domingo, 21 de septiembre de 2014

Festín en la paridera


Excavación en la paridera del Saso (Belchite). Fotografía de Óscar Rodríguez.

La paridera que excavamos en el Saso nos ofrece un interesante panorama del menú de guerra franquista en el verano de 1937. La mayor parte de los más de 1.300 elementos registrados hasta el momento los componen restos de comida y bebida (vidrios, huesos, espinas). Los fragmentos de vidrio pertenecen mayoritariamente a botellas y garrafones de vino. 


Los huesos son de ovicáprido en casi su totalidad, seguramente de cordero y oveja (el ternasco es uno de los platos típicos de Aragón). Están cortados en trozos, lo que indica que se cocinaron como caldo o guiso. Las cocinas estarían en Belchite y desde allí se distribuiría el rancho caliente a las posiciones cercanas. Al ser un frente estable los soldados no comían de lata, lo que explica que, al contrario de lo que estamos acostumbrados, aquí las conservas sean más bien una rareza.


Más interesantes son las vértebras y escamas de pescado, que aparecen en mucha menor cantidad. Se trata de restos de congrio, un pez con aspecto de serpiente muy consumido en Aragón. Desde el siglo XVI el congrio se pescaba en la Costa da Morte, en Galicia, se secaba y se enviaba a Aragón, concretamente a la localidad de Calatayud, donde los gallegos adquirían, a cambio, cuerda de cáñamo para sus embarcaciones. De Galicia procedían quizá también los mejillones, cuyas valvas encontramos también en la paridera. Uno se pregunta en que estado llegaría el marisco a Belchite...

Los soldados en la Guerra Civil no solían pasar hambre, al menos los que luchaban con el ejército de Franco. De hecho, para muchos reclutas que procedían de zonas rurales, la guerra supuso hacer tres comidas diarias por primera vez en su vida y probar la carne de forma habitual. 

El desayuno era otra cosa. En la paridera encontramos varias manchas de quemado con granos de cebada carbonizada. Ante la caída de las importaciones, los españoles, militares y civiles, se vieron obligados a tostar todo tipo de granos como sucedáneo del café. La infusión de cebada o achicoria no despertaba tanto como el café auténtico, pero para eso ya estaban los bombardeos enemigos.