domingo, 20 de septiembre de 2015

La casa escrita


Llegamos al atardecer, con una luz que vuelve roja la piedra y más roja la tierra y los ladrillos de las casas. El lugar está a varios kilómetros de cualquier sitio habitado. Solo se llega a él por una pista de grava. Son media docena de construcciones de tapial suspendidas en un cañón y también en el tiempo.




Todas las casas están vacías, salvo una que se utiliza como alpendre. Las demás han ido quedando abandonadas. Su último uso fue acoger una peña. Hace veinte años que nadie viene por aquí. La fecha nos la dan unos periódicos grapados en una pared: 1995. En las viviendas encontramos muebles desvencijados de hace sesenta o setenta años, ropa solo un poco más reciente, botellas, sillas y herramientas viejas o antiguas -es difícil decidirse.










Lo que queda es el retrato de una vida: la de los campesinos aragoneses de la primera mitad del siglo XX. Sus casas son pequeñas, simples. El piso de abajo es una cuadra, el de arriba un habitáculo en el que se mezclan las funciones de cocina, sala de estar y dormitorio. Las ventanas son minúsculas, para que no entre el frío ni el calor. Tampoco entra la luz: solo el rayo rojo del atardecer. Puede uno imaginarse fácilmente a una familia numerosa hacinada en esta estancia de diez metros cuadrados, compartiendo una sopa y el calor, sus sudores o sus fríos. De la cuadra llegaría el olor de los animales. Una familia extensa en su vivienda de tierra.



El lugar podría ser uno más de tantos lugares abandonados en Aragón, si no fuera por un detalle.



Una de las casas está escrita. Con lápiz o punzón un grupo de anarquistas dejó aquí evidencia de su paso. Se lee CNT (varias veces), UHP. "Camarada, si tu sabes cuando vienes...", "Compañeros", "Barcelona". Una lista de nombres: Eugenio, Andreu, Iriarte, Carbajal, Sánchez. Um mensaje prosaico: "El que no tenga tabaco que no fume".  Más brutal este otro: "Camarada cuando entremos en Velchite tenemos que joder una fascista". Me pregunto que pensaría una miliciana de este mensaje. Aunque a las milicianas pronto las apartaron del frente. No tendría mucha oportunidad de verlo (la revolución es cosa de hombres). La palabra "joder" está tachada, sin embargo, así que a alguien al menos debió de parecerle impropio aquello, muy poco revolucionario. En realidad no hay ningún eslogan, poca política en esta pared. Excepto siglas, muchas, como si fuera un encantamiento mágico y protector. Como las cruces de las casas labriegas que protegían del mal de ojo.










También hay una representación excepcional. Se trata de un retrato de medio cuerpo de Buenaventura Durruti. Es una copia de una famosa fotografía del líder anarquista con su gorro de orejeras. Sobre la cabeza, formando un arco, está escrito el nombre del autor: "Dibugante Artista Roca Muñoz". Más arriba se lee "El Compañero Durruti" y quizá "tu memoria". En el extremo inferior izquierdo hay otro retrato, en este caso solo un boceto de la cabeza. Una fecha en la pared opuesta data la ocupación anarquista del caserío: 22 de marzo (de 1937). Durruti había muerto en Madrid el 20 de noviembre de 1936, en plena batalla por la capital. El mismo día que fusilaban a Primo de Rivera.







No nos dan miedo las ruinas, decía Durruti en una frase célebre. Y aquí está su retrato en ruinas, en una casa en ruinas, en un paisaje en ruinas. Porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones.

Qué guerra tan lejana.

1 comentario:

Oscar Rodriguez dijo...

Brutal y tierno a la vez. Por todas partes la luz y el silencio. ¡Enhorabuena por vuestro trabajo!. Óscar.