domingo, 24 de julio de 2016

Cómo liberar una ciudad: manual del usuario


Reminiscencias de la guerra de África. La mujer miliciana como símbolo de la revolución social. La demonización del género femenino, una de las bases del futuro régimen instaurado por los vencedores. Los liberadores salvadores creyéndose sus propias mentiras. Caballerosidad, respeto a la población civil, como la demostrada durante el periplo hasta la entrada de Madrid, matanza de Badajoz incluida. La construcción ideológica de las hordas marxistas. El miedo, justificado, a una guerra urbana, inédita hasta entonces. El 5 de noviembre de 1936, crecidos, los sublevados ya hacían planes para la ocupación de Madrid. Planes que superaron la tapia de la Casa de Campo, pero que se retardarían hasta marzo de 1939. 
El 7 de marzo de 1939 se ordena que se tengan en cuenta por las fuerzas estas instrucciones para la entrada de Madrid dictadas por S.E. el Generalísimo en 4 de noviembre de 1936. Franco tenía un plan, y lo llevaría a la práctica de manera implacable. Para algo tenía los cojones más grandes que el caballo de Espartero.

(AGMAV, C. 1784, 34)

INSTRUCCIONES QUE DEBERAN OBSERVARSE AL OCUPAR MADRID NUESTRA TROPAS.

Próximas las columnas a Madrid, y en previsión de que su ocupación tenga lugar en fecha muy inmediata, se hace necesario que a todas las fuerzas y milicias auxiliares que tomen parte en la acción se les prevenga en forma clara y terminante el régimen de disciplina y buen orden que ha de residir en estas operaciones, para evitar abusos o desmanes que yendo en descrédito del Movimiento Nacional y de las fuerzas o milicias que los cometieren, habrán de ser castigados con el mayor rigor.
La población civil de Madrid, lleva tanto tiempo sufriendo los desmanes del Gobierno rojo y de las hordas que le siguen, que por los constantes asesinatos sufridos han llegado a un grado de terror que puede hacer aparecer como desafectos o tibios a los que en realidad ansian la llegada de las fuerzas nacionales que les libere, y que para poder vivir son obligados a llevar brazaletes y distintivos de los rojos.
Una gran parte de los milicianos que nos combatirán en Madrid son ciudadanos pacíficos que ante las amenazas y ejecución de los que se niegan, han cogido las armas deseando entregarlas al primer encuentro. Con estos la guerra tiene que ser caballerosa y noble y si se rinden, acogerles con la generosidad que es natural en nuestras tropas, que en estos casos es necesario extremar.
Los puntos de más fuerte resistencia revelarán la presencia de los directivos y verdaderos rojos, así como la de los extranjeros que voluntariamente han acudido a su ayuda. Con estos hay que desarrollar la energía y fortaleza para destruirlos y evitar su huida.


La mayoría de los edificios que aparecen ocupados por la C.N.T., Sociedades y Organizaciones, pertenecen a particulares o sociedades y deben ser respetados, mientras las necesidades de la guerra no impongan su destrucción, así como el mobiliario y efectos que en ellos se encuentren.
La ocupación de Madrid tiene que ser un ejemplo de disciplina y organización guardando el mayor respeto a las mujeres y niños y alejando de la mente del soldado toda idea de racia o de lucro en pugna con el buen espíritu de nuestras fuerzas.
Las tropas han de estar siempre en la mano de sus Oficiales y estos ser responsables de cuanto sus soldados cometan.
En Madrid existe una cantidad crecidísima de mujeres de mal vivir en un estado sanitario desastroso, que han sido causa de millares de enfermedades entre los soldados rojos. Se hace indispensable una vigilancia estrechísima sobre el soldado, que nos evite los desastrosos efectos de enfermedades de este género, evitando todo contacto con estas mujeres mientras no se establezca la oportuna garantía de las intervención sanitaria.
Lo peligroso de la ocupación de una gran población y la necesidad de poder reaccionar en cualquier momento contra la sorpresa, impone que toda tropa se encuentre, en todo momento, en condiciones de combatir y que los mandos extremen las prevenciones para evitar toda sorpresa.


La disciplina más grande en el fuego se impone en la guerra dentro de las poblaciones, pues el fuego desordenado y sin razón no hace más que alarmar y desmoralizar a las propias tropas, que desconocen la cantidad real de enemigo y en donde se encuentra. Los 'pacos' aislados hay que localizarlos, para poder destruirlos y exigir responsabilidades.
Por la presente se ordena a todos los escalones del Mando, el más exacto cumplimiento de estas instrucciones y que sean leídas y comentadas a todas las fuerzas y milicias que toman parte en la ocupación de Madrid.

Salamanca, 4 de Noviembre de 1936.

De Orden de S.E.
El Coronel 2º Jefe de E.M.
Francisco Martín Moreno
Rubricado