viernes, 21 de julio de 2017

Volver a casa sin dejar el frente


Bobby Deglané es un personaje curioso -empezando por el nombre. Un "chileno simpático y aventurero" en palabras de Pablo Neruda, que tenía un espectáculo en el Circo Price en Madrid. El show incluía números como el Troglodita Enmascarado, el Estrangulador Abisinio y el Orangután Siniestro. Al empezar la guerra se le acusó de espía en territorio republicano y acabó en la cárcel modelo, pero consiguió la libertad y se pasó a las líneas contrarias gracias al apoyo de su embajada. En territorio franquista ejerció como reportero.

Uno de los fotorreportajes que publicó en un seminario ilustrado falangista se llama "Té moruno en la Ciudad Universitaria". En él cuenta una expedición a primera línea en la zona en la que estamos trabajando estos días. Tras cruzar la pasarela que salvaba el Manzanares y perderse en la maraña de trincheras llega al cuartel general. Allí se sienta en los sótanos con un grupo de soldados moros:

"Los detalles, las sugerencias y la influencia de aquel ambiente se adherían a mi espíritu embriagándole con su exótica belleza como en un escenario de leyenda. Y mientras los moros yantaban sus platos olorosos a especies y bebían el dorado brebaje moruno, yo recorría con mi imaginación - en esos momentos lanzada en vetiginoso galope- los lugares espeluznantes donde crepitaba la guerra como en un Apocalipsis lejano, y sin embargo a escasos metros de nosotros. 

Allí estaban los moros aquella noche, con sus pacíficas tertulias. Afuera acecha la muerte. Dormirían aquella noche como se duerme en la Ciudad Universitaria, con el fusil al brazo, para despertar acaso, antes de que el sol anuncie la llegada del día, apremiados por la alarma de un ataque por sorpresa o de la clásica voladura de una de esas conmocionantes minas subterráneas".

(Citado en M. Barchino, Chile y la guerra civil española. La voz de los intelectuales, Calambur, 2013, p. 205.)

En nuestras prospecciones hemos encontrado un objeto que remite a la escena que describe Deglané. Se trata de un colador de té. Aparece en la zona del asilo de Santa Cristina, es decir, en la posición más avanzada que los sublevados tenían en la Ciudad Universitaria -allí donde reinaba la guerra de minas.

Es un objeto aparentemente nimio, pero realmente tiene una enorme importancia. Los musulmanes no beben alcohol (o no deberían, si son fieles a los preceptos del Corán). Las bebidas sociales, por lo tanto, en vez de vino y  cerveza, son té y café. El carácter social del té entre los moros de la Ciudad Universitaria queda de manifiesto en el relato del chileno (los marroquíes consumen la infusión mientras charlan tranquilamente). No solo el acto de beber es importante, ni siquiera de hacerlo en compañía de compatriotas y correligionarios. También lo es el olor, que evoca su país y el mismo proceso de elaboración. El lento ritual de hervir y especiar el té debía de tener un efecto psicológico tranquilizador para estas tropas coloniales en un contexto doblemente hostil (el de la guerra y el de un país y cultura extraños). 

La infusión en sí, su ritual y sus objetos se convirtieron en una forma de mantener lo que el sociólogo Anthony Giddens llama "seguridad ontológica": estar ubicado en el mundo a través de rutinas familiares. Nunca son tan importantes las rutinas como donde resulta casi imposible mantenerlas.

Para Deglané el olor del té y de las especias evocan exotismo y sensualidad -tópicos de la imaginación colonial. Para los marroquíes, beber té significa volver a casa sin dejar el frente.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué simpáticos los moritos, pensando en sus hogares después del festín de extremeñas que se dieron, qué heterorepresor el chileno que los objetiviza y alteriza sin piedad con su mirada romántica colonialista imponiendo así la normatividad eurocéntrica a los pueblos y las pueblas del mundo y la munda.

Le he leido, y se le ve la patita, bajo una apariencia de progre, de científico, de moderado se asoma la admiración por Castro, por el che, chavez, mao, polpot, stalin y demás. En su narración hay buenos y hay malos, descaradamente. (Por ejemplo aquí el eurocéntrico alterizador) Luego acusa a otros de simpleza cuando usted se entrega a filias ciegas como la que más. Un buen historiador debe tratar de ser lo más aséptico, desapasionado, escéptico y apolítico como le sea posible. Obviamente usted no es un buen historiador. Ni el 90% de los egresados de las facultades, que me consta, son un nido de marxismo cultural.

Un saludo.

Anónimo dijo...

En resumen, tras investigarle un rato, creo que ha trabajado bastante este tema y sabrá mucho màs que cualquiera, pero creo que es usted un hipócrita.

Gonzalez-Ruibal dijo...

Estimado Sr. Anónimo:

Muchas gracias por sus amables y sagaces comentarios, con los que resulta difícil discrepar.

Reciba un cordial saludo.

Antonio R. L. dijo...

Tagueno; deglane by tanto amasaron su gloria con aplausos al genocidio yun micrófono en forma de ametralladora.