lunes, 17 de septiembre de 2012

Área de acumulación


Durante décadas apenas conocíamos nada de los asentamientos de las comunidades de la Edad del Bronce en el NW de la Península Ibérica. Estos campesinos primitivos tenían un régimen de vida nómada/seminómada que les hacía reocupar periódicamente determinadas zonas como espacio habitacional. El arqueólogo Fidel Méndez acuñó a mediados de la década de 1990 el concepto de área de acumulación para definir la huella arqueológica de los poblados de estas gentes: solares en los que se sobreimponían fosas, agujeros de poste y otras estruturas en negativo, relictos de ocupaciones periódicas y recurrentes sobre los mismos espacios.
Pasando de la Prehistoria Reciente a la guerra civil, pero sin abandonar la Arqueología, podemos aplicar este concepto de área de acumulación a la parte trasera del cementerio viejo de Castuera. Durante meses y/o años este espacio acogió la fase final de numerosos episodios de terror. Noche tras noche, el pico y la pala rompían la tierra para acoger los cuerpos de las víctimas. Fosas, fosas y más fosas, con la misma orientación en planta, empezaron a  cubrir todo ese espacio. Cada uno de estos cortes en el sustrato rocoso condensa historias de vida sacudidas por la muerte. Cada una de estas fosas acumula tragedias sin nombre. Observando la distribución de los once esqueletos en la fosa 6.1 nos damos cuenta rápidamente de la efectividad y la brutalidad de una represión llevada a cabo casi a escala industrial. En la memoria colectiva quedó grabada a fuego la imagen del volquete, de esas camionetas que basculaban los cuerpos a las fosas como ganado en el matadero.