sábado, 29 de octubre de 2016

Cartografías silenciadas



Tumba de I. Hidalgo de Cisneros en el cementerio de Santa Isabel de Vitoria-Gasteiz.

La ciencia siempre ha sido una herramienta al servicio del poder. Como ocurrió con todas las potencias coloniales en África, España también envió diferentes Misiones con el objetivo claro de conocer el territorio a explotar. A este respecto. la realización de detallados planos por Brigadas Cartográficas era una herramienta colonial básica, en la que se señalaban los puntos estratégicos, las vías de comunicación tradicionales, los recursos mineros e incluso los yacimientos arqueológicos. Por otro lado, estas exploraciones se acompañaban de prolijas descripciones etnográficas de las poblaciones locales. Previendo la colonización posterior, a principios del siglo XX el gobierno francés financió la Mision Scientifique du Maroc, con vistas a un mejor conocimiento del amplio territorio en el que se iba a implantar el Protectorado galo sobre Marruecos.
En abril de 1919 se creó la Junta Superior de Monumentos Históricos y Artísticos de Marruecos, desde la que se llevó a cabo una primera iniciativa de carácter patrimonial dentro del Protectorado español de Marruecos: la exploración arqueológica del valle de Tetuán, a cargo del explorador César Luis de Montalbán y Mazas, un hombre que había realizado viajes por Asia y América desde los últimos años del siglo XIX. Esta expedición tuvo lugar en 1921 y 1922 y conllevó la excavación de la antigua ciudad de Tamuda en Suiar. A este respecto, la escalada militar del momento constituyó un excelente acicate para el saber al servicio del proyecto colonial. La misma incorporación de la aviación al Ejército fue un aspecto clave para la toma de fotografías aéreas y la elaboración de las primeras cartografías de zonas a las que apenas habían accedido las tropas españolas. El vitoriano Ignacio Hidalgo de Cisneros (jefe de la aviación republicana durante la guerra civil) detalla en sus memorias las misiones cartográficas por él efectuadas tanto en el Rif como en los enclaves costeros españoles en el Sahara occidental, de la mano ni más ni menos que de Saint-Exupéry.

Exaltación de la Italia fascista en la prensa local vitoriana durante la guerra civil (en Marín et al. 2015).

Militares, topógrafos, cartógrafos, ingenieros, artistas, geólogos y pseudoarqueólogos contribuyeron a un mejor conocimiento de la realidad geográfica del territorio del Protectorado. Como en el caso de la selva centroafricana (estudiado bien en su tesis por nuestro compañero Manuel Sánchez-Elipe), el Rif montañoso fue objetivado como una entidad cuyos mecanismos de funcionamiento había que desvelar con el propósito de controlarlo, dominarlo y, finalmente, extraerle su rendimiento material, ya fuese la formación de colecciones arqueológicas en museos o la explotación minera de la plata, el plomo y el hierro. 
La topografía, la cartografía, fueron unas herramientas fundamentales en el control colonial del Norte de Marruecos… y también lo serían en la guerra civil española. Los militares africanistas sublevados contaban con mapas detallados de la colonia, pero no del país al que intentaban salvar. Toda la información cartográfica almacenada en Madrid quedó en manos del Gobierno de la República. El hándicap era grande. Bien conocida es la anécdota de los envalentonados italianos que se lanzaron por Guadalajara de la mano de… la guía Michelin. Este fracaso puso de manifiesto la necesidad de elaborar mapas topográficos de detalle, y a ello se pusieron con ahínco los italianos en su guerra fascista (sensu Javier Rodrigo) en España.

En el monte de San Pedro encontramos evidencias materiales de esta amistad (en Marín et al. 2015)

Gracias al saber topográfico de José y Álvaro (Laboratorio de Documentación Geométrica del Patrimonio, UPV/EHU) nos enteramos en el monte de San Pedro que el centro topográfico italiano  se estableció precisamente en Vitoria-Gasteiz, en la antigua escuela de Dibujo (después conservatorio) del Campillo, en el casco medieval. En la campaña de Bizkaia se hizo apremiante la mejora de la cartografía usada por los sublevados. A finales de mayo de 1937, justo cuando se ocupa el monte de San Pedro, llega a Vitoria la Sezione Topocartografica, enviada desde el Istituto Geografico Militare de Florencia. La cercanía de las industrias guipuzcoanas de papel y la existencia en la capital alavesa de la casa Fournier de artes gráficas fueron fundamentales en esta decisión. Al mando, el mayor Pietro Dosola, quien ya había sido jefe de los cartógrafos italianos en Libia. En Vitoria aplicaron la misma metodología que ya habían practicado en Somalia y Abisinia. En la antigua escuela de Dibujo del Campillo se procesaron los planos que serían fundamentales en la campaña de Santander y Asturias, así como en la ruptura del frente de Aragón.
El material cartográfico italiano fue aprovechado después por el Estado Mayor alemán entre 1940-1945 para formar la Deutsche Heereskarte. Spanien 1.50.000. Finalmente acabarían siendo reutilizadas por el Army Map Service de los USA para compilar la primera edición de su colección Spain 1:50.000. Series M781-M788.
La Guerra Fría se servía en cartografía fascista.

Antigua escuela de Dibujo en el cantón de San Francisco Javier en Vitoria-Gasteiz, 
sede de los cartógrafos italianos entre 1937-1939.


Referencia
L. Urteaga, F. Nadal y J. I. Muro. 2002. "La cartografía del Corpo de Truppe Volontarie, 1937-1939". Hispania, 210: 283-298.

Las fotografías de los recortes de prensa forman parte de la magnífica exposición Vanguardias Peligrosas. La Alemania nazi y la Italia fascista en Vitoria (1936-1939), de la autoría de Guillermo Marín, Virginia López Maturana y Xabier Sagasta y organizada por la Fundación Sancho el Sabio en la Sala Araba de Vitoria-Gasteiz (18-XI-2015 a 9-XII-2015).

P. S. Cartografías silenciadas es el título de una exposición fotográfica sobre espacios de la represión franquista, de la artista Ana Teresa Ortega.