jueves, 27 de julio de 2017

En el fondo del pozo, un enigma

Encontramos un pozo misterioso

A veces la arqueología responde bien a los estereotipos: una ciencia que descubre objetos misteriosos en sitios ocultos. No nos hemos topado con la momia (esa está enterrada cerca del Escorial), ni con un tesoro inca, pero el hallazgo es fascinante. Y también las circunstancias.  

Cuando comenzamos nuestras investigaciones en la zona antiguamente ocupada por el asilo de Santa Cristina decidimos practicar varios sondeos de un metro cuadrado para tratar de localizar los restos de las construcciones. En uno de ellos nos encontramos un sillar de granito que en principio consideramos un bloque desplazado del asilo después de la demolición. 

 
Al continuar la excavación vimos que el bloque reposaba sobre una plataforma de cemento. Y esta sobre una arqueta de ladrillo. La arqueta bajaba y bajaba. Así que concluimos que sería un pozo o un viaje de agua. La losa de granito era la tapadera. 

Con ayuda de un pico que hizo de palanca desplazamos la piedra. Al descubierto quedó un hueco circular. Nos asomamos y vimos que se trataba efectivamente de una estructura profunda. Pero no muy profunda: una cinta métrica nos sacó de dudas: 2,70 metros. Lo suficiente para abrirse la cabeza. Bajamos el detector de metales atado a una cuerda y ¡sorpresa! nos ofreció una sinfonía de pitidos (o un concierto de música electrónica más bien). Volvimos a colocar la losa de granito y debatimos qué hacer.

Esto promete.
 
Como no está bien visto poner en riesgo la vida de estudiantes (aunque varios se ofrecieron voluntarios), llamamos a Julio, alpinista experimentado y sin miedo a la muerte. Vino un par de días después y se lanzó por el brocal del pozo armado con un paletín. 

Ahí dentro está Julio.

Nada más empezar a rascar comenzaron a aparecer los tesoros, que subimos a la superficie usando cubos atados con una cuerda.
 

Otro cargamento de tesoros.


Bueno, no exactamente tesoros, si nos ceñimos estrictamente a la definición, pero sí un montón de restos de gran interés arqueológico: miles de clavos, huesos de animales, vidrios, herramientas y, lo más importante desde el punto de vista de la datación, cartuchos, balas y casquillos de Máuser. Estábamos pues ante un basurero de la guerra civil que aprovechó una vieja canalización de aguas del asilo. 

Los objetos en general son banales, pero no por ello menos interesante. Los miles de clavos están posiblemente relacionados con el desmantelamiento de los elementos de madera del asilo, quizá techumbres y muebles. Una razón verosímil: combustible para calentarse en invierno. Los restos de fauna también son significativos: grandes cantidades de cordero, oveja o cabra y vacuno, muchos de ellos con marcas de corte. También espinas de pescado y chirlas. Los legionarios estaban bien alimentados -normal, teniendo en cuenta que estaban en una de las posiciones más duras del frente madrileño, donde uno podía morir en cualquier momento de un morterazo, una mina o el disparo de un francotirador. Los civiles madrileños apenas sí podían soñar con los manjares que se consumían al otro lado del frente.


Pero el miedo a la muerte no se quita comiendo. El alcohol es de más ayuda: del pozo salió una botella de jerez completa y numerosos fragmentos de otras. Se unen a los miles de trozos que estamos documentando junto a la cantina (mayoritariamente de jerez Pedro Domecq y González Byass).

Entre los restos de fauna aparecieron también seres no comestibles -o poco recomendables desde un punto de vista gastronómico: varios restos de ratas de diversos tamaños. Algunas bastante grandes.

Pero el hallazgo de los hallazgos nos apareció en el fondo del pozo. Y es esto:


Sí señor, un símbolo que hasta un neonazi es capaz de identificar (supongo). Una insignia en forma de esvástica. Pero que sea fácil de identificar no significa que sea fácil de interpretar. La esvástica es el símbolo de los nazis desde el año 1920 y a partir de 1933, con la llegada de Hitler al poder, se convierte en un icono tristemente conocido en todo el mundo. Pese a las relaciones del bando franquista con el régimen nazi, la facción más afin a aquella ideología, el falangismo, no utilizó el símbolo regularmente hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial 
 Popurrí de fascismos.

¿Podría ser una insignia de la Legión Condor? Muy poco probable, porque el ejemplar que encontramos da la impresión de que está realizado de forma artesanal e incluso un poco cutre (no están bien alineadas las patas).

¿Cómo interpretarlo pues? Un par de opciones: podría ser una insignia de las milicias vascas, que emplearon insignias con la esvástica tradicional vasca (el laburu, de patas redondeadas), el cual en ocasiones se diseñó de forma idéntica (con patas rectas) a la de los nazis. 


Laburu de diseño desafortunado.

Los vascos lucharon en Madrid y en la primavera de 1937 lanzaron un ataque fallido contra el Clínico. Quizá un legionario capturó a un miliciano o encontró su gorra y se quedó la insignia de recuerdo. Finalmente la perdió y acabó en el basurero. Posible pero, en mi opinión, enrevesado.

Otra opción es que un legionario en sus tiempos libres recortara un trozo de zinc o peltre dándole forma de esvástica, un signo que para los soldados sublevados tenía que resultar familiar. Lo portaban sus aliados alemanes y lo verían en la prensa en noticias internacionales. Es decir, no se trataría propiamente de una insignia (de hecho no tiene enganche alguno y la chapa en que está hecha es muy fina), sino lo que se llama "arte de trinchera". Una forma que tenían los soldados de matar el tiempo, reutilizando materiales bélicos desechados.

En cualquiera de los casos, un enigma.

4 comentarios:

Rodrigo G.A. dijo...

Hola: los restos de las botellas serán más bien de brandy (coñac), màs propio de lad trincheras que el Jerez, y también producido por ambas bodegas jerezanas. Saludos.

Anónimo dijo...

Gracias por atender amablemente a los que nos hemos acercado al lugar de la excavación (también a Javier Marquerie).
Tenía algunas preguntas sobre los edificios excavados. Contrasta lo que se ve en las fotos y mapas de época del blog con otros datos y planos antiguos sobre el asilo de santa Cristina, p.ej. en Wikipedia. Hablan de unas instalaciones de 30 pabellones y una fachada de 300 metros. Casi lo único que se puede ver es el edificio de 70 metros excavado (el del documental de la ceremonia de rendición de Madrid), y restos de la iglesia (que parece ser estaba en una localización centrada), tapias, lavadero y poco más. Sería interesante poder ver alguna plano del complejo y de su entorno inmediatamente antes de la GC. Porque, ¿tuvo modificaciones el diseño original a lo largo de sus 40 y pico años de historia (p.ej., durante la construcción de la Ciudad Universitaria)?, ¿fue tan intensa la destrucción durante los combates?.
Otras cuestiones: ¿tuvo el mismo tipo de uso asistencial durante los años treinta, con la II República, que a principio de s. XX (y teniendo en cuenta que el asilo estaba dirigido por una congregación de monjas).
También quería saber si, una vez finalizado el mes de excavaciones arqueológicas, se va a hacer alguna exposición con los restos recuperados, fotos, planos, memoria con las conclusiones a que han llevado los hallazgos, etc.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por la visita de ayer y por dedicarnos su tiempo. Fue muy interesante. En cuanto a la esvástica, me recuerda a esta foto de David Seymour (Maleta mexicana). SPAIN. Basque region. January, 1937. Man in beret

Rodrigo G.A. dijo...

Por otra parte, en C.U. los atacantes llegaron a montar unos verdaderos "lugares de esparcimiento" para tropa y oficialidad (no en vano estuvieron más de dos años allí), algunos realmente bien surtidos de bebidas, tabaco, baratijas, etc, como la famosa "Villa Isabelita" (en la que había hasta un acuario con peces) o la propia cantina de la Legión en la zona del Clínico-Asilo, así que aparte del clásico coñac "saltaparapetos", habría cualquire bebida espirituosa de las que se podían obtener en la zona sublevada. Saludos.