miércoles, 26 de septiembre de 2012

Recuperando vidas


Estos días excavamos en Abánades los restos de otro soldado. Lo enterraron sus compañeros en una paridera, apresuradamente, muy cerca de donde cayó. Lo mató una bala de 7 mm que le penetró el pecho, hacia el 1 de abril de 1938. Estaba casado y ya no era muy joven, aunque sí -mucho- para morir. Su atuendo no era militar: se sujetaba los pantalones con un cinturón con cierre de latón decorado con esmaltes. En el bolsillo derecho llevaba nueve pesetas y pico, republicanas. La alianza de oro, que ceñía un dedo pequeño y delgado,  tiene una letra inscrita: "R".

Los arqueólogos no recuperamos muertos. Recuperamos vidas.