
Una de esas personas es Jose Mari Sagarduy, entre otras muchas cosas, un aficionado al montañismo de 83 años. Junto a su familia, acudió a una de las barferencias que ofrecimos durante la excavación y vio que había un dato importante que faltaba en nuestras explicaciones. Aunque hablábamos de San Pedro – Txibiarte como de un sistema fortificado casi unitario, esto no era más que nuestra suposición en base a algunos documentos y a nuestra labor de registro topográfico. Jose Mari venció su modestia (y un desnivel de varios metros de altura) y subió a charlar con nosotros al monte San Pedro. Es entonces cuando nos habló de su suegro, Jesús Gancedo, una persona bien conocida en Amurrio, sobre todo gracias a su hermano, quien tenía una empresa artesanal de instrumentos de música.
Círculo Artesano, 1927 (fuente: Amurrio Club).
Jesús Gancedo, a quien vemos en esta fotografía de 1927 como jugador del “Círculo Artesano” (antecedente histórico del actual equipo de fútbol de Amurrio), fue el diseñador del sistema fortificado republicano de San Pedro – Txibiarte, así como de otras muchas posiciones militares de la zona. Tal y como nos cuenta Jose Mari, este ingeniero agrónomo, que llegó a ser capitán en el Ejército de Euzkadi, fue el encargado de fortificar con “especial ahínco” el sector de Orduña-Amurrio. La razón: en el invierno de 1936-1937, el Gobierno Vasco creyó que el Frente Norte sería roto por esta zona, siendo la cabecera del río Nervión el acceso más directo a Bilbao, el corazón de la resistencia vasca republicana. Por eso, Gancedo diseñó varias líneas de defensa a lo largo de la comarca de Aiaraldea, algunas de ellas bien exploradas por la Legión Cóndor en sus vuelos de reconocimiento.

Fotografía aérea de la Legión Cóndor en el “sector Orduña-Amurrio-Murguía”, 1937 
(fuente: Archivo Militar General de Ávila)].
Finalmente, el 31 de marzo de 1937 comenzó la gran ofensiva franquista sobre Bizkaia, pero la ruptura del frente no tuvo lugar aquí, sino en otro sector alavés, el de Urbina-Legutio (con la ayuda, como sabemos, de la Legión Cóndor. El monte San Pedro tuvo que esperar hasta finales de mayo para sufrir los verdaderos rigores de la guerra moderna. En ese momento, Euzkadi ya estaba prácticamente perdida: pronto se rompería el Cinturón de Hierro y Bilbao caería en manos de Franco. Al parecer, el sistema defensivo diseñado por Jesús Gancedo no fue realmente un gran obstáculo para el gran empuje rebelde. Tras la rendición de Santoña, Gancedo conocería años de cárcel y silencio. Años en los que su únicas hazañas reconocidas públicamente serían, como mucho, las relacionadas con la épica futbolística. Sobre su otra labor, nada se podía decir… hasta que, con la “excusa” de una excavación arqueológica y gracias a Jose Mari Sagarduy, disponemos de un punto de partida.
Una línea de investigación para (re)dibujar unas líneas en el campo.

Post by Josu Santamarina Otaola (proyecto monte San Pedro 1936-1937).  


Josu Santamarina Otaola