lunes, 29 de septiembre de 2014

Little Gallipoli



Macabra señal durante la batalla de Peleliu en octubre de 1944.

Como ya os hemos comentado, hace un par de semanas participamos en el congreso de la EAA en Estambul en una sesión sobre Arqueologías de la guerra. Allí pudimos disfrutar de la comunicación presentada por Rick Knechtt, profesor de la Universidad de Aberdeen que trabaja en la isla de Peleliu en la república-archipiélago de Palau. En este sitio, el 15 de septiembre de 1944 desembarcaron los marines estadounidenses para enfrentarse a 11.000 japoneses. Los marines avanzaron únicamente 370 metros en 72 días. De los soldados nipones sólo sobrevivieron 19. El sistema defensivo estaba formado por un auténtico hormiguero de túneles y refugios excavados en la roca. Desde 1944 todo ha permanecido tal cual allí dentro: restos humanos, mobiliario, armas... La selva ha cubierto el escenario de la batalla y el antiguo aeródromo.

En Estambul también pudimos conocer de primera mano el buen hacer del equipo arqueológico que ha desarrollado una prospección sistemática del territorio en el que desembarcaron las tropas neozelandesas y australianas en Gallipoli (Turquía) durante la 1ª Guerra Mundial. 
 
 Resultados de la prospección sobre foto aérea de octubre de 1915 en Gallipoli (S. Midord y J. Birkett).

La arqueóloga Jessie Birkett-Rees de la Universidad de Melbourne dirige el proyecto The Joint Historical and Archaeological Survey con el que han reconstruido el desarrollo de la batalla a partir de la cultura material. 

Esto mismo es lo que estamos haciendo en la zona de Mediana, como habéis podido comprobar en la anterior entrada. Casualidades arqueológicas: el codirector del proyecto de Belchite, Salvatore Garfi, nada más llegar a Mediana definió este paisaje bélico como Little Gallipoli. Y no le falta razón. Los republicanos hicieron aquí todo un ejercicio de arquitectura orgánica. Pequeños refugios y pozos de tirador excavados en el sustrato calizo y camuflados en la piedra se suceden en la ladera de cada una de las lomas que delimitan las vaguadas. Como los japoneses de Peleliu, miles de soldados pasaron el otoño de 1937 y duro invierno de 1938 mimetizados con el medio, sosteniendo un frente que finalmente se desplomó en marzo de 1938.

Dentro de este Little Gallipoli maño hemos podido excavar varios refugios de tropa, entre los que destaca uno de grandes dimensiones. Se reutilizó una vieja estructura agraria levantada con buena mampostería. Se excavó el sustrato, se amplió la estancia hacia un frente rocoso y se colocó una cubierta de grandes tejas, procedentes de una paridera cercana. La estratigrafía no deja lugar a dudas. El refugio se derrumbó al poco de ser abandonado. Las tejas sellan directamente el suelo de ocupación. Por encima, un depósito de colmatación de un metro de espesor, con mampuestos caídos de los muros y material de arrastre. 

Excavación del abrigo

La excavación arqueológica ha permitido exhumar diferentes espacios entre los que destaca una plataforma elevada, sin duda, un espacio habilitado para el descanso. Aquí aparece una guía de peine de Mosin-Nagant, el tahalí de una bayoneta, un asa de escudilla y... un periódico, del que hablaremos en la siguente entrada. Al pie de esta plataforma y contra el muro delantero discurre un pasillo a modo de trinchera en el que hemos encontrado in situ una estaca de hierro empleada en las alambradas, una caja de munición y una pasta de dientes fabricada por una empresa barcelonesa. 


Caja de munición soviética sobre el suelo inferior del abrigo.



A la derecha de la entrada se extiende otro suelo en el que documentamos objetos que nos permiten reconstruir la vida cotidiana: elementos de higiene (peine, espejo, cepillo de dientes), bebidas alcohólicas (botellas de jerez Domecq, vino), alimentos sucedáneos (semillas para elaborar "café"), latas de carne, sardinas y leche condensada (con agujeros practicados con bayoneta)... Una tercera estancia elevada se extiende hacia el interior de la roca, pero no nos ha dado tiempo para poder excavarla. Por el momento no hemos descubierto ningún hogar.




Arriba: suelo de ocupación con botellas rotas, latas y elementos de higiene. Abajo: cepillo de dientes, pasta dentífrica y peine/lendrera.

La dispersión de los materiales nos parece indicar un abandono repentino y rápido del refugio. Una bacía de loza, dos latas abiertas y una cuchara aparecen en el exterior, justo al pie de la entrada. 


Palangana de loza para el afeitado.

No cuesta nada imaginar a un militar sentado en el porche del refugio, aprovechando los cotizados rayos de sol en el gélido marzo de 1938. Otro compañero quizás descansaba leyendo el periódico en un camastro. Un tercero quizás se aseaba en el preciso momento en que las tropas enemigas iniciaban el ataque. En la excavación documentamos un casquillo percutido de pistola y un par de casquillos percutidos de Mosin-Nagant. Los republicanos se dejaron varios cartuchos intactos en la huida del lugar.

Mientras trabajamos, no dejamos de darle vueltas al primer plano-secuencia de La Vaquilla, la película de Berlanga, en la que un soldado en calzoncillos recorre toda la trinchera republicana. Sólo falta una vaquilla entre los olivos, en tierra de ninguno. El paisaje de Mediana se parece mucho al escenario de la película. Sin embargo, la Arqueología nos recuerda que estos soldados piojosos, hambrientos y congelados estaban aquí para matar y no morir en el intento. Las películas sólo aparecían anunciadas en el periódico...

1 comentario:

Pelu Colera dijo...

Ola llevo unos días buscandoles y no hay manera de encontrarles , este lunes vi el fortín,ni me acerque. El otro día encontré en las trincheras de mi pueblo(Fuentes de Ebro) una pluma estilográfica seguramente de un brigada internacional,me gustaría que la viseis e intercambiar alguna información, saludos