domingo, 31 de julio de 2016

Bombardear a distancia

Víctima de un bombardeo en el centro de Madrid

El Cerro Garabitas en la Casa de Campo quedó impreso para siempre en la memoria de los madrileños. Símbolo del horror para unos, del ejército liberador para otros, todos o casi todos pensaban que desde allí venían los disparos artilleros que devastaban regularmente las calles de la ciudad y se cobraban numerosas víctimas civiles.

Un testigo afín a los sublevados lo describe como un "cerro desafiador, humoso de cañones", mientras que el historiador franquista Ricardo de la Cierva habla de "Garabitas, erizada de cañones". Luigi Longo, el líder comunista que vivió los bombardeos de Madrid, en cambio, denuncia que "Desde lo alto de Garabitas, potentes cañones que giran sobre plataformas de acero lanzan metódicamente una lluvia de granadas sobre las casas, las plazas y las calles de la ciudad". Y el romancero popular cantaba "Desde Garabitas vienen obuses negros de pena porque destrozan las casas más ruines y más viejas".

Pero en Garabitas nunca hubo cañones. Esto no lo hemos descubierto nosotros, claro. Lo dicta el sentido común militar. En realidad, Garabitas era un observatorio comunicado con bases artilleras que se encontraban a sus pies. Un cerro es mal sitio para situar cañones: además del esfuerzo logístico que supone subirlos y aprovisionarlos, está muy expuesto a los bombardeos aéreos y al fuego de contrabatería. La artillería tiene que emplazarse en lugares donde pueda camuflarse y moverse fácilmente y que se encuentren lo menos expuestos posibles.
Plano de las trincheras franquistas del Cerro Garabitas. Ilustración de Sal Garfi


A. conoce la Casa de Campo como la palma de su mano. Ha vivido en las cercanías desde que era niño y su afición por la historia de la Guerra Civil le ha llevado a recorrer cada trinchera y abrigo del parque. Ha seguido las huellas de los combates a través de las trazas que han dejado detrás -balas, granadas, insignias, trozos de metralla. Y ahora comparte algunos de sus descubrimientos. Por ejemplo, el lugar donde se ubicaban los famosos cañones de Garabitas. 

Se encuentran, en realidad, a casi un kilómetro de la cumbre del cerro, no lejos del puente de las Siete Rejas que salva el arroyo Antequina.

La identificación del sitio es evidente: nos hallamos ante varios abrigos en batería de gran tamaño, el suficiente para acoger en su interior piezas de artillería. En los alrededores se observan varias estructuras más, de variadas dimensiones, que debieron de servir para almacenar munición, como refugios de tropa, puesto de mando, etc. 

Plano de la base artillera franquista junto al puente de las Siete Rejas. Ilustración de Pedro Rodríguez Simón y Manuel Antonio Franco Fernández 
 Dos de las estructuras para piezas de artillería

Una somera prospección disipa cualquier duda que pudiera existir sobre la función del sitio: en uno de los abrigos salen a la luz decenas de fundas que envolvían las espoletas Garrido antes de su uso y algunos tapones de transporte de proyectiles de artillería. En otra estructura encontramos varios tapones más y un estopín de la Pirotécnica Sevillana datado en 1937.






Fundas de espoleta (arriba), tapones y estopín (abajo) documentadas en la base artillera


La orientación de la batería, hacia el NE, indica que su objetivo era el barrio obrero de Tetuán, que sufrió duramente los bombardeos franquistas. Cientos de civiles murieron en este vecindario víctimas de los cañones del puente de Siete Rejas.

Niños entre casas bombardeadas en Tetuán de las Victorias

La aparición de varios trozos de metralla cerca de los abrigos indica que los republicanos no se limitaron a soportar pasivamente los cañonazos enemigos, sino que respondieron con fuego de contrabatería.

 Metralla recogida en la base artillera

Lo que hemos documentado arqueológicamente es el proceso técnico que se encuentra detrás de los bombardeos de Madrid. El proyectil que revienta una casa en la ciudad requiere de una persona que descargue la granada, desenrosque el tapón, desenfude la espoleta y la enrosque en el proyectil; requiere que alguien cargue la granada en el cañón y que alguien coloque el estopín que inicie la detonación que propulsará el proyectil varios kilómetros hacia Tetuán. Allí matará o mutilará a algún transeúnte que pasee por la calle o herirá o acabará con la vida de algún soldado en su trinchera.

Las armas modernas son sofisticadas. Su funcionamiento depende de procesos técnicos que absorben toda la atención de quienes los llevan a cabo y por lo general involucran a varias personas. Esto es fundamental para disolver la sensación de culpa durante y después de la acción militar. En la batería del puente de Siete Rejas uno simplemente desenfundaba espoletas, otro solo colocaba el estopín en la vaina y el observador en Garabitas era únicamente responsable de marcar un objetivo que a su vez venía dado por el mando ¿Quién es culpable? ¿Todos? ¿Nadie? Y aún hay más. Los soldados que están montando granadas artilleras a los pies de Garabitas no ven niños correr presa del pánico, ni mujeres destrozadas desangrándose en la calle. Ellos solo ven la espoleta, el tapón de transporte, el proyectil, la vaina con la pólvora. 

