jueves, 15 de abril de 2010

Publicaciones sobre arqueología del conflicto


En los últimos meses han salido varias publicaciones en las que se recogen los resultados de nuestras investigaciones en diversos escenarios de conflicto contemporáneo. Todas ellas se encuentran disponibles en Internet:
  • 2010: "Arqueología del fascismo en Etiopía (1936-1941)". Ebre 38. Revista Internacional de la Guerra Civil Española 1936-1939 4: 233-254. Enlace.
  • 2010: "Guerra en la Universidad. Arqueología del conflicto en la Ciudad Universitaria de Madrid". Ebre 38. Revista Internacional de la Guerra Civil Española 1936-1939 4: 123-143. Enlace.
  • 2009: "Topography of terror or cultural heritage? The monuments of Franco's Spain". En N. Forbes, R. Page y G. Pérez (eds.): Europe's deadly century. Perspectives on 20th century conflict heritage. Swindon: English Heritage, pp. 65-72. Enlace.

martes, 13 de abril de 2010

Muera la inteligencia

"¡Viva la muerte, muera la inteligencia!" fue el famoso grito proferido el 12 de octubre de 1936 por el ínclito fundador de la legión, Millán Astray, y parece seguir siendo el lema de todos aquellos que defienden o exculpan de una forma u otra la dictadura franquista y sus crímenes. El último en adherirse al lema ha sido el juez Luciano Varela (por lo menos en lo que se refiere al asesinato de la inteligencia) en su cruzada contra Garzón. Se ha dicho hasta la saciedad los últimos días, pero conviene recordarlo una vez más: si en España se persigue a un juez que investiga los crímenes de la dictadura a instancias de los descendientes de quienes perpetraron esos crímenes (Falange), es que algo radicalmente básico falla en nuestra democracia.

El filósofo Jacques Derrida habla de una "justicia más allá del derecho y de la ley", una justicia que vaya más allá de los vivos presentes, que se responsabilice "de los fantasmas de aquellos que aún no han nacido o que ya están muertos, sean víctimas de guerra, de violencia política o de otros tipos, nacionalista, racista, colonialista, sexista y cualquier clase de exterminio".

Pedirle al juez Varela que lea a Derrida es pedirle, naturalmente, peras al olmo. Pero lo que no sería demasiado exigir es que los jueces españoles estén a la altura de los argentinos, chilenos, sudafricanos o ruandeses a la hora de abordar los crímenes de lesa humanidad. Que entiendan que la Ley de Amnistía de 1977 va en contra del Derecho Internacional de los Derechos Humanos vigente y contra tratados que ha firmado España.

Los riesgos de excavar el pasado reciente en España ya los señaló poéticamente el escritor Manuel Rivas, hace exactamente tres años, el 14 de abril de 2007:
La arqueología más difícil de practicar en España es la del siglo XX después de Cristo. Franquear la línea que separa lo que no ha sido descubierto y llevarlo al campo de lo registrado no es sólo un logro de la inteligencia. Es la prueba de un carbono moral. Quienes escarnecen esta laboriosa arqueografía de la memoria republicana y de la resistencia contra la tiranía, quienes ignoran el holocausto español, creen hablar desde un futuro inmaculado pero lo hacen desde la vieja garita de la inhumanidad.
La garita del juez Varela.

viernes, 9 de abril de 2010

Ruin Memories


Memorias de la Ruina. Así se llama un proyecto internacional financiado por el gobierno de Noruega y dirigido por Bjørnar Olsen (Universidad de Trømso) sobre arqueología del pasado contemporáneo.

El objetivo es explorar cómo se conciben las ruinas de la modernidad y cómo se les asigna valor cultural en discursos públicos y académicos. La investigación cubrirá tres temas principales: la estética del desecho y el patrimonio, la materialidad de la memoria y la relevancia de las cosas materiales. A través de esos temas se pretenden desarrollar argumentos téoricos que permitan comprender por qué la materialidad en ruinas de la modernidad se ha visto tan devaluada y marginada, pero también sugerir posibles formas para reafirmar su importancia cultural e histórica.

