lunes, 22 de septiembre de 2014

Balas, metralla y acero al rojo


Un casquillo disparado frente a una aspillera del fortín.

Cuando el capitán Adrada fortificó la paridera del Saso lo hizo para que resistiera de todo, incluida la bomba atómica si hubiera existido. En torno a la paridera construyó trincheras profundas, galerías de tiro de hormigón armado, refugios antimbombardeo y un fortín circular  a prueba de impactos directos del famoso quince y medio (el cañón de 155 mm).

Pero los republicanos lo tomaron en un golpe de mano el primer día de la Batalla de Belchite. De hecho, fue tan rápida la operación que le hace a uno pensar que realmente no hubo ningún tipo de combate ¿Se rindieron sin más los defensores de la posición? ¿los cogieron los republicanos por sorpresa?

Nuestros trabajos arqueológicos indican que sí se luchó en la fortificación del Saso. En el fortín había emplazada una ametralladora Hotchkiss o Saint Etienne que disparó a los atacantes, pues nos hemos encontrado casquillos percutidos de 8 mm Lebel en el interior y en las proximidades del búnker (la Hotchkiss española usaba cartuchos de 7 mm, pero algunas francesas llegaron también a España). Junto a las troneras que dan al sur (por donde venían los republicanos) documentamos varias balas impactadas de 7 mm. Los republicanos estaban atacando con Máuseres españoles, pero también con el Mosin soviético: aparecen vainas, balas y cartuchos de ambos tipos de munición en el fortín, su trinchera de acceso y el campo situado frente a las fortificaciones.

Los fusiles no fueron lo único con que cargaron los republicanos, como se puede suponer. También emplearon un lanzabombas, que disparaba granadas de fragmentación de unos 2 kg de peso a una distancia de 300 metros. El lanzabombas es un invento surgido de la lucha en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Una espiga del proyectil de este mortero nos la encontramos a una decena de metros frente al fortín. Incluso si hubiera impactado directamente, el efecto habría sido nulo en la estructura.


Espiga de granada de mortero

En cambio sí habría causado daño si hubiera caído dentro de la paridera. No parece que ningún disparo de lanzabombas la alcanzara, pero sí algún cañonazo de 75 o 105 mm, a juzgar por los abundantes restos de metralla y bandas de forzamiento que aparecieron en su interior. Encontramos incluso una espoleta Garrido reglamentaria en buen estado. Dado que la paridera carecía de paredes internas, un impacto directo habría arrasado el interior.

Además de granadas explosivas, los republicanos lanzaron también metralleras. Este simpático invento, debido al Sr. Shrapnel, explota en el aire y rocía de bolas de plomo una gran superficie matando o causando heridas terribles a todo soldado que se encuentre en su radio de acción. Al menos una granada metrallera cayó sobre un espolón situado a unos 20 metros al oeste de la paridera y dejó un rastro de bolas que documentamos con el detector metales y la estación total.


Bola de proyectil metrallero

En esa misma zona aparecen casquillos percutidos y balas impactadas que dejan bien claro que también aquí, fuera de las posiciones, se combatió. La toma del Saso no les salió gratis a los republicanos.

1 comentario:

Pelu Colera dijo...

Gracias por la aclaración de las bolitas, tengo alguna y siempre había pensado que era munición de carabina.