miércoles, 6 de julio de 2016

La trinchera que se convirtió en un río


La historia humana y la historia natural se estudian en facultades distintas. El proceso histórico de los seres humanos lo investigan los arqueológos y los historiadores; el de la tierra, los geólogos; el de los animales y las plantas, los biólogos.

Pero a veces la historia de las personas, las plantas y los ríos se mezclan inextricablemente.

Eso es lo que pasa en la trinchera que estudiamos. Lo que vemos, en una especie de miniatura espacial y temporal, es lo que sucede en otros lados a lo largo de kilómetros y millones de años. El nacimiento de un río. 


Cuando la trinchera quedó abandonada en marzo de 1939, lo primero que sucedió es que los parapetos se derrumbaron sobre el fondo: primero el de la derecha (1), después el de la izquierda (2). Cubrieron rápidamente los cartuchos olvidados en el suelo de la trinchera y así escaparon a los chatarreros de posguerra.

Año tras año, la lluvia siguió arrastrando la arena hacia el fondo de la zanja, desmontando paredes y parapetos, y arena y tierra de las laderas vecinas (3). Porque los republicanos construyeron esta trinchera de comunicación, muy apropiadamente, en el fondo de una vaguada bien protegida de los bombardeos. La zanja comenzó a drenar las aguas de las elevaciones y se acabó convirtiendo en el cauce de un torrente.

La colmatación de arenas acabó estrechando el camino de las aguas (4), que se volvió más estrecho y más profundo (5). Un año sabemos que la arroyada arrastró carbón y ceniza, además de tierra: la huella de un incendio forma una delgada línea negra. El cauce se volvió a estrechar poco después, porque se derrumbó la parte superior de la trinchera, que por aquel entonces ya estaba cubierta de vegetación (6).  Por eso la tierra es más orgánica y oscura.

Cada año el torrente sigue trayendo su capa de aluvión (7). Es un reloj de arena que no cuenta minutos, sino años. Al cortar la tierra podemos leer 
la historia natural de la trinchera: por donde bajaron hombres armados, ahora fluye la tierra y el agua. Casi sorprende encontrar casquillos allá abajo.

Como excavar una guerra antediluviana.