miércoles, 23 de septiembre de 2015

Un Frente de la Virgen (I)

Bombas rojas en El Pilar de Zaragoza (burbuja.info).

En septiembre de 2012 el Gobierno del Reino de España concedió la Gran Cruz de la Guardia Civil a la Virgen del Pilar.
En las inmediaciones de la trinchera que estamos excavando se levanta una cruz en homenaje al Tercio de Almogávares que defendió el Seminario Menor. Cada año, un grupo de ultraderechistas depositan aquí y en Codo una ofrenda floral y se retratan brazo en alto, como en los tiempos en que la Fuerza Nueva de Blas Piñar convertía Belchite en un parque temático del franquismo. Estos señores tienen auténtica devoción por la bandera española y por la Virgen del Pilar, como se puede apreciar en el atrezzo que acompaña sus rituales y que deja también su registro arqueológico.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí ¿Qué culpa tiene la Virgen del Pilar?

Reciente homenaje fascista a los caídos en la ermita de Codo (Acción Juvenil Española)

Nuestras excavaciones en el entorno del seminario ofrecen un panorama complejo. Hay un lío de la virgen, de reutilizaciones, amortizaciones, destrucciones... Pero por otro lado también nos acerca al siempre fascinante mundo de la Historia de las mentalidades, en la línea de aquello que reivindicaba la tercera generación de la escuela francesa de los Annales. Y aunque la Virgen del Pilar no quiera ser francesa, a nosotros sí que nos interesa la historia de los cultos religiosos  y la materialidad que generan en contextos contemporáneos.
Como ya comentamos en un post precedente, la Virgen de los Desamparados era la advocación que daba sentido a este sitio. Era algo así como el genius loci que llevó a diferentes arzobispos a construir toda una escenografía arquitectónica destinada a combatir los peligros del laicismo propagado primero por la Ilustración (también francesa), luego por los afrancesados de Pepe Botella y después por el Estado liberal.

Reverso de una medalla de la Virgen de los Desamparados con el Seminario de Bechite.

El tradicionalismo católico y el nacionalismo de Estado van a ir consolidando la Virgen del Pilar como un trasunto beato de la imagen femenina de la República en Francia. Como culto aragonés y español, el primer tercio del siglo XX verá cómo la Virgen del Pilar se consagra como icono de la hispanidad cristiana. En esta historia, Belchite juega su papel. Ya vimos cómo el Santo Gallego refundó el seminario menor y consiguió, a su vez, acabar las obras de la basílica del Pilar de Zaragoza. Esta conexión se materializó en el jardín del seminario, en donde se levantó una fuente coronada por la imagen de la Virgen del Pilar. Poco a poco, el culto local de la Virgen de los Desamparados iba perdiendo fuelle ante el avance imparable del culto hispánico y global del Pilar.

Ruinas de la fuente de la Virgen del Pilar del Seminario Menor de Belchite.

El estallido de la guerra civil movilizó a los tradicionalistas carlistas de Aragón y Catalunya. Los primeros engrosaron, entre otros, el Tercio de Almogávares, aniquilado en Belchite. Los segundos conformaron en Zaragoza en el verano de 1936 el Tercio de Nuestra Señora de Montserrat, también destrozado en el pueblo de Codo durante la ofensiva republicana. Uno de los capellanes de esta unidad militar de cruzados fanáticos, Salvador Nonell, dejó escrito lo siguiente:

A uno se le antoja que la Virgen del Pilar y la de Montserrat se pusieron de acuerdo para impulsar y proteger sus victorias, incluso muchos ofreciendo para ello sus vidas a Dios y a España: "Yo te los envío, Virgen del Pilar, para que les infundas fe y valor con que recuperar España y Catalunya! ¡Yo te los cobijo bajo mi manto, Virgen de Monstserrat, para que permanezcan fieles a su fe y a su generosidad y vayan de triunfo en victoria!

En esos días finales de agosto de 1937 los requetés recitaban aquello de:

Hoy la Virgen del Pilar
vino a Codo muy gozosa, 
para decir que los rojos
nunca tendrán Zaragoza.

El Tercio de Almogávares resistió en el Seminario Menor, en donde quedó aislado a partir del 31 de agosto. Aquellos requetés, haciendo honor a la Virgen local, quedaron desamparados. Tras la debacle, los escasos supervivientes, dirigidos por el capitán Nieva, quisieron rehacer la unidad en Zaragoza. Los mandos franquistas se negaron y los encuadraron en el Tercio del Pilar. Ese fue el fin de los almogávares y una muestra más de los derroteros que iría marcando el nacionacatolicismo.

Crucifijo de un requeté del Tercio de Almogávares aparecido en nuestras excavaciones en la trinchera.