jueves, 17 de septiembre de 2015

El Gigante descalzo


Recientemente la ARMH exhumó los restos del guerrillero gallego Perfecto de Dios, abatido cuando intentaba huir a Francia. En el acto de homenaje que se le brindó en su aldea natal (Sandiás, Ourense), sus familiares tuvieron a bien colocar al lado del féretro las botas que llevaba en el momento de su muerte. Pocas imágenes hay más evocadores de la arqueología de la guerra civil que el calzado que portaban esas personas a las que seguimos el rastro en nuestras excavaciones. En la exhumación en el cementerio de Castuera (Badajoz) en 2102 pudimos reconocer a militares republicanos por los restos de su indumentaria, como las suelas claveteadas características que llevaban los soldados. En nuestras prospecciones en Mediana, en la excavación de las letrinas o en los aledaños del Seminario Menor nos volvemos a encontrar con los cueros de la tragedia.


Nuestra compañera Sonia García Rodríguez lleva tiempo estudiando arqueológicamente las antiguas curtidurías del entorno de Santiago de Compostela. Era este uno de los pocos negocios industriales de la ciudad del Apóstol y atrajo la atención de inversores foráneos, sobre todo familias del valle de Cameros (La Rioja) y del País Vasco francés. La exportación a América en un primer momento y la atención al mercado interior hicieron de esta actividad un negocio pujante en la comarca compostelana. Sin embargo, la posterior competencia catalana y la falta de modernización hicieron que el sector entrase en declive en el primer tercio del siglo XX.
Sin embargo, y contra todo pronóstico, este tradicional tejido industrial en torno al cuero de la Galicia occidental jugaría un papel primordial en la guerra civil española. Al quedar el Levante en manos republicanas, la intendencia del Ejército sublevado no tenía acceso a esa pujante industria del calzado, por lo que hubo que buscar alternativas en la retaguardia franquista.


En un excelente trabajo sobre el negocio de la guerra civil en Galicia, Margarita Vilar y Elvira Lindoso dan a conocer el traumático proceso de militarización de las fábricas de calzado coruñesas, regentadas por empresarios de ideología republicana. Este fue el caso de la tenería eumesa La América que había sido fundada por los indianos Tenreiro en 1864. Sus descendientes fueron represaliados por los sublevados (pérdida de trabajo y exilio). En el caso de la tenería La Magadalena, de la familia Etcheverría, acabaría siendo campo de concentración. El caso más espectacular fue el de fábrica de zapatos de Ángel Senra en A Coruña, que ya había suministrado botas militares al Ejército francés en la 1ª Guerra mundial. De origen humilde, este zapatero de Noia acabó siendo el primer alcalde republicano de la ciudad en 1931. En 1936 los sublevados militarizan la fábrica y la convierten en una de las principales proveedoras de botas para el Ejército franquista.


Los Barbis que construyeron el fortín de la Dehesa de la Villa en el invierno o primavera de 1937 no lo debieron de pasar muy bien en los trabajos de campo. El frío y el cierzo eran todo un reto para la intendencia militar. En todo caso, estos zapadores, si atendemos a las fotografías de época, iban bien vestidos y protegían sus pies con borceguíes fabricados en la retaguardia, quizás procedente de las fábricas coruñesas, ya que el resto del Norte (en donde también existía esa industria tradicional y había ganadería) se hallaba aún en manos republicanas. Nos podemos imaginar a los Barbis dentro del fortín en construcción. Un trajín de zapadores ultimando la obra. En el cemento fresco, como si de un Olduvai belchitano se tratase, quedaron grabadas las huellas de estos hombres. Seguir el rastro de estas personas es el objetivo de la Arqueología que practicamos. Sin embargo, estos zapadores raramente morirían en el frente. Ellos diseñaban los contenedores que ocuparían otros, marcándoles el camino hacia la muerte, en muchos casos. No nos quedan las huellas de aquellos requetés que, al pie del cañón, regaron con su sangre el ladrillo y el hormigón. Combatientes de un ejército (el franquista) que Gabriel Cardona definió en un soberbio ensayo como El gigante descalzo.



P.S. En el Seminario Menor se enfrentaron en 1937 las botas gallegas contra las alpargatas levantinas. Y ya se sabe que en verano... siempre ganan éstas últimas.