Después de varios meses de inactividad el equipo de "Guerra en la Universidad" emprenderá en breve nuevos proyectos relacionados con la arqueología de la Guerra Civil Española. Dejamos el campo de batalla de la Ciudad Universitaria para explorar otros escenarios bélicos y posbélicos.
Entre nuestros planes inmediatos se encuentra una nueva fase de estudio del destacamento penal de Bustarviejo (Madrid), que incluirá la realización de planimetrías detalladas y sondeos arqueológicos. Pronto podréis encontrar en el blog más información sobre ésta y otras intervenciones que se desarrollarán a lo largo de 2010.
sábado, 27 de marzo de 2010
viernes, 18 de septiembre de 2009
Arqueologia del fusilamiento
Cuando se piensa en la arqueología de la Guerra Civil Española, lo primero que viene a la mente son las exhumaciones de represaliados políticos. Es lógico que sea así por su enorme importancia social y política, así como por la cantidad de intervenciones que se realizan. Sin embargo, al centrarnos exclusivamente en la fosa donde fueron a parar los cuerpos de las víctimas de la violencia, perdemos de vista todo el proceso represivo, que incluye naturalmente esas fosas y cunetas, pero también cárceles, cuarteles, paredones y cementerios.
La arqueología nos permite acercarnos a esos otros escenarios siniestros de la represión. Así, en una intervención arqueológica reciente en el castillo de San Felipe (Ferrol), que ha coordinadado Rebeca Blanco Rotea (IEGPS-CSIC), han aparecido trazas de esos otros elementos del calvario por el que pasaron muchos represaliados.
El castillo de San Felipe es un fuerte costero erigido a fines del siglo XVI a la entrada de la Ría de Ferrol. Fue reformado en varias ocasiones y durante la Guerra Civil se transformó en un campo de concentración por el que pasaron miles de prisioneros políticos. Muchos de ellos acabaron sus días allí, ejecutados en el foso de la fortaleza. Entre las personas asesinadas por motivos exclusivamente políticos se encuentran, entre otros, una mujer de 27 años, Amada García Rodríguez, fusilada a los tres meses de dar a luz en cautiverio.
Durante la intervención coordinada por Rebeca Blanco se documentaron múltiples impactos de bala en los muros que flanquean el foso del castillo - conocido como Foso de los Fusilamientos. Es más, al realizar sondeos en el foso se localizaron varios proyectiles y casquillos que dan testimonio del terrible uso al que se destinó este espacio durante la Guerra Civil.
Sondeo arqueológico en el Foso de los Fusilamientos en el que se localizaron varias balas y casquillos. Al fondo, muro impactado por proyectiles.
Proyectiles de 7 mm del Foso de los Fusilamientos - iguales a los que hemos encontrado en nuestra trinchera, pero empleados para asesinar a gente indefensa. En las guerras civiles se difumina la diferencia entre combatientes y no combatientes.
Los restos de proyectiles e impactos, cuidadosamente documentados, ofrecen un testimonio tangible y escalofriante de la brutal represión franquista en la provincia de A Coruña - una provincia en la que no hubo oposición armada a la sublevación. Sólo en Ferrol se asesinó a 710 personas entre 1936 y 1939.
Además de fosas comunes y campos de batalla, la arqueología de la Guerra Civil debería también analizar las trazas sutiles del horror que se conservan en las tapias de los cementerios y los patios de las cárceles.
Postdata
Al poco de publicar esta entrada, José Ignacio Barrera Maturana, del Laboratorio de Arqueología y Arquitectura de la Ciudad de Granada, nos hizo llegar una interesante página web en la que se describen los impactos de bala de la Guerra Civil en la tapia del cementerio de Granada. Se solicita además en esa web -con toda la razón- que se reconozca la tapia como lugar histórico. El caso de este cementerio resulta especialmente interesante, pues los familiares de los fusilados grabaron pequeñas cruces en la pared junto a los impactos de los proyectiles. Se trata de un testimonio estremecedor de la represión que bien merece ser protegido y divulgado.
La arqueología nos permite acercarnos a esos otros escenarios siniestros de la represión. Así, en una intervención arqueológica reciente en el castillo de San Felipe (Ferrol), que ha coordinadado Rebeca Blanco Rotea (IEGPS-CSIC), han aparecido trazas de esos otros elementos del calvario por el que pasaron muchos represaliados.
