sábado, 5 de septiembre de 2015

Ensalada de tiros casa Tarradellas

Fotografía de Óscar Rodríguez.

Estamos ultimando la excavación de la trinchera en la que los Almogávares resistieron la embestida de la ofensiva republicana, antes de replegarse hasta el Seminario Menor. El cambio de manos de la posición hace que documentemos casquillos y cartuchos empleados por ambos bandos. La Arqueología de la guerra civil nos permite ir de lo local a lo global, nos aporta evidencias para recuperar grandes historias a partir de los objetos más nimios, más estandarizados, más comunes. Dentro del registro generado por esta ensalada de tiros es un casquillo encontrado en prospección al lado de la trinchera el que nos sirve de soporte para nuestro relato. A diferencia de los casquillos que aparecen dentro de la trinchera, bajo un metro de grava y cantos de cuarcita, éste en concreto presenta un excelente estado de conservación. Gracias al marcaje sabemos que salió de la fábrica nº 12 gestionada por la industria de guerra controlada por la Generalitat de Catalunya.
El fracaso del golpe de Estado en Catalunya conllevó el sello de una alianza contranatura: la calle estaba en manos de la CNT y la Generalitat a cargo de Esquerra Republicana de Catalunya. Para levantar ex novo una industria de guerra inexistente en Catalunya, los anarcosindicalistas pusieron la mano de obra y los nacionalistas catalanes el know how (como se dice ahora), los cuadros administrativos y técnicos. Para ello, en agosto de 1936 la Generalitat crea la Comisión de Industrias de Guerra, dirigida por el Conseller de Economía y Hacienda Josep Tarradellas, sí, el que va a volver en la Transición como representante de la Generalitat en el exilio. Con bastante vista, este hombre pensaba en el futuro y quería consolidar una nueva red industrial que quedase en el país al terminar la guerra.

Fotografía de Óscar Rodríguez.

La fábrica nº 12 de la CIG se ubicaba en Palau Sacosta, cerca de la frontera con Francia. Una antigua fábrica dedicada a la  producción de tapones de botellas se convirtió en una fábrica de armas especializada en cartuchería. Como vemos, al Frente de Aragón venían de Catalunya anarquistas armados con munición elaborada también en muchos casos por manos anarquistas. Los acontecimientos de mayo de 1937 en Barcelona van a suponer un punto de no retorno. Anarquistas son asesinados por comunistas con las mismas balas que aqúellos fabricaban en Catalunya. Esta munición es utilizda también por los Guardias de Asalto, encargados de restablecer el orden público en las calles de la capital catalana. Nuestro compañero Carlos Marín nos cuenta en la trinchera el espeluznante caso de anarquistas uruguayos liquidados por aquel entonces cuado volvían del frente. Mayo de 1937 supondrá el control y domesticación del anarquismo catalán y un proceso de recentralización en el que el Estado irá usurpando competencias a la Generalitat. Todos los investigadores coinciden en señalar un notable descenso en la productividad armamentística en Catalunya a raíz de estos acontecimientos, a los que se le unía la creciente desmoralización en la población civil. Todo lo contrario ocurriría en Valencia, en donde los dos millones de cartuchos diarios garantizarían en parte el éxito de la defensa de la línea XYZ en 1938.
Por lo tanto, en agosto de 1937 cuando se desata la ofensiva en Belchite, las cosas ya no eran como un año antes. Esta maniobra militar escondía también un claro objetivo político como fue el de desactivar el anarquista Consejo de Aragón.

 
Con todo, este casquillo nos habla también de un conjunto de hombres de los que no se acuerda nadie. La propaganda franquista y la pervivencia de su Ejército en democracia ha hecho que se conozcan al dedillo las hazañas bélicas de los tercios de requetés. Sin embargo, los derrotados en la guerra pero ganadores de esta batalla, los que tenían enfrente, se colaron por los sumideros de la historia, como esas letrinas que estamos excavando en el Seminario Menor. Nos estamos refiriendo a los Guardias de Asalto, esa unidad de élite republicana que era utilizada como fuerza de choque. El propio George Orwell dejó escrito lo siguiente:
 
Eran unas tropas magníficas, con mucha diferencia las mejores que yo había visto en España [...] Yo estaba acostumbrado a las andrajosas y mal armadas milicias del frente de Aragón, y no sabía que la República poseyera tropas como aquellas. No sólo eran hombres de unas condiciones físicas excepcionales, sino que lo que más me asombraba eran sus armas.
 
En el ataque al cementerio, al fortín y a la trinchera los Guardias de Asalto se portaron. Como Tarradellas, las trazas materiales que dejaron a su paso confirma aquello de Ja som aqui.