martes, 30 de septiembre de 2014

¡Vaya papelón!

Recreación en la posición del Saso, Belchite (Alan Warren con la Asociación Frente de Madrid).

Para conocer lo que fue la Guerra Civil Española no hay más remedio que acudir a la prosa genial del sevillano Manuel Chaves Nogales. Este periodista se mantuvo fiel a la República y a su profesión hasta que el gobierno legítimo abandonó Madrid para irse a Valencia. Entre otras muchas cosas, su testimonio nos muestra el enorme papel jugado por los periódicos en el bando republicano. No olvidemos que la libertad de prensa seguía vigente en el territorio leal (censura militar de por medio), que las campañas de alfabetización continuaban en la retaguardia y en el frente. A su vez, el desarrollo de los acontecimientos en los primeros meses del conflicto incrementaron el peso de los partidos políticos y de los sindicatos, dentro de un desatado clima revolucionario. Numerosas fotografías sacadas en los frentes nos muestran a milicianos, gudaris y brigadistas internacionales leyendo periódicos al lado del vivac, en los momentos de descanso. Cada partido y sindicato tenía su órgano de expresión que llegaba puntualmente al frente para mantenter la moral y los principios ideológicos. Los recreadores que se acercaron al Saso nos mostraron de manera muy gráfica esta realidad.

 Recreación en la posición del Saso, Belchite (Alan Warren con Asociación Frente de Madrid).

En el Frente Norte contamos con un caso paradigmático sobre el papel crucial jugado por la prensa. En vísperas de la ofensiva final franquista sobre Bizkaia varios batallones anarquistas, entre ellos el eúskaro-gallego Batallón nº 6 de la CNT (Batallón Celta) abandonaron el frente en dirección a Bilbao para ponerle las cosas claras al lehendakari Aguirre. El Gobierno vasco había decidido cambiar la imprenta en la que se publicaba CNT del Norte, órgano oficial de los combatientes anarquistas.

 Miembros del Batallón Celta en el sector de Larrabetzu leyendo el periódico y jugando al parchís 
(Museo del Cinturón de Hierro de Berango).

En nuestras excavaciones en Mediana hemos encontrado una excepcional y sorprendente evidencia arqueológica de esta realidad. Lo normal es consultar estos periódicos guerracivilescos en hemerotecas o repositorios digitales y no que aparezcan formando parte de depósitos y estructuras arqueológicas. La tierra de Mediana no es especialmente benévola con los restos metálicos. Sin embargo, por un bendito cúmulo de circunstancias edafológicas, ha permitido preservar restos de papel impreso. En el refugio republicano que os hemos mostrado en la entrada anterior, en la esquina de la zona de descanso se ha conservado entero un fascículo de varias páginas. Da la impresión de que un soldado se quedó dormido hojeando el pasquín. Un sobresalto hizo que el militar se marchase de allí, dejando para la posteridad el documento. Nosotros somos adalides de la interdisciplinariedad, pero nunca nos había ocurrido esto: en vez de ir a los archivos a por documentos antes de las excavaciones, nos topamos con ellos con el paletín.

Allí estaba. Un fascículo de varias páginas, como podemos comprobar en el canto de la publicación. Dendocronología libresca. Del refugio al laboratorio. Tras su extracción en bloque ahora es el momento de los especialistas y restauradores o restauradoras. Por fin hemos visto materializada la manida frase de que la ciencia arqueológica consiste en ir desentrañando capas como si fuesen páginas de un viejo libro. Dentro del refugio republicano encontramos restos de papel impreso en tres sitios más. En uno de estos gurruños pudimos ver claramente que había frases enteras en catalán, anuncios de la cartelera de cine y noticias deportivas (el estadio londinense de Wembley aparece citado). Sabemos que en el Frente de Aragón lucharon muchos milicianos y soldados catalanes, sobre todo de ideología anarquista. Esta prensa corría de mano en mano en las trincheras. A unos cientos de metros de aquí, en otra chabola, encontramos también más restos de periódico.


Periódico sobre el suelo de ocupación del abrigo.

La prensa escrita servía para mucho más, para embalar munición y para solventar cuestiones higiénicas. Eso es lo que hizo el bando vencedor durante cuarenta años: utilizar la libertad de expresión y de prensa para limpiarse el culo con ellas.

P.S. Algunos de los brigadistas que lucharon en Belchite fueron hechos prisioneros posteriormente y enviados a los campos de concentración de Cardeña y Miranda de Ebro. En el primero de ellos editaron un periódico clandestino titulado The Jaily News. Al acabar la guerra fueron enviados a Belchite como mano de obra esclava.