El castillo de San Felipe es un fuerte costero erigido a fines del siglo XVI a la entrada de la Ría de Ferrol. Fue reformado en varias ocasiones y durante la Guerra Civil se transformó en un campo de concentración por el que pasaron miles de prisioneros políticos. Muchos de ellos acabaron sus días allí, ejecutados en el foso de la fortaleza. Entre las personas asesinadas por motivos exclusivamente políticos se encuentran, entre otros, una mujer de 27 años, Amada García Rodríguez, fusilada a los tres meses de dar a luz en cautiverio.
Durante la intervención coordinada por Rebeca Blanco se documentaron múltiples impactos de bala en los muros que flanquean el foso del castillo - conocido como Foso de los Fusilamientos. Es más, al realizar sondeos en el foso se localizaron varios proyectiles y casquillos que dan testimonio del terrible uso al que se destinó este espacio durante la Guerra Civil.
Sondeo arqueológico en el Foso de los Fusilamientos en el que se localizaron varias balas y casquillos. Al fondo, muro impactado por proyectiles.
Proyectiles de 7 mm del Foso de los Fusilamientos - iguales a los que hemos encontrado en nuestra trinchera, pero empleados para asesinar a gente indefensa. En las guerras civiles se difumina la diferencia entre combatientes y no combatientes. Los restos de proyectiles e impactos, cuidadosamente documentados, ofrecen un testimonio tangible y escalofriante de la brutal represión franquista en la provincia de A Coruña - una provincia en la que no hubo oposición armada a la sublevación. Sólo en Ferrol se asesinó a 710 personas entre 1936 y 1939.
Además de fosas comunes y campos de batalla, la arqueología de la Guerra Civil debería también analizar las trazas sutiles del horror que se conservan en las tapias de los cementerios y los patios de las cárceles.
Postdata
Al poco de publicar esta entrada, José Ignacio Barrera Maturana, del Laboratorio de Arqueología y Arquitectura de la Ciudad de Granada, nos hizo llegar una interesante página web en la que se describen los impactos de bala de la Guerra Civil en la tapia del cementerio de Granada. Se solicita además en esa web -con toda la razón- que se reconozca la tapia como lugar histórico. El caso de este cementerio resulta especialmente interesante, pues los familiares de los fusilados grabaron pequeñas cruces en la pared junto a los impactos de los proyectiles. Se trata de un testimonio estremecedor de la represión que bien merece ser protegido y divulgado.
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martes, 11 de agosto de 2009
Haciendo helados en la trinchera

Siguiendo una vieja tradición del equipo de Atapuerca, a falta de datos nuevos nos sacamos de la manga un hallazgo de la excavación de hace nueve meses para seguir en el candelero durante el verano. Y qué mejor hallazgo que el que ahora presentamos.
En el Abrigo 2, que es -recordamos- el puesto de tiro por excelencia de la trinchera y en el que apareció el número más elevado de casquillos y balas, encontramos en la Unidad Estratigráfica 13 (es decir, la capa de tierra con que se rellenó la estructura al acabar la guerra) una pieza metálica con aspecto de bisagra.
En su momento consideramos que podría ser parte de algún artilugio bélico o quizá de una caja de munición. En el laboratorio, sin embargo, nos dimos cuenta que tenía un perfil ligeramente curvo. Y no existen, que sepamos, cajas de munición cilíndricas. Después de numerosas y arbitrarias búsquedas por rincones insospechados de internet (todos legales) acabamos por identificar la pieza.
Se trata de la bisagra de una heladora manual marca ELMA.
¿Se hacían polos de fresa los soldados republicanos para luchar contra el tremendo calor veraniego? Porque hay enemigos a los que no se los puede combatir con fusiles.
martes, 14 de julio de 2009
Huesos bajo el césped

Junto al Faro de Moncloa -esa torre metálica que se alza tras el Arco de la Victoria en la fotografía- han aparecido hoy restos humanos durante la realización de unas obras. Todavía no se sabe si pertenecen a la Guerra Civil, pero todo hace pensar que sí, pues el Faro de Moncloa se encuentra en una de las zonas más batidas de la Ciudad Universitaria durante todo el conflicto. Probablemente, si además de llamar a la policía, los encargados de la obra contactaran con arqueólogos, tendríamos más posibilidades de saber a qué periodo corresponden los restos y cómo acabaron ahí. La aparición de huesos humanos en el Campus de Moncloa y su entorno es relativamente habitual. Por ejemplo, en febrero de 2007 se localizaron restos de posibles combatientes durante unas remociones de tierras en las pistas de deportes de Cantarranas.
