miércoles, 16 de septiembre de 2015

Con pólvora y magnolias


En Mediana los parapetos de republicanos y sublevados están tan cerca unos de otros que casi se rozan. Si no lo hacen es porque entre ambos hay un campo de cráteres y metralla. En cada palmo de terreno encontramos una esquirla de acero o una bala. O las dos cosas. Entre las trincheras republicanas y franquistas encontramos también una botella rota de color púrpura que alguien arrojó desde una zanja. No es el habitual vidrio de anís o de vino. Al unir los fragmentos nos damos cuenta de que se trata de un frasco de colonia. Un objeto fuera de lugar -parece- un perfume que tiene que competir con el olor a pólvora y trilita.

Absurdo le parecía al brigadista Alvah Bessie, que habla de los jovencísimos soldados de reemplazo en mayo de 1938 en Alicante y dice que llevaban espejos, jabón maloliente, polvos de talco y "las inevitables botellas de colonia, sin las cuales el soldado español, incluso en las trincheras de primera línea, se siente incapaz de enfrentarse al enemigo".  

Pero quizá no sea tan ilógico el perfume en primera línea. Porque no solo huele a pólvora la guerra. También huele a cadáver que se pudre bajo el sol de agosto en el desierto de Mediana. 

Y entonces la colonia, como el vino y las balas, se convierte en un útil de trinchera.

En un poema del libro Con Pólvora y Magnolias, el escritor gallego Méndez Ferrín escribe:

Digo que irmáns non teño nesta noite digo que estou a chorar só como quen canta e cego o canto contra o gran silencio que estala e trae un tiro no bandullo.
Digo que hermanos no tengo en esta noche digo que estoy llorando solo como quien canta y ciego el canto contra el gran silencio que estalla y trae un tiro en el vientre.

Gracias a Alan Warren por la referencia de Alvah Bessie, procedente del libro Men in Battle (1939).

3 comentarios:

Hugo Chauton dijo...

Muy interesante, el tema de los olores nos introduce en la lúgubre cotidianeidad de la vida diaría en una trinchera, cuya realidad debía ser dificil de imaginar por por los umbrales de precariedad que se podían llegar a alcanzar. Sin duda un buen frasco de colonia a mano no vendría nada mal.

En palabras del siempre recurrente Orwell (Eric Arthur Blair para los amigos), en el frente de Alcubierre el aroma ambiental ofrecería el siguiente panorama:

“…Allí el frente no era una línea continua de trincheras, lo cual hubiera resultado imposible en un terreno tan montañoso, sino simplemente una cadena de puestos fortificados, conocidos siempre como «posiciones», colgados en la cumbre de cada colina. En la distancia podía verse nuestra «posición» en la cresta de la herradura: una barricada irregular de sacos de arena, una bandera roja ondeando y el humo de las fogatas. Un poco más cerca, ya se percibía un hedor dulzón, nauseabundo, que se mantuvo en mis narices durante semanas. Inmediatamente detrás de la posición, en una grieta, se habían arrojado los desperdicios de meses: un profundo y supurante lecho de restos de pan, excrementos y latas herrumbrosas…”

“…La posición tenía un hedor nauseabundo, y fuera del pequeño recinto de la barricada había excrementos por todas partes. Algunos milicianos tenían por costumbre defecar en la trinchera, lo cual no resultaba nada grato cuando había que recorrerla a oscuras…”

G. Orwell
Homenaje a Cataluña

AGR dijo...

Muchas gracias, Hugo, por el comentario. Las citas de Orwell vienen perfectamente al caso e ilustran de forma elocuente el paisaje sensorial de las trincheras. Nosotros no es la primera que nos encontramos frascos de colonia:

http://guerraenlauniversidad.blogspot.com.es/2012/06/esencia-de-mujer.html

Julian Gfraile dijo...

Creo que eran frascos de medicamentos