lunes, 27 de agosto de 2012

El tiempo de los rojos



En el supermercado familiar de la Juani, en Castuera, una señora de 82 años nos aborda con un monedero en la mano derecha y una docena de huevos en la otra. Mueve mucho las manos al hablar. Ante mi ademán de sujetarle la carterita comenta con retranca: sí hombre, tal como están los tiempos...!!! Y comienza a hablar de los tiempos de antes. La mujer, con una memoria prodigiosa, nos introduce en la cartografía simbólica del cementerio de Castuera. Ella tiene a sus muertos gloriosamente enterrados en la calle de la Virgen del Buen Socorro. Cada vial dentro del cementerio tiene su propia advocación religiosa (Cada vial tiene por debajo, a un metro y medio bajo tierra, sus fosas de represaliados, ya destruidas o por destruir). La mujer, católica devota, reproduce en su monólogo todo el discurso propagandista del Régimen, la visión sobre el terror rojo, la única verdad.  La señora presume de la iglesia construida por Regiones Devastadas en 1946, una maravilla que alegra al Señor; allí están las tumbas de los caídos por Dios y por España, presente! Y se le ilumina la cara cada vez que pronuncia el lema franquista.Nos habla de los mártires de Castuera, de las tres matanzas realizadas por los rojos, que liquidaron a buenas personas, cultas y preparadas, ricas y pobres que no habían hecho nada. Ella recuerda con nitidez las exhumaciones de las víctimas derechistas al acabar la guerra, cuando era niña. Le sorpredía ver las alineaciones de féretros en la iglesia parroquial durante la misa de cuerpo presente, con ancianos llorando desconsoladamente apoyados en la pared. Cuando le comentamos que estamos excavando fosas de los otros caídos, de los que cayeron después, no acaba de comprenderlo bien; en su relato cerrado, perfecto no caben esos muertos, que no comprende. La gente tiene que morir como mi padre o mi hermano, en la cama, gloriosamente, para rendir cuentas al todopoderoso. Eso que me comentáis tendrá que ser... del tiempo de los rojos.
En la cosmovisión campesina tradicional gallega, por poner un ejemplo de comunidad premoderna, la historia es una sucesión de razas que van ocupando el territorio, mezclándose desde los mouros a los romanos, pasando por los franceses, los carlistas o los huidos de la guerra. Todos estos seres acaban ocupando sitios marginales del paisaje, ocultos y antiguos. Todos ellos son seres de naturaleza mítica. Remitir lo que estamos excavando al tiempo de los rojos es una manera sutil de deshumanizar esas caras y encuadrarlas en la vaga y nebulosa ciénaga de la leyenda, el mito y las consejas de vieja. Cuarenta años de dictadura han modelado la manera de estar en el mundo de los hombres y mujeres de buena voluntad.