Al contrario que las exhumaciones de represaliados, la recuperación de los cadáveres de soldados en campos de batalla -casi siempre de forma fortuita- no suele generar mucha atención mediática. Tampoco se sigue un proceso estricto de documentación e identificación de los restos y su contexto. Esto es doblemente lamentable: en primer lugar, porque esas personas tienen seguramente familiares vivos en la actualidad, que quizá estarían interesados en dar una sepultura digna a sus parientes. Si no es posible identificar los cadáveres, en cualquier caso merecen un entierro mejor que unas dependencias policiales o un osario anónimo. En segundo lugar, porque si los huesos acaban sus días en algún lugar desconocido nos quedamos sin valiosos datos históricos que nos podrían ayudar a conocer mejor distintos aspectos de la Guerra Civil.
La fotografía que ilustra esta entrada es significativa. El Arco de la Victoria es parte de la escenografía franquista construida para ofrecer una imagen gloriosa de la "cruzada" y del nuevo régimen. Con la tramoya monumental se pretendía sepultar el recuerdo de la guerra en la Ciudad Universitaria y camuflar sus cicatrices. Sin embargo, hallazgos como el de hoy demuestran una vez más que los muertos se resisten a permanecer en el olvido. Como las trincheras y los agujeros de bala que registramos durante nuestros trabajos, los huesos son parte del espectro de la Historia que acecha, cada día, bajo la aparente normalidad del campus.
domingo, 21 de junio de 2009
Prospección de superficie
Vidrios aparecidos en el entorno de trincheras durante la prospección de superficie. Muchos de ellos pertenecen sin duda al período de la Guerra Civil.Hemos acabado el trabajo de laboratorio. Dejamos para el final el análisis de los materiales procedentes de la prospección de superficie. De los 370 artefactos registrados en el campo, sólo hemos catalogado y conservado 69: bien porque están claramente ligados a la Guerra Civil, bien porque se trata de restos arqueológicos más antiguos (algunas porcelanas del siglo XIX, cerámicas vidriadas de los siglos XVIII-XIX).
Objetos que sin duda corresponden a los hechos bélicos son los siguientes: 9 fragmentos de metralla (dos de ellos de grandes dimensiones); 1 fragmento de metralla de granada; 9 balas de calibres variados (7 mm, 7.92, 8 mm y 10.4 mm Vetterli) y 1 casquillo de 7 mm.
La distribución de los materiales nos habla más de los procesos posdeposicionales (es decir, lo que ha sucedido después de la guerra), que sobre la guerra misma. La mayor parte de los artefactos militares aparecen en el parque situado al norte de la UNED y la Facultad de Informática, que es también donde se conservan los mejores tramos de trinchera. En concreto, es en el tercio occidental donde hemos identificado más balas, lo cual es lógico porque es la parte más expuesta al frente.
En la zona de la Dehesa de la Villa han aparecido dos balas y tres fragmentos de metralla, lo que la sitúa en el segundo lugar en cuanto a hallazgos bélicos. Deberían haber aparecido más, pero dada la gran actividad humana en el entorno (incluida la de los buscadores de reliquias militares), explica nuestros limitados descubrimientos.
El área del Clínico es la que ha suministrado menos elementos claramente relacionados con la Guerra Civil: dos fragmentos de metralla de artillería y un fragmento de granada. En este caso, el reducido número de objetos se explica por el aporte de escombros de posguerra y el intenso ajardinamiento, que sepultaron las trincheras y ocultaron los desechos bélicos.
Fotografía de Google Earth de las trincheras localizadas al norte de la Facultad de Informática con superposición de hallazgos. Los símbolos rosas indican cerámica; los verdes, vidrio; los amarillos, fragmentos de metralla, y el rojo, bala. La gran acumulación de cerámica datable en el siglo XIX o inicios del XX en esta zona quizá indique la existencia de alguna estructura agropecuaria.
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lunes, 15 de junio de 2009
En las trincheras del Jarama
El pasado sábado estuvimos visitando las fortificaciones relacionadas con la Batalla del Jarama que se conservan en Rivas Vaciamadrid. Nos hicieron de guía tres grandes conocedores de los restos bélicos, Jacinto Arévalo, José María Fernández Tavera y Julián González Fraile, que pertenecen a las asociaciones Espacios para la Memoria y Gefrema. Desde hace varios años están realizando un trabajo ejemplar de catalogación, estudio, difusión y puesta en valor de los numerosos vestigios de la contienda existentes en el término municipal de Rivas. Entre otras cosas, organizan un campo de trabajo (Un río con nombre de batalla) en el que participan jóvenes de diversos países. En la página de Gefrema podéis encontrar información para el programa de este año (27 de junio - 5 de julio).
Uno de los abrigos con ramal de acceso. Bastante mejor conservado que los de la Ciudad Universitaria (pero es que las arenas pleistocénicas no son como los yesos del Jarama).Las trincheras se encuentran en un estado de conservación impresionante: las paredes excavadas en el yeso se mantienen perfectamente verticales 70 años después del final de la guerra. En algunos sitios incluso se observan las marcas de los picos. Al tratarse de zonas despobladas, además, las estructuras militares no se colmataron ni se destruyeron, al contrario de lo que sucedió en la Ciudad Universitaria. Al igual que en la Universidad, sin embargo, los restos que hoy en día se pueden contemplar no tienen que ver con la Batalla del Jarama propiamente dicha, que se desarrolló durante 19 fatídicos días de febrero de 1937, si no con la posterior estabilización y fortificación del frente.
Una de las cosas que llaman la atención es que, en una zona relativamente reducida, resulta posible visitar una gran variedad de elementos defensivos (trincheras, ramales, refugios, fortificaciones de hormigón), lo cual supone un valor añadido desde el punto de vista didáctico. Por si los restos que se conservan no fueran suficientes para hacernos una idea de cómo era el frente, el equipo de Espacios para la Memoria ha reconstruido algunos tramos de trinchera con sacos terreros. El resultado es magnífico. El problema: cómo evitar que los sacos se degraden rápidamente a la intemperie.
Jacinto Arévalo explica a Alicia y Peter la estructura desde donde se lanzaban granadas. Al fondo, Julián González tomando una fotografía.
No lejos de las trincheras se encuentra el Puente de Arganda, que sobrevivió a la guerra, aunque tuvo que ser parcialmente reconstruido. Del conflicto conserva cicatrices en forma de impactos de bala parecidos a los que nosotros hemos documentado en la Facultad de Farmacia.
Jacinto Arévalo explica a Alicia y Peter la estructura desde donde se lanzaban granadas. Al fondo, Julián González tomando una fotografía.No lejos de las trincheras se encuentra el Puente de Arganda, que sobrevivió a la guerra, aunque tuvo que ser parcialmente reconstruido. Del conflicto conserva cicatrices en forma de impactos de bala parecidos a los que nosotros hemos documentado en la Facultad de Farmacia.
Aprovechamos esta entrada para agradecer a nuestros guías sus detalladas explicaciones y esperamos que su proyecto de puesta en valor de los restos siga adelante con éxito.
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viernes, 12 de junio de 2009
Laboratorio
Hoy acabamos de siglar y revisar los materiales aparecidos durante la prospección con detector de metales: muchas balas, algunos casquillos y unos cuantos fragmentos de metralla.
Foto de familia de las balas y casquillos descubiertos con detector. Faltan las balas de 7.92 mm que están muy corroídas por el óxidoAunque vistas en conjunto impresionan, si dividimos el total de balas por los días que duró el asedio, nos sale a un disparo de fusil cada cinco días. Vamos, que esto no fue el desembarco de Normandía. Sin embargo, siempre que limpiamos y catalogamos material encontramos nuevos elementos que nos ayudan a comprender la microhistoria de la trinchera. Hemos podido observar que si en el Abrigo 2 disparaban con Mosin Nagant, en el Abrigo 1 se defendían sobre todo con máuseres de 7 mm. Aunque junto a este abrigo también aparece algún casquillo de Mosin y de 0.303, sólo los de 7 mm se encuentran percutidos. También puede ser que al que le tocó el máuser nacional fuera de gatillo fácil. Pero eso me temo que nunca lo sabremos. La arqueología tiene sus límites.
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