Los casos de estudios que conforman este proyecto son diversos: paisajes mineros abandonados en Montana (Estados Unidos), las ruinas de una ciudad soviética en el Ártico, poblados desiertos en Islandia y vestigios de la Guerra Civil Española.

El proyecto Ruin Memories, por lo tanto, nos permitirá desarrollar nuevas intervenciones arqueológicas en restos del conflicto en diversos puntos de España. Nuestra investigación se plantea, entre otras cosas, el papel que han desempeñado -y desempeñan- las ruinas de la guerra en la imaginación política de los españoles y cómo la labor de la arqueología puede afectar a la percepción de tales ruinas.

Para más información puedes consultar la página web: http://ruinmemories.org/

sábado, 27 de marzo de 2010

Guerra en la Universidad 2.0

Después de varios meses de inactividad el equipo de "Guerra en la Universidad" emprenderá en breve nuevos proyectos relacionados con la arqueología de la Guerra Civil Española. Dejamos el campo de batalla de la Ciudad Universitaria para explorar otros escenarios bélicos y posbélicos.

Entre nuestros planes inmediatos se encuentra una nueva fase de estudio del destacamento penal de Bustarviejo (Madrid), que incluirá la realización de planimetrías detalladas y sondeos arqueológicos. Pronto podréis encontrar en el blog más información sobre ésta y otras intervenciones que se desarrollarán a lo largo de 2010.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Arqueologia del fusilamiento

Cuando se piensa en la arqueología de la Guerra Civil Española, lo primero que viene a la mente son las exhumaciones de represaliados políticos. Es lógico que sea así por su enorme importancia social y política, así como por la cantidad de intervenciones que se realizan. Sin embargo, al centrarnos exclusivamente en la fosa donde fueron a parar los cuerpos de las víctimas de la violencia, perdemos de vista todo el proceso represivo, que incluye naturalmente esas fosas y cunetas, pero también cárceles, cuarteles, paredones y cementerios.

La arqueología nos permite acercarnos a esos otros escenarios siniestros de la represión. Así, en una intervención arqueológica reciente en el castillo de San Felipe (Ferrol), que ha coordinadado Rebeca Blanco Rotea (IEGPS-CSIC), han aparecido trazas de esos otros elementos del calvario por el que pasaron muchos represaliados.

El castillo de San Felipe es un fuerte costero erigido a fines del siglo XVI a la entrada de la Ría de Ferrol. Fue reformado en varias ocasiones y durante la Guerra Civil se transformó en un campo de concentración por el que pasaron miles de prisioneros políticos. Muchos de ellos acabaron sus días allí, ejecutados en el foso de la fortaleza. Entre las personas asesinadas por motivos exclusivamente políticos se encuentran, entre otros, una mujer de 27 años, Amada García Rodríguez, fusilada a los tres meses de dar a luz en cautiverio.

Durante la intervención coordinada por Rebeca Blanco se documentaron múltiples impactos de bala en los muros que flanquean el foso del castillo - conocido como Foso de los Fusilamientos. Es más, al realizar sondeos en el foso se localizaron varios proyectiles y casquillos que dan testimonio del terrible uso al que se destinó este espacio durante la Guerra Civil.

Sondeo arqueológico en el Foso de los Fusilamientos en el que se localizaron varias balas y casquillos. Al fondo, muro impactado por proyectiles.

Proyectiles de 7 mm del Foso de los Fusilamientos - iguales a los que hemos encontrado en nuestra trinchera, pero empleados para asesinar a gente indefensa. En las guerras civiles se difumina la diferencia entre combatientes y no combatientes.

Los restos de proyectiles e impactos, cuidadosamente documentados, ofrecen un testimonio tangible y escalofriante de la brutal represión franquista en la provincia de A Coruña - una provincia en la que no hubo oposición armada a la sublevación. Sólo en Ferrol se asesinó a 710 personas entre 1936 y 1939.

Además de fosas comunes y campos de batalla, la arqueología de la Guerra Civil debería también analizar las trazas sutiles del horror que se conservan en las tapias de los cementerios y los patios de las cárceles.

Postdata

Al poco de publicar esta entrada, José Ignacio Barrera Maturana, del Laboratorio de Arqueología y Arquitectura de la Ciudad de Granada, nos hizo llegar una interesante página web en la que se describen los impactos de bala de la Guerra Civil en la tapia del cementerio de Granada. Se solicita además en esa web -con toda la razón- que se reconozca la tapia como lugar histórico. El caso de este cementerio resulta especialmente interesante, pues los familiares de los fusilados grabaron pequeñas cruces en la pared junto a los impactos de los proyectiles. Se trata de un testimonio estremecedor de la represión que bien merece ser protegido y divulgado.

martes, 11 de agosto de 2009

Haciendo helados en la trinchera


Siguiendo una vieja tradición del equipo de Atapuerca, a falta de datos nuevos nos sacamos de la manga un hallazgo de la excavación de hace nueve meses para seguir en el candelero durante el verano. Y qué mejor hallazgo que el que ahora presentamos.

En el Abrigo 2, que es -recordamos- el puesto de tiro por excelencia de la trinchera y en el que apareció el número más elevado de casquillos y balas, encontramos en la Unidad Estratigráfica 13 (es decir, la capa de tierra con que se rellenó la estructura al acabar la guerra) una pieza metálica con aspecto de bisagra.

En su momento consideramos que podría ser parte de algún artilugio bélico o quizá de una caja de munición. En el laboratorio, sin embargo, nos dimos cuenta que tenía un perfil ligeramente curvo. Y no existen, que sepamos, cajas de munición cilíndricas. Después de numerosas y arbitrarias búsquedas por rincones insospechados de internet (todos legales) acabamos por identificar la pieza.

Se trata de la bisagra de una heladora manual marca ELMA.

La heladora completa (todocoleccion.net)

¿Se hacían polos de fresa los soldados republicanos para luchar contra el tremendo calor veraniego? Porque hay enemigos a los que no se los puede combatir con fusiles.

martes, 14 de julio de 2009

Huesos bajo el césped


Junto al Faro de Moncloa -esa torre metálica que se alza tras el Arco de la Victoria en la fotografía- han aparecido hoy restos humanos durante la realización de unas obras. Todavía no se sabe si pertenecen a la Guerra Civil, pero todo hace pensar que sí, pues el Faro de Moncloa se encuentra en una de las zonas más batidas de la Ciudad Universitaria durante todo el conflicto. Probablemente, si además de llamar a la policía, los encargados de la obra contactaran con arqueólogos, tendríamos más posibilidades de saber a qué periodo corresponden los restos y cómo acabaron ahí. La aparición de huesos humanos en el Campus de Moncloa y su entorno es relativamente habitual. Por ejemplo, en febrero de 2007 se localizaron restos de posibles combatientes durante unas remociones de tierras en las pistas de deportes de Cantarranas.


Al contrario que las exhumaciones de represaliados, la recuperación de los cadáveres de soldados en campos de batalla -casi siempre de forma fortuita- no suele generar mucha atención mediática. Tampoco se sigue un proceso estricto de documentación e identificación de los restos y su contexto. Esto es doblemente lamentable: en primer lugar, porque esas personas tienen seguramente familiares vivos en la actualidad, que quizá estarían interesados en dar una sepultura digna a sus parientes. Si no es posible identificar los cadáveres, en cualquier caso merecen un entierro mejor que unas dependencias policiales o un osario anónimo. En segundo lugar, porque si los huesos acaban sus días en algún lugar desconocido nos quedamos sin valiosos datos históricos que nos podrían ayudar a conocer mejor distintos aspectos de la Guerra Civil.


La fotografía que ilustra esta entrada es significativa. El Arco de la Victoria es parte de la escenografía franquista construida para ofrecer una imagen gloriosa de la "cruzada" y del nuevo régimen. Con la tramoya monumental se pretendía sepultar el recuerdo de la guerra en la Ciudad Universitaria y camuflar sus cicatrices. Sin embargo, hallazgos como el de hoy demuestran una vez más que los muertos se resisten a permanecer en el olvido. Como las trincheras y los agujeros de bala que registramos durante nuestros trabajos, los huesos son parte del espectro de la Historia que acecha, cada día, bajo la aparente normalidad del campus.