El sociólogo Zygmunt Bauman explica en su libro Modernidad y Holocausto que la violencia del siglo XX se entiende en buena medida por la producción de distancia. La distancia física entre acto y consecuencia hace que nos sintamos menos responsables. El proyectil que se monta en la Casa de Campo tiene que recorrer cinco kilómetros y medio hasta Tetuán para matar. No es como pegar un tiro a alguien en la cabeza. Pero sí es lo mismo.

La distancia se crea de tres maneras. Tecnológicamente -con artefactos que establecen una separación entre ejecutores y víctimas (un bombardero, un cañón)-, geográficamente -al desplazar la barbarie lejos de nuestros ojos (campos de concentración, fábricas en el Tercer Mundo)-, y discursivamente -con conceptos que alejan al otro de la humanidad (rojos, judíos, masones, pero también curas, kulaks o burgueses). 

El historiador Sönke Neitzel y el sociólogo Harald Weltzer, en su análisis sobre las conversaciones de soldados alemanes grabadas por los aliados en la Segunda Guerra Mundial, llegan a la conclusión de que para perpetrar atrocidades o participar de forma entusiasta en la maquinaria de guerra alemana no hacía falta ser un nazi convencido. Llegaba con querer cumplir con lo que se percibía como obligaciones militares y sociales. Con la sensación de hacer bien el trabajo, de no defraudar a compañeros y mandos. 

Lo mismo sucede en cualquier ejército, opinan Neitzel y Weltzer. Las acciones de los trabjadores y artesanos de la guerra, concluyen, son banales. Tan banales como desenvolver una espoleta, desenroscar un tapón, enroscar una espoleta, colocar un estopín. Fuego.

viernes, 29 de julio de 2016

Suelo de combate

Trinchera de Casa de Vacas los últimos días de la excavación

Los últimos días de una excavación suelen ser frenéticos, da igual que sea un yacimiento romano o una fortificación de la Guerra Civil. El estrés, sin embargo, se compensa con los hallazgos. En las trincheras, al final es cuando quedan al descubierto los suelos que pisaron los soldados y sobre ellos, los materiales que dejaron abandonados o perdidos. En Casa de Vacas es como si todos estos días hubiéramos estado buscando a los brigadistas alemanes y ahora de repente nos encontráramos con ellos en mitad del combate.

Tenemos ante nuestros ojos más de treinta metros de trinchera, con sus abrigos y puestos de tirador. En el suelo reposan docenas de casquillos, cartuchos y guías de peine exactamente en el mismo lugar en que cayeron en el fragor de la batalla. Es en este momento cuando realmente el pasado se hace presente y uno puede sentir la historia. 

Casquillos y guías de peine de Lee Enfield in situ en el fondo de la trinchera

Cuando un contexto se conserva intacto, no hace falta un gran esfuerzo de imaginación para leer el registro arqueológico: en este puesto de tirador podemos ver a un soldado vaciando un cargador tras otro con su Enfield. En el siguiente, a otro brigadista parando con el fuego de su fusil ametrallador un asalto de los legionarios y dejando tras de sí un reguero de vainas percutidas.
 
Cargador de Enfield con sus cinco casquillos percutidos 

Más casquillos de Enfield en un puesto de tirador
 

Algo más allá los atacantes se han acercado tanto a las defensas republicanas que solo se les detiene en el último momento a granadazos y tiros de pistola. No todas las pistolas son reglamentarias. Junto a un puesto de tirador descubrimos un cartucho del calibre 0,25 perteneciente al arma personal de algún soldado. 


Cartucho de pistola de pequeño calibre y puesto de tirador junto al que apareció


La mayor parte de los hallazgos no proceden de los puestos de tiro, sino de la trinchera, que es a donde va a parar la munición gastada. El suelo se va cubriendo de casquillos y peines. Y allí se quedan, sellados por el barro del otoño de 1936.

jueves, 28 de julio de 2016

La tierra acribillada

 Balas de 7 mm documentadas en la prospección de la Ciudad Universitaria

Pese a los muchos años que llevamos haciendo arqueología de la Guerra Civil, me cuesta no sorprenderme al encontrar los restos del conflicto a flor de piel, en los lugares más insospechados. Espacios cotidianos como la Casa de Campo o la Ciudad Universitaria en Madrid están literalmente acribillados de historia.

Quizá lo que más sorprende es que la mayor parte de los paisajes en los que trabajamos se han visto despojados de su memoria humana. Han quedado marginados en los partes de guerra, olvidados en las autobiografías, dejados de lado, hoy, en las rutas históricas. La gente que nos visita se maravilla ¿cómo es que hay trincheras aquí? ¿Es posible que encontréis tantas cosas en este parque que he visitado tantas veces? ¿así que esta trinchera era republicana? Comparto su sorpresa. La memoria humana tiene sus límites. No puede almacenarlo todo. Pero la tierra recuerda lo que nosotros no hemos podido o no hemos querido recordar.

Los arqueólogos somos testigos de segunda mano de la historia, pero testigos al fin y al cabo. Y lo que hacemos es dar testimonio -fragmentario, confuso, equivocado a veces- de lo que vemos (¿pero qué testimonio no es ambiguo, incompleto, con frecuencia erróneo?). Y no sé si es por su carácter testimonial, o porque sus pruebas son materiales o porque aparecen en lugares insospechados, pero el caso es que la arqueología produce una cierta inquietud. Una inquietud que no es extensible, por las razones que sean, a otras disciplinas que estudian el conflicto.

