miércoles, 19 de noviembre de 2008

Arqueólogos somos todos

Hebilla de un cinturón de miliciano aparecida durante las prospecciones detrás de la UNED

Hay veces que aquellos que se encuentran fuera de una disciplina científica son capaces de entender y expresar mejor el potencial y el sentido de esa disciplina que muchos de los que la practican. Eso sucede, por ejemplo, con el artista Francesc Torres y la arqueología:

"Alguien en el ámbito político no acaba de darse cuenta de algo fundamental: cuando se investiga la historia para evitar que se pierda o te la roben, o para que la puedas recuperar si te la han robado, todo es importante. Si no entiendes eso es que no entiendes nada o, peor aún, es que no tienes imaginación. Las trincheras del Ebro, aún hoy, en Pàndols y Cavalls, están llenas de latas de conserva abiertas con la llave alojada en el centro de la espiral de su cubierta retorcida. A veces aparecen cucharas y tenedores corrientes con el mango curvado hacia atrás para poderlos colgar del cinto, cantimploras, suelas de alpargata, botas de cuero. Están ahí a merced del tiempo y del capricho de algún curioso. Nadie parece asociar la lata de sardinas noruega, de aluminio limpio, con el soldado desconocido que se alimentó de ella mientras defendía, en desventaja, un ideal político decente frente al fascismo más reaccionario y brutal; ni la cantimplora con la sed atroz que sació en la garganta de un brigadista internacional norteamericano, o húngaro, o checo que quizá murió en el frente o quizá esté muriendo ahora en un asilo de ancianos; ni los pies hinchados de un chaval aterrorizado antes de entrar en combate con esas botas llenas ahora de musgo y hormigas. Si nuestra clase política fuera capaz de leer la historia en una hebilla de cinturón, no quedaría una sola fosa común, civil o militar, por destapar". El País, 2004.

Leer la historia en una hebilla de cinturón: eso es la arqueología.