miércoles, 2 de septiembre de 2015

En las letrinas de la historia


El seminario menor de Belchite se convirtió durante la Guerra Civil en base militar, frente de batalla y campo de concentración franquista. Entre 1937 y 1939 en el seminario menor murieron cientos de soldados y penaron cientos de reclusos. Por eso estamos excavando aquí, para desentrañar esa historia tan corta como intensa. Pero esa historia corta se enreda en una historia más larga, que es la del seminario. Y cribar las historias para construir Historia no es una tarea nada fácil cuando todo lo que queda es una superficie de escombros y basura. 


Al decapar el suelo sale a la luz la historia a trozos (de mármol, cemento y loza). Trozos de las letrinas que se construyeron aquí en algún momento, todavía impreciso para nosotros. No obstante, sabemos ya que estaban ahí durante la guerra. Sobre el pavimento encontramos la huella de un impacto de mortero, que tuvo que caer los últimos días de agosto o los dos primeros de septiembre de 1937, en plena Batalla de Belchite. Cuando los carlistas defendían este lugar con uñas y dientes.


Las letrinas pudieron ser una obra del seminario anterior a la guerra, quizá una modernización de las instalaciones, que tenían ya doscientos años. Son unos buenos retretes para la época, del tipo que todavía se puede encontrar en algunas tascas españolas. 
             
                                               
Cuentan con cinco váteres alineados y separados por tabiques de ladrillo y cañizo manteado con cal. 




Los váteres desaguan en una canaleta que da a una fosa séptica, ambas bien construidas. La canaleta está flanqueada por azulejos. Nuestra hipótesis inicial (que estas eran letrinas levantadas para los prisioneros del campo) ha de abandonarse por dos motivos: el impacto de mortero, que nos obliga a retrotraer la fecha de construcción a antes de agosto de 1937, y la buena calidad de los baños, que no encajan con lo que conocemos, arqueológica e históricamente, de los campos de concentración. 




Tenemos pues que formular nuevas hipótesis: una posibilidad es que las letrinas se construyeran durante la época final de vida del seminario. Pero hay algo aquí que no cuadra. Sabemos que en esta zona había un jardín y dos elementos religiosos importantes. Uno de ellos es una cueva de la Virgen de Lourdes, de la que hoy solo se conservan ruinas. Otra es una fuente coronada por la Virgen del Pilar. La fuente (seca) sobrevive hoy. La imagen ha desaparecido. En medio se encontraba el jardín.


De este jardín -inimaginable hoy entre las ruinas de la guerra- hemos encontrado pruebas arqueológicas: justo detrás de los retretes documentamos una hilera de ladrillos hincados en el suelo que delimitan un antiguo parterre de flores.


No parece muy verosímil que durante la época del seminario se levantaran una letrinas en mitad de un jardín y flanqueadas por la Virgen de Lourdes y la del Pilar. No es que sea imposible, pero desde luego no parece muy ortodoxo. Cabría pensar que los retretes se construyeron durante la guerra, cuando el seminario se transformó en campamento militar. Extraña, sin embargo, que se dedicaran tantos esfuerzos a este tipo de estructura y en tiempo de guerra. 

Tenemos, por lo tanto, muchas preguntas y muchas dudas. Pero  en esto consiste la ciencia: en elaborar hipótesis, contrastar las pruebas empíricas con las interpretaciones, dudar, volver a proponer hipótesis. Este procedimiento es lo que separa a la ciencia del mito: el mito que tanto gusta a las dictaduras, porque en él todo está meridianamente claro. 

Al final sin embargo, esperamos poder escribir un relato histórico, quizá no de la Guerra Civil o de la represión, quizá de los seminaristas que pasearon por estos jardines destruidos por la guerra. O quizá de todo ello junto y revuelto, como aparecen juntos y revueltos los restos de todo -del seminario, de la guerra y del franquismo. 

Esto es lo que hace la arqueología única, al fin y al cabo. Y por eso también nos pasamos horas limpiando una modesta letrina de hace ochenta años.