Jaime González escribe hoy en el diario ABC en relación a nuestras excavaciones que si los huesos pudieran hablar dirían "cuidado, mucho cuidado". Por algún motivo los huesos, los casquillos y las latas dan miedo. Estoy seguro de que Jaime González no escribiría lo mismo sobre el trabajo de un historiador en un archivo. Los documentos, que sí hablan una lengua inteligible, no despiertan tantos temores. Solo la labor de los arqueólogos, testigos imperfectos de la tierra acribillada, es peligrosa ¿por qué será?

miércoles, 27 de julio de 2016

Evacuar en primera línea

"¡Hurra! Aquí caga la Primera Compañía". Letrina de la Legión Condor.

Sí, el título de la entrada es correcto. No se trata de evacuar la primera línea, sino de hacer las necesidades mientras le están disparando a uno. Los arqueólogos con frecuencia trabajamos con aquello que los historiadores han dejado de lado, "las pequeñas cosas olvidadas", que decía el arqueólogo norteamericano James Deetz. En el caso de las letrinas no podemos culparles: no es el sitio más agradable en el que buscar trazas del pasado. Sin embargo, también aquí uno puede descubrir cosas interesantes, como hemos tratado de demostrar en alguna ocasión. 

Interpretar un espacio como letrina no es siempre fácil, especialmente en primera línea, donde se tendía a la improvisación y la economía de medios. Bajo el fuego enemigo a lo más que se puede aspirar es a tener a mano un cubo o una lata y tiempo suficiente para utilizarlo. Pensamos, sin embargo, que uno de los abrigos que encontramos pudo haber hecho las funciones de retrete por varios motivos. 


Posible letrina en la trinchera de Casa de Vacas
   
En primer lugar, el suelo tiene restos de alquitrán. Esta sustancia se utiliza para impermeabilizar. Ninguna otra estructura de la trinchera republicana de Casa de Vacas tiene trazas de alquitrán, así que este abrigo debía de desempeñar una función especial. Sabemos que en la Primera Guerra Mundial pequeños refugios como el que estamos excavando se utilizaron como retretes en el frente y también tenían el suelo asfaltado, porque era más fácil de limpiar que la arena, que se impregnaba pronto de efluvios y sustancias malolientes. 

En una esquina del abrigo apareció, además, la base de un bidón. En las letrinas de la Gran Guerra también se usaban cubos metálicos o bidones a modo de inodoro. Finalmente, este es el único sitio en el sector excavado donde hemos encontrado botones de nácar: cuatro para ser exactos. Estos botones se empleaban en la ropa interior, en los calzoncillos entre otras prendas. Podemos imaginarnos lo fácil que se perderían estos botones, especialmente cuando uno tenía que hacer sus necesidades a toda prisa y bajo el fuego de la artillería. También hemos recogido un trozo de hebilla de cinturón.

Botón de nácar procedente del refugio-letrina

Pocas trazas de vida cotidiana hemos hallado en esta fortificación que fue escenario de combates durísimos y continuados durante un par de semanas. Es irónico que el único elemento no militar con el que hemos topado sea un retrete. Y también que al lado exista una trinchera de evacuación. En este caso sí, para evacuar la primera línea.

martes, 26 de julio de 2016

Cómo se excava una trinchera

 Excavando una trinchera en la Casa de Vacas, Madrid

Cuando empezamos a excavar trincheras de la Guerra Civil hace ya ocho años, llegamos a la conclusión de que era difícil. Más difícil que excavar una villa romana o un poblado de la Edad del Hierro. Y no porque tengan estratigrafías complejas (aunque las de la Ciudad Universitaria se las traen en este sentido), sino porque son una arquitectura negativa -es decir hoyos y zanjas- y de vida muy breve. Esto significa que el material que colmata las trincheras y el material de las paredes es, con frecuencia, extremadamente difícil de distinguir. 

Mientras encontramos objetos, sabemos que no hemos llegado al límite de la trinchera? El problema es cuándo estos dejan de aparecer ¿Nos hemos comido la pared? ¿Paramos ya? Es necesario estar atentos a pequeños cambios en la compactación, color y textura de los sedimentos. Como se puede ver en la imagen de abajo:

La pared de la trinchera está a la izquierda: es de color más claro y es más compacta que el relleno (en el que se observa un casquillo de Mosin). En este caso, además, la granulometría del relleno es más heterogénea que la del sustrato geológico. Es decir, los granos de arena son de tamaños diferentes. 

Las mismas dudas nos acechan cuando se trata de encontrar el suelo de la trinchera. En ocasiones no hay mucho problema, porque está bien compactado. En el caso de la trinchera de la Casa de Campo en algunos sitios se rebajó un nivel geológico de arena blanca, que nos permite diferenciarlo el relleno del suelo con relativa facilidad.


  
Suelo de la trinchera de Casa de Vacas, con un echado de tierra blanquecina

Normalmente la llegada del suelo, tanto en una estructura militar moderna como en una casa prehistórica, viene marcada por el material en cero grados de buzamiento. Es decir, dispuesto en horizontal. Como se puede observar en estas fotos:

Caja de munición, dos guías de Mosin y una de Máuser sobre el suelo de la trinchera de Casa de Vacas

Guías de peine, cartuchos y casquillos cerca del nivel de suelo en la trinchera de Casa de Vacas 

A veces para orientarnos cortamos las estructuras en dos y dejamos un perfil estratigráfico que nos permite orientarnos. Una vez que localizamos las paredes registramos el corte y abrimos toda la estructura -más rápido esta vez porque ya sabemos dónde tenemos que pararnos.

Abrigo excavado a la mitad para observar la estratigrafía (izquierda)


No obstante, la identificación de la caja de una trinchera o un abrigo es casi siempre una tarea laboriosa y que requiere considerable reflexión. Es también un excelente entrenamiento para excavar otro tipo de estructuras. Especialmente, aunque parezca paradójico, de época prehistórica.

lunes, 25 de julio de 2016

La Casa de las Flores o los geranios de la muerte


Preguntaréis: Y donde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?
Os voy a contar todo lo que me pasa.
Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.
Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios: era
una bella casa con perros y chiquillos...

Pablo Neruda
Impactos de bala en estructura asociada a la Casa de Vacas.

En la documentación remitida al entonces Cuartel del Generalísimo acerca de las operaciones sobre Madrid, nos encontramos con el parte de operaciones de la 3ª Columna de la Agrupación de Columnas del general Varela. Una carpetilla titulada Entrada en la Casa de Campo 8 de noviembre de 1936 nos conduce directamente al infierno de la guerra civil, a primera línea de fuego. El Tabor de Regulares de Alhucemas avanza y consigue abrir una brecha en la tapia de la Casa de Campo, en las inmediaciones de la Puerta Batán. Es ya noche cerrada:

A unos 100 metros antes del estanque, la vanguardia es atacada por un tanque ruso, con ráfagas de ametralladora, así como nutridos grupos de milicianos, siendo repelida la agresión enérgicamente por la aludida Bandera [4ª Bandera del Tercio], y dos anti-tanques, haciendo retroceder al enemigo, al que se le hacen algunos prisioneros.



Segunda Legión del Tercio. 4ª Bandera. Columna de Madrid nº 3. Tropas de choque a la conquista de Madrid. El parte de bajas y distinguidos de ese día 8 de noviembre no deja lugar a dadas de la crudeza de los combates. Los soldados españoles fallecidos aparecen con nombre y apellidos; a los moros les precede un código numérico. En la mañana del día 8 se combate con granadas de mano para tomar casas situadas en el flanco izquierdo del ataque. 

Y una mañana todo estaba ardiendo,
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego, pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros...

La lucha sin cuartel en la Casa de Campo se mantendrá en las semanas sucesivas. Así lo podemos comprobar en el parte de operaciones del día 1 de diciembre de la Cuarta Columna. Los tanques rusos siguen causando estragos en las filas sublevadas:

Inmediatamente se inició un ataque al servicio que cubre desde la puerta de Rodajos hasta el lago que fué creciendo en intensidad, fulminando esta con la aparición de siete carros de combate pesados que se apoderaron de las trincheras situadas en Casa Quemada, matando a sus defensores, que eran del Requeté.

Los regulares se rehacen y mantienen sus posiciones. En esta guerra total no se tiene mucha compasión del enemigo:

Por las informaciones recojidas (sic), de dos prisioneros, se ha venido en conocimiento de que el Comandante que dirigía el ataque cayó en el mismo pareciendo ser el 2º Jefe del General Klever. [...] Por el portillo de Aravaca y brechas abiertas en la tapia de la parte de la Casa de Campo que aun ocupa el enemigo, se vio gran movimiento de personal que retiraba heridos y muertos. Quedan por tanto en nuestro poder, un tanque enemigo, cuatro más inutilizados en las cercanías de las posiciones que ocupa el servicio de la Columna bastante material de guerra y únicamente siete prisioneros en nuestro poder, ya que los demás por haber sidos cogidos con las armas en las manos haciendo fuego sobre nuestras fuerzas y proseguir el ataque enemigo, fueron pasados por las armas inmediatamente, para poder atender al contra-ataque sin preocupación de ningún genero

Refugio republicano en primera línea en el sector de Casa de Vacas, 
en fase de excavación. Se observan en planta una caja de munición y restos de uralita y ladrillos.

Andrés conoce la Casa de Campo como la palma de su mano. De crío iba a buscar balas y restos de la guerra con otros compinches del barrio. Allí conocieron a Antonio, un taxista de La Latina que por entonces iba los fines de semana a pasear con su hijo. Cuando se hizo mayor, ya jubilado, lo hacía con su perrita. Otros jubilados habían cogido la costumbre de mantener cuidado un pequeño jardín al pie de la fuente de Casa de Vacas. Antonio, socialista acérrimo, había combatido de jovencito en ese mismo espacio. La Casa de Campo es hoy el pulmón de Madrid, una suerte de reserva forestal y botánica.

Andrés comparte su saber sobre la Casa de Campo en la Jornada de Puertas Abiertas 
del pasado sábado.

Hace ochenta años, en primera línea, también se practicaba la jardinería. Fotografías de noviembre y diciembre de 1936 muestran una especie de poyos en las trincheras defendidas por los moros en la zona de Cerro Morán. En esos poyos se ven tiestos con geranios, para perfumar y camuflar el olor a carne humana putrefacta.
Legionarios con los geranios de la muerte.

Generales
traidores:
mirad mi casa muerta,

Mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores.
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,,
pero de cada crimen nacen balas que os hallarán un día el sitio
del corazón.

domingo, 24 de julio de 2016

Cómo liberar una ciudad: manual del usuario


Reminiscencias de la guerra de África. La mujer miliciana como símbolo de la revolución social. La demonización del género femenino, una de las bases del futuro régimen instaurado por los vencedores. Los liberadores salvadores creyéndose sus propias mentiras. Caballerosidad, respeto a la población civil, como la demostrada durante el periplo hasta la entrada de Madrid, matanza de Badajoz incluida. La construcción ideológica de las hordas marxistas. El miedo, justificado, a una guerra urbana, inédita hasta entonces. El 5 de noviembre de 1936, crecidos, los sublevados ya hacían planes para la ocupación de Madrid. Planes que superaron la tapia de la Casa de Campo, pero que se retardarían hasta marzo de 1939. 
El 7 de marzo de 1939 se ordena que se tengan en cuenta por las fuerzas estas instrucciones para la entrada de Madrid dictadas por S.E. el Generalísimo en 4 de noviembre de 1936. Franco tenía un plan, y lo llevaría a la práctica de manera implacable. Para algo tenía los cojones más grandes que el caballo de Espartero.

(AGMAV, C. 1784, 34)

INSTRUCCIONES QUE DEBERAN OBSERVARSE AL OCUPAR MADRID NUESTRA TROPAS.

Próximas las columnas a Madrid, y en previsión de que su ocupación tenga lugar en fecha muy inmediata, se hace necesario que a todas las fuerzas y milicias auxiliares que tomen parte en la acción se les prevenga en forma clara y terminante el régimen de disciplina y buen orden que ha de residir en estas operaciones, para evitar abusos o desmanes que yendo en descrédito del Movimiento Nacional y de las fuerzas o milicias que los cometieren, habrán de ser castigados con el mayor rigor.
La población civil de Madrid, lleva tanto tiempo sufriendo los desmanes del Gobierno rojo y de las hordas que le siguen, que por los constantes asesinatos sufridos han llegado a un grado de terror que puede hacer aparecer como desafectos o tibios a los que en realidad ansian la llegada de las fuerzas nacionales que les libere, y que para poder vivir son obligados a llevar brazaletes y distintivos de los rojos.
Una gran parte de los milicianos que nos combatirán en Madrid son ciudadanos pacíficos que ante las amenazas y ejecución de los que se niegan, han cogido las armas deseando entregarlas al primer encuentro. Con estos la guerra tiene que ser caballerosa y noble y si se rinden, acogerles con la generosidad que es natural en nuestras tropas, que en estos casos es necesario extremar.
Los puntos de más fuerte resistencia revelarán la presencia de los directivos y verdaderos rojos, así como la de los extranjeros que voluntariamente han acudido a su ayuda. Con estos hay que desarrollar la energía y fortaleza para destruirlos y evitar su huida.


La mayoría de los edificios que aparecen ocupados por la C.N.T., Sociedades y Organizaciones, pertenecen a particulares o sociedades y deben ser respetados, mientras las necesidades de la guerra no impongan su destrucción, así como el mobiliario y efectos que en ellos se encuentren.
La ocupación de Madrid tiene que ser un ejemplo de disciplina y organización guardando el mayor respeto a las mujeres y niños y alejando de la mente del soldado toda idea de racia o de lucro en pugna con el buen espíritu de nuestras fuerzas.
Las tropas han de estar siempre en la mano de sus Oficiales y estos ser responsables de cuanto sus soldados cometan.
En Madrid existe una cantidad crecidísima de mujeres de mal vivir en un estado sanitario desastroso, que han sido causa de millares de enfermedades entre los soldados rojos. Se hace indispensable una vigilancia estrechísima sobre el soldado, que nos evite los desastrosos efectos de enfermedades de este género, evitando todo contacto con estas mujeres mientras no se establezca la oportuna garantía de las intervención sanitaria.
Lo peligroso de la ocupación de una gran población y la necesidad de poder reaccionar en cualquier momento contra la sorpresa, impone que toda tropa se encuentre, en todo momento, en condiciones de combatir y que los mandos extremen las prevenciones para evitar toda sorpresa.


La disciplina más grande en el fuego se impone en la guerra dentro de las poblaciones, pues el fuego desordenado y sin razón no hace más que alarmar y desmoralizar a las propias tropas, que desconocen la cantidad real de enemigo y en donde se encuentra. Los 'pacos' aislados hay que localizarlos, para poder destruirlos y exigir responsabilidades.
Por la presente se ordena a todos los escalones del Mando, el más exacto cumplimiento de estas instrucciones y que sean leídas y comentadas a todas las fuerzas y milicias que toman parte en la ocupación de Madrid.

Salamanca, 4 de Noviembre de 1936.

De Orden de S.E.
El Coronel 2º Jefe de E.M.
Francisco Martín Moreno
Rubricado


sábado, 23 de julio de 2016

Aquí también se hizo Historia

Un visitante nos comentaba el otro día que en las trincheras que excavamos en Casa de Campo no hubo apenas combates. La falta de referencias sobre este sector durante los combates de noviembre del 36 en torno a Madrid es lo que nos podría hacer pensar. La realidad, sin embargo, se resiste a obedecer a los documentos. Y la arqueología trabaja con la realidad, con las cosas mismas -no con los discursos sobre la realidad (sean órdenes militares, noticias de periódicos o memorias).  

El mapa de distribución de hallazgos que nuestro colega Manuel Antonio Franco va creando a partir de los datos recogidos en el campo es elocuente. Indica sin lugar a dudas que en Casa de Vacas se combatió. Mucho. Casi no hay un palmo de terreno que no contenga un trozo de metralla una bala o un casquillo. Y eso que lo que nosotros registramos arqueológicamente es lo que ha quedado, no lo que existió. Es lo que ha sobrevivido a los servicios de recuperación del ejército, a años de chatarreo, décadas de paseantes curiosos y niños que jugaban en las trincheras. 
 Cola de una granada de mortero Stokes aparecida en prospección

La arqueología, lo hemos dicho muchas veces, no va a cambiar la gran historia de la Guerra Civil. Pero puede ayudarnos a descubrir escenarios olvidados, donde la gente luchó, sufrió y murió exactamente igual que en los más conocidos. Al excavar Casa de Vacas reivindicamos la memoria de sus combatientes y el papel que desempeñaron en la Historia.

viernes, 22 de julio de 2016

Un país en la mochila


Lo que parecía un paseo militar hacia Madrid se convirtió de repente en el primer tropiezo grave de las mejores tropas franquistas. Los mandos se aprestaron a analizar las causas en unas Instrucciones sobre la acción en Madrid. Causa de la lentitud de las operaciones (AGMA, 1229, 76). Uno de los motivos aducidos fue el incumplimiento de las órdenes por parte de las unidades que tenían que avanzar por el flanco izquierdo y que quedaron estancadas en Boadilla ante la denodada defensa republicana. Milicia Popular destacaba el contraataque leal en esta zona, en el que por vez primera entró en fuego la columna denominada La Internacional, compuesta en su mayor parte por combatientes extranjeros, que ya han vivido en otras latitudes momentos de guerra parecida a la nuestra.

Brigadistas del Edgar André desfilando en Moncloa 
antes de entrar en combate.

Y, efectivamente, esta era la segunda causa esgrimida por el general jefe del Ejército del Norte: La preocupación que ha invadido a los mandos por la aparición de tropas extranjeras, al parecer bien encuadradas, que combaten con mayor violencia que las milicias. En la documentacion republicana se palpa el trajín, el stress y el esfuerzo logístico necesario para reforzar el frente de Madrid con la llegada de estos hombres salvadores. (AGMM, legajo 481, carpeta 4). Una conversación en teletipo del 5 de noviembre nos habla de los trenes procedentes de Albacete, convoys en los que comparten espacio brigadistas y cientos de miles de cartuchos, los mismos que nos encontramos en nuestras excavaciones en Casa de Campo:

13 HORAS 45 MINUTOS DÍA 5 DE NOVIEMBRE
OTRA NOTA DE ORDEN DEL MINISTRO DE LA GUERRA ENVIE V. E. LOS TRESCIENTOS MIL CARTUCHOS QUE HAY EN BANCO DE ESPAÑA DE ALBACETE EN LOS MISMOS TRENES QUE TRAEN LAS BRIGADAS DE ALBACETE Y VILLENA Y KE DEBEN LLEGAR ESTA NOCHE ESTACION VILLACANAS.


LOS TRESCIENTOS MIL CARTUCHOS A QUE HACE REFERENCIA SE TRANSPORTARAN ESTA TARDE TREN MILITAR QUE TRANSPORTA CUARTA BRIGADA PUNTO DE ELLOS SE REMITEN DOSCIENTOS MIL A LAS ROZAS DE MADRID PARA LA TERCERA BRIGADA Y CIEN MIL A VALLECASAR  A LA BRIGADA INTERNACIONAL.


Excavamos en la tierra pero también excavamos en los papeles para alcanzar una imagen vívida de esos días del 7, 8, 9 de noviembre. Podemos imaginar a cientos de hombres recién llegados y que morirán en las trincheras en cuestión de horas. Soldados en un ambiente gélido, que se enfrentan cara a cara contra lo mejor del ejército sublevado, contra los temidos moros. La correspondencia de los mandos de la intendencia muestra la importancia de los suministros y de los convoys en el marco de un asedio caótico (AGMM, legajo 483):

A Servicios de Intendencia.
Para atenciones de suministro a las fuerzas que operan en el sector de Madrid deberá tener en cuenta que la columna Clairac cuyo puesto de mando está en Casa de Campo necesita 1.500 raciones en frío, la columna Mena con efectivo de 1.500 hombres está situada en la carretera de Carabanchel. La columna Escobar con 1.200 hombres en la carretera de Extremadura. La columna Prada con 1.500 hombres en la carretera de Toledo. La Brigada Internacional con 2.500 hombres en Vicálvaro. La Brigada Mixta nº 3 con 2.500 hombres en Pozuelo.
El suministro de todas estas fuerzas se hará de raciones en frío.
Madrid 7 de Noviembre de 1936.
El Jefe de la Sección.


Tras horas de combates, dándolo todo por el régimen republicano, viendo morir a sus compañeros, luchando en el barro, sufriendo el frío de Madrid... resistir a cambio de una ración en frío. La defensa heroica de los brigadistas hace que los mandos muevan ficha para garantizar en los siguientes días una mejora sustantiva en la dieta alimenticia. La suerte de la República dependía quizás, no sólo del armamento y la munición, sino del alcohol y de las raciones calientes:

Convoy para el dia 8 de noviembre de 1936
Columna Enciso.
Se remitirán 1.600 raciones de mochila completas con pan y aguardiente al Hipódromo de la Casa de Campo.
Brigada Internacional
Se remitirán 2.300 raciones de mochila completas con pan y aguardiente a la Ciudad Universitaria.

Convoy para el dia 9 de novimebre de 1936
Columna Enciso.
Se remitirán 1.800 raciones de mochila completas al Hipódromo de la Casa de Campo.
Brigada Internacional
P. M. Facultad de Filosofía y Letras Ciudad Universitaria. Se remitirán 2.300 raciones de mochila completas.

Telegrama a las 20,40 horas del 9 de noviembre de 1936. Sección de Servicios. E. M. Intendencia.
Sírvase suministrar doscientas raciones de rancho en crudo con vino, café, azúcar, pan y tabaco para la Brigada Internacional 4º Batallón que está en el pueblo de Vallecas.

Unos brigadistas llevaban en sus mochilas todo un pasado bélico, otros, el recuerdo de un país al que no podrían volver, todos, el peso de la responsabilidad de jugar la última carta del Gobierno leal republicano. La historia militar se ha centrado siempre en esos partes de operaciones que citamos, en debates tácticos, en analizar las causas y las consecuencias de las ofensivas. Las excavaciones y la Historia desde abajo nos muestran a importancia de las botellas, las mochilas y los macutos.
A los héroes de esas jornadas en Madrid se les intentó premiar líquidamente después de liquidar fascistas: a los tanquistas con gaseosas, y a los brigadistas con aguardiente y cognac. (AGMAV, 1095, 5, 1 XI Brigada Internacional):

Orden del Dia:
Los Comandantes de Batallón vigilarán que el coñag, anis, etc., enviado por Intendencia será distribuido regularmente entre las fuerzas:
El Comandante Jefe de la Brigada.

Beber en la Kleber para combatir al faccioso y al frío. Beber para olvidar. Beber para celebrar que se sigue vivo. Beber para curar las heridas. Beber para salvar Madrid.




jueves, 21 de julio de 2016

Combatir en 1936

La trinchera de Casa de Vacas sigue revelando sus secretos. A estas alturas, la aparición de guías de peine de fusil Enfield ha dejado de ser una novedad. Las contamos por cientos - testimonio de la intensidad de los combates librados por los brigadistas contra los sublevados en noviembre de 1936. Lo que sí supone una novedad es encontrarse elementos del propio rifle. En concreto, hemos descubierto la mira frontal de un Enfield Pattern 14. Y aparece en un puesto de tirador, junto a abundantes guías de peine y casquillos percutidos.

Mira de Enfield P14


Fotografía de un Enfield P14 en el que se aprecia la mira frontal. 

También son un hallazgo notable dos cargadores completos del mismo rifle colocados sobre el parapeto y que conservaban restos de la cartuchera de tela que los contenía. Los Pattern 14, como ya hemos indicado, son fusiles que aparecen con frecuencia en las fotografías de brigadistas tomadas en la Casa de Campo en noviembre de 1936.

Uno de los peines de Enfield abandonados sobre el parapeto
 
Los caquillos del calibre 0,303 que registramos, sin embargo, no fueron disparados en su totalidad por el Enfield. En una zona de la trinchera al menos creemos que son el resultado de fuego efectuado con una ametralladora Lewis, otra arma protagonista de los enfrentamientos en Madrid en otoño de 1936. La marca de la percusión es significativamente más profunda que en las vainas disparadas por rifles y está desviada del centro del culote.

Soldados armados con fusiles Enfield y ametralladora Lewis. Las cartucheras del Enfield son como la que hemos encontrado en la Casa de Vacas

En dos puntos de la trinchera hemos documentado golpes de mano que estuvieron a punto de resultar en la toma de la posición por parte de los sublevados. En estos puntos encontramos numerosos fragmentos de granada. En uno de ellos aparecen elementos de tonelete, Laffite y Quinto Regimiento. En el otro, Quinto Regimiento y FAI. Prueba evidente de que defensores y atacantes se enfrentaron cara a cara, probablemente en algún asalto nocturno. La granada FAI es una de bomba de mano diseñada por el primo de Francisco Franco, Ramón, y puesta al servicio de los anarquistas en 1931.

Fragmento de granada FAI aparecido en el parapeto  de la trinchera

Funcionamiento de la FAI

Se la conocía como La Imparcial porque causaba casi tantos estragos entre los usuarios como entre los enemigos.  

Junto a los restos de granadas aparecen, por supuesto, cientos de balas. Los atacantes contaban con fusiles Máuser de 7 mm, que es la munición que aparece con más frecuencia impactada frente a la trinchera repúblicana. El Máuser era el arma estándar del ejército español en la época. 

Los republicanos además de Enfield utilizaban fusiles bastante anteriores a 1914. En concreto, de 1870: se trata de los Vetterli Vitali, de los que hemos encontrado una bala impactada a unos 30 metros del parapeto. Seguramente es el reflejo de un brigadista haciendo tiro rasante sobre los asaltantes que se le echaban encima.

Munición empleada en los combates de Casa de Vacas y aparecida en la prospección frente al parapeto republicano: balas de Mosin (1), guía de peine de Enfield (2), Lebel (3), Máuser de 7 mm (4) y Vetterli Vitali (5)

Los Vetterli hicieron un largo camino: obsoletos ya en la Gran Guerra, Italia los envió a Rusia en 1916 (ambos eran aliados en la lucha contra Alemania y el Imperio Austrohúngaro). Los rusos a su vez se los vendieron a la República como parte de su operación de limpieza de arsenales. Fueron de los primeros fusiles en llegar: más de 13.000 entraron en España el 4 de octubre de 1936. Los Enfield no llegaron hasta tres semanas más tarde, cuando los sublevados se encontraban ya a las puertas de Madrid. Las armas de infantería más modernas de la URSS, de hecho, solo empezarían a enviarse a España en enero del año siguiente.

Al excavar un campo de batalla de comienzos de la guerra nos encontramos con un panorama mucho más diverso que el que se daría a partir de 1937. Combatir en el 36 fue una mezcla de pelea callejera, violencia colonial y lucha de trincheras. Todavía faltaba un poco para que la Guerra Civil Española se convirtiera en el preludio de la Segunda Guerra Mundial.

miércoles, 20 de julio de 2016

La trinchera romántica o cuando el oso cogió su fusil


Durante la ofensiva franquista para conquistar Madrid en noviembre de 1936, la propaganda fue una herramienta más empleada por las milicias con el objetivo de mantener la moral y el espíritu de la resistencia. La consulta de fondos hemerográficos que hemos llevado a cabo en el Archivo del Partido Comunista nos sirve para contrastar esos discursos combativos con la lucha de verdad, la que ha quedado fosilizada en las trincheras que estamos excavando. 

Brigadistas del Edgar André en la Casa de Campo.

El periodista Osorio Gallardo escribió por aquellos días un artículo en La Vanguardia titulado Las trincheras románticas (reproducido en Milicia Popular, nº 102, 17 de noviembre de 1936):

Cuando comenzó el sitio de Madrid, un periódico extranjero dijo, con propósito despreciativo, que entre el centro de la población y las fuerzas sitiadoras tendrían los milicianos unas trincheras románticas. Románticas, es decir, de ensueño, de ilusión, sin eficacia, sin finalidad práctica; trincheras para alimentar esperanzas absurdas, para fraguar quimeras, para engañar a los bobos. Al escribir este artículo, la noche del martes, día 10 [de noviembre], no parece que sean tan románticas las tales trincheras. Cuatro días llevan los sublevados queriendo pasar por encima de ellas, y no lo han conseguido. El romanticismo se ha trocado en acción, en denuedo, en bravura, en renunciamiento, en espíritu de sacrificio. Y me expreso mal cuando digo que se ha trocado. No se ha trocado: el romanticismo es precisamente eso: fe en lo impalpable, predominio del espíritu sobre la materia, clara creencia en lo que se ama, anhelo de lograr un imposible, ímpetu para sobreponerse a todos los obstáculos y a todos los dolores.


La llegada de la primera Brigada Internacional contribuyó, y de qué manera, a alimentar la esperanza. En gran medida, aquellos hombres sí se pueden considerar los últimos románticos. Del espíritu no encontramos nada, pero sí de la materia vinculada con aquellos voluntarios cuyo rastro seguimos en sitios como Casa de Vacas. En los periódicos vemos reflejada la sangría de esas unidades de combate. Así, en ATAQUE, periódico de guerra editado por la delegación de  milicias populares antifascistas se cita a brigadistas recuperándose en hospitales de retaguardia (4 de diciembre de 1936):

Ahora el sastre Bienestock y el minero Friedmann Euijen curan sus heridas de la casa de Campo donde han peleado bravamente. Fue el viernes 13 a las cinco y media de la madrugada, Hedrik, su comisario político, quedó allá para siempre.

Brigadistas heridos en Casa de Campo se recuperan 
en el hospital Pasionaria (en Juventud).

Mientras algunos hablaban de trincheras románticas, otros, como Tristan Tzara veían en la Casa de Campo una fortaleza de puños alzados contra la bestia del fascismo, el lugar donde surgiría el hombre nuevo. Las excavaciones arqueológicas no nos hablan de hombres nuevos, sino de veteranos de la I Guerra Mundial y de hombres muertos y heridos en combate, en un infierno de metralla, balas y granadas.

En Milicia Popular, nº 102, 17 de noviembre de 1936.

El periodista de Juventud que visita a los heridos de la Casa de Campo reivindica el orden y la organización en las trincheras, para evitar bajas innecesarias:

Nuestras heridas no son por fortuna graves. La mayoría padecen heridas en las piernas. Hay que saber hurtar el cuerpo. Las heridas graves se producen cuando se vuelve la espalda, porque cuando se asalta una trinchera o se muere o se triunfa. Pero hay que saber avanzar. Al enemigo hay que hurtarle el bulto.

Esos combates de noviembre fueron una excelente escuela y ahí se encuentra el germen del Ejército Popular y de la tupida red de fortificaciones que se mantendrá hasta el fin de la guerra. Así lo vio un redactor anónimo de Milicia Popular:

El pueblo de Madrid estaba ausente de la guerra hasta que empezó a fortificar [...] Audacia, creación, rectificación de errores, y dentro de algún tiempo podremos enorgullecernos de nuestros batallones de fortificación, como hoy nos enorgullecemos de los defensores de la Casa de Campo.

Madrid resistió la embestida facciosa, sorprendiendo a propios y extraños. En la Casa de Campo, en donde los Borbones cazaban, hasta el oso del madroño cogió